viernes, marzo 31, 2006

SIEMPRE ESTÁS ALLÍ

Llegó el final,
cesó el clamor la magia se desvaneció,
tus ojos siguen fijos sobre mí.

La fría luz de un pabellón,
sobre un mar de cristales rotos,
y un náufrago se ahoga en un rincón.

Y mi hogar, vuelve a ser en cualquier lugar, cualquier hotel.
Dejo atrás la ciudad,
dime tú esta noche adónde irás.

La actuación me hace vibrar,
y el escenario es un volcán,
que brama con sonido atronador.

Bañado por sudor y luz,
te busco entre la multitud,
porque yo sé que siempre estás allí.

Y mi hogar, vuelve a ser en cualquier lugar, cualquier hotel.
Dejo atrás la ciudad,
dime tú esta noche adónde irás.

Descenderás al reino de la oscuridad.
Sigue buscando una escalera al cielo.
Dime si habrá alguien que te espere,
o solamente, mientras te duermes,
los ojos de tus héroes te miran desde la pared.

Volvió el clamor, no habrá final, la magia no se romperá,
todo está bien si tú estás aquí,
uo uo uo si tú estás aquí.

No habrá final, no habrá final, porque yo sé que siempre estás aquí.

jueves, marzo 30, 2006

LA IMAGINACIÓN

Jacob Lawrence: El zapatero

• El erotismo es un ejercicio de la imaginación, que es el único lugar donde los seres humanos somos realmente libres.

• En nuestra imaginación somos capaces de hacer lo que sea: volamos, flotamos, viajamos... Nada ni nadie puede interferir en nuestra capacidad para imaginar.

• Ahora bien: la imaginación es una facultad de nuestra mente relacionada con nuestros sentidos y con nuestra capacidad para comunicarnos a través del lenguaje. Sólo somos capaces de imaginarnos aquello que sabemos cómo se llama. Sólo somos capaces de imaginarnos sensaciones que hemos experimentado a través de nuestros sentidos. Por eso la imaginación tiene un altísimo componente erótico.

• El erotismo en este caso no se refiere al sexo. Se refiere a nuestra capacidad para recrear en nuestra imaginación sensaciones que hemos experimentado.

• Todos podemos imaginarnos el olor del perfume de la persona a quien más queremos. Todos podemos imaginarnos la sensación que nos produce un trozo de hielo. Todos podemos imaginarnos y recrear el sonido de una almohada. Ahora, ninguno de nosotros puede recrear, por ejemplo, el olor de la luna.

• La imaginación es una facultad que está relegada al garaje de nuestra mente. La humanidad cree que la imaginación es cosa de niños o de loquitos. Y no es cierto. Las grandes obras de la humanidad son una muestra de que la imaginación puede producir maravillas.

• Diseñar es crear las vías necesarias para que aquello que nos imaginamos se convierta en realidad.

• No lo olviden: el único lugar donde somos de verdad libres es en nuestra imaginación. Por eso todo lo que estimule nuestra imaginación es subversivo.

• El erotismo que va ligado al tema sexual nace cuando somos capaces no sólo de imaginar, sino de producir estímulos en nosotros mismos y en los demás… Pero ese es otro tema del que ya hablaremos en otro momento, no vaya a ser que en este instante nos explote el cerebro.

miércoles, marzo 29, 2006

LOS OCÉANOS DE PATRICK O'BRIAN

Los relatos marinos tienen algo misterioso que produce adicción. Tal vez sea la propia presencia del mar, la misma masa de agua y sal por la que navegaron Odiseo, Ahab, Nemo y tantos otros personajes que recorrieron el mundo a bordo de un barco. En todos estos casos, y ante todas esas historias, la fascinación es tan infinita que un lector no tiene con qué agradecer a sus autores las horas de placer y de angustia frente a esas páginas llenas de viajes, de peligros, de naufragios, de batallas, de puertos exóticos, de personajes de las más diversas cataduras. Tanta es la riqueza de los relatos navales que no hace falta ser un genio para percatarse de que satisfacen nuestro secreto deseo de viajar y vivir aventuras y vivir peligros y ver monumentos que nadie ha visto jamás.

