sábado, febrero 07, 2015

REFLEJOS INVOLUNTARIOS

 El gran tema de estos días no es la inútil discusión entre los organizadores de elecciones y los asiduos zumbapiedras; es la posibilidad de un colapso económico que dé pie a un estallido social. ¿Qué se hace ante eso: nada? 

 Creo que es tiempo de hacer política, de explicar lo que sucede y de crear las condiciones para conducir a la población en medio del desastre. De no hacerlo, nos exponemos al vacío, y el vacío en política no existe. Al vacío lo llenan las organizaciones criminales o los militares.

 Sí. Ya sé lo que están pensando, pero dejémoslo hasta ahí.

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 Si quieres elecciones, no entorpezcas el trabajo de quienes quieren lanzar piedras.

 Si quieres lanzar piedras, no entorpezcas la labor de quienes quieren elecciones.

 Si quieres dialogar, no fastidies a quienes quieren zumbar piedras u organizar elecciones.

 (Llamemos «Unidad» a ese no atravesarse en el camino de nadie).

 El momento de hacer todo esto a la vez pasó hace años, pero como no hay nada más que hacer, hay que volverlo a hacer, pero llenándolo de contenido político. Porque eso es lo que ha faltado y sigue faltando: contenidos. 

 No hay nada más carente de contenidos que los políticos venezolanos actuales.

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 Por cierto: «contenido político» no es lo mismo que hablar de economía o de corrupción o de todo lo que no funciona en Venezuela. 

 Crear contenidos políticos supone crear consensos en torno a valores, ideas, sueños, deseos y proyectos.

 Donde se hace política sin contenidos se corre el riesgo de cometer idioteces, y, como se sabe, algunas idioteces son peligrosas.

 ¿Quién en mi país produce y difunde contenidos políticos?

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 Quiero preguntar algo.

 Vamos a elecciones pensando que ganaremos, pero las perdemos, como casi siempre.

 ¿Qué haremos? 

 La pregunta tiene interés si pensamos que lo que se pierde no es un cargo, sino los jirones de una forma de vida civilizada.

 Si las elecciones terminan refrescando a los tiranos, las elecciones no sirven, y menos si se llevan a cabo entre rapacerías, amenazas y todas esas indiscriminadas licencias que se toman los mandarines para asistir con ventajas a las contiendas electorales.

 De manera que la pregunta no es tan baladí como parece. En realidad, lo sería, si Venezuela fuera un país normal.

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 Sí. Todo lo que he dicho es obvio.

viernes, enero 16, 2015

MEDITACIONES

 Los temas pertinentes en estos días son tan espinosos como limitados. ¿Qué hacemos entonces: entramos en el tremedal o nos sustraemos a la glosa constante de aquello que nos perturba?

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 Dibujar para traducir a formas reconocibles la fugacidad de lo que vemos. Dibujar para entender el mundo, para traducirlo a movimientos del cuerpo, de los ojos, de los brazos, y dejar en un soporte físico los rastros de ese proceso. 

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 Cuando el ruido alimenta al ruido, lo mejor es callarse.

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 Todo discurso que no sea directo, exige un esfuerzo de atención. Por eso las truculencias tienen tanto éxito en un mundo maleducado y perdido.

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 Filas en todas partes. Filas frente a farmacias y supermercados. Filas a las puertas del desastre.

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 La desesperación no sirve para nada en el fin del mundo.

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 Arces, glicinias, robles, jabillos, acacias, mangos, pinos, cedros, aguacates, olivos... Los árboles imperturbables.

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 «SW6796 Blue Plate» o azul en una pared.

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 ¿Qué se hace con los bárbaros? La pregunta es pertinente porque ellos parecen saber muy bien qué hacer con los demás. 

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 Mejor dibujar... Dibujar para entender la danza de los bordes. Dibujar para recordar que somos criaturas espaciales. 

miércoles, enero 07, 2015

BAJO LOS CIELOS DE INSTAGRAM

 Un mundo en el que nadie habla mal de nadie.

 Un mundo corroído por la corrección política.

 Un mundo en el que se usan eufemismos para hablar de eufemismos.

