miércoles, agosto 19, 2015

GENTE ABRUMADORA

AR Penck: Colosseum; 1990
 Gente más preocupada por tatuarse que por prepararse, domarse a sí misma y domar un mundo con la mira en prosperar.

 Gente que cambia de sexo para ir por la vida hablando de que cambió de sexo. La gente que no cambia de sexo no vive hablando de que no cambió de sexo. La idiotez de los que cambiaron de sexo se expresa en que no pueden hablar de otra cosa.

 Gente que nunca aprendió a manejarse a sí misma y, por eso, busca con fervor a alguien que la maneje.

 Gente a la que no le enseñaron a respetar la vida. Por eso mira el humo en vez de la sangre.

 Gente perdida en los espejos; egoísta, necia, ávida de encontrar una salvación para sí misma y solo para sí misma, mientras los demás nos hundimos.

 Gente enferma tratando de mostrarse virtuosa todo el tiempo.

 Gente estúpida que les cree a los enfermos de virtud.

 Gente que no se soporta a sí misma, que no tolera ceñirse a ninguna regla ni gobernarse en la aridez.

 Gente perdida de sí misma, que no quiere encontrarse y que cada día desea perderse más.

 Gente de la que emana ignorancia. Ignorancia de la que emana dolor. Dolor del que emana dolor y más dolor.

 Gente adicta a los trámites, que cierra los ojos e inventa una estación más en la burocracia universal.

 Gente incapaz de producir belleza.

 Gente débil, sugestionable, veleta; insensatos en los que se confunden la ignorancia y la inocencia.

martes, agosto 11, 2015

HÍBRIDO CÓSMICO

 Los sueños están hechos de la materia más leve y a la vez menos dúctil del universo: imágenes puras, de soporte infradelgado, movedizo, efímero, hermano del olvido. Lo más que podemos hacer con los sueños es tratar de recuperarlos a través de las palabras, sea imitando la sinuosa sintaxis de alguno que hayamos tenido o el modo caprichoso en que se relacionan los objetos que aparecen en ellos. No se puede hacer más, salvo respetar su insólita compañía y disfrutar (o padecer) aquello que muestran.

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 Leer supone un abandono voluntario de nosotros mismos. La lectura nos ayuda a sustituir nuestra voz interior por una voz artificial diseñada por otra persona. Durante el rato que dura la lectura, le damos el control de una parte nuestra a otro a cambio de que nos enseñe mundos.

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 Leí La caza del Octubre Rojo, de Tom Clancy. Tardé un mes, más o menos. La disfruté mucho. No solo es una novela de espionaje ambientada hacia el final de la Guerra Fría, sino un extraordinario relato marinero lleno de toda clase de naves dispuestas a enfrentarse.

 El libro está escrito en un estilo que se solaza en el detalle minúsculo de todo cuanto trata: de los pormenores de las tuberías que entran y salen de los reactores nucleares, de los delicados vericuetos de la política internacional, de lo densa que es la vida de quienes tienen la responsabilidad de defender un país, de las órdenes que cruzan las extensas cadenas de mandos de dos sistemas con dos estilos y dos burocracias distintas… Eso hace que las historias individuales queden cubiertas por una gran red de acciones ejecutadas por auténticas masas de personajes a bordo de barcos y aviones o en pulcros trajes, detrás de infinitos escritorios. Solo las historias de unos pocos personajes salen a la luz: las de Jack Ryan, las de Skip Tyler, las de Bart Mancuso, las del sonarista Jones y, por supuesto, las que forman el nudo principal de la novela, las del capitán Marko Ramius.

 Existe una película homónima (¿quién no lo sabe?), pero es el producto de una criba desmedida del libro. Véanla si quieren; es entretenida. Sepan, eso sí, que no tendrán noticia de lo que es un Crazy Ivan ni verán el hundimiento del Politovskyi. Tampoco sabrán por qué el Octubre Rojo se llama como se llama ni por qué su capitán desea entregarlo al enemigo. Verán escenas de espectacularidad estándar, pero no percibirán el peso de los dieciocho días que dura la persecución de un submarino en el océano Atlántico.

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 Leer supone una ocupación voluntaria de nosotros mismos. Hay una landa sin nombre entre el ruido exterior y el silencio de nuestra bóveda craneana que se llena de palabras en el acto de la lectura. El vacío se ilumina; deja de ser vacío.

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 Somos lo que leemos. Las palabras, las líneas, los párrafos, los signos de puntuación (incluyendo el elegante hueco de las sangrías) se vuelven partes nuestras, inseparables de nuestro propio ser.

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 La lectura es un acto gratificante, una ampliación de la vida.

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 Volví a Pedro Páramo, al calor ruinoso de Comala, a los fantasmas que hablan para distraerse de la muerte, como si sus vidas tristes en aquel pueblo perdido entre las montañas no hubieran sido fantasmagóricas también. Ahí, en medio de tanta penuria propiciada por un varón arbitrario para quien la ley tenía asiento en su voluntad y en sus arcas, vi las piedras cariadas, las mujeres de barro, los jinetes entrando y saliendo de la Media Luna. Vi a Pedro Páramo custodiando el lecho de Susana San Juan, mientras ella, perdida en su histeria de sueños húmedos, le prodigaba con su indiferencia el único daño posible, la única venganza que podía infligírsele al malquistado mandamás, un dolor increíble que alimentaba su maldad.