Lo extraño es que pasa el tiempo y nos damos cuenta de que quizás nunca podamos ser eso que en secreto queremos, y seguimos leyendo historias repletas de olas hasta que una vocecita que viene de lo más oscuro de la piedra que tenemos por cerebro, nos consuela diciéndonos que no importa que nunca lleguemos a tener la suerte de un gaviero porque, al fin y al cabo, todos los relatos del mar esconden una metáfora secreta que conforma la fuente de la que emanan no sólo los propios relatos, sino el estado de trance en el que nos colocan esas historias. Se trata de la metáfora eterna de que nuestra propia vida es un viaje lleno de naufragios, ballenas blancas, parajes de asesina belleza, de sirenas que te vuelven loco y de semidiosas que no te dejan huir de su cueva. Los relatos marinos no hacen otra cosa que decirnos que somos pasajeros en un barco (nuestro cuerpo) débil que se mueve en un elemento peligroso en el que si no gobiernas bien el timón, la nave se va a la deriva o al fondo de los abismos, como Jonás en su Leviathán.

Esa metáfora, que como toda buena metáfora, le habla a la vocecita loca que vive dentro de nosotros, está presente en todo cuento en toda novela cuyo tema sea surcar los océanos, llegar hasta las playas más remotas, fondear en las bahías más lejanas, conocer a los hombres más extraños, desplegar velas frente a un barco enemigo, pelear con un remo contra los tiburones, evitar los bancos de arena y volver a casa completo para disfrutar de las bondades de la tierra junto a los Telémacos y a las Penélopes de cada quien.

¿Que por qué digo todo esto? Pues porque me estoy leyendo los veinte libros que constituyen la saga de Aubrey y Maturin, escrita por Patrick O'Brian.

En esos libros lo más resaltante, aparte de la detallada descripción de la vida en los barcos de la Armada inglesa en el siglo XIX, es la calidad de los hombres de mar, calidad que dista mucho de parecerse siquiera un ápice a la calidad de los hombres actuales. Y conste que este supuesto vale tanto para la literatura como para la vida real, y no sólo para los marineros... Si no lo creen, piensen que, antes de la invención de los modernos GPS, los antiguos navegantes surcaban las aguas en barcos de madera, orientándose a partir de la posición de las estrellas, primero, con sus propios ojos y su propia memoria y luego con instrumentos como el astrolabio y, posteriormente con la ayuda de mapas, sextantes, cartas marinas y brújulas. Piensen que esos hombres viajaban hacinados semanas, meses enteros, viéndose las caras entre armas, entre los metros de cuerda que conformaban la jarcia de sus embarcaciones, cumpliendo órdenes, limpiando la cubierta con piedra pómez y manteniéndolo todo en orden a pesar de las batallas, de las búsquedas de tesoros, de los abordajes de los piratas, de los barcos enemigos y de tener que halar cabos para mover las vergas y poner las velas en posición para aprovechar de la mejor manera posible el viento. Ese detalle, el de la vida cotidiana en un navío de guerra, lo maneja como nadie un maestro de los relatos marinos: Patrick O'Brian, un autor irlandés que vivió entre 1901 y 2000, que vivió buena parte de su vida en Collioure, Francia, y que investigó hasta el cansancio los anales de la Armada Real Británica para reproducir en su obra la complejidad de cada una de las operaciones que se realizaban para poner en funcionamiento a esas mortíferas y hermosas máquinas que eran los barcos de madera con que los ingleses cruzaron los siete mares peleando a cañonazos de metralla o de balas redondas contra navíos de línea españoles, contra fragatas francesas, norteamericanas u holandesas, contra los elementos, contra el escorbuto, la fiebre tifoidea, la sed y las corrientes más traicioneras.

