domingo, octubre 30, 2005

RETRATO DE PAPEADO CON CHIHUAHUA

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Estoy en un restaurant con unos amigotes. Bebemos whisky y discutimos sobre las bondades de los carros sincrónicos. De pronto, a la mesa de al lado, llega una parejita muy particular. Ella, toda delicada y pizpireta, abusó del maquillaje. Él, papeado y pulcro, lleva un chihuahua en las manos.

Eso: que un papeado depilado lleve un chihuahua en las manos es, junto al reggaetón y al techno, una señal de que estamos en pleno Apocalipsis y que, pronto, muy pronto, se abrirá el séptimo sello y lloverán coágulos de sangre.

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Lo que escribo está comprometido con la necesidad de producir entretenimiento, con la necesidad de ser optimistas, con la necesidad de producir belleza… Porque si algo tiene este mundo es que se ha vuelto aburrido, peligroso y necio.

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En la Odisea he encontrado la definición de la vida. Esa definición es: acaba con los malos antes de que ellos acaben contigo, se queden con tu casa y se cojan a tu mujer.

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Me he visto reflejado en casi todos los personajes de las obras que he leído en mi vida. Cuando leemos, somos los personajes, sufrimos sus cuitas y nos alegramos de sus éxitos. Leemos para convertirnos en otros, para entrar en otra realidad diferente a la nuestra y luego volver a nuestro mundo y verlo de otra manera, una manera que ha sido tocada por esa lectura.

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La vida es una fábrica de pasado. No nos damos cuenta, pero en un sólo parpadeo ya tenemos 70 años (si el cáncer, el alzheimer o el arroyo inmundo de la vida galante nos dejan). Por eso, creo con toda fe que tenemos el deber de hacer de nuestro pasado algo, al menos, divertido.

Como la vida es una fábrica de pasado, es también una fábrica de cosas que contar. Imagínense que lleguemos a los 70 años y sólo tengamos en nuestro repertorio las historias de lo que hicimos en la oficina o de lo que otros nos hicieron. Sería una lástima.

Creo que la vida está ligada a la literatura porque todos tenemos el deber de vivir la vida de manera que se oiga bien en un cuento... Si no lo hacemos, al menos podemos tener la decencia de mentir o, si prefieren, de inventar historias. De eso, justamente, es que trata el trabajo de los escritores.

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Tengo fe en la literatura, en los libros, pero también creo en las computadoras, en los dvds, en los video-juegos, en los discos de Charles Mingus y en los blogs.

Un blog es un espacio libre en la red que puedes usar como tú quieras. Hay quien lo usa como un medio para divulgar sus opiniones y sus reflexiones con respecto a cualquier tema (cosa que convierte al usuario en periodista y administrador de su propio medio de comunicación) y hay quien lo utiliza como una suerte de archivo para guardar documentos. Yo lo uso como una especie de “estacionamiento de larga duración” para las ideas que se me ocurren, para las imágenes que produzco o que encuentro y para las cosas que escribo y que sé que no tendrán salida inmediata en otros formatos.

Si quieren visitarme, háganlo a http://www.robertoecheto.blogspot.com/ en horarios de oficina.

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Antes creía que en el futuro habría una literatura nacida de las entrañas de la revolución digital. Incluso tenía curiosidad y hasta fe en ese asunto. Hoy me he vuelto más escéptico y, a pesar de que sé que la naturaleza del medio modifica la naturaleza de la expresión, creo que un cuento será bueno en la medida en que quien lo cuente, lo cuente bien. Las herramientas para eso no dependen de si el medio es analógico o digital, de si se escribe con un Palm o con un bolígrafo Kilométrico o de si lo que escribes, lo publicarás en un blog o en una revista.

El hecho de que hoy en día se tengan más y mejores efectos especiales, no significa que se hagan mejores películas que antes.


Y para finalizar, aquí tienen dos citas de Groucho Marx. Las copio aquí porque estoy de acuerdo con ellas:

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Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

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Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer.

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Los huevitos de Fabergé que aparecen en la foto son Tony Soprano y David Lee Roth.

jueves, octubre 27, 2005

INSULTOS

Damas y caballeros, el insulto es un arte que practicamos con alegría. Por eso aquí tienen una muestra tomada de nuestra pinacoteca personal. Que la disfruten.

1) OJALÁ QUE VENGA UN ALBINO DE LA COLONIA TOVAR Y TE DIGA QUE ÉL TIENE UNA YUCA HIDROPÓNICA QUE TE QUIERE SEMBRAR.

2) MÉTETE DEBAJO DE UN CAMIÓN DE BASURA DE LA CANDELARIA, ABRE BIEN LA BOCA Y ESPÉRATE A QUE DE UNA MANGUERA SALGA EL JUGUITO JEDIONDO QUE DE AHÍ SIEMPRE SALE.

3) RÓBALE LAS BALLENAS A LOS SOSTENES DE TU MAMÁ Y MÉTETELOS EN LOS HUECOS DE LA NARIZ HASTA QUE YA NO PUEDAS RESPIRAR.

4) AGARRA UN QUIUTIPS NUEVO Y BÚSCATE A 4 RECOGELATAS QUE TE DEJEN METERLES EL QUIUTIPS EN SUS OMBLIGOS. LUEGO, TÚ AGARRAS Y TE CHUPAS ESE QUIUTIPS.

5) VETE A UN CONCESIONARIO DEL SEÑOR CHOLS Y PONTE A RECOGER LOS PELLEJITOS QUE LOS PEDICURISTAS LE ARRANCAN DE LOS JUANETES Y DE LOS DEDOS DE LOS PIES A LA GENTE.

6) EXPRIME UN COLETO DE LA MORGUE DE BELLO MONTE Y BÉBETE ESA AGUA PARA QUE ADELGACES.

7) CÓMPRATE UNA PAILA DE ALUMINIO, MÉTETE EN ELLA, PONTE A FUEGO LENTO DURANTE UN PAR DE HORAS Y LUEGO OFRÉCETE COMO ALIMENTO PARA LAS INDIAS QUE PIDEN PLATA EN LOS SEMÁFOROS.

8) HAZTE UNA COLONOSCOPIA Y CUANDO TENGAS LOS RESULTADOS, LLÉVATELOS AL MINISTERIO DE AGRICULTURA Y CRÍA A VER SI SIRVES PARA ALGO Y TE CONTRATAN COMO PROVEEDOR VITALICIO DE ABONO.

9) TÚ ERES UN XENÓGLOTA; ES DECIR: UN TIPO QUE ODIA EL IDIOMA QUE HABLA.

10) ABRAZA A UN NEGRO DE CHORONÍ PARA QUE SEPAS LO QUE SIENTE LA MADRE DE UN HELADERO HAITIANO.

11) CÓMPRATE UN FRASCO DE GELATINA PARA EL PELO Y UNA BOTELLA DE EMULSIÓN DE BACALAO. MEZCLA ESAS 2 COSAS, TE LAS TOMAS Y LUEGO TE HACES UN EXAMEN DE HECES.

