martes, abril 15, 2014

«(…)»

 Podríamos discutir los detalles, devanarnos los sesos y puntualizar ciertos matices, pero este largo disparate de tres lustros ha tratado sobre la destrucción de un modo de vida para imponer otro más primitivo. 

  Lo que se ha visto en estos meses es la reacción contra esa tragedia que ha corrido de manera solapada, pero inexorable, a través de los años.

  Y ya.

  No es hora de discutir si debimos ser más cautos o menos apasionados. La máquina demoledora sigue encendida y hay que detenerla cuanto antes, no sea que el vórtice de la desintegración nos termine de tragar.

  El panorama pinta mal para todos, pero luce peor para los próceres poderosos. Pretender destruir un modo de vida sin destruirse a sí mismo es la trampa que le espera a todo émulo de Robespierre, y más en este paraíso del desorden con petróleo y buen clima. La corrupta mediocridad de los mandarines les impide ver su destino. Por eso debemos mantener la guardia en alto, no darles tregua y no dejarnos llevar por la desesperación.

«(…)» es el ideograma de un suspiro.

jueves, abril 03, 2014

LA SOLEDAD DE LOS SOLOS

Chacao; 30 de marzo de 2014
    Uno de los detalles más rudos de estos días es darse cuenta de lo solos que estamos, de lo difícil que resulta mantener conversaciones en las que reine la cordura a pesar de la diversidad de opiniones que nos producen los eventos de este largo mes y medio.

  Las diferencias más pronunciadas se encuentran entre quienes creen que todo lo que ha ocurrido se debe a una suerte de locura colectiva, de un extremismo impaciente que decidió embarcarse en una sedición contra un gobierno mañoso, y quienes creemos que todo tiene un límite, que las cosas marchan demasiado mal en Venezuela porque al país lo conduce una cáfila de mediocres que lo mantiene arruinado y en una situación de dependencia ideológica con ese alambique de desgracias que es la Cuba castrista.

  Duele no poder conversar sobre esto con serenidad. Apenas planteas tus puntos de vista, te dejan hablando solo, te dan la espalda y siguen despotricando de las protestas callejeras y reprochándote de manera indirecta que las apoyes, como si los muertos, los heridos, los apresados y vejados no te dolieran ni te produjeran profunda indignación.

  Esas discrepancias son muestras de las diferencias que mellan la unidad opositora y que no tendrían nada de particular, si la situación venezolana no fuera tan grave.

  ¿No se supone que ante la violencia desembozada que ha desplegado el gobierno, las violaciones a los derechos humanos, la censura y el desprecio a la voluntad de los electores que puede advertirse tanto en las encarcelaciones de los alcaldes de San Cristóbal y San Diego como en el veto a María Corina Machado para seguir ejerciendo su diputación en la Asamblea Nacional, deberíamos estar unidos y buscar entre todos un acuerdo que nos permita ser más eficaces contra los gorilas?

  En el bando de los demócratas hay un grupo que no acepta otras formas de lucha que no sean las del voto y las de la atildada contemporización con el verdugo. No les importa que las elecciones estén plagadas de irregularidades ni que los agentes del gobierno ejecuten todas las trampas habidas y por haber porque para estos demócratas es más importante  que los vean portándose bien que alcanzar la victoria. A su actitud le añaden el agravante de creer que están haciendo alta política y que gracias a sus buenos oficios se llega a un tipo de paz republicana que, en realidad, no es tal paz republicana, sino algo que sirve de bozal contra la inconformidad, de chantaje contra el que se queja, de aplacador contra el que cree que las cosas van muy mal y que hay que corregirlas. A estos personajes se les olvida que la libertad y la democracia no las regalan, que para conquistarlas hay que sacrificarse y, a veces, hasta hacer cosas que no son muy gratas que digamos.

  En lo que sí tienen razón estos amigos severos es en el tema de aumentar
nuestro número, en buscar la manera de rebanarle gente al chabismo. Eso sí: sin dorarle la píldora, sin necedades, sin dejar de ser quienes somos ni ofrecer lo que no tenemos ni tendremos, dado el desastre económico en que nos encontramos. El chabismo ha sido objeto de un proceso continuo de lavado mental que lo ha convertido, antes que nada, en un robot pedigüeño, en un receptor de regalos y halagos sin límites. Así que lo único que tenemos que ofrecer es esto que somos y que deberíamos empezar a limar para convertirlo en algo serio y duradero.
R.E.M. Torre Británica, Altamira; febrero de 2014
  ¿Qué hacemos entonces: seguimos así, divididos, rumorando unos de otros en los pasillos o nos juntamos y discutimos a viva voz de una vez? Porque, permítanme acotar que solos o divididos (que para el caso es lo mismo) no vamos a ninguna parte. El camino que tenemos en frente es largo y pedregoso.

jueves, marzo 27, 2014

REFUGIO

  Esta noche mi casa luce llena de humo otra vez. Sin embargo, no estoy. Me encuentro en las profundidades silenciosas de los océanos, mirando el paisaje desde la ventana principal del Nautilus.