Atesoro en mi memoria de lector algunas escenas que, creo, no me abandonarán jamás. En una de ellas la corbeta HMS Sophie abordó a una fragata francesa que navegaba muy lentamente y cuya santabárbara iba atestada de pólvora. La operación de abordaje se hizo de manera pacífica. Los franceses no ofrecieron resistencia. El capitán Aubrey y su tripulación muy pronto supieron por qué: la esposa del capitán francés iba a bordo. La señora estaba embarazada y con el grito del serviola avisando la presencia en el horizonte de un barco inglés, se le adelantaron los dolores del parto... En otra escena memorable, el HMS Leopard le destruye a cañonazos el palo trinquete y hunde al Waakzaamheid, una fragata holandesa de setenta y cuatro cañones en una persecución que se produce en medio de una tormenta en el mar antártico... Y así podría continuar enumerando momentos extraordinarios que te ponen a pensar en cuán poderosa es la literatura y en cuánto necesitamos de los libros para vivir aquello que creemos (o sabemos) que nunca viviremos.

HMS Surprise

Un último detalle: Master and Commander, la película protagonizada por Russell Crowe y Paul Bettany, inspirada en las veinte novelas sobre Aubrey y Maturin de Patrick O'Brian, es una maravilla, pero apenas es un atisbo de los portentos que se encuentran en estos libros que son, a la vez, lentos, emocionantes, melancólicos, reflexivos, inspiradores y llenos de ese algo indefinible que nos devuelve el amor por la literatura.

martes, marzo 21, 2006

BARROCO

En estas ciudades el humor está en la calle. Forma parte de la naturaleza y del paisaje. Si no me crees, piensa en la manera de ser de la gente, en cómo se viste, en cómo habla... Como el humor forma parte del paisaje natural, nuestra realidad es retorcida, exagerada y loca. Cuando uno se da cuenta de esa circunstancia y exagera el humor con el que ve los objetos, las situaciones, la gente y los fenómenos en la calle, pues tiene un arma muy poderosa en su poder porque es como si hicieras humor en segunda potencia.

Me explico mejor: la gente cree que es muy seria, las señoras creen que se ven bellas con sus peinados en forma de casco que se han hecho en la peluquería a fuerza de litros y litros de laca. Cuando uno se burla de ese hecho que no puede tildarse sino de humorístico, surge una magia especial, una magia subversiva lista para acabar con los que se toman demasiado en serio a sí mismos.

domingo, marzo 19, 2006

CENTELLA


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Este es un pasaje a la infancia, a cuando no había nada más importante que ver televisión por las tardes y aprender que la caballerosidad y la rectitud deben luchar con todos los medios posibles contra el mal que quiere apoderarse del mundo.

¿Cómo olvidar estas palabras: «Yo soy Centella, el defensor de la justicia. Has hecho daño al mundo; así que te las verás conmigo»?

jueves, marzo 16, 2006

A LITTLE THING

James Ensor: Detalle de La entrada de Cristo en Bruselas; óleo sobre tela; 1888

Piensa en esta escena: en un bar hay tres lisiados en sus sillas de ruedas. Los tres están bebiendo cerveza y los tres están rascados. ¿Cómo sabes que están borrachos y que sabrá Dios cómo llegarán a sus casas?

Lo sabes porque aquí, en cualquier botiquín, te dejan las botellas que te has bebido en la mesa, y seguramente la de los tres sujetos tenía unas cuantas encima.

Esos son los pequeños detalles que enriquecen nuestras vidas.

Amén.

miércoles, marzo 15, 2006

LOS LUGARES COMUNES

La Maestranza César Girón

* Los lugares comunes son todas esas ideas que repetimos sin siquiera preguntarnos si son verdad o no.

* Repetimos lugares comunes todos los días sin darnos cuenta y sin preguntarnos cuál es el origen de semejantes estereotipos.

* Hay lugares comunes referidos a la música, al cine, a la ciencia, al amor, al matrimonio, a la política y a todos los temas habidos y por haber.

* Quien se sienta libre de lugares comunes, que lance la primera piedra.

* Todas las profesiones tienen sus lugares comunes. Por ejemplo: entre abogados, todos tienden a llamarse “doctor”.

* Los lugares comunes son muy peligrosos porque nos hacen creer que son verdad.

* Eso pasa porque se nos presentan bajo el empaque de una sentencia que parece una verdad irrefutable.