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 Pasa el tiempo y los recuerdos de nuestras vidas se funden con los recuerdos de nuestras lecturas. La memoria apenas distingue entre lo vivido y lo leído. Acaso la lectura sea una forma alterna de vida.

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 Nadie recuerda una historia completa; si acaso la generalidad de un argumento, la existencia de un personaje o de una escena (el tiempo hace que todo adquiera la forma de una línea). De los libros no nos quedan los detalles ni la sabiduría ni las certezas; nos queda la movediza (pero deliciosa) sensación de saber qué podríamos conseguir en ellos, con qué preguntas podemos volver a sus páginas y, por supuesto, a quiénes podemos encontrar entre sus párrafos y que podríamos visitar cualquiera día de estos.

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 Se lee muchas veces = se vive muchas veces.

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 Leí El pozo, de Juan Carlos Onetti. No sé cuántas veces a lo largo de mi vida me ha ocurrido lo que ocurre en ese libro. Vas exultante. Quieres compartir tu alegría por una historia y lo que encuentras es un par de ojos de pescado que te reclaman por no aportar nada útil.

 Con los años aprendes a administrar (y hasta a esconder) el entusiasmo que las lecturas producen. Esconderse en sí mismo y guardar la belleza para mejores ocasiones, son maneras de protegerse de la niebla de los demás.

domingo, julio 26, 2015

EJEMPLOS DEL LOOP BENESOLANO O GATOPARDISMO VENECO EN ACCIÓN

 Ejemplo Uno: «Todas las encuestas dicen que ganaremos las próximas elecciones». «Cobraremos el resultado de las próximas elecciones». «Lamentablemente perdimos las elecciones». «Vamos a organizarnos para construir una mayoría». «Todas las encuestas dicen que ganaremos las próximas elecciones». «Cobraremos el resultado de las próximas elecciones». «Lamentablemente perdimos las elecciones». «Vamos a organizarnos para construir una mayoría». «Todas las encuestas dicen que ganaremos las próximas elecciones». «Cobraremos el resultado de las próximas elecciones». «Lamentablemente perdimos las elecciones». «Vamos a organizarnos para construir una mayoría»...

 Ejemplo Dos: «Todavía no estamos en dictadura». «Llámenlo como quieran, pero esto es una dictadura». «Todavía no estamos en dictadura». «Llámenlo como quieran, pero esto es una dictadura». «Todavía no estamos en dictadura». «Llámenlo como quieran, pero esto es una dictadura»...

 Ejemplo Tres: «Pero aún no estamos en un proceso hiperinflacionario». «Se necesitan ocho salarios mínimos para cubrir la canasta básica familiar». «Pero aún no estamos en un proceso hiperinflacionario». «Se necesitan ocho salarios mínimos para cubrir la canasta básica familiar?». «Pero aún no estamos en un proceso hiperinflacionario»...

 Ejemplo Cuatro: «Hay que despolarizar a la sociedad». «El gobierno somete, apresa, inhabilita y empobrece a la disidencia». «Hay que despolarizar a la sociedad». «El gobierno somete, apresa, inhabilita y empobrece a la disidencia»...

 Ejemplo Cinco: «Aquí traigo mi nuevo disco que está hecho con mucho cariño; tiene composiciones de los maestros Simón Díaz, Chelique Sarabia, Hugo Blanco y Aldemaro Romero».

 Ejemplo Seis: «No podemos apaciguar a los malandros». «Defenderemos los derechos de las minorías». «No podemos mejorar el servicio de aseo urbano». «Seremos una potencia». «No podemos apaciguar a los malandros». «Defenderemos los derechos de las minorías». «No podemos mejorar el servicio de aseo urbano». «Seremos una potencia». «No podemos apaciguar a los malandros»...

 Ejemplo Siete: «Benesuela, te amo; no puedo vivir sin ti». «No aguanto esta vaina». «Benesuela, tus árboles tu gente, tu sol, tu cielo, son únicos». «Porque si uno viviera tranquilo, pero cada día matan y atracan a un gentío...». «Benesuela, te amo; no puedo vivir sin ti». «No aguanto esta vaina». «Benesuela, tus árboles tu gente, tu sol, tu cielo, son únicos». «Porque si uno viviera tranquilo, pero cada día matan y atracan a un gentío...». «Benesuela, te amo; no puedo vivir sin ti»...

 Ejemplo Ocho: «Soy exitoso retratando el desastre benesolano». «El desastre benesolano crea un clima insoportable». «Soy exitoso retratando el desastre benesolano». «El desastre benesolano crea un clima insoportable»...

 Ejemplo Nueve: «Aquí traigo otro disco nuevo en el que mi grupo y yo tocamos boleros de Agustín Lara y Armando Manzanero, además de un amplio repertorio de canciones románticas de los ochentas».

 Ejemplo Diez: «Estamos construyendo un futuro maravilloso en socialismo». «No hay vacunas contra la varicela». «Tenemos patria». «Terminamos de perder el Esequibo». «Estamos construyendo un futuro maravilloso en socialismo»... 

lunes, julio 20, 2015

MEDITACIONES OSCURAS

 El entuerto venezolano muta todos los días; parece un virus que ha asumido la forma de una entidad capaz de desmoronar la psique de los individuos, de convertir en polvo la integridad emocional de las personas. No hace falta dar ejemplos. Basta con cerrar los ojos para encontrar aquello que acredita estas líneas: aullidos propios y ajenos, miedo, ira, impotencia, insomnio. Ya no se trata de política. Se trata de veneno.