12) MIRE, MIJO, CÓMPRESE UN PANTALÓN TALLA 48, AMÁRRELE LAS PIERNAS Y LLÉNELO DE EXCREMENTO. LUEGO ÁTELO POR LA CINTURA, GUÍNDESELO AL CUELLO Y MÉTASE ASÍ AL METRO DE CARACAS. CUANDO LE PREGUNTEN, UD. DICE QUE ESTÁ DISFRAZADO DE YEGUA DE LA POLICÍA. ¿OYÓ?

13) DESNÚDATE Y MÉTETE ASÍ MISMITO EN EL AUTOBÚS DE UN LICEO MILITAR.

14) VETE A UNA PESCADERÍA Y CÓMPRATE 2 PULPOS PARA QUE CUANDO LLEGUES A TU CASA, TE LOS METAS EN LA ROPA INTERIOR.

15) CÓMPRATE UN DICCIONARIO, ÁBRELO EN LA PÁGINA DONDE APAREZCA LA PALABRA "HUEVO" Y SIÉNTATE ENCIMA DE ÉL HASTA QUE EL HUEVO SE ROMPA Y SALGA UN POLLITO. ESE DÍA SABRÁS QUE TU TRASERO SÓLO SIRVE PARA DAR CALOR.

16) VETE A LA PLAYA Y CONSÍGUETE UN TOBITO DE ARENA. CUANDO VAYAS AL BAÑO, NO USES PAPEL TOALÉ, COGE UN PUÑO DE ARENA Y LÍMPIATE CON ELLA.

17) ACUÉSTATE EN LA COTA MIL UN JUEVES A LAS 2 DE LA MADRUGADA PARA QUE A LAS 9 Y MEDIA DE LA MAÑANA YA FORMES PARTE DEL PAVIMENTO. ¡IMBERBE!

18) DILE A TU MAMÁ QUE TE HAGA UN TETERITO DE RACUNÍN CON FERELAC. A VER SI ASÍ SE TE QUITA LO VIVO O, POR LO MENOS, LO METICHE.

19) AFÉITALE LOS TESTÍCULOS A UN CERDO Y HAZTE UNA PELUCA CON ESOS PELOS.

20) MIJO, CÓMPRESE UNA EMPACADURA DE MEDIA PULGADA, INTRODÚZCASELA EN LA BOCA Y SALGA ASÍ POR LA CALLE. CUANDO LE PREGUNTEN, DIGA QUE ESO SE LO RECETÓ EL DOCTOR PARA QUE NO SE LE ROMPA LA CLOACA QUE UD. TIENE AHÍ METIDA.

21) PREGÚNTALE A TU PAPÁ QUE SI TÚ ERES EN VERDAD SU HIJO O SI TE RECOGIERON EN UN FESTIVAL DE TOROS COLEADOS.

22) VE AL PARQUE DEL ESTE Y DI QUE TÚ QUIERES SER SODOMIZADO POR UNA TRAGAVENADOS. A LO MEJOR TIENES SUERTE Y TE SODOMIZA UN GUARDIA NACIONAL.

23) VETE A LA EMBAJADA GRINGA Y DILE A LOS DE LA PUERTA QUE TÚ TIENES AMARRADO AL NIÉJER UN CARGAMENTO DE C4. A LO MEJOR AHÍ LE ENCONTRARÁS SENTIDO A TU VIDA.

24) BÚSCATE UN CENCERRO, TE LO AMARRAS AL CUELLO Y TE PARAS A DECIR “MÚÚÚÚ” EN LA PLAZA BOLÍVAR. A LO MEJOR ENCUENTRAS QUIEN TE ORDEÑE...

25) ALQUÍLALE TUS NALGAS AL PARQUE EL PINAR PARA QUE LOS MANDRILES SE ENTRETENGAN CREYENDO QUE ESTÁN FRENTE A UN ESPEJO.

26) TU BRUTALIDAD ES TAN PELIGROSA COMO UN PALESTINO RODEADO CON UN CINTURÓN DE TRINITROTOLUENO. POR ESO YO TE RECOMIENDO QUE TE BUSQUES UN TERRENO BALDÍO PARA QUE PUEDAS EXPLOTAR CON TODA CONFIANZA.

27) NOSOTROS LE DAMOS GRACIAS A DIOS POR NO HABERTE DADO LA OPORTUNIDAD DE METERTE EN LA ACADEMIA MILITAR O EN LA ARMADA PORQUE SI NO, TEMERÍAMOS QUE OTRO INEPTO QUIERA LLEGAR AL PODER.

28) TÚ ERES UN PINCHE ENAJENADO QUE CREE QUE EL MUNDO ES UNA PAPITA. POR ESO DEBERÍAS AGAZAPARTE DENTRO DE LA CAJA DE UN TELEVISOR Y ESPERAR A QUE VENGA A BUSCARTE EL CAMIÓN DE LA BASURA.

29) LO PROBLEMÁTICO DE TU EXITENCIA ES QUE DEMUESTRA QUE AQUÍ, EN EL PLANETA TIERRA, HAY AGUJEROS NEGROS QUE EXPULSAN MATERIA SÓLIDA Y ALARGADA DE COLOR MARRÓN.

30) TÚ ERES UN PRIMATE CON MARACAS EN LAS MANOS. ESO TE HACE APTO PARA PARARTE EN UNA "HOT CORNER" Y REUNIRTE EN UNA MESA REDONDA PARA DARLE RIENDA SUELTA A TU DESCOMUNAL TALENTO COPROFÁGICO.

31) EL CERO A LA IZQUIERDA ES UN NÚMERO DEMASIADO SÓLIDO COMO PARA APLICÁRTELO A TI, QUE ERES UN MEQUETREFE SIN OFICIO.

32) LA BARBARIE QUE TU VOZ EXHIBE ES TAN AGRADABLE COMO LA ALARMA DE UN MACHITO AL QUE LE ROBARON LOS CARELOS A LAS 3 DE LA MAÑANA. POR ESO YO CREO QUE TÚ ERES UN MISERABLE AL QUE LE VENDRÍA BIEN UN HUECO EN EL CEMENTERIO DEL ESTE.

33) EL PROBLEMA DE LA GENTE MISERABLE COMO TÚ ES QUE TIENE EL PÍLORO DE ANIME. POR ESO TÚ NUNCA VAS A PROGRESAR EN LA VIDA.

34) TÚ NUNCA VAS A VER EL PARTENÓN, NI EL TEATRO OLÍMPICO, NI LA ROTONDA DE PALLADIO, NI EL SACRE COEUR, NI LA CATEDRAL DE VENECIA, NI LA CAPILLA SIXTINA, NI LOS CUADROS DE RUBENS, NI UN PINCHE ADOBE DE PARÍS. TÚ NO VERÁS NADA Y TE QUEDARÁS BRUTO PARA TODA TU VIDA.

36) LO MÁS FEO DE TI ES QUE ERES UN BOCADO FÁCIL PARA EL MAL PORQUE ERES BRUTO Y FOFO DE ESPÍRITU. PARA TI NO HAY CONSEJO POSIBLE.

37) TÚ ERES COMO UN BAÑO QUE NO TIENE PAPEL SANITARIO; COMO UNA MONJA SIN FE; COMO UNA INYECTADORA SIN AGUJA. DEBERÍAS TOMARTE UNAS VACACIONES Y NO REGRESAR NUNCA.