 Un mundo gobernado por Tartufos.

 Un mundo de redentores que ofrecen el pasado.

 Un mundo de egoístas virtuosos.

 Un mundo de oscuridad disfrazada de luz.

 Un mundo con ilimitada capacidad de conexión rendido al solipsismo.

 Un mundo de memoria inmediata y nostalgia perpetua.

 Un mundo que se prosterna ante la ignorancia simpática.

 Un mundo habitado por personas que no diferencian egoísmo de individualismo.

 Un mundo de pobreza espiritual maquillada de riqueza material.

 Un mundo que cada tanto produce las mismas obras de arte.

 Un mundo prendado de sí mismo.

 Un mundo que quiere hacernos creer que la vida trata sobre el bienestar.

 Un mundo de máquinas que no miden el veneno conceptual de las cosas.

 Un mundo entregado a la balística y a la silicona.

 Un mundo perdido en logaritmos.

 Un mundo habitado por amebas en faldas y pantalones.

 Un mundo lleno de criptógrafos que pasan por poetas.

 Un mundo que vigila lo inútil.

 Un mundo que siembra la tala.

 Un mundo adormilado frente a una fuente de pólvora infinita.

 Un mundo envuelto en una mortaja de cables.

 Un mundo de corazones radicales, congelados, sin verdadero amor.

 Un mundo de esperpentos devenidos en apóstoles.

 Un mundo en el que la indiferencia se mide en megatones.

 Un mundo que se siente incómodo ante el silencio.

 Un mundo de astronautas de recámara.

 Un mundo agotado de sí mismo.

 Un mundo en el que el único espacio de libertad posible queda detrás de los ojos.

 Un mundo de truenos que no significan más que el trueno.

 Un mundo fértil al miedo.

 Un mundo que no prepara a sus habitantes para vencer el horror.

martes, diciembre 30, 2014

ESPAÑOLES

 Sigan creyendo que Podemos no es una variante del chavismo. 

 Sigan creyendo que Podemos no arruinará (más) a España o, para ser más claros, sigan creyendo que en España no puede ocurrir la variante española de lo que ha ocurrido en Venezuela, como si ser español inmunizara contra la estupidez humana...

 Sigan creyendo que Podemos no se instituirá en lo que sus miembros llaman «casta».

 Sigan creyendo que los «papeles de trabajo» que hoy presenta Podemos nunca se convertirán en compendios de normas absurdas capaces de transformar la vida española en un garabato sin nombre.

 Sigan creyendo que los flacos de Podemos jamás engordarán.

 Sigan creyendo que Podemos no se aprovecha de (ni azuza) la indignación de los ciudadanos.


 Sigan creyendo que los miembros de Podemos están preparados para gobernar.

 Sigan creyendo que desde el odio y la revancha se generan los consensos necesarios para vivir en paz.

 Sigan creyendo que Podemos no llevará a España una bruma de atraso y populismo.

viernes, diciembre 19, 2014

MEDITACIÓN MÓVIL

 Si tuviera que definir este libro, diría que se trata de una meditación sobre el amor y la muerte, sobre las huellas que deja en nosotros esa conmoción que se produce cuando alguien muy querido se nos muere. No sé a ciencia cierta (y no creo que interese) si este libro es un ensayo, un reportaje, una biografía o si, más bien, es todo eso (y más)  a la vez, porque la forma que asume esa meditación varía a lo largo del libro como varían las conversaciones en las que se cuentan historias y se revelan intimidades. Ese es el sabor que tiene este volumen: el de una conversación con un amigo querido en la que las formalidades importan menos que la calidez.

 Quiero decir que en esta obra los temas principales son el amor y la muerte, pero Rosa Montero ahonda en ellos revisando ante nuestros ojos la asombrosa y apasionante vida de Marie Curie a la vez que reflexiona sobre su propio duelo, sobre la soledad, el dolor, los recuerdos; es decir: todo aquello que se borra con la persona amada y que conforma ese estado de abandono llamado viudez.