* La gente habla pegando lugares comunes. Observemos: “yo estaba en mi vivienda, cuando de repente, oí un artefacto explosivo, salí y vi a la víctima”.

* “La unidad de transporte cayó desde la obra de infraestructura” (traducción: el autobús se fue por el barranco).

* “El centro de salud carece de insumos” (traducción: el hospital no tiene Merthiolate).

* “Arteria vial” (traducción: autopista).

* “Había un depósito lleno de sustancias psicotrópicas” (no necesita traducción).

* El periodismo venezolano está repleto de lugares comunes. Veamos algunos:

* Vean la televisión en estos días y oigan a los reporteros diciendo:

* “Presunto”.

* Los periodistas deportivos llaman “serpentineros” a los bateadores, “cosos” a los estadios y “esférica” al balón de fútbol o de basket.

* A la fabricación de carros la llaman “sector automotor” o “sector automotriz”.

* A la buhonería la llaman “comercio informal”.

* A los autobuses los llaman “unidades”.

* A la gente que sale de vacaciones los llaman “temporadistas”.

* “Operativo”.

* “Las fiestas decembrinas”.

* “Los más pequeños de la casa”.

* En vez de ahogados dicen “fallecidos por inmersión”.

* “Presunto homicida”.

* El problema de esta época es que la verdad está sobrevaluada.

martes, marzo 14, 2006

EL CÓDIGO VISUAL DEL ARTE POPULAR

Definir al arte popular es una tarea difícil. Digamos que su presencia impone una revisión de nuestras maneras de asumir el hecho artístico, de cuestionar los propios prejuicios estéticos, morales, culturales y económicos a favor y en contra que sobre el propio arte popular ha sembrado la tradición. Así, a simple vista, hablamos de algo que hace el pueblo para expresarse y para fortalecer, de paso, su propia identidad. Sin embargo, y a pesar de que esta afirmación satisfaga a unos cuantos, no hay que olvidar que los términos que la forman se caracterizan por su carácter volátil y por parecer verdades absolutas sobre las que no se debe pensar demasiado. Esto, sin duda, es peligroso en la medida en que no cuestionemos este fenómeno estético de la misma manera como cuestionamos otras formas de expresión. Decir que el arte popular es apenas un arte del pueblo para el pueblo es encerrarse injustificadamente en un lugar común; es no querer ver su complejidad.

El problema se nos presenta al tratar de definir un conjunto de fenómenos estéticos apodado por algunos arte ingenuo, naif, primitivo o ínsito, y que nosotros hemos convenido en llamar arte popular. Llámese como se llame, hablamos de un hecho en el que participan muchas personas creando obras que tienen características similares, de las que se puede extraer algunos principios que enriquezcan el análisis crítico y el corpus del arte en general. Esas características sobrepasan las bondades de cualquier definición populista, creando una manera de representar el mundo. Veamos.

1.- La representación realista y simbólica

Casi todas las obras populares se caracterizan por un tipo de representación que combina dos elementos aparentemente contradictorios: por un lado, nos muestran un afán por representar la realidad en todo su esplendor y detalle, y por otro la confección formal de estas piezas (lo sintético del dibujo, el uso del color y el modelado de las figuras) deja un espacio abierto para que lo que más pese en la representación sea lo invisible, sea el significado, la carga simbólica, y hasta convencional, conocida y compartida por todos. De ahí que el arte popular venezolano busque buena parte de sus temas en la interpretación de la religión, de la historia y de las costumbres cotidianas. Las formas están consustanciadas con los temas, con las anécdotas, con eso intangible que despierta el estar en contacto con algo que por nada del mundo le es ajeno al artista, a la comunidad que lo rodea y a nosotros como espectadores.

Con cada pieza popular se subraya uno de los fines del arte: representar lo invisible, lo ausente, eso que es imprescindible y que en apariencia no está ni aquí ni ahora: llámenlo memoria, tradición, cultura o como deseen.