38) TU VIDA ES LA DE UN CRETINO QUE NO SABE ENCENDER UN FÓSFORO. TÚ NO TIENES VERGÜENZA NI FLÚOR EN LA JETA.

39) TÚ ERES UN ANAFRE FRÍO O, EN OTRAS PALABRAS, UN BUDARE EN EL QUE LAS AREPAS NO SE QUEMAN. POR ESO DEBERÍAS LANZARTE A UN POZO DE AGUAS TERMALES Y NO SALIR DE AHÍ HASTA QUE EL AZUFRE TE CONSUMA.

40) TU CUERPO ESTÁ LLENO DE ESTOPAS Y DE ESPONJAS UNTADAS DE PRODUCTOS AVONE. POR ESO DI: SOY UN MISERABLE, UN CANIJO, UN TOROBOLTÁN SIN FE Y SIN SANGRE EN LAS VENAS.

41) TÚ ERES UN PARÉNTESIS DE LA HISTORIA, UN TURURO EN LA BOCA DE UNA CHIMENEA, UN CACHORRO DE GODZILLA Y UN APAGÓN EN UNA PANADERÍA. TÚ ERES UNA ANOMALÍA Y UNA BARBARIDAD.

42) TÚ VIVES FLOTANDO EN UN LÍQUIDO AMNIÓTICO HECHO DE BRUTALIDAD Y DE ESTUPIDEZ FIDEDIGNA. POR ESO SERÍA BUENO QUE TE QUEDARAS ASÍ EN ESA BARRIGA HEDIONDA Y LLENA DE MARIPOSAS INCENDIADAS.

43) CONTIGO NO HAY REMEDIO, CHICO. CONTIGO NO HAY CONSEJO QUE VALGA NI MARUSITA LLENA DE ILUSIONES QUE TE HAGA MÁS INTELIGENTE NI MÁS RESPETABLE COMO SER HUMANO.

44) MENOS MAL QUE TÚ NO FUISTE VINCENT VAN GOGH PORQUE EN VEZ DE LA OREJA, TE HABRÍAS CORTADO LA MANO Y NOS HABRÍAS DEJADO SIN GIRASOLES NI AUTORRETRATOS NI NADA.

45) LO MÁS HORRIBLE ES QUE TÚ ERES UN GOLIVARIANO IRRESOLUTO, UN CAUCÁSICO BLACK HAWK, UN TOMATE HIRSUTO Y UNA FAMILIA DE BOQUERONES METIDOS EN UNA MISMA VINAGRETA.

46) TÚ TIENES EL ALMA COMO UN CARBURADOR SIN FILTRO. POR ESO EXHIBES ESA POBREZA EN TUS PALABRAS Y EN TUS PENSAMIENTOS MÁS ÍNTIMOS. TÓMATE UN BUCHE DE WHIZZ A VER SI SE TE PASA ESA INDIGESTIÓN SENTIMENTAL.

47) TÚ ERES COMO UN CÓDIGO DE BARRAS DAÑADO. POR ESO NADIE CREE EN TI. DEBERÍAS DEVOLVERTE A TI MISMO Y ENTREGARTE DE UNA VEZ POR TODAS A UN CARNICERO DEL CENTRAL MADEIRENSE.

48) ENTRE TÚ Y UN DISCO PIRATA NO HAY NINGUNA DIFERENCIA. A LO MEJOR OFRECIÉNDOTE COMO FRISBI, LOGRARÍAS QUE ALGUIEN TE QUISIERA.

49) DEBERÍAS PONERTE UN CENCERRO EN EL CUELLO PARA QUE LA GENTE SEPA POR DÓNDE ANDAS. ASÍ TODO EL MUNDO PODRÍA APARTARSE A TIEMPO Y NO OÍR TUS TONTERÍAS.

50) UN HELECHO ES MÁS INTERESANTE QUE TÚ. UNA PAPA ES MÁS GRACIOSA QUE TÚ. UN CAMARÓN ES UN UNIVERSO DE ALEGRÍA Y JOGORIO AL LADO TUYO. DEBERÍAS DORMIR CON UN CABALLO PARA QUE SE TE QUITE LO NECIO.

miércoles, octubre 26, 2005

ACERCA DEL BREVIARIO DEL ABSURDO REAL

Cuando nos encontramos con un texto realista, hacemos un guiño ambiguo, un gesto que se congela entre el asombro y el asco. Nos protegemos de las efusiones de sangre o de un deslave miserable de la vida. Y es que la vida es dura y pareciera que sólo de ella se puede esperar una crónica de estupros, violaciones, fraudes y finales tristes, diálogos sordos donde el único humor posible es la risa del que baja el telón a tiros. Otros creen que la realidad es un asunto serio, demasiado como para tomárselo con filosofía. La realidad es lógica, piensan y aplican tesis, se convierten en liberales, en marxistas, ateos, presbiterianos, mormones, lectores de Paolo Coehlo (mi sombra —por cierto—, junguianos); místicos, freudianos, rectores del centro electoral, intérpretes y salvadores de la patria y encuentran un discurso para explicar lo inexplicable: la vida es maravillosa, absurda y a veces, la mayoría, desleal. Tanto así que se va por la vida de requiebre en requiebre y de despecho en despecho. Un viejo bolero decía: de cigarro en cigarro, cenizas y humos, allí mi corazón.

La realidad y el texto literario de corte realista pudiera ser lo dicho en el párrafo anterior. Pudiera llegar el día en el que nos levantemos y decidamos acabar con todo, no se puede más, decimos, ni con la literatura ni con la vida —de esta inflexión nos habla Camus en su ensayo sobre Sísifo—, es el momento en el que se toma una decisión, se dinamitan los colores, se apaga la luz y acabamos con el ritmo. De qué sirven los intervalos, el guaguancó o el twist, nos preguntamos por aquélla, la ilusión de Tarantino, el momento de Travolta y Uma Thurman. Luego vendrá el chutazo de heroína, el síncope, la certeza de que todo fue bueno y todo lo bueno es recuerdo.
—Horror —exclamó Kurtz, o Brando.

Podemos explorar otras alternativas. El humor, la ironía. Es posible recrearnos en el absurdo. La propuesta suena a consigna risueña que podría conformar el cuerpo exponencial de una historia de la nueva era o de aquellos trasnoches del Mayo francés. Pero no. Somos el homo ludens, y como prueba de ello, a un guionista se le ocurre poner a Tony Soprano, un mafioso duro, a sufrir los terrores de un desorden de ansiedad —reconozco que esa película me ha vindicado—, a asistir a sesiones de psicoanálisis, a tomar Prozac, y a sufrir la pérdida de la líbido como efecto colateral. Y Roberto desde hace un tiempo nos lee una oración fuerte al espíritu santo. Frank Sinatra. Muchos quisiéramos ser como Frank Sinatra. Con seguridad su vida no fue un lecho de rosas, pero al menos fue galante; al menos se le envidia desde la ruinosa y contrahecha vida del escritor. «Yo quiero ser como Frank Sinatra para que Vito Corleone sea mi padrino y le mande a poner una cabeza de caballo muerto a cada una de las personas que me desean el mal... Yo quiero ser como Frank Sinatra para no cansarme nunca... cantar, fumar y sonreír y tomar whisky al mismo tiempo, como sólo lo hacen los grandes, los dioses, los que están más allá de la comprensión humana». Este epítome es una plegaria gentil, el ángel de la guarda, la dulce compañía; oye, Frank, no nos desampares ni de noche ni de día, que la realidad es dura y sólo las borrachas o las brujas se enamoran de nosotros. ¿Recuerdan a González Tuñón? «A pesar de la sala sucia y oscura / de luces y lámparas luminosas / si quiere ver la vida color de rosa / eche veinte centavos en la ranura /... Y no se inmute, amigo, la vida es dura, con la filosofía poco se goza...».