 Sí. He vuelto a Veinte mil leguas de viaje submarino mientras rocian de odio mi calle.

  A este lugar no llegan los vahos que irritan ni los intentos desaforados de los mandarines por hacerme desistir de aquello que considero correcto.

  Aquí, al cobijo de una prodigiosa máquina imaginaria, estaré durante unos cuantos días ocupándome de mí mismo y de mi imaginación.

  Ese es mi muro inexpugnable.

  Mi hogar.

viernes, marzo 21, 2014

RECAPITULEMOS

  En estos días resulta imposible cambiar de tema. Nada de lo que hagamos nos distrae de nuestra gran preocupación. El amparo momentáneo de las pequeñas tareas no aplaca a la piraña que nos muerde las entrañas.

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  En las calles muere gente, seres humanos, vidas jóvenes, afiebradas, hambrientas de belleza. Se sacrifican porque están hartos del mareo, de la promesa de un futuro que no llega, mientras el hoy se torna cada vez más grotesco.

  Eso y nada más que eso debería ser suficiente para acompañarlos y ayudarlos en su lucha.


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  El pacifismopacifista nos pide que nos esperemos hasta las próximas elecciones, como si pudiera garantizarnos que serán limpias y justas o como si, por el solo hecho de quererlo, serán así, limpias y justas.

  El pacifismopacifista pide que trabajemos para crear una mayoría que asegure la paz y la estabilidad de la república. Díganselo a los miembros de los escuadrones motorizados que entraron hace dos días a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela y amenazaron a los estudiantes y los golpearon y los dejaron en ropa interior.

  El pacifismopacifista nos pide que trabajemos para crear una mayoría como si la democracia tratara sobre engordar encuestas.

  El pacifismopacifista pretende que confundamos no hacer nada (o hacer tonterías simbólicas) con ser pacíficos.


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  Diálogo no es (como dice Alfredo Escalante) muela y mareo.

  «Muela y mareo» es lo que aplican los mandarines cuando quieren ganar tiempo.

  «Muela y mareo» es lo que se ve en televisión mientras las calles se asfixian.

  «Muela y mareo» es lo que se oye como justificación a todos los horrores que prodigan los mandarines y sus ayudantes.

  «Muela y mareo», tiros en la cabeza, rociado de gases, planazos, perdigonazos, manguerazos, culatazos, métodos mandarines de diálogo.

  «Muela y mareo» es lo que quieren aplicar los mandarines en la versión 2014 de la mesa de negociación y acuerdos de 2002.

jueves, marzo 13, 2014

AFUERA EL RUIDO

  Vivo en Chacao, Caracas, Venezuela. Llevo un mes escuchando explosiones, gritos, sirenas. El humo que hasta ayer había entrado por la ventana de mi casa era el de los carros que pasan a toda hora, el de la cocina de una venta de empanadas que queda al lado de mi edificio, el de las barricadas que abundan por la zona y, muy atenuado por la distancia y la altura, el olor irritante de las bombas lacrimógenas que lanzan en otros lugares del municipio.

  Repito: hasta ayer.

  Anoche, a eso de las ocho, volvió la guardia nacional escoltada por la caballería del odio; disparó y roció de gases los rincones más recónditos de mi calle. Así que el humo de las bombas llegó a mi casa entre los gritos de los vecinos, la tos, los estornudos, el lagrimeo.

  Lo más difícil fue sentarme con Rodrigo después de cerrar las ventanas, ayudarlo a calmarse y explicarle la gravedad de lo que ocurre a nuestro alrededor. ¿Cómo le explicas a un niño de ocho años que la libertad no la regalan, que peleamos contra una tiranía, que las fuerzas armadas de nuestro propio país nos disparan; que, aunque el miedo nos corroe, debemos mantener la calma para poder cuidarnos y cuidar a los nuestros?

  Tragué grueso al darme cuenta de con quién estaba hablando.

  En la calle los gritos.

  Los disparos.

  El humo.

miércoles, marzo 05, 2014

LOS BUENOS

   Lo más difícil de estos días trágicos es mantener la cordura. Cuesta conversar y no ofuscarse por las opiniones y los pareceres de nuestros interlocutores, aunque (en el fondo o en la superficie o en ambos) estén de acuerdo con los nuestros. El miedo y el horror han corroído los puentes que nos unen, y hay que hacer un esfuerzo enorme para evitar que lo que queda de ellos se desplome.