2.- Las formas modelan la devoción

Por ese carácter simbólico, cada obra de arte popular tiene, en mayor o menor medida, visos de sacralidad. La imagen se hace sagrada en la medida en que lo representado sea objeto de veneración o, al menos, un objeto lo suficientemente significativo como para ser digno de recordarse a través de una talla o de una pintura. A partir de esta operación creadora, la obra de arte se convierte en una plataforma que le sirve al espectador para entrar en contacto con un red de contenidos valorados por una comunidad. De ahí la proliferación de imágenes religiosas como los múltiples retratos del Dr. José Gregorio Hernández, de iconos patrios como la imaginería dedicada al Libertador, de representaciones de la naturaleza o de espacios urbanos ideales. En el arte popular la imagen se vuelve una manifestación de lo sagrado en tanto le da al público la oportunidad de entrar en contacto con un discurso repleto de valores, héroes, historias, creencias, mitos, costumbres, usos y maneras de ver la vida que está en las raíces de la propia cultura en este caso venezolana, formándola y alimentándola.

Hoy en día, con la proliferación tecnológica que nos rodea y con el contacto que tenemos con las cosas que suceden en otras latitudes, ese carácter sagrado de la imagen popular parece adquirir una importancia que quizás antes no tenía.

Nos referimos a que la única manera de entrar a ese mundo globalizado sin desdibujarnos culturalmente es teniendo unas bases sólidas que nos permitan saber siempre quiénes somos, cómo somos y qué queremos hacer de nuestra vida personal y de nuestro destino colectivo.

Curioso resulta estudiar las obras de arte popular desde esta perspectiva y percatarnos de que la relación de la gente con sus imágenes religiosas también es estética. Una imagen de la Virgen produce más devoción en tanto (para el artista y para la comunidad) esté mejor realizada. De ahí que en esa estrechísima unión entre el objeto y su carga simbólica podamos intuir cierto animismo que tiñe algunas obras de un carácter que va más allá del de simples pinturas o esculturas.

3.- Frontalidad

Una de las consecuencias formales de las dos premisas anteriores es la disposición frontal de los elementos que conforman un buen número de obras de arte popular. Véanse como ejemplos las tallas de Heriberto Belandria, de María Yolanda Medina o de Rafaela Baroni, las pinturas de Manasés Rodríguez o del mismo Bárbaro Rivas.

Fácilmente podría pensarse que esa ortogonalidad es apenas producto de una falta de conocimientos por parte de los artistas o de una precariedad de medios que obliga al creador a utilizar materiales y formatos que poco se prestan al movimiento sugerido de las formas. Sin embargo, y aunque en algunos casos haya algo de verdad en esos prejuicios, el elemento de la frontalidad tiene más que ver con un asunto intelectual y con un problema de representación que con una deficiencia de oficio. Como en los mosaicos bizantinos o en los iconos rusos, en el arte popular venezolano la imagen se le aparece al espectador como si éste se encontrara delante de un espejo. Hay algo difícil de definir en esa actitud, en esa necesidad de mostrar y mostrarse cómo se es sin ocultar nada ni utilizar eufemismos gráficos que enturbien el mensaje que carga consigo la obra.

Cuando vemos un santo tallado por uno de nuestros artistas populares, no se nos está queriendo llamar la atención hacia algo distinto al propio santo ni hacia algo que no sea su propio ejemplo religioso. De ahí, de ese deseo de comunicar lo más directamente posible, nace no sólo la necesidad de un tipo de representación frontal, sino una suerte de poesía de lo concreto, según la cual el cuadro sólo dice lo que dice, sin regodeos ni requiebros de ninguna especie.

4.- Desdibujo, complejidad y detallismo

Por extraño que parezca, en el arte popular el interés de la obra se centra en el hecho cultural que ella misma dispara y de la que ella misma es eco. De ningún modo eso quiere decir que al artista le sea indiferente la perfección formal de su trabajo; al contrario: el ordenamiento de las formas modela el acto comunicativo y lo hace hasta el punto de lograr que el objeto artístico se una a su carga simbólica a pesar de que, a simple vista, no haya una resolución académica de los elementos formales en la obra o, más bien, a que exista una manera muy particular de resolver los problemas que el medio plástico plantea.