Es en ese momento en que nos encontramos en medio del ponto estéril o en la avenida Baralt, un poco más allá, cerca del Fermín Toro, por donde solía abrir sus puertas el bar La Guajira, a Palito, el loco del hielo, con una planta sembrada en su cabeza «surfeando y abriendo el aire en presencia de su ángel ebrio, con su sonrisa loca y desbordada, persiguiendo su objetivo...». Vuelve entonces Raúl González Tuñón, el poeta de Boedo: «qué lindo es ir a ver a la mujer / la mujer más gorda del mundo / entrar con un miedo profundo pensando en la giganta de Baudelaire. / Nos engañaremos, no hay duda, si desnuda / nunca muy desnuda / si barbuda, nunca muy barbuda será la mujer... / Pero en ese momento de miedo profundo, qué lindo es ir a ver a la mujer más gorda del mundo». Y eso es lo que propone «El loco del hielo» luego de pellizcar la nalga a una policía, ni tan loco se lanza a los brazos de la corte de los milagros. La realidad baja como una puerta Santamaría al grito de saqueo y le espeta al loco, te jodiste; él le hace trompetillas, va con su mata en la cabeza, piantao, piantao, penetra sin enojo ni pudor en un mundo de travestis y chulos, ellos abren la esclusa y lo liberan para que siga «surfeando y abriendo el aire» en medio de la adversidad.

Quiero tomar aliento y con ello permitirme una anécdota. Hace unos días, no muchos, me encontraba sumido en un tedioso y consecuente desconcierto, temía dejarme ganar por la apatía y la depresión, estaba a punto de renunciar a la compostura y dejar al lado la decencia. Tanto fraude y despecho convertían a mis días en un linimento asqueroso. Cuando estaba a punto de hacer algo autodestructivo (no podría decir con exactitud qué tan autodestructivo era lo que estaba a punto de hacer), entra en mi buzón de correo electrónico una nota de Roberto Echeto: «Israel, firme y digno». Como me encontraba en una actitud belicosa y en el mundo de Matrix, solté aquella exclamación histórica de Neo-Keanu Reeves: «¡Guao!». De inmediato recordé a los estoicos, a Marco Aurelio y quise leerlo. Entendí que fortalecerse para no evadir la realidad era el llamado. Fortalecerse para ser digno era una prueba. Decirle a la realidad: acá estoy, inserto en ti como una espina y no encontrarás a un miserable mártir que se compadezca de ti y me arranque de tu planta. Realidad, te quedarás conmigo, enconándote un callo, envenenando tus horas. Es un asunto de perspectiva, no me ahogo, te estoy tragando, Orinoco.

De mi biblioteca suelen desaparecer los libros. Entonces me di cuenta de que el mensaje de Roberto guardaba, como todo buen texto, otra lectura: «Carajo, no me vayas a echar una vaina, Centeno. El jueves es la presentación del Breviario galante». Volvió la majestad del momento. Escuché los metales de la Octava sinfonía de Mahler y todo eso, debo decirlo, porque sin transición me apliqué a la lectura. Avancé renglón a renglón en «La noche podrida», recibí en mis diversos sistemas, y sin dosificación, la mala noche, al mal país que estoy viviendo. Un país que va a ciento cuarenta kilómetros por hora maldiciendo su suerte. El país encarnado en Antonio Moreno transita la madrugada por una autopista y maldice su suerte. Moreno piensa y habla por todos: «un monumento tan anodino y tan mal puesto como esa esfera cinética... Provoca prenderle candela». Se refiere a la esfera cinética de Jesús Soto. Allí, sobre su mala suerte, corre el país y, cuando se detiene para dar un giro a la salida de un distribuidor, es víctima de un secuestro express. A Moreno «en ningún momento se le oyó una queja o una palabra que sonase a desprecio. Él actuaba con la estoica sumisión que requieren estos casos, sin quejarse de los golpes y de las provocaciones».

Para cerrar la digresión que comenzó en la anécdota personal y terminó en la ficción especulada con aviesos propósitos políticos, seguramente con tinte reaccionario, de derecha y golpista, vuelvo sobre el hallazgo o la luz al final del túnel. Marco Aurelio se encontraba en el libro de Roberto Echeto, así Adriano y la frase que puso en su boca Marguerite Yourcenar, en la que tanto suelo regodearme: «entrar digno y con los ojos abiertos a la muerte». Por tales derroteros va esa cotidianidad sencilla y a la vez densa del Breviario galante. Toma a la realidad por el cuello y le aplica un poco de sustancia, aquélla que usaban los malos de la lucha libre. Esa sustancia tiene algo de Boris Vian, absurdo, mucha ironía y la poesía propia de las frases ajustadas y bien escritas. Genera una tensión sostenida, molesta, mínima. Aparecen zamuros condenados a muerte en el cuarto de un hotel y tardes de ping pong junto a un anciano tocado de cáncer. Es la acidez que no termina por manifestarse, el dolor doblegado por la rutina y el triunfo de nosotros, los mortales, que nos damos el saludo o la paz en la misa porque vamos a morir. Esta realidad, al ser ficcionada, nos deja un consuelo: Antonio Moreno o el país terminan bien, o al menos firmes y dignos: «todo se volvió humo y polvo, cuando el taxista se montó en su auto y se fue lleno de lágrimas, dejando en la oscuridad a los dos secuestradores baratos, baratísimos, temblando de miedo y dolor». Amén.

Israel Centeno; 2004

martes, octubre 25, 2005

LA GLORIA DE MINGUS

Charles Mingus con una escopeta en las manos es la imagen de un ángel exterminador al que se le agotaron los argumentos para convencer a la humanidad de que asuma el camino del bien. «Como no quisieron oírme, como se burlaron de mí, como siguieron la senda de la estulticia, como se solazaron en la ignorancia y en el mal, ahora aténganse a las consecuencias».

Que Dios se apiade de sus almas porque el ángel exterminador va a por cada uno de vosotros.

jueves, octubre 20, 2005

HMS VICTORY

HMS Victory Posted by Picasa
Posted by PicasaHMS Victory

CABO TRAFALGAR

El 21 de octubre de 1805 se produjo, frente al Cabo de Trafalgar, una de las batallas navales más sangrientas de la historia. Allí la Armada inglesa, comandada por Horace Nelson a bordo del HMS Victory, derrotó a la flota combinada franco-española dirigida por el almirante Villeneuve.

Esa batalla representó la primera gran derrota para los ejércitos napoleónicos y un paso más en la lenta debacle del imperio español.

Todos esos detalles están muy bien reflejados en Cabo Trafalgar, la novela que Arturo Pérez Reverte escribió por encargo de la editorial Alfaguara para conmemorar los 200 años de la famosa batalla.