 El método del libro está ahí; es ese, tan sencillo como ritual: Rosa habla sobre la pérdida de su Pablo como Marie habla sobre la desaparición de su Pierre. El libro que leemos es el equivalente del diario que la científica escribió durante un año a partir de la muerte de su esposo, ocurrida en 1906. Tanto Marie como Rosa hacen el ejercicio de traducir a palabras su dolor, de ordenar los asuntos insondables que el fallecimiento de un esposo trae consigo, de buscar sosiego hablándoles a sus respectivos difuntos. Rosa usa el diario de Marie como guía para viajar al centro de la pena y componer su propia elegía. En el camino nos deja páginas de una belleza rotunda y sabia, como aquellas en que subraya el inmenso valor de los acontecimientos más triviales de la vida como cubrirse la cabeza a la hora de dormir la siesta, como la presencia de una niña cantando debajo de una higuera, como las fotografías y los objetos que quedan huérfanos cuando su dueño fallece.

 Entre las reflexiones más interesantes y conmovedoras del libro está aquella que habla del milagro que supone el que Manya Skolowska (ese era el nombre de soltera de Madame Curie) se dedicara a investigar la propiedad conductora de electricidad que caracteriza las radiaciones de cierto tipo de metales y que, por ese tiempo, un amigo le presentara a un físico que, a su vez, había diseñado un artilugio para medir con precisión la electricidad presente en el aire. Es decir: ¿cómo es posible que dos personas con intereses tan cercanos se encontraran, se conocieran, conversaran, simpatizaran, entablaran una relación de amistad y terminaran casándose, teniendo dos hijas, trabajando juntos y produciendo varios de los descubrimientos científicos más importantes del siglo XX? Ciertamente se trata de un milagro de amor que trasciende al propio amor.

 Leo las lineas precedentes y no estoy seguro de haber comunicado la belleza y la diversidad de este libro. Sepan que es mi culpa no poder o no saber dar cuenta de la multiplicidad que lo caracteriza. Un ejemplo: no he hablado del feminismo que rezuman sus páginas. Por lo general, no me gustan los discursos feministas, aunque entiendo y comparto la mayoría de sus postulados. Pues bien, en esta meditación el feminismo aparece enlazado a una gigante, a una mujer cuyos innegables talentos para la ciencia se complementaron con una enorme tenacidad personal y una entrega absoluta a su propio trabajo. No hay manera de negar la trascendencia de Madame Curie ni de dejar de admirarla como un estandarte no ya de la reivindicación de los derechos de la mujer, sino como un espejo donde la humanidad entera puede mirarse, medirse y encontrar una fuente inagotable de inspiración. Lo fascinante es que en este libro no aparece la Madame Curie esquematizada por el enciclopedismo ni por los discursos feministas, que es lo peor que puede pasarle a una figura de su talla; aparece una mujer compleja, entregada con ciega intensidad a la ciencia, pero también amorosa y familiar, con una dulzura inédita que desmantela la adustez que luce su rostro en cada uno de los retratos que de ella se conservan.

 De las múltiples imágenes memorables que este libro contiene, me quedo con Marie Curie  en su laboratorio, ante uno o varios calderos, como una alquimista, tratando la plecbenda para obtener la fuente de las radiaciones más poderosas de su tiempo. Me quedo también con la imagen de Marie entrando a su laboratorio de noche, sin encender la luz, para disfrutar el resplandor féerico que emanaba de los objetos más inocuos (una cucharilla, unas tijeras, un trozo de alambre) tocados por la radiactividad. Me quedo con Marie llorando abrazada a la ropa llena de sangre de Pierre. Me quedo con la gran elusión del libro, con Pablo, el gran ausente no ya del volumen, sino de la propia vida de Rosa Montero.

 En la muerte (o en la reflexión sobre la muerte) también puede haber belleza. De eso trata esta inmersión profunda, esta meditación móvil que nos pone a pensar en aquello que tanto rehuimos, pero que, al final, siempre nos llega o nos toca de muchas maneras a lo largo de la vida.

jueves, diciembre 11, 2014

HENO Y ALFALFA

 Hay humoristas dados al autobombo, gente a la que le encanta repetir que el humor es una manifestación de la inteligencia o que el humor siempre lucha contra los abusos de los poderosos. Con la primera sentencia nos restriegan su genialidad. Con la segunda nos dicen que son adalides de la libertad de expresión, portadores del fervor democrático y justiciero.