A pesar de tales acotaciones, resulta imposible no atender a la compleja sencillez que tienen estos trabajos; compleja sencillez pictórica, escultórica y dibujística que muchos prejuiciosa y equivocadamente relacionan con la calidad que tienen los paisajes y los personajes que esbozan los niños con sus creyones. En el arte popular semejante oxímoron es un sello, es casi una estética que a fuerza de desarrollarse cuadro tras cuadro, escultura tras escultura, consigue un camino propio y paralelo a la representación académica. Por eso no es de extrañarnos que en una pintura de Bárbaro Rivas, de Feliciano Carvallo o de cualquiera de nuestros grandes artistas populares convivan múltiples maneras de resolver problemas de perspectiva, proporciones, escalas y composición que a lo mejor no respondan a los cánones académicos, pero que, sin duda, esbozan una respuesta nueva y paralela a la que seguramente se puede aprender en una escuela de arte.

Otro hecho que caracteriza estas obras es la síntesis, el desdibujo de todas las figuras hasta llevarlas a un punto donde rozan lo esencial para ser reconocidas como muñecos, casas, carros... Lo interesante es que muchos de nuestros artistas logran este nivel de estilización de la forma y luego llenan su cuadro o su talla de miles de elementos que han sido también tamizados por ese proceso depurador, logrando de inmediato un efecto contrario de proliferación y abigarramiento. Ese regodeo en la minucia dice mucho del talento y del particular dominio técnico que tienen los creadores de estas obras. La razón es muy simple: los artistas, a diferencia de las demás personas, son sensibles a los detalles que nos permiten replantearnos lo cotidiano y ver el mundo desde distintos puntos de vista. Por eso no deja de ser injusto el hecho de que a los artistas populares se les adjudique una ingenuidad y una especie de visión infantil del mundo que en verdad no tienen. Digámoslo de una vez por todas: un artista no es artista simplemente porque sepa dibujar.

Quizás en las afirmaciones anteriores se encuentre una lectura del arte popular que contenga el germen de una subversión que cuestione todo el tiempo las reglas de la representación artística tenida por culta y racional.

5.- La mirada plana

Dos aspectos definen la imagen del arte figurativo académico: la simulación de las tres dimensiones y la coherencia de ese factor en cada uno de los elementos que en conjunto hacen la obra. En el caso del arte popular la idea del volumen se representa de maneras muy distintas a las tradicionales. Las figuras (pictóricas y escultóricas) están pensadas desde el plano, muchas veces sin la necesidad de generar el artificio del espacio tridimensional o generándolo por medio de procedimientos que distan conceptual y técnicamente de la perspectiva renacentista.

Tal elemento, unido a la esquematización de las formas y al uso de colores puros, no hace otra cosa que subrayar el carácter simbólico de las obras.

Otro dato interesante que de algún modo refuerza y amplía la concepción del plano en el arte popular tiene que ver con el uso que muchos artistas le dan a formatos cuya forma dista mucho de ser la más cómoda y la más cónsona con el modelo tradicional. Se trata del uso de tallos de plantas, palos de escoba, puertas y otros objetos que presentan accidentes en su propia estructura y superficie. Una obra trabajada sobre esos formatos pone al plano a funcionar dentro de la obra como algo más que un simple soporte, y con esto lo que se quiere acotar es que lo plano en el arte popular va más allá de un no saber representar el volumen con los medios que el dibujo analítico enseña. El plano, para uno de estos artistas, no es apenas un soporte; es algo más importante: es el espacio o el cuerpo que lo representado ocupa en el mundo.

6.- La reconstrucción del pasado y la cultura oral

Si la imagen popular centra sus ambiciones en dejar constancia de las costumbres, creencias y anécdotas del pueblo, entonces nada tiene de extraño que estas obras tengan cierto carácter documental. En muchos casos, una pintura o una escultura pueden reproducir y mostrar la topografía de una región, su paisaje, su ordenamiento urbanístico y arquitectónico, amén de la memoria menuda que no es oficial ni aparece en libros, pero que todo el mundo conoce y transmite en forma de cuentos y consejas. Este punto es especialmente importante porque plantea una relación pocas veces estudiada entre la imagen del arte popular y la oralidad.