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 Palabras erosionadas por uso inconsciente y excesivo: «calidad de vida», «emprendimiento», «hiperinflación», «exilio», «crisis», «objetividad», «género», «social», «elecciones», «pueblo», «diáspora»...

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 ¿El horror se arranca o se mitiga? Unos prefieren estudiarlo y vivir de él. Quienes hacen eso, no saben (o no quieren saber) que contribuyen a perpetuarlo.

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 La respuesta a la pregunta anterior es «se anula», pero las costumbres contemporáneas no la aprueban por considerarla peligrosa. Ante dos males las personas deciden por el que les produce menos remordimientos.

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 Amigos, familiares y conocidos que no viven en Venezuela, sepan que ustedes viven en 2015. Yo no. Yo vivo en 1915 o, tal vez, en otro año más lejano en el insondable pasado. Sepan también que ustedes viven en otro planeta inalcanzable en estos momentos para mí.

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 Me disgusta el culto a Frida Kahlo, a José Ignacio Cabrujas, a Jorge Luis Borges y a Gabriel García Márquez. Creo que esa incondicional admiración esconde algo turbio. 

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 En Venezuela los maleducados tuvieron la oportunidad de demostrar que la ignorancia es benigna.

 Y fracasaron.

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 Un emigrante = un voto menos.

 Así ganaremos la Asamblea Nacional.

lunes, julio 06, 2015

EN MEMORIA DE BILLIE HOLIDAY

I
 Billie Holiday es un prodigio. Digo «es» y no «fue» porque las grabaciones congelan retazos del presente para que otros los disfruten en el futuro. Cuando colocamos uno de sus discos, lo que fue, vuelve a ser. Así que hoy, a cien años de su nacimiento, podemos preguntarnos lo mismo que se deben haber preguntado unos cuantos auditores a lo largo de las décadas: ¿dónde reside el arte de esta mujer? En su aguda voz cascada de nicotina. ¿Dónde más? No sé. Por eso pregunto. Yo creo que el arte no está en la voz ni en las manos ni en las piernas ni en el corazón oscuro. La verdad es que creo que está en la persona completa, en eso que la hace única y que no se ve jamás, pero que se manifiesta, como un milagro genuino, en aquello que hace el artista con todo su cuerpo. Tal vez por eso, porque no se sabe dónde radica el arte, las biografías de los artistas repitan costumbrismos truculentos y los transformen en mitologías que, bien vistas, nada tienen que ver con el arte. Cuando no se sabe qué decir de la obra de un artista, se usa el eterno barniz; es decir: se recurre a los tópicos y si estos lucen marcados por la desgracia, mejor para la audiencia siempre ávida de discordias.



II
 Billie Holiday grabó su primer tema en 1933, junto al cuarteto de Benny Goodman.  Se llamó «Your mother’s son in law». En 1935 presentó «What a little moonlight can do», junto a Goodman, Teddy Wilson, Roy Eldridge, John Kirby, John Trueheart y Cozy Cole. Ese mismo año trabajó por primera vez con Duke Ellington en la grabación de la banda sonora de la película Symphony in black, y comenzó a cantar junto a quien sería uno de sus grandes socios musicales: Lester Young.



III
  «Jazz» es una palabra imprecisa que tiene poco más de cien años aplicándose a un conjunto de lenguajes musicales que se mezclan con otros lenguajes musicales. Esa fusión, que se sigue dando a lo largo de los años, sin importar las fronteras, es la médula de este género. A pesar de lo que digan los fundamentalistas que abundan en todas las disciplinas, el jazz no le pertenece a una sola raza ni a una sola nacionalidad. Su narrativa tampoco se limita a las circunstancias de su gestación entre botellas y matones (como si fuera la única música que nació en los inframundos de la noche), en una época de ominosa discriminación racial.



IV
 En 1936 grabó junto a la orquesta de Bunny Berigan «Billie’s blues»; cantó en las agrupaciones de Jimmie Lunceford y Fletcher Henderson, y presentó No regrets. Ese disco es importante porque contiene versiones de «I can’t get you anything, but love», «Summertime» y «They can’t take that away from me»; es decir: tres standards o piezas insignias del repertorio jazzístico universal.

 Nota: «¿Qué sentido tienen hoy en día los standards?» es una de las grandes preguntas que debe hacerse todo aquel que disfrute de esta música. Para un mundo repleto de grabaciones en las que los repertorios jazzísticos clásicos han sido tocados y retocados de todas las formas posibles, no parece muy sensato volver a interpretar lo mismo, y más si hablamos de un arte en el que la improvisación tiene un peso tan importante. Creo en la legitimidad del goce estético que busca quien acude una y otra vez a un mismo repertorio, pero no hay que abusar. Lo nuevo también merece atención y puede producir deleite.



V
 Cada quien es libre de hacer con la música lo que le plazca. Unos bailan, otros tararean, cantan, silban... Hay una corriente muy extendida que ve en el jazz una música para reprimir el silencio. Así como sobran los elevadores en los que suenan rumiadas (y más que rumiadas) versiones de los Beatles, abundan los restaurantes en los que se usa el jazz con fines digestivos. Sépanlo: Billie Holiday no funciona en ese nivel de levedad. Hay en sus canciones un desgarramiento constante, una melancolía densa que dificulta el abandono a los placeres. Su arte es frugal, desnudo, estoico, libre de exuberancias a la vez que vigoroso y capaz de reclamar toda nuestra atención. Quien pone un disco de Billie Holiday para relajarse, no sabe lo que hace. Pronto, muy pronto, esa voz harapienta lo arrastrará con su aparente dulzura y le mostrará el milagro de la transmutación de los óxidos de la vida en belleza radical.