 Permítanme que desde esta página les pinte una palomilla con los dedos de una de mis manos.

 Listo.

 De la inteligencia no diré nada porque para qué, si no dispongo de instrumentos para medirla y, además, me basta con mirar a través de una de las ventanas de mi casa para notar que vivo rodeado de inteligencia. De lo que sí quiero hablar es del afán de algunos humoristas por mostrársenos como héroes patrios, como luchadores incansables en favor de todo aquello que es bueno y noble, apuntando las municiones de sus aljabas contra los clásicos políticos abusadores, como si no hubiera otros poderosos ensoberbecidos ni afiebrados por alguna forma de poder. En otras palabras, declaro que me parece raro que estos prohombres del humor solo les hinquen los colmillos a presidentes, gobernadores, ministros, congresistas y alcaldes, como si los CEOs de transnacionales fueran doncellas inocentes o como si cualquier industrial, comerciante o dueño de negocio, no mereciese sátira alguna ni chiste que muestre sus imposturas.

 Tengo para mí que esa reconcentración en políticos se debe a que los dignatarios tienen algo de abstracto y de caricatura de sí mismos, lo que les facilita el trabajo a los humoristas, y más en la Venezuela lombrosiana que tenemos. Y, bueno, para no darle más vueltas al asunto, diré que creo que estos humoristas venezolanos temen que si se meten con ejecutivos y afines, no tendrán anunciantes ni lugares dónde trabajar. Ellos, los gerentes, suelen ser expertos en hacer creer que hay que estar siempre de buenas con ellos porque tienen en sus manos el cuchillo para cortar el tipo de bacalao del que come un sinfín de bocas, incluidas las de los humoristas. Por eso no me trago el cuento de los comediantespróceres. Más bien su empeño libertario me parece una de las tantas manifestaciones de esta enfermedad social autoinmune que nos azota desde hace años y que se caracteriza, entre tantas cosas, por una frivolidad rayana en lo sobrenatural. 

 Un humorista debería ir contra toda forma de necedad, contra toda impostura, contra todo camelo, pero el pandorismo asuela y vuelve loca a mucha gente, incluidos unos cuantos comediantes que confunden los términos y acaban poniendo el arte de la comedia al servicio de la mula bifronte que en Venezuela se toma por política,

 El humor debería ser algo más punzante y más corrosivo que esté solo al servicio de las formas y de la risa, que es como decir que esté al servicio del propio arte. Lo demás es oportunismo. 

 Solo eso.

martes, noviembre 04, 2014

DEFINICIÓN DEL PANDORISMO

 El «pandorismo» es una tendencia del pensamiento contemporáneo basada en la idea de demostrar por todos los medios que se es bueno, que no se piensa ni se habla mal del prójimo, que no se quiebra un plato, que se está más allá del bien y del mal. Si les parece, pueden verlo como una variante de lo políticamente correcto, como una conducta basada en el mito de Pandora, ese que habla sobre una mujer curiosa que abrió la caja donde estaban encerrados todos los males del universo. Cuando la señora Pandora creyó que la caja había quedado vacía, notó que algo que no era una miasma corrosiva se asomaba del fondo. Se trataba de la esperanza que flotaba y se esparcía lenta y tenue por el mundo hasta que los buenos y los que se las dan de buenos la tomaron para sí.

 Los «pandoros» se caracterizan por su bondadosabondad, por su deseo de convertirse en modelos a imitar y por su sempiterna reconcentración en asuntos de alta ciencia. Discutir sobre eventos mundanos, insultar a quienes lo merecen y dejar correr la furia que a muchos nos corroe, no son actividades que atañan a estos peritos de la simulación, a estos maestros en disfrazar de buen comportamiento su incapacidad para enfrentar a enemigos expertos en acciones ominosas que degradan nuestras vidas. Los pandoros saben cómo posponer lo inevitable, cómo marear a los furiosos y apagarles el fuego interior para que esperen, se acostumbren, se amansen y se rindan. 