La novela funciona sobre todo porque el escritor investigó muy bien todo lo relativo al mundo de los barcos. Me refiero a los nombres de los objetos y de las partes que conforman una nave de 74 cañones (uno, como lector, queda mareado de tanta jarcia, de tantas vergas, de tantas gavias, de tantos estays, de tantos foques, de tantas carronadas, de tantos alcázares y de tantos palos trinquetes, mayores y mesanas). En eso el libro es magistral. Ahora, la novela como novela, no es ninguna maravilla. Está escrita con un enorme desenfado, eso sí, pero uno termina extrañando el estilo seco y milimétricamente detallado de las novelas de Patrick O’Brian.

Quizás si esta obra donde se cuenta la historia del Antilla —un navío de línea que, según el relato de Pérez Reverte, participó en la batalla de Trafalgar—, no hubiese sido escrita por encargo, fuese mejor.

miércoles, octubre 19, 2005

LA COLECCIÓN

Cuando tenía como once años mi mamá me compró un álbum y un sobre de estampillas. No sé cuánto tiempo me duró el disfrute de aquel primer cartapacio de papelitos que, pegados a los sobres de una carta viajera, cargan con la responsabilidad de hablar de todo un país y de toda una cultura. Digo que no sé cuánto me duró el primer goce porque muy pronto sentí la necesidad de tener en mis manos otro sobre con más estampillas que poner en mi álbum. Eso sucedió varias veces. Yo me las daba de filatelista y de muy entendido en la materia hasta que un día comprendí que lo que me interesaba de las estampillas eran las imágenes y no el valor que los expertos le adjudican a ese iconito impreso en papel. El día que me di cuenta de eso, dejé de clasificar las estampillas de mi colección por países, y me puse a clasificarlas de acuerdo a la imagen que mostraran. Así tenía páginas enteras repletas de mariposas, de trenes, aviones, héroes patrios, pintores, ballenas y hasta estrellas de rock. Esa clasificación me satisfacía muchísimo. Cada vez que revisaba mi álbum, sentía una suerte de buen morbo que me impelía a tomar un lápiz o un marcador y ponerme a copiar la imagen de un elefante o de una cebra presentes en una estampilla africana. Cuento ese elemental relato porque hoy, aparte de guardar estampillas, me he vuelto coleccionista de discos, libros y recortes de periódico. Eso amerita, aunque sea, una breve reflexión.

Antes creía que coleccionar era sólo guardar peroles, y que ser un coleccionista era ser como Alí Babá e ir por el mundo buscando tesoros para esconderlos en una cueva repleta de maravillas. Hoy tengo la certeza de que coleccionar es otra cosa; es un arte de la escogencia, de la contemplación y del orgullo. Coleccionar supone una extensión de la propia sensibilidad, un querer verse rodeado de los objetos y de las formas que nos estimulan el alma. El coleccionismo supone un progresivo refinamiento de la voluntad que escoge. Ese mismo refinamiento voluntario es un refinamiento de la sensibilidad. Quien colecciona debe conocer el objeto de su delirio, debe prepararse para entender que su vicio es la aceptación y encarnación de un deseo estético. Por eso adquirir cachivaches sin tener un norte es un disparate que termina convirtiendo tu casa en un depósito desordenado.

Todas estos asertos se acentúan en el caso de un coleccionista de arte. Cualquiera que coleccione pintura, escultura, antigüedades, discos y rarezas, siente un deseo y una afinidad ansiosa hacia esos productos estéticos. Tenerlos significa para ese coleccionista una gratificación enorme porque satisface un deseo que es material y espiritual al mismo tiempo. Tener cerca esa instancia de contemplación exige al dueño de las obras un ejercicio espiritual que trueque el objeto en una forma de vida. Así, quien colecciona discos, atesora una parte de su sensibilidad convertida en música; quien hace lo propio con pinturas y esculturas, educa y transforma su conciencia gracias a la cercanía de una obra.

Por lo general es difícil conocer a los seres humanos, pero los objetos que los rodean pueden darnos pistas de cómo son, qué sienten y qué desean. En el caso de un buen coleccionista de arte, este proceso de conocimiento resulta mucho más fácil. Con sólo ver las obras que guarda, podemos hacernos una idea de por dónde andan sus intereses y afectos, su opinión y su manera de concebir las cosas. No es lo mismo un coleccionista de pinturas de Federico Brandt, Manuel Cabré y Pedro Ángel González que un coleccionista de ensamblajes de Red Grooms, Claes Oldenburg o de Carlos Zerpa. Ambos tienen deseos estéticos diferentes que se satisfacen con obras de distinta naturaleza. Tal vez lo más interesante aquí sea la posibilidad que tenemos de entender que cuando alguien colecciona objetos artísticos establece una relación de afinidad con la manera de ver el mundo del artista creador. Por eso hay que decir con Marilyn Manson que los discos, los libros y las películas son los únicos objetos que nos permiten creer que alguien siente lo mismo que nosotros.

Si me fuese dado, quisiera completar mis colecciones de discos y de libros. Quisiera llenar anaqueles de más y más discos y de más y más libros. Y esto porque una vez entendido que coleccionar supone definir muy bien una dirección conceptual, no hay quien te detenga en el ánimo de adquirir y guardar esos objetos que te completan, que te hacen y que te convierten en un ser humano ampliado, en una persona que puede extender lo que tiene en la cabeza a las personas y a las paredes que lo rodean.

Quizás un día de éstos me ponga a coleccionar pinturas. Cuando eso suceda, Uds. mis amigos me conocerán mejor. Tal vez nadie se sorprenderá.

sábado, octubre 15, 2005

REVERÓN FOREVER

LOS OBJETOS DE ARMANDO REVERÓN

Durante años, los objetos concebidos por Armando Reverón fueron admirados como excentricidades que tenían una existencia paralela al trabajo pictórico del maestro. Ese pensamiento supuso que Reverón era artista simplemente porque pintaba y no porque fuese un hombre capaz de tener una lectura muy particular del mundo y de expresarla a través de cualquier medio a su alcance, transformándolo todo a su alrededor. Con el pasar del tiempo, y gracias a la revisión del concepto de lo que significa ser artista, hoy podemos comprender estos objetos con una mirada que los incluya dentro del catálogo de una portentosa obra que se caracteriza por su coherencia, su austera riqueza y su originalidad. Preguntarnos cómo se articulan los componentes de este complejo legado artístico es una de las tareas a las que nos convoca esta exposición.

El Castillete

Cuando, en 1921, Armando Reverón se muda al terreno cercano al bar Las Quince Letras en Macuto y comienza a construir ese hogar-taller llamado El Castillete, surge en él la necesidad de renunciar a la plenitud de una vida “normal” a cambio de otra vida cuyo sentido más intenso está en la posibilidad de crear. Un artista merecerá tal apelativo en la medida en que sea coherente con tal renuncia y, entre nosotros los venezolanos, fue Reverón quien llevó esa posibilidad hasta sus últimas consecuencias; sustituyó su vida por la creación no sólo de una obra pictórica, sino de una vida hecha para el arte. Entender semejante aserto es la clave para admirar sin prejuicios ni lugares comunes toda su obra. Podríamos escribir decenas de cuartillas infiriendo cuáles fueron las causas de ese llamado, de ese impulso hacia el aislamiento y la creación obsesiva. Podríamos conjeturar razones patológicas, familiares, religiosas, culturales; podríamos esgrimir las teorías que queramos y no resolver el enigma que nos plantea el quehacer artístico del maestro. Mejor. Reducir el acto creador a un desorden mental, a un trauma o a un desvío de la conciencia, es poco menos que un crimen. A nosotros apenas nos está dado analizar los productos de esa aventura creadora y establecer sus conexiones. Es una hermosa y compleja tarea, si a ver vamos.