 Sí. El gran arte transforma las emociones en obras que sirven como espejos a los hombres de todas las épocas.



VI
 En 1937, Billie cantó junto a la banda de Count Basie y al conjunto de Artie Shaw; produjo «Easy living», «Me, myself and I» y «Pennies from heaven»; trabajó en el Cafe Society, de Nueva York, cantó junto a Benny Goodman y Teddy Wilson. En 1939 grabó su primer gran éxito: «Strange fruit». En 1940, colaboró con Benny Carter y trabajó en varios clubes. En 1941 salieron al mercado «Lover man», «God bless the child» y «Gloomy sunday», tema prohibido en las emisoras de radio de aquellos años porque, según las autoridades, la canción era tan triste que invitaba al suicidio.

 ¿Por qué la música tiene que ser alegre? ¿Por qué todo tiene que ser radiante y llamar al optimismo? ¿No hay en el mundo una dictadura de lo bonito? ¿No es el arte el lugar para preguntarse por aquello que nos inquieta y nos agobia?



VII
 Billie Holiday nació en 1915; igual que Edith Piaf.

 Podríamos negarnos, pero si hiciéramos el ejercicio de enumerar las calamidades que ambas padecieron, notaremos que, a pesar de la distancia pertinaz, sus vidas tuvieron tantas similitudes que podríamos concebir el destino como una combinatoria de acontecimientos limitados que, cada tanto, se repite, y que la curiosidad de la repetición es poco menos que una maravilla asaz atinada en tanto las dos cantantes convirtieron en (rara) belleza sus respectivos infortunios.

 También podemos afirmar con simpleza que ambas artistas pertenecen a un mundo hostil ahíto de vicios, infectado de proxenetas, mercaderes de narcóticos y armas, cultores de la pobreza y gestores de odios. En un tiempo asolado por tantos males, sus vidas remarcadas por la fama (a veces grata) no fueron las únicas en soportar penas. La época estuvo llena de historias de mujeres y hombres oprimidos, irrespetados hasta lo indecible por sus credos, por sus razas, por sus diferencias con respecto al mundo. Billie Holiday y Edith Piaf la pasaron tan mal como tanta gente, en especial, como tantas mujeres en aquel mundo que hoy nos parece vanamente lejano.

 Richard Galliano y Wynton Marsalis notaron las similitudes de las dos cantantes y grabaron un disco en 2008 con temas de cada una. Es un homenaje que seguramente refleja la hondura emocional de ambas y nos permite recordarlas así, en conjunto.



VIII
 «…Billie me pareció una persona muy dulce, muy bella y creativa. Tenía una boca peculiarmente sensual y siempre llevaba una gardenia blanca en el pelo. Yo diría que no era solo bella, sino sexy. Pero estaba enferma a causa de la cantidad de drogas, situación que yo comprendía porque estaba enfermo como ella. Sin embargo, era una mujer cálida, a quien a pesar de todo, daba gusto tener al lado. Años después, cuando su estado se agravó, yo solía visitarla en su casa de Long Island y hacer cuanto podía por ella. Llevaba conmigo a mi hijo Gregory, a quien Billie quería mucho y nos sentábamos a charlar durante horas, bebiendo ginebra tras ginebra…».

Miles Davis y Quincy Troupe: Miles, La autobiografía; Pp. 202-203.



IX
 Billie pasó dos años sumida en las tinieblas.

 En 1944 volvió a los escenarios junto a los más grandes de entonces: Art Tatum, Coleman Hawkins, Oscar Petitford. (El jazz está lleno de nombres que también son el jazz). En 1945 trabajó junto a Louis Armstrong en la banda sonora de New Orleans y participó en el Jazz at the Philharmonic (de donde salieron grabaciones que se presentaron años después). Toda esa época de trabajo intenso y productivo duró hasta 1947, cuando pasó una temporada en el Federal Woman’s Reformatory de Anderson, West Virginia. Al salir, en 1948, cantó en el Carnegie Hall y en el Mansfield Theater (de ahí también salieron grabaciones que se mostrarían tiempo después). En 1949 viajó a California y se dedicó a trabajar junto a Red Norvo, y Eddie Condon.



X
 Las artes no funcionan solas; es decir: la música, por ejemplo, no suena aislada de la pintura o del teatro o de la vestimenta que consume la gente en una época determinada. Por lo general, esas relaciones permanecen ocultas y solo se hacen evidentes cuando han pasado los años. Así, la obra de Billie Holiday se puede relacionar sin mayores problemas con la de Jacob Lawrence, el artista que nació en Nueva Jersey, en 1917, y cuyas pinturas representan la riqueza y la diversidad de la cultura afroamericana. El detalle que une ambas obras y que puede pasar inadvertido frente a los ojos que se dejan distraer por el costumbrismo, es el nivel de síntesis que se produce tanto en las pinturas de Lawrence como en las canciones de Billie Holiday. Mientras Lawrence usaba colores planos y formas estilizadas, Billie alteraba las armonías y simplificaba las melodías (en realidad, las adaptaba a las precarias posibilidades naturales de su voz). Mientras Lawrence producía cuadros estridentes que tendían a la abstracción, Billie sustituía todo lo que eliminaba de las canciones, con una efusión de plasma emocional concentrado en la voz ronca y aguda. Expresionismo negro capaz de esparcirse a través del tiempo y del espacio.