 Con el cuento de la esperanza, los pandoros ayudan a esparcir los males por el anchuroso mundo. Al no mover un músculo por detener las calamidades, estos Tartufos les abren las puertas a desastres cada vez peores, y lo más grave es que, de tanto sacarles el cuerpo, de tanto evitar pelear por resolverlas, terminan beneficiándose del conflicto del que hablan mal todos los días. Sí: los pandoros son expertos en exprimir los frutos del horror, en quedar como administradores de la sabiduría que todo lo explica y que le dice al prójimo que espere, que tenga fe, que se organice, que trabaje, que sea bueno, que no se deje llevar por la ansiedad, que no haga nada porque lo mejor que puede hacer es esperar o distraerse del horror, oyendo los sofismas beatos que producen estos Ellsworths Tooheys contemporáneos, estos artistas en el arte de dominar a los demás a través de esa virtud que tiene la fortaleza de una nube.

 Los pandoros desecan el pozo del fuego que forma el brillo de los ojos. A través de sus sentencias, siembran la culpa, doman el espíritu y  reúnen a sus seguidores en torno a sucedáneos indignos del combate que hay que librar todos los días para ganarse la vida, para mantener la decencia, construir un futuro, sostener un país.

 Los cultores del pandorismo son variantes seglares de los abanderados religiosos que en muchos lugares del mundo todavía adocenan a las personas y acumulan un tipo de poder en el que reúnen con mesmerizante largueza lo espiritual y lo material. A diferencia de ese liderazgo munificente, los pandoros truecan almas en amebas, no para convertirlos en ovejas de un hipotético rebaño celeste, sino para convencerlos de que la vida no es más que lo que es bajo tal o cual régimen, que no hay por qué luchar, que no hay por qué morir, que no hay por qué reclamar ni gritar ni moverse, porque así de inexorable es la vida en esta democracia con sus elecciones siempre amañadas, «y si no me crees, yo te explico. Óyeme o mírame o fíjate y deja que te convenza o te expulse de mi lado y te ponga en la frente el estigma de los renegados». 

 La civilización produce maravillas, pero cuando lleva demasiado tiempo asentada, engorda y genera rarezas como los pandoros, anticuerpos bizcos que anulan las defensas de la propia sociedad contra los embates de la barbarie que asume formas distintas y cada vez más corrosivas. Para los pandoros, el objetivo no es mantener el hecho civilizatorio, es alcanzar y calentar un asiento en lo más alto. Su deseo es el regocijo que les producirá el reconocimiento de sus conciudadanos, no la liberación de su patria. Eso último les disgusta porque no es fotogénico; es sucio, arduo, difícil de concebir y tramitar.

 El pandorismo se ha vuelto inevitable. Todos los caminos conducen a la presencia de estos maniáticos suaves que pretenden explicarnos lo inexplicable y hacernos creer que perdimos la razón, que lo que vemos no es lo que vemos y que la solución al enredo gordiano en que vivimos consiste en «esperar», en «organizarse» según sus métodos y creencias, en «participar» solo en lo que ellos digan que es lícito participar y en «creer» en lo que ellos digan que hay que creer. Ante los pandoros solo cabe levantar una pared de indiferencia, pensar con ideas propias, ser nuestros propios guías, mantener encendida nuestra propia luz.

 Que los pandoros gobiernen a quienes puedan. 

miércoles, setiembre 24, 2014

HUMOR PARA COMBATIR EL OLVIDO

El libro 70 años de humor en Venezuela viaja por la ocurrencia criolla con curaduría de Roberto Echeto


¿Por qué este libro abarca solo 70 años del humor en Venezuela? 
 Porque pertenece a una colección que se llama así, 70 años. El porqué de ese nombre es simple: trabajamos con el archivo hemerográfico de El Nacional, que abarca desde la fundación del periódico hasta hoy. 

 Si te pones a ver, 70 años es un lapso interesante. No es tan rimbombante como un siglo, pero abarca perfectamente la vida de una persona.

 70 años es un bonito número para la memoria.