Volviendo al tema de los objetos reveronianos, debemos decir que su presencia está ligada a la necesidad de ordenar ese “ser desde el arte”. En este punto podemos esbozar un primer camino en el que tendríamos al Castillete como gran objeto, como espacio físico en el que se concretará a lo largo de poco más de treinta años la voluntad de hacer de la propia vida un hecho artístico. El Castillete es la primera y más importante manifestación del deseo no sólo de producir una obra, sino de vivir en ella y para ella. Por eso, porque se trata de un lugar enteramente imaginado por alguien sumido en su oficio, hay que tener en cuenta que estamos hablando de una casa “diseñada” para funcionar como taller o de un taller “diseñado” para servir como casa, como hogar, como espacio de retiro que además está cerca del mar. El Castillete es el sitio que dejó de ser apenas el lugar para realizar la obra y se convirtió también en obra, en gran formato intervenido por la sensibilidad del artista y por su siempre desbordada inventiva. Esta idea es importante porque nos emplaza a ver al Castillete como un factor que, a pesar de su aparente caos, unifica toda la obra de Reverón y como un elemento que nos permite entender que tanto la pintura, los dibujos, las muñecas, las máscaras, los esqueletos, los muebles, los demás objetos artísticos y los propios rituales corporales del maestro, son productos que se desbordan de su imaginación y de su propia capacidad creadora, adquiriendo “vida” y sentido en un espacio físico que también se desbordó de la misma fuente. El Castillete, visto como formato, sobrepasa en complejidad a la idea del Castillete concebido como casa-taller o como simple escenografía.

Hablamos, además, de una suerte de ermita en la que vivió un hombre aislado en su lucha diaria por representar la luz de la playa y el aire de su entorno con los únicos medios a su alcance: pinceles, telas, pigmentos, trozos de madera y una habilidad tremenda para hacer que los materiales más humildes adquirieran esa rarísima y excitante calidad de lo poético. Reverón fue un anacoreta muy particular cuyo ascetismo se expresaba en el hacer, en el inventar. Por eso El Castillete debe analizarse como el espacio físico que construyó un ser humano muy especial para vivir una aventura interior en la que cada hallazgo se veía reflejado en una pintura, en una muñeca, en una celosía o en la misma construcción de su hogar-taller-ermita, levantado bajo el sino riguroso de un espíritu austero. De eso hablan los palos, las piedras, las palmas secas y las ramas con los que fue edificado el Castillete. Por ello ese espacio más parecido a un rancho que a un cómodo edificio, y en el que se desarrolló la más original producción artística del siglo XX venezolano, podría ser considerado también como una suerte de arquitectura cónsona con el paisaje que la rodeaba y opuesta a la majestuosidad artificial que tuvieron edificios y monumentos oficiales como el túnel del Calvario, el viaducto de Caño Amarillo, el Arco de la Federación, el pasaje Linares, la iglesia de Santa Teresa, la logia Masónica, el Palacio Federal, el Teatro Municipal, el Palacio de Miraflores, el Palacio de Justicia, el Ministerio de Hacienda, Los Próceres… En un momento histórico en que la arquitectura es pura escenografía, pura monumentalidad oficialista, puro delirio impostado, el Castillete representa un acto de sublevación, de anti-monumentalidad y paralelamente, al ser una construcción afín a la naturaleza y a la cultura de estas latitudes, al ser manifestación de un hombre que decidió vivir así, el Castillete es la concreción de una propuesta de modernidad arquitectónica “a la venezolana”.

Reverón es el primer artista venezolano que junto a la obra, crea el lugar para realizarla. Construirse un lugar para vivir o para solazarse trabajando es proclamar con vanidad “yo soy aquí y ahora”; es afirmar una individualidad cuyo acento se torna especial en el caso de un artista, y más en el caso de un artista nacido en Venezuela, un país donde tradicionalmente ha existido una “crisis de lugar”, una crisis de identificación con el sitio geográfico y con el territorio ocupado por una cultura que no acaba de aceptarse a sí misma con sus fortalezas y debilidades. Reverón construyó un espacio real que concordaba con el paisaje; propuso un espacio para hacer que el propio trabajo artístico se desarrollara hasta sus últimas consecuencias, hasta rebasar la barrera de “lo bello” y tocar zonas de lo subjetivo más recónditas y menos aceptadas por los otros. En ese particular, nuestro artista creó un lugar para ser él, para ser libre, para ser, sin proponérselo, moderno y universal a partir de una mirada propia de lo autóctono que no era utópica ni nostálgica ni científica ni trasplantada… Era una mirada sincera apoyada en la voluntad de volver a las fuentes de la representación, de ser, en toda su crudeza, “primitivo”, de mirar a las cosas del mundo con ese candor capaz de deformarlas, devolviéndose conceptual y formalmente de los grandes logros del dibujo, de la pintura, del color, de la arquitectura, del paisaje, del arte, de los materiales, de las relaciones humanas, de todo.

Los objetos

Para todo acto creador se necesita tener disciplina, ingenuidad (ingenuum, en latín, significa “nacido libre”), capacidad técnica y una necesidad desmedida de ponerle al mundo eso que el artista cree que le hace falta. Muy a su manera, cada objeto reveroniano reúne todos esos ingredientes. Lo singular en este caso es que hablamos de piezas tradicionalmente vistas como caprichos formales, como artefactos curiosos de un maestro de la pintura que pasaba sus ratos libres inventando rarezas llenas de poesía. Para la crítica tradicional, esos elementos formaban parte de un lado menor de la obra, pero a la luz de nuevos estudios esa percepción ha cambiado a favor de una postura más centrada en el hecho de incluirlos dentro del catálogo total de una producción artística vasta e inquietante. Ese gesto está lleno de justicia porque si de algo es modelo Armando Reverón, es de concebir el acto creador como un hecho ilimitado que no repara en la humildad de los materiales ni en el aislamiento del mundo ni en nada. Reverón es un paradigma de los procesos creativos porque todo lo que cae en sus manos se transforma en algo más interesante, más rico en significados y en formas. Así, un trozo de tela de coleto, una caja de madera, un bejuco, un coco o una totuma en poder del maestro ya no serán lo mismo y quizás detrás de ese poder de transmutación de una forma por otra más depurada, se encuentre una buena definición de lo que son el arte y la cultura.