XI
 En 1950, Billie Holiday trabajó durante unos meses junto al Sexteto de Count Basie; cantó, grabó, rodó, vivió. Durante ese año se lanzaron al mercado tres recopilaciones de sus grabaciones en discos de diez pulgadas: Billie Holiday sings, Billie Holiday Vols. 1 y 2.

 En 1951 grabó «I’m a fool to want you», un tema de Frank Sinatra, Jack Wolf y Joel Herron, que se convirtió en un clásico de la música popular. Ese mismo año coincidió con el cuarteto de Stan Getz en el Storyville Club de Boston. Tocaron juntos durante varios meses, hasta que los excesos pasaron su factura y la gran Billie tuvo que pasar dos temporadas en el Belmont Sanitarium. Al salir, en 1952, trató de tomarse las cosas con calma. Lo más importante que hizo fue firmar un contrato con Norman Granz.

 En 1953 grabó un especial de televisión que se llamó The Comeback Story, programa que difundió la imagen corroída de Billie Holiday que todavía hoy puebla la memoria colectiva. Los medios de comunicación tejen reputaciones inamovibles.

 También salió al mercado An evening with Billie Holiday.



XII
 La vida sentimental de Billie Holiday está llena de personajes que parecen extraídos de las novelas de Walter Mosley… «In absence of light darkness prevails».



XIII
 1954 fue un año importante. Billie salió de los Estados Unidos, cantó en Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania, Suiza, Bélgica, Holanda, Francia e Inglaterra; actuó en el primer Festival de Jazz de Newport; apareció en el programa de televisión The Sound of Jazz y se dedicó a trabajar con la orquesta de Count Basie.

 En ese mismo año se editaron en formato long play varias recopilaciones de su trabajo, entre las que destacan las que se titulan Billie Holiday, Lady Day y Billie Holiday and Teddy Wilson Orchestras.



XIV
 Todas las actividades generan su propia mitología, sus hechos memorables, sus héroes extraordinarios, sus vestiglos feroces, sus ritos y sus lugares de peregrinación. El jazz no se sustrae a esa regla; es una actividad hecha de nombres, de acontecimientos más o menos felices, de prodigios que exceden al ya de por sí milagro que es la mera música. En esa mitología que solemos limitar a las hazañas de sus protagonistas, pesan mucho los atributos de los héroes; en el caso de los músicos, pesan sus símbolos que son, a la vez, sus instrumentos. Un piano, con sus teclas como dientes, condensa tanta historia como un contrabajo (ese instrumento mueble) o como un saxofón (furia de lata o lámpara que emana aire cavernario). Esa evocación brillosa de los objetos con que se hace jazz podría extenderse a lo largo de párrafos vueltos horas. Tendríamos ante nuestros ojos el museo de reliquias que complementa la extensa nómina y el inagotable catálogo de obras.



XV
 1955 y 1956 fueron años difíciles. Billie Holiday se quitó de encima al monstruo que la habitaba; abandonó el hábito funesto.

 Ese mismo año salió al mercado Lady sings the blues, un disco que lleva el mismo título de su autobiografía, publicada en 1957.

También presentó Body and Soul, Songs for distingué lovers y Ella Fitzgerald and Billie Holiday at Newport.

 Trabajó en California junto a Ben Webster, Barney Kessel y Red Mitchell; cuando regresó a Nueva York, comenzó a trabajar junto a Mal Waldron.



XVI
 En la mitología del jazz, el lugar donde ocurre la música tiene la reputación brillante de los santuarios. En la memoria del público, abundan nombres de locales, de estudios, de salas de conciertos, direcciones, fotografías, memorias de presentaciones no vividas o vividas a través de esa forma entre imaginaria y real que son los documentos audiovisuales. Entre todos esos espacios, ninguno enciende tanto nuestro deseo de participar en el mito, de vernos y sentirnos en el lugar donde ha ocurrido y ocurre todo, como ese local oscuro y cavernario que es el club de jazz.

 En el presente los locales dedicados al jazz son un remedo nostálgico de los que fueron. Siguen siendo apretados y pequeños, dispuestos en sótanos oscuros y decorados con fotografías y carteles que rememoran otros tiempos menos asépticos en los que la gente fumaba y conversaba y bebía mientras los músicos estaban ahí, en el escenario, produciendo bellezas que traspasaban la densidad atmosférica y las paredes; maravillas que se encumbraban sobre las miserias de aquellas noches preñadas de traficantes y mafiosos, de maltratadores profesionales que, como el resto de los mortales, acudía a los sitios de diversión a ver espectáculos, a besar a alguien, a sentirse inmortales durante unas pocas horas.

 Como sitios de peregrinación, los clubes de jazz mantienen su fatigada vigencia. Sin embargo, como lugares que condensan el espíritu de las derivaciones jazzísticas más recientes, mantienen una deuda difícil de saldar. Cada música tiene su imaginería, su anecdotario, su lugar. El jazz más reciente carece de una mitología propia. Sus cultores no la han forjado y no parecen interesados en hacerlo. Quizás el pasado les sea suficiente o, al contrario, a muchos de ellos los caminos de la música los estén llevando hacia otros universos ajenos, lejanos a ese al que, por comodidad, seguimos llamando jazz.

 ¿Cómo deberían ser los lugares de esas músicas? ¿El bar brumoso y subterráneo es su equivalente arquitectónico o ya es hora de imaginar otros espacios, otros lugares donde congregarnos a oír y a pensar sobre eso que oímos?