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  Hace años el gobierno venezolano aupó la creación de grupos «culturales», de asociaciones a las que financió y dotó con el único objetivo de utilizarlas como grupos de choque cuando hiciera falta. Hasta el 12 de febrero de 2014, las habilidades de los llamados colectivos fueron administradas de manera tal que, a ojos de los inocentes que abundan, parecía que actuaban con espontaneidad, aunque exhibieran armas de todo calibre en público y amedrentasen con sus fanatizados discursos y sus golpizas a todo el que se opusiera a sus jefes. A partir de la mencionada fecha, la verdadera misión de estos escuadrones quedó al descubierto para quienes todavía dudaran o se hicieran los indiferentes. La verdad llegó en moto, disparando su nuevemilímetros, acribillando gente, fungiendo de caballería tanto de la policía como de la guardia nacional.

  Como no sé si ven la profunda gravedad de esta situación, se las repito para que la entiendan bien: un cuerpo ilegal (los pistoleros motorizados) actúa (es decir: reprime, dispara, hiere y mata) junto a dos cuerpos legales del Estado, como si no hubiera nada de raro en ello, como si fuese normal que militares y paramilitares actúen juntos en contra de la población civil que protesta en muchas calles de Venezuela.

  La única lógica que explica semejante desafuero es la de una dictadura, la de esta dictadura que nubla nuestros días y que hace lo imposible por aparentar que todo está bien, que nuestra vida es hermosa, que somos felices y, además, que estamos contentos de entregarnos a una caterva de afiebrados adictos al poder.

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  En medio de esta larga y polvorienta jornada todavía me asombra encontrar gente que cree que esto es un campeonato de buena conducta. Hoy, por ejemplo, se cumple un año del fallecimiento del mandarín interestelar y hay quien propuso no protestar ni hacer nada «por respeto» a sus deudos y seguidores, como si aquello contra lo que se protesta (valga decir: una de las tasas de homicidios más altas del mundo, ruina económica, corrupción, censura en los medios audiovisuales e impresos, existencia de prisioneros políticos, sujeción a un gobierno extranjero y atropello constante a los derechos de, por lo menos, la mitad de la población venezolana, entre muchas otras malhadadas razones) fuera menos urgente y menos punzante que esa manipulación del dolor de algunos en aras de cosechar réditos políticos.

  No estoy de acuerdo con detener nada. Que siga la lucha, que los ánimos no se enfríen, que nuestros gritos se sigan oyendo en los confines del mundo, que la invitación a los chabistas e indiferentes a unírsenos sea una demostración entusiasta de que no nos rendimos ni nos sometemos, lo cual es muy diferente a blandir ruegos babosos y timoratos que no convencen a nadie y que, además, nos exponen al escarnio de vernos representados por unos dirigentes más preocupados por sus credenciales de buena conducta que por alcanzar aquello que tanto nos interesa.

domingo, febrero 23, 2014

¿LO VES?

Teresa Mulet; Av. Francisco de Miranda, Caracas; 22 de febrero de 2014
  ¿De verdad ves lo que ocurre? Creo que no. Una nube de palabras hace que lo que ves con tus propios ojos, te parezca algo más cercano a la insania que a la cordura. Por eso concuerdas con otros en ponerle los nombres más diversos sin acertar nunca.

  Disparate.

  Anarquía.

  Protesta.

  Guarimba.

  Radicales.

  Violencia.

  Lo que ves en las calles es muy simple: una parte muy grande de la sociedad venezolana se resiste (quizás de manera torpe y desorganizada aún) a esa forma de esclavitud llamada comunismo.

  Ahora que lo sabes, di lo que quieras.

martes, febrero 18, 2014

FEBRERO

Lenín Pérez Pérez: Av. Francisco de Miranda; Caracas, 18 de febrero de 2014
  Si cuando hablan de «paz» se refieren al esperpento de cotidianidad que prodigan los mandarines, yo prefiero el escándalo de las protestas.

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  Capriles dice que quiere meterse en el corazón de los que en este instante apoyan a los mandarines. Ajá. ¿Y si ese galán no logra nada con esa dama taimada y mañosa?

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  Ante las protestas hay gente que pide «estrategias adecuadas». ¿Qué es una «estrategia adecuada»? ¿Hay «estrategias adecuadas» contra las balas estando desarmados? Las balas de los mandarines siempre estarán ahí, listas, precisas, perfectas, en cualquier ocasión. Esa es nuestra tragedia.

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  Que ¿por qué protestamos? Porque no puedes entrar a un supermercado sin tener que hacer largas filas para adquirir (racionadamente, por supuesto, y si hay) bienes de consumo cotidiano, valga decir papel sanitario, crema dental, pañales, jabón, leche…

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  El periodismo no se da abasto para explicar el tamaño de la arrechera que flota en el aire.