Al igual que en su obra pictórica, los objetos de Reverón revelan una manera muy particular de observar el entorno. Cuando pinta, nuestro artista no reproduce el paisaje; ni siquiera se fija en los detalles de la escena que tiene enfrente. Reverón trata de reproducir el aire, la luz, la atmósfera, la sombra, el desierto, lo absoluto y melancólico que flota alrededor de lo retratado, como si allí se encontrara el secreto de las cosas de este mundo y no en las cosas mismas. Algo parecido ocurre con los objetos en el momento de su configuración final. En el instante en que los palenques de coco quedan transformados en florero o la caja en singular teléfono, no interesa la reproducción utilitaria de lo representado, interesa su calidad de artificio, de sarcasmo (sarks, en griego, quiere decir “piel”), de cuerpo seco libre de utilidad. Es como si en el proceso de transformación del material puro en objeto, el artista hubiese adquirido para sí lo esencial, lo desnudo de lo representado, dejando para nosotros, los espectadores, un cascarón lleno de una belleza grotesca y excesiva. Cuando eso sucede, los materiales transmutados en objetos adquieren trascendencia, se colocan fuera del tiempo y se vuelven obras que retan nuestra contemplación con su exagerada presencia, con lo contundente de su monstruosidad, de su ser reflejo deformado de objetos reales y cotidianos en lugares “normales”.

Otro aspecto que también vale la pena resaltar de estos objetos es el hecho de estar relacionados con esa curiosa empatía que tienen los hombres de mar con las cosas que las olas hacen llegar a las playas de todas partes. En Reverón existe una doble representación de esa actitud: por un lado, hay en su hacer un uso consciente de lo que la naturaleza o el hombre han abandonado a su suerte porque ya no lo necesitan o porque no le dan importancia, y por el otro hay en Reverón un comportarse como si él fuera una suerte de playa a la que los recuerdos —o quizás la lucidez— traen esbozos de tiempos pasados, de personas y objetos ausentes en el aislamiento creativo del Castillete. Esos dos puntos de vista nos acercan a los objetos como piezas concretas, modeladas con un tratamiento particular y confeccionadas con unos materiales determinados; además nos permiten esbozar una razón a esa voluntad de nuestro artista por fabricar objetos, algunos para satisfacer necesidades utilitarias como los muebles, el parasol, los pinceles, la paleta; otros para satisfacer necesidades meramente estéticas como pueden ser la mantilla, las máscaras, la escopeta, los instrumentos musicales, las muñecas, las flores, los esqueletos, y otros para usos rituales como los tapones para los oídos y las fajas vegetales para la cintura. Lo que nunca hay que olvidar es que estas piezas estaban en El Castillete, formando parte de una puesta en escena satírica, de un paisaje interior, de una arquitectura, de una obra completa cuyo formato era cada espacio del propio hogar-taller.

Las muñecas

Si la lectura de los objetos nos parece incómoda por su mezcla de sarcasmo, sátira y extravagancia, el conjunto de las muñecas representa el lado más oscuro e inquietante de la obra de Reverón. Su presencia y análisis resultan incómodos para el consenso general. ¿Qué son estas figuras de trapo y pintura a las que el artista les confeccionó vestidos, pelucas e instrumentos musicales? ¿Son simples modelos para representar en dibujos y cuadros o son formas que subliman un deseo oculto? ¿Acaso son esculturas? Quizás la mejor manera de acercarse a estos enigmáticos cuerpos de trapo sea planteándose todas esas preguntas sin esperar una respuesta definitiva, sobre todo porque, según algunos estudiosos, para Reverón las muñecas son todo lo que hemos afirmado más el planteamiento de una figuración cuya “belleza” está en el exceso, en la desproporción del cuerpo, en la deformidad que raya en lo monstruoso. Las muñecas nos plantean la dificultad de ser piezas hechas desde una estética que no obedece a ninguno de los cánones establecidos por la crítica tradicional, lo cual nos permite darles una lectura desde lo grotesco e inferir que son nuevamente representaciones deformadas de la materia oscura, bella y feroz del ser femenino. La figura de la mujer adquiere una significación enigmática en la obra de Reverón en tanto suponemos que el maestro vivió situaciones conflictivas con varias de las mujeres que cruzaron su vida. Con su madre, por ejemplo, el artista tuvo siempre una relación de cercanía-lejanía, con Josefina (la hija de los Rodríguez Zocca, hogar donde el pequeño Armando vivió en Valencia) disfrutó una relación de fraternidad truncada por la muerte de la joven; con Juanita vivió una suerte de dependencia maternal ajena a los avatares del sexo… Así que no es de extrañarnos que estas inquietantes muñecas digan mucho de esa ausencia, de ese no terminar de complementarse con la mujer y en la mujer. Por lo tanto no debe sorprendernos que para Reverón las muñecas representaran grotescamente y —aún más— fuesen la compañía femenina, la madre, la hermana, la amante, la compañera, la modelo, la muchacha engalanada de sociedad, todas reviviendo en el Castillete, en el serrallo, en el harén tropical forjado desde el arte, no sólo como confección, sino como imaginería que actualiza al clásico tópico de las bacanales, de las bañistas y de las majas desnudas, aquí convertidas en peleles, en trágicos cadáveres de trapo, reflejos de las mujeres reales y de las representadas a lo largo de la historia del arte occidental.

A pesar de su aspecto grotesco, las muñecas fueron concebidas con el mayor cuidado. Sus cuerpos de tela eran minuciosamente cosidos y pintados por una mano consciente de lo que quería. Esas muñecas tenían su sexo dibujado y sus partes completas en detalle. Lo mismo pasaba con los pequeños muñecos y con todos los objetos que complementaban la existencia de esos cuerpos de trapo bautizados con nombres de mujer. Reverón creó para sus criaturas un sin fin de adminículos y accesorios que enriquecieron ese mundo ficticio que convivió con la complejidad de su casa-taller. Las muñecas no sólo son valiosas por su carga simbólica y por su cuestionamiento de la belleza tradicional. También lo son por el hecho de formar parte de los rituales cotidianos de una vida dedicada al arte y porque su significado se desplaza: puedes verlas, al mismo tiempo, como peleles, como juguetes, como desnudos que no tienen más que mostrar que su carne, como sátiras al perfeccionismo de la mujer a la hora de vestirse o maquillarse; puedes verlas como modelos para la pintura, como retratos de tipo femenino, como piezas escultóricas, como representaciones de una sexualidad reprimida, como seres humanos resurrectos luego de la muerte, como seres fantásticos creados, a la usanza del Gólem, de Frankenstein o de Pinocho, por un hombre que se asumía a sí mismo como padre amoroso de todas sus criaturas.

Máscaras y esqueletos

Las máscaras y los esqueletos representan el cénit de esa concepción sarcástica que impregnaba todo el quehacer del maestro. Si en la pintura Reverón representaba el paisaje, pintando la luz y no las cosas en sí, en la concepción de los objetos sucedía lo contrario. En ellos —como hemos mencionado anteriormente— hay una suerte de liberación de la función, quedando sólo el cuerpo sin vida ni utilidad. Desde ese punto de vista es fácil comprender la presencia de esos rostros que son pura corteza, pura dermis inanimada esperando a que alguien les dé vida. Ese detalle es de una riqueza muy particular porque en todas las culturas las máscaras funcionan como disfraz, como piel que alguien se coloca para simular ser otro, para verse distinto a como se es en realidad, para dar ese paso hacia el juego y la creación de asumirse como personaje. Todo esto adquiere una enorme significación si lo relacionamos con los autorretratos del maestro, con la indagación del propio ser que supone el acto de tomarse a sí mismo como objeto de estudio. Esa significación crece aún más si tomamos en cuenta que los autorretratos representan una comprobación de la propia presencia viva aquí y ahora en el espacio del Castillete, contrastando con esas máscaras que (como todas las máscaras) están hechas para transformar en otro al que se las coloca. Quizás en esa pluralidad de las miradas de sí mismo se encuentre una de las bases de lo grotesco en el arte objetual de nuestro artista.