XVII
 En 1958, Billie participó en el Festival de Monterey. A pesar de que apareció en otros escenarios, distanció sus presentaciones porque su salud comenzó a deteriorarse con rapidez. De ese año son Lady in Satin, Lover man y The blues are brewin’, entre otros discos.



XVIII
 Es fácil perderse en la discografía de Billie Holiday. Hay centenares de temas grabados en discos de diez pulgadas, decenas de recopilaciones en formatos de larga duración, álbumes con temas originales… El examen de su obra completa te sitúa frente a las huellas de alguien que no hizo otra cosa que trabajar (en este caso, cantar) a lo largo de su vida.

 La vida como trabajo enhebrado en un hilo oxidado de voz…



XIX
 De cómo en la más honda oscuridad también puede surgir belleza, una belleza extraña, densa, dulce, abrumadora, como de fantasma, que, además sirve de correlato musical a la ciudad desdichada y vertical que se escondía (y se esconde) detrás de los muros erigidos en honor al optimismo humano.

 El esqueleto de la voz arañaba el concreto, roía los vapores, se hacía uno con la noche.  



XX
 En 1959 volvió a presentarse en el club Storyville de Boston, junto a Mal Waldron, Champ Jones y Roy Haynes. En mayo de ese año cantó ante el público por última vez (fue en el Phoenix Theater y no en un club de jazz porque la ley antinarcóticos de Nueva York se lo impedía). Pocas semanas después, Billie se sintió tan mal que terminó recluida en un hospital. Como el destino embiste y arropa por distintos flancos, un fiscal y un oficial de policía se presentaron en el hospital para entregarle a Billie Holiday una orden de arresto por tenencia de drogas.

 El 17 de julio de ese año, entre el escándalo y la tristeza, a los cuarenta y cuatro años, falleció una de las más grandes cantantes de las que en el mundo han sido y serán.





Bibliografía

Balliache, Simón: Voces en el jazz; Ballgrub; Caracas; 1995, 144 Pp.


Blackburn, Julia: Con Billie Holiday. Una biografía coral; Global Rhytm Press; Barcelona; 2007, 416 Pp.


Carles, Philippe, Clergeat André y Comolli, Jean-Louis: Diccionario del jazz; Anaya & Mario Muchnik; Madrid; 1995, 1359 Pp.


Jones, Leroi (Amiri Baraka): Blues people, Música negra en la América blanca; Nortesur; Barcelona; 2011, 256 Pp.


Oliver, Paul, Harrison, Max y Bolcom, William: Gospel, blues & jazz; Muchnik Editores; Barcelona; 1994, 307 Pp.


Pacanins, Federico: Jazzofilia; Alter Libris Ediciones; Caracas; 2003, 312 Pp.



Troupe, Quincy: Miles, la autobiografía; Ediciones B; Barcelona; 1995, 607 Pp.

martes, junio 30, 2015

DETESTO VOL.3

a) La palabra «emprendedor».

b) Que los genios del mercadeo venezolano digan crowdfunding en lugar de «vaca».

c) El yoga en todas sus versiones.

d) El fútbol como actividad que estupidiza a la gente y acredita energúmenos como Messi (que ni saluda ni da la mano y, encima, a todo el mundo le parece un modelo de caballerosidad) o como Luis Suárez o como Arturo Vidal o como Gonzalo Jara y toda esa manada de patanes que no hallan qué hacer con su dinero, salvo tatuarse y pelarse la cabeza. 

e) El regreso de los dinosaurios, de las galaxiasgalácticas, de los minions, de Terminator (Schwarzenegger, a estas alturas, disfrazado de robot es patético) y de todo lo que uno ya vio, pero tiene que volver a ver porque sí.

f) El penoso doblaje de las series que transmite AXN.

g) Un megáfono en manos de un evangélico.

h) La gente demasiado entusiasta de la lectura y de los libros (parecen evangélicos).

i) La radio venezolana (música del pasado, programas hechos con los codos, noticias rayadas, humoristas devenidos en comentaristas políticos, simpatiquismo, sofismas en chancletas sónicas...).

j) La velocidad de conexión en Benesuela o «Fábula de la guaifai y la liebre». 

k) La gente que escupe en plena calle. (Idea para el cine nacional: un documental en blanco y negro y cámara lenta con imágenes de gente escupiendo. Podría llamarse Escupitina).

l) Los bancos. ¿Hay tres taquillas? Solo funciona una. ¿Hay tres escritorios? Solo en uno hay quien te atienda. ¿Hay seis cajeros automáticos? Ninguno da recibo y solo en uno puedes hacer depósitos. Trabajan de lunes a viernes, de 8:30 a 3:30, pero a la hora del almuerzo, apenas trabaja un cajero junto a un vigilante. Encima, los bancos se rigen por un extraño calendario en el que abundan las fechas patrias y las conmemoraciones religiosas.

ll) El veganismo. (¿De dónde salió esa vaina?). 

m) La moda vintage o el reciclaje de los clósets. La moda hipster o qué bella la miopía.

n) La lentitud de la cadena de pago. Así como se tardan en pagarte, te tardas en pagar. 

o) La gente que escribe como habla. «No abrimos los domingo». «Se visualizan bolso y cartera al salir». «Prohibido la entrada en short y bermuda».

p) Los papás que ponen a sus hijos a cantar y bailar reguetón. 

q) Otro homenaje a Gerd Leufert. ¿Hasta cuándo?

r) Caracas es una ciudad a la que le han aparecido brotes de Pyongyang en los últimos años: arquitectura comunista, bloques que en dos años (o menos) serán un prodigio de caries.

s) Saber que vivo en una versión pirata de 2015.

t) Los magnates bobisoberbios. El gafiparalitichismo gerencial. El idioneronismo autodestructor de empresas de comunicaciones.

u) Tener que oír y leer idioteces que empiezan con «Todavía no hemos aprendido nada».

v) La expansión de la corte de los milagros (o «Valle Inclán en chancletas»).

w) La etiqueta de la supervivencia venezolana: #yosalvomiculoyeldelosmíoslosdemásquesejodan. 

x) Vivir en una patria maleva y autoinmune.

y) Las calles ulceradas de las que cada cierto tiempo brotan aguas mefíticas.

z) Los crepúsculos dominicales.