 ¿En qué consistió tu trabajo como curador?
 En definir el concepto del libro y de la investigación; en revisar y escoger el material; en llamar a los humoristas, buscar las imágenes, darle coherencia a todo ese gran rompecabezas y en soportar los dolores de cabeza que me produjo tener que seleccionar un número limitado de textos y viñetas.

 En todo ese trabajo me acompañó Rafael Osío Cabrices, quien fungió de editor del libro y voz de la conciencia que a cada rato me decía «bróder, recorta, recorta».
  

 ¿Descubriste a algún humorista o talento desconocido para ti antes de este trabajo?
 No sé cómo explicar esto. Tengo años recopilando material humorístico: revistas, suplementos, libros, periódicos… De manera que el trabajo de los humoristas venezolanos no me resulta ajeno. No «descubrí» a nadie esta vez.


 ¿Existen algunos temas recurrentes en el humor venezolano? 
 El costumbrismo y la política. 

 Venezuela se burla de sus costumbres todos los días; de las decentes y de las indecentes, de todas, para bien y para mal. 

 Desde siempre, los humoristas venezolanos han diseñado chistes para comentar las barbaridades que hacen nuestros políticos, lo cual no tiene nada de raro, sobre todo si consideramos que han existido muy pocas revistas independientes dedicadas al humor y que los periódicos han sido los espacios mayoritarios que el azar y la voluntad de algunos editores le otorgaron al humor. En otras palabras, como el asunto principal de quienes trabajan en los medios donde se publica el material humorístico es la política, el humor no puede substraerse a ese objetivo. 

 Por otro lado, el humor necesita un terreno común entre el humorista y su público. Sin ese territorio de referencias compartidas, los chistes no funcionan. En nuestro país, la figura de los políticos es tan determinante en la vida colectiva, tan pesada en el devenir de nuestra sociedad, que es, por sí sola, una fuente inagotable de referencias y de signos que todos lo que somos de aquí entendemos y padecemos todos los días.
    

 ¿Son los políticos las «víctimas perfectas» del humor venezolano?
 Los políticos no son víctimas del humor. Los ciudadanos normales y corrientes somos víctimas de los desastres que producen las imposturas, las debilidades y las idioteces que cometen los políticos y los investidos de algún tipo de poder. El humor es la única venganza que podemos permitirnos las personas decentes contra esos que nos hacen la vida imposible, sean políticos o no.


 ¿Te atreves a hacer una lista de los 5 nombres más relevantes en el humor venezolano? (y explicar cada uno).
 Aquiles Nazoa, Pedro León Zapata, Jaime Ballestas, Rubén Monasterios y José Ignacio Cabrujas. A modo de capricho añadiré a Leoncio Martínez.

 No creo que haga falta explicar el trabajo de estos seis maestros ni decir por qué agrupo sus nombres en esta lista. Sin embargo, para que no digas que escurro el bulto, te diré que te fijes en tres detalles: 1) Los seis tienen una obra diversa. No se concentraron en una sola actividad ni en un solo género ni en un solo medio. 2) Los seis participaron (cuando no fundaron, dirigieron o pertenecieron al consejo directivo) de varias de las publicaciones humorísticas más importantes y exitosas del país. 3) Cada uno a su ritmo expandió las posibilidades del humor, utilizando los recursos estilísticos y técnicos de que disponía en su momento para llevarlas a cotas donde nadie las había llevado antes ni las ha llevado después. 4) Todos manejan una abrumadora mezcla de cultura universal con referentes locales cotidianos. 5) El trabajo de cada uno es un rasero para medir lo que hacen otros humoristas.


 No parece que estos años recientes sean los mejores para el humor venezolano en la televisión ¿Es así?
 El humor en televisión no formó parte de la investigación. Sin embargo, es inevitable hacer las conexiones. Muchos de los humoristas reunidos en el libro trabajaron en ese medio. 

 Estos últimos veinte años han sido terribles para toda Venezuela. La televisión debería cuestionarse cuánta responsabilidad tiene en todo este disparate, sobre todo por no prestarle atención a la calidad ni a la densidad de los contenidos que difunde.