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  ¿Qué quieren decir cuando hablan de que hay que organizarse? ¿Qué es «organizarse»? «Organizarse» aquí se ha tornado en una distracción en una táctica dilatoria, en un «tenteallá» promovido por los inteligentes. «¿Organizarse para qué?». Quince años han tenido los políticos de oposición para organizar a la gente y no lo han sabido ni querido hacer. Cada vez que un lío está a punto de estallar sale un genioapaciguador a decir que hay que organizarse.

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  Todos los caminos (todos, hasta los electorales) conducen a que nos apunten con escopetas y pistolas. Así que nuestro dilema trágico es muy simple: esclavitud o libertad.

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  La política tiene, al menos, dos caras. Una que conversa y negocia sentada a una mesa, y otra que da y recibe coñazos. La oposición venezolana quiere parecer siempre una señorita recién acicalada y lista para su fiesta de quince años.

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  Para que la oposición venezolana logre que los mandarines conversen y hasta negocien, debe hacerse peligrosa, actuar con audacia y creatividad, diversificarse y no dejarle todo el trabajo a un hombre.

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  Dos enmascarados a horcajadas sobre una moto: El parrillero lleva una nueve milímetros desnuda en una de sus manos. Son los tonton macoutes venezolanos.

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  Que ¿por qué protestamos? Porque estamos en las puertas de la ruina: hiperinflación, devaluación, escasez... Y todo eso con el barril de petróleo que es lo único que exporta Venezuela, a casi cien dólares.

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  En este país no se pueden practicar actividades que en otros lugares del mundo son normales. Pasear por la calle de noche, por ejemplo. No hay alumbrado público en cuadras enteras. Los pocos postes que funcionan, emiten una luz muerta que subraya la oscuridad. El sistema eléctrico nacional está destartalado y como se sabe desde siempre, en las sombras prevalecen las alimañas.

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  Estamos en una tragedia. Cualquier decisión que tomemos, nos dolerá hasta la médula. Que el dolor sea por hacer y no por esperar.

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  Hay gente que hace política a partir de su propia cobardía. Como saben que cualquier cosa que se haga, despertará a los verdugos de moto y escopeta, hablan de posponer, esperar y llegar hasta las neblinas negras del calendario electoral que siempre termina oreando a los mandarines. Esa gente —la que hace política desde su propia cobardía— es experta en el chantaje, en hacer creer que sus propuestas son las únicas que valen, aunque hayan dado sobradas pruebas de que no sirven. Su contribución es el apaciguamiento, la vaguedad, la esperaqueesperalaespera, la nada.

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  Tener miedo no está mal. Todos tenemos miedo. Lo importante es no permitir que usen nuestro miedo para devolvernos a nuestra indigna normalidad.

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  Enciendes la televisión y buscas un noticiero serio entre los canales venezolanos. Ninguno. En todos pasan programas anodinos, gente en chancletas, mujeres hablando de fitness, sujetos mal empacados machucando el idioma, muñecos leyendo periódicos de farándula… Todos hablan, pero ninguno dice nada del fuego y de las piedras y de los gritos que ocupan las calles en estos días. Sí. Censura. Es eso: censura.

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  El día de la marcha del día del Día de la Juventud me levanté, tomé café y encendí mi máquina. Leí que en la madrugada hubo seis muertos en la autopista de Prados del Este: cuatro secuestradores y dos agentes de la Policía de Baruta. La persona secuestrada estaba en una clínica, herida, pero estable. A las tres de la tarde de ese día se oyeron los reportes de la marcha de los estudiantes: varios heridos de bala y dos muertos. Entre las cinco y las seis se produjeron los primeros disturbios. La gente enardecida por la noticia, corrió a Chacao, a pocos metros de mi casa, y le lanzó piedras a uno de los edificios oficiales que se encuentran en la zona. Esa misma noche corrió la noticia de otra persona fallecida. Así transcurrió un día en la ciudad donde vivo y de la que no me pienso ir.

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  Anoche falleció un estudiante que protestaba en Carúpano; lo atropellaron con un carro.

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  Hoy hubo otra enorme concentración en Caracas. Durante toda la mañana hubo una creciente expectativa que se esfumó al mediodía cuando Leopoldo López, el supuesto responsable de todo lo que ha ocurrido en estos días, se entregó a la Guardia Nacional.

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  Mientras en Caracas se producía ese extraño anticlímax de cuyas consecuencias sabremos en el futuro, en Maracaibo, Valencia, Maracay, Barquisimeto, San Juan de Los Morros, Mérida y Puerto Ordaz se produjeron refriegas entre guardias nacionales y manifestantes. 

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  Esto no termina aquí. Esto continuará. Se avecinan días muy duros para todos.