 Bonus Track: Los bancos que te piden una clave para entrar a una web donde te pedirán una clave para que te den una clave para hablar por teléfono con un operador para cambiar la clave.   

martes, junio 23, 2015

LA CONJURA PERPETUA

Fox Mulder siempre tuvo razón

 «Tlön, Uqbar, Orbis tertius» trata sobre una silenciosa conspiración acometida por una cofradía de especialistas en diversas disciplinas. Su plan extendido a lo largo de varios siglos consistió en escribir una réplica de la Enciclopedia Británica dedicada a reseñar la vida, la geografía, la historia, las ciencias, la filosofía, la lingüística y las artes de Tlön, un planeta creado por ellos mismos. La idea era publicar la enciclopedia, dejar tomos en determinadas bibliotecas y hacer que incautos y anónimos bibliófilos terminaran preguntándose por el origen de semejante libro. En su plan no cabía el escándalo. Su objetivo era sembrar un tenue caos bibliográfico, introducir una mínima anomalía en el universo sin esperar las consecuencias, lo que convierte a esta logia de sabios secretos en un sindicato de exquisitos humoristas. El gesto de crear lo inútil adquiere un carácter subversivo cuando se le coloca de manera subrepticia al lado de lo útil. La posibilidad de sembrar la confusión, de subvertir el orden dado, adquiere las dimensiones de un hecho estético cuando el gesto absurdo es de una magnitud tan sutil que puede confundirse con la normalidad. De manera que a lo creado le resulta fácil desplegarse y desatar todo el poder sugestivo del que sea capaz.

 ¿Qué mueve a determinados creadores a diseñar obras así: la inconformidad, el hastío, la sensación de que se le puede añadir algo al mundo que acelere el advenimiento de una era mejor o solo se trata del placer que produce el corrosivo cuestionamiento de lo que ya existe? En el cuento solo el financista del sindicato expone de manera críptica y altisonante el objetivo que, al menos desde su punto de vista, tiene la vasta empresa: «...demostrar al Dios no existente que los hombres mortales son capaces de concebir un mundo...».

 Jorge Luis Borges podría compartir con los cofrades secretos de su cuento el discreto espíritu avieso que mueve sus actos. La forma de «Tlön, Uqbar, Orbis tertius» es muestra de ello. Que casi toda la historia se base en el comentario acucioso de una fracción de un libro imaginario es algo que abruma a los lectores acostumbrados a que un cuento debe cumplir tales o cuales requisitos o usar tales o cuales recursos acreditados por una preceptiva siempre autoritaria y tradicional; no se les pasa por el seso que tienen entre manos un relato que fuerza los límites de géneros literarios como el cuento y el ensayo, de subgéneros como la literatura fantástica y la ciencia-ficción, de actitudes comunicativas como narrar y comentar, de estados de la conciencia como la ficción y la propia realidad. No se dan cuenta de que el objeto literario que llevan consigo está diseñado de tal manera que sus formas son tan permeables y tan sujetas a ser intervenidas como aquello de lo que tratan sus páginas.

 La parte más inquietante del relato comienza cuando suponemos acabada la obra de los cofrades enigmáticos y, sin embargo, en distintos lugares aparecen extraños artefactos de los que solo tiene noticia el narrador que ha intuido y descubierto la muda conjura. ¿Quién dejó en la biblioteca de Memphis un tomo de la segunda enciclopedia de Tlön? ¿Quién introdujo en el mundo la brújula con anotaciones en uno de los alfabetos tlonianos? ¿Cómo llegó a manos del joven escandaloso de la posada rural el cono de inédita aleación? ¿Cómo se multiplicaron y diseminaron los objetos de ese planeta enteramente inventado por un grupo de sabios? ¿Cómo se filtró Tlön en la realidad hasta el punto de modificar sus usos, ciencias, idiomas y costumbres, y cambiarlos por los del planeta ficticio? ¿Organizó la umbría logia semejante invasión o fue un proceso que adquirió algún tipo de autonomía? El narrador no da detalles, pero sugiere que las multitudes se entregan con facilidad a cuanto les sugiera un orden o una simetría. De manera que no tiene nada de extraño que todo lo que proviniera de la enciclopedia se saliera de su ámbito libresco y tomara poco a poco la realidad.

 El cuento trata de cómo se expande el pensamiento; de cómo las modas y las creencias permean con lenta insistencia aquello que se supone inalterable y lo horadan hasta desintegrarlo y volverlo irreconocible. Así funcionan las ideas que cambian el mundo; así, sin que nadie se dé cuenta y, casi siempre, sin que nadie controle la totalidad del proceso, trasponen el perímetro de lo teórico y se vuelven concretas; así transcurren nuestras vidas; así transcurren las ocurrencias de unos cuantos en el tiempo. Es curioso comprender que vivimos en un mundo cuyo núcleo alguna vez estuvo en las mentes de unos cuantos, y eso mismo lo pudo afirmar cada generación del pasado, lo puede afirmar cada generación viva y podrá afirmarlo cada generación futura.