 Esa crisis es más ostensible en unos programas que en otros. En los programas dedicados al humor es imposible soslayar la carencia de formación de los actores, de los escritores y hasta de los gerentes encargados de armar los equipos de producción de esos espacios.  

 Ante las críticas, los genios de la gerenciagerencial televisiva siempre adujeron que ese tipo de programas, pobre en contenidos, era el que el público venezolano quería ver y, bueno, ya vemos los resultados y todo lo que ha ocurrido con la televisión de este país… 

 Damas y caballeros, sépanlo: el humor vive de nuestras referencias y de nuestros conocimientos. Si nuestras referencias y conocimientos son pobres, nuestro humor será pobre. 


¿Qué encontraron en el mundo digital en materia de humor?
 Talento, afán de renovación y falta de patrocinantes. 

 La falta de patrocinio es una de las constantes del humor venezolano, lo cual no se compagina con aquello de que somos una sociedad abierta y dada a la risa y al humor. Los chistes, los dibujos, los cuentos, los artículos y los videos serán muy buenos, pero no hay quien pague por difundirlos.  

 Mientras mejor es el humor, más fuerte pega y más residual es su efecto en la memoria colectiva. A nuestros empresarios —siempre tan valientes y preclaros— casi nunca les agrada que sus productos se vean asociados a chistecitos y menos si tratan sobre los protagonistas de la vida pública nacional o si tocan los temas que nuestra sociedad considera álgidos.  

 Más allá de esa anécdota sombría, en los medios digitales encontramos maravillas de publicaciones que asumen la continuación de lo hecho en otros medios más tradicionales. 


 En Internet hay plataformas como El Chigüire Bipolar o El Mostacho que concentran bastante la atención pero también mucha gente haciendo sus cosas de forma «independiente» ¿Hay algún caso destacable de esto último?
 ¿Qué significa ser independiente en esta materia: tener una cuenta en Twitter, escribir tus chistes y obtener la atención de miles de seguidores? ¿Cómo evaluamos esa independencia con respecto al tema que nos ocupa? Más allá de las particularidades tecnológicas, ¿en qué se diferencia una web de humor hecha en 2014 de los periódicos murales que en los sesentas administraban Otrova Gomas y Luis Britto García? ¿Qué diferencia existe entre la independencia que permiten los medios digitales de hoy y la que tenían aquellos medios hechos con los recursos más precarios porque, entre otras cosas, nunca obtuvieron patrocinios?

 El reto que tienen por delante los humoristas que trabajan desde las redes es ver cómo superan la fragmentación y el aislamiento del público en un país que atraviesa un desastre socio-político de increíbles proporciones, con unos medios que acentúan justamente el encierro y el solipsismo. El humor a través de Twitter o desde páginas web puede que le llegue a mucha gente, pero eso no significa que subraye la calidad del material ni que estimule, sobre todo, su trascendencia y su naturaleza corrosiva (si es que la tiene). El humor es un asunto colectivo cuya importancia va mucho más allá de unos mensajitos de texto en un teléfono o de unos enlaces para ir a tal o cual espacio en la red. En realidad va mucho más allá de una momentánea explosión de risas y de un «Me gusta» en Facebook. 


 ¿El stand up fue incluido en este libro? ¿Cuáles son las diferencias entre el stand up americano y el nuestro?
 No se incluyó el stand up en la antología. Se trata de una antología de humor impreso. 

 Algún día alguien hará una recopilación de lo mejor del stand up nacional, aunque adivino la enorme dificultad que tendrá quien se dedique a recabar el material escrito, si es que alguna vez existió o si lo archivaron con el debido celo. Esa, aparte de las referencias culturales y sociales, es una de las grandes diferencias del humor nacional con respecto al humor de otros lugares: el respeto por el oficio, la conciencia de que el trabajo del humorista que se presenta en escena va más allá de la propia escena.


 ¿Existe algún talento al que, actualmente, debamos seguirle la pista?
 Creo que hay que seguirle la pista al trabajo de todos los humoristas y esperar el inevitable proceso de criba que se da con el paso del tiempo. 

Boris Felipe; El Mundo Economía y Negocios; Caracas, 22 de agosto de 2014