Otra concepción de estas piezas nos acercaría a la idea de la máscara mortuoria, ésa que funciona como prueba irrefutable del final de una vida ilustre y como retrato que guardará para las futuras generaciones la memoria de un gran hombre. En el caso de Reverón, tales elementos aparentemente inconexos confluyen en estas máscaras hechas con los materiales más humildes, con papel y cartón pintados, representando una piel ajena y sin individualidad que parece afirmarnos que nuestra naturaleza carnal siempre está al borde del exceso, de la deformidad, de la exageración, de la muerte.

Los esqueletos de alambre tienen una connotación semejante, sólo que reflejan, más que el rostro, el cuerpo descarnado. De la liberación que representaban las máscaras y las muñecas ya no queda ni la piel; quedan esos dibujos sin soporte, esos huesos ficticios que son sombras del cuerpo verdadero de carne y hueso o de trapo, porque estas piezas colgantes pueden verse como representaciones de la anatomía humana o de la anatomía de las propias muñecas despojadas de toda carnalidad. De ahí que su presencia sea serena y que ya no esté tan presente en ellos ese morbo desafiante que se siente en los demás objetos.

Epílogo

A pesar de todo lo que podamos decir, la totalidad de la obra de Armando Reverón representa siempre una gran interrogante que nos lleva a cuestionarnos no sólo nuestras relaciones con el arte, con los artistas y con los objetos a los que consideramos artísticos, sino también con la propia manera de valorar nuestra cultura y nuestra capacidad de transformar el entorno en un espacio más digno, más interesante, más complejo, más acorde con lo que somos y con el paisaje que nos rodea. Reverón siempre será para nosotros una pregunta abierta a la que debemos acceder cada cierto tiempo para cuestionarnos a nosotros mismos.

viernes, octubre 14, 2005

EL MUERTO

Y hablando de Caracas, hoy sucedió algo bastante extraño que debería llamar a la reflexión a los dueños de compañías constructoras venezolanas. Resulta que en una construcción que se viene adelantando con incierta regularidad en la avenida Casanova, fueron encontrados los restos de un hombre vestido de mariachi con guitarrón y todo.

El hecho ocurrió al mediodía de hoy cuando un obrero de nombre Aquilino Pérez le echó pico a una pared de tierra antigua y de pronto se sorprendió ante el hallazgo de un hombre muerto hace años vestido en sendo traje de charro.

El cuerpo se encuentra en perfecto estado; ninguno de los signos característicos de los muertos se ha hecho presente.

El cadáver fue encontrado en posición vertical y con pose de estar cantándole «cucurru-cucú» a su novia en una serenata.

Los obreros al ver al difunto cantante en perfecto estado dejaron el trabajo y se arrodillaron ante lo que consideraron un milagro.

En el sitio del hallazgo se apersonaron notables personalidades de la vida nacional a ver si el muerto está bien muerto de verdad o si es Juan Gabriel venido de incógnito a Caracas.

Los últimos en presentarse en el sitio fueron los trabajadores del Museo de Ciencias, quienes vienen con la misión de verificar (antes que la morgue) si ese cadáver es de Pedro Infante disecado.

En este país cada día pasan cosas peores...

martes, octubre 11, 2005

LOS LADRONES DE SAN PEDRO

Hoy tenemos un extraño suceso que está conmocionando a la opinión pública de los vecinos de la avenida Victoria.

Resulta que en los alrededores de la iglesia de san pedro un obrero calificado de nombre Natación Esparragoza descubrió de manera in fraganti a dos individuos que se dedican a robarle las planchas a los viejitos que transitan por la zona.

Los desvergonzados criminales actuaban de la siguiente forma: al localizar al viejito, uno de los ladrones le pregunta que dónde está la iglesia de san pedro y cuando el viejito abre la boca y contesta «ALLÁ», el otro ladrón agarra y le saca la plancha.

Por supuesto que esa operación es tan rápida que los viejitos sólo se dan cuenta de que les falta la plancha cuando se van a dormir.

El Sr. Natación Esparragoza vio a estos inescrupulosos individuos sacándole la plancha a un pobre viejecito y su indignación fue tanta que decidió correr detrás de los malechores.

viernes, octubre 07, 2005


Beretta forever Posted by Picasa

CREMA DE BERROS

Ingredientes: 1 ramo de berros, crema de leche, agua, caldo de pollo, sal y pimienta, mantequilla o aceite, cebolla (opcional).

En una olla con dos tazas de agua, cuece los berros durante diez minutos o hasta que se suavicen los tallos. Retira del fuego, añade media taza de agua fría y pásalos por la licuadora. En la misma olla y sobre fuego mediano, pon la mantequilla y vierte lo que hayas molido en la licuadora. Añade el consomé de pollo y deja que hierva de tres a cuatro minutos más. Añádele la crema de leche.

Si te gusta, puedes freír una cebolla en la mantequilla y agregársela al berro ya licuado. Acompaña tu sopa con una rebanada de pan integral y a mangiare.

jueves, octubre 06, 2005

SALMO 23

El señor es mi mecánico, llave inglesa no me faltará; en grasientos talleres me arregla el cloche; me pone empacaduras nuevas y me repara el cardán. Me guía por el árbol de leva con el honor de su carburador.

Aunque con la mica rota ande, nada temo, porque Tú vas conmigo, y tu destornillador y tu rache me sostienen. Preparas los bornes de la batería ante mí, frente a mi cigüeñal; me unges la correa de los tiempos con aceite whiz, y mis tripoides con refrigerante Bp.

Tu liga de freno y tu gasolina de 91 me acompañan en cada kilómetro de mi viaje, y me estacionaré en el puesto de mi Señor mecánico por días sin término. Amén.

miércoles, octubre 05, 2005

THE AMAZING MONSTER OF OUR LAKE

El otro día Walter Maryori Díaz se encontraba pescando en una de las vigas del puente y de repente, algo impresionante sucedió: de lo más profundo del Lago de Maracaibo, salió una enorme batola de color rosado.

Walter Maryori Díaz se asustó al ver una tela gigante y se asusto aún más cuando vio que del lago salía una descomunal cabeza de mujer con facciones guajiras…

La mujer en cuestión sólo sacó la cabeza y le guiñó el ojo a Walter Maryori. Luego se hundió lentamente y no volvió a salir… A estas alturas, nuestro amigo no puede creer que vio a una guajira del tamaño de Godzilla saliendo del Lago de Maracaibo.

Fuentes extraoficiales revelaron que Walter Maryori Díaz se encuentra en una clínica de reposo porque lo que vio fue impresionante.

Quién sabe si ahí, en el fondo de las aguas que bañan a Maracaibo y a buena parte del estado Zulia, vive una Lila Morillo gigante…