 «Tlön, Uqbar, Orbis tertius» es una cima de la literatura universal que nos hace saber que, en este mismo instante, alguien (embozado y erudito) diseña nuestro porvenir. Tal vez nosotros mismos, sin saberlo, trabajemos a sus órdenes y estemos creando un insondable mañana.

domingo, junio 14, 2015

BAJO EL CIELO SECO

 Leo La caza del octubre rojo, de Tom Clancy. Quiero compararlo con «Gente en conserva», de Chuck Pahlaniuk, y, por supuesto, con 20000 Leguas de viaje submarino. Las comparaciones producen hallazgos que iluminan y renuevan cada una de las obras relacionadas, y a nosotros, por supuesto. Lo difícil no es comunicar los descubrimientos; es mostrar la legitimidad del tipo de imaginación que se pone en práctica cuando se llevan a cabo semejantes ejercicios y el placer que ellos le deparan a quien se atreve a realizarlos.

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 Cuando comiencen a quejarse del desastre económico venezolano, recuerden que, el año pasado, muchos de ustedes clamaron por un tipo de paz que terminó siendo exigua y fraudulenta.  

 En otras palabras, paz mediocre = horror disfrazado.

 Se acercan otros tiempos de humo y ruido. Si vuelven a pedir paz, asegúrense de que esta vez no sea un remedo ni un infeliz chantaje que mantenga vigente este oprobioso hundimiento en que vivimos.

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  Hace tres días falleció Ornette Coleman. Todavía, a estas alturas, hay gente que «no entiende» o, peor, que «no soporta» su disco, de 1961, Free Jazz, ni buena parte de su obra.

 Puedo comprender que algo no le guste a todo el mundo. También que haya quien afirme que para oír músicas improvisadas y free jazz, debe encontrarse en un mood particular. Lo que no comprendo es que se tengan por novelerías propias de mentes dadas al fraude y no como piezas que forman parte de una música que tiene más de un siglo de historia.

 En teoría, el público tolera mejor los lenguajes visuales abstractos que los lenguajes musicales abstractos. Aquí debo hacer dos precisiones: 1) Subrayo «tolera mejor», lo cual no quiere decir que los acepten ni que les gusten. Todavía hay muchas personas alrededor del mundo que no se han enterado de que el Cuadrado negro sobre negro, de Malevich, o las obras de Duchamp, ya tienen un siglo entre nosotros. Tampoco se han enterado de que Albers, Mondrian, Rothko y Pollock son clásicos del siglo XX. 2) Toda la música es abstracta. Sin embargo, para entendernos mientras dure este soliloquio, asumamos que lo abstracto en la música viene dado por un cuestionamiento a la melodía. Eso fue lo que hizo Ornette Coleman: «volvió abstracto» el jazz, acabó con la sujeción a la melodía y a las tramas armónicas que se suscitan a partir de la exposición de un tema; acentuó la improvisación por encima del arreglo; redefinió la importancia del ritmo, disolvió el swing, reordenó las estructuras… Es decir: amplió el concepto mismo de la música.

 Nadie abre tantos caminos sin ser un gigante y, aun así, hay quien se atreve a mirarlo con desdén.

 La música y todas las artes evolucionan, se mueven, cambian, como cada uno de nosotros. Veamos si somos capaces de mutar con ellas o si nos convertimos en torpes muñecos de barro y paja.

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 La erosión del paisaje exterior anula nuestros muros emocionales. Por eso nos hemos transformado en criaturas anaerobias dadas al llanto. Solo ahora nos damos cuenta de que todo (incluyendo las palabras, los objetos, las instituciones, los cuerpos) sucumbe al poder corruptor del ácido semántico.

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 Esta semana se discutió con vigor digno de mejores causas (como suele ocurrir en este lar sombrío) sobre si la ignorancia que exhiben los mandarines es producto de una larga y refinada meditación o si es el resultado de la estulticia más rotunda. Unos se afanan en explicar que las operaciones perversas del mandarinato están diseñadas por unos genios del mal que quieren hacerse pasar por brutos para confundir a quienes no comulgamos con su credo ruinoso y así emboscarnos y molernos a placer. Otros se burlan del estilo sibilino de los comisarios, de su humor involuntario, de su simulación del habla llana y cotidiana, de sus consejas signadas por la más peligrosa ignorancia. ¿Quién tiene la razón? No lo sé. Creo que la estulticia es estulticia doquiera que se presente y que la acción del mandarinato (mezcla de violencia desembozada, pan, vano circo, regalos)  que hemos visto durante todos estos años sirve para que sus gestores alcancen, a través del miedo y del dolor, aquello que no alcanzan ni alcanzarán solo con las palabras.

 Quizás el problema no radique en si los comisarios se hacen pasar por toscos o si de verdad son brutos. Tal vez el núcleo del asunto se encuentre en que semejante disputa demuestra cuán desguarnecidos estamos y con cuánta urgencia necesitamos el diseño y la difusión de mensajes cuyas marcas sean la sensatez, el aplomo, la generosidad, el arrojo y el conocimiento asentado de gente seria y acreditada. 

 Si no hacemos nada al respecto, al mundo entero lo gobernarán los mensajes más idiotas.