El pueblo deja ver su cultura a través del habla cotidiana, de los refranes y de las frases cargadas con toda clase de connotaciones. Quizás lo que caracterice a toda esta cultura oral sea su capacidad de comunicar infinidad de significados con pocos elementos verbales, y también su fuerza a la hora de generar en el oyente imágenes mentales capaces de quedársele prendadas en el oído hasta formar parte de la propia manera de ser. Curioso es que estas mismas características aparezcan en el arte popular adaptadas a su naturaleza icónica. De ahí que en estas obras haya un uso narrativo de las formas cercano al cómic, una superposición de planos y una tendencia a hacer convivir sin rupturas, y de manera natural, el texto y la imagen. En beneficio nuestro, semejante posibilidad abre un terreno para investigaciones futuras en las que se tomen en cuenta las relaciones entre el arte popular y otras artes como la danza, el humor, el teatro, las festividades religiosas y las manifestaciones estéticas espontáneas que se dan en espacios que tradicionalmente no son considerados artísticos. Nos referimos a los murales urbanos, a la estética del decorativismo abigarrado que se da (por ejemplo) en las etiquetas que adornan el transporte público, en el manierismo sentimental que existe en géneros audiovisuales como la telenovela y los concursos de belleza, en la modulación de voz y en la manera de presentar los mensajes noticiosos que tienen las radios populares, la publicidad y hasta la misma prensa escrita. El estudio de estas relaciones se nos presenta como un espacio sumamente fértil no sólo para el análisis que interese a las bellas artes, sino para obtener conclusiones que nos ayuden a entendernos y a congraciarnos con nuestra propia identidad.

7.- Diversidad temática, diversidad cultural

Hay cuadros de pintores populares que representan un paisaje urbano en el que el punto de vista permite una visión panorámica de múltiples escenas que ocurren simultáneamente en el espacio de la propia obra. Traemos a colación ese ejemplo porque de algún modo resume la complejidad del arte popular venezolano.

Lejos de lo que pueda pensarse, hoy nuestros artistas no tienen una visión única de la vida; ya no ven las cosas desde una mirada rural o desde una mirada estrictamente venezolana. La razón es que, como cualquier ciudadano de este país mestizo y mezclado por todas partes, los artistas populares tienen contacto con gente de otras latitudes y con otras culturas a través de la radio, del cine o del televisor omnipresente. En el arte popular parecen caber todos los temas, todas las reflexiones, todos los materiales. Su presencia es incómoda por eso y porque no es tan ligera como parece. El arte popular es un código visual; es una manera muy compleja (y disfrazada de simpleza) de representar la realidad.


Para desentrañar el enigma que nos ofrece el arte popular, tal vez haya que aceptar de una vez por todas que el pensamiento racional no es la única vía para acercarnos al arte y a los fenómenos del mundo. El saber técnico y conceptual de los artistas populares está escondido detrás de cientos de anécdotas en las que se entremezclan la realidad, la ficción, la fe, la exuberancia verbal e imaginativa, la carnalidad, las circunstancias del entorno y la propia vida del creador. Incluir dentro de nuestros análisis estas variantes que pertenecen si existe el término a una inteligencia intuitiva, nos permitirán ampliar nuestra mirada y acercarnos a las obras con menos ruidos intelectuales. Hacer ese ejercicio puede ser provechoso para aligerarnos la vida y para tener presente siempre que en las cosas más sencillas también puede haber profundidad, rigor, religiosidad. Es sólo cuestión de saberlas ver y valorar.

domingo, marzo 12, 2006

SOBRE EL ARTE DE ESCRIBIR PARA LA RADIO

Recuerden los siguientes detalles:

* Un programa de radio es un objeto sonoro y, como todo objeto, para que exista y cumpla una función, debe diseñarse.

* Un libretista es un diseñador de contenidos, no sólo un escritor.

* El término «contenido» en la radio va más allá de una historia, de una noticia, de una información. La música, los distintos efectos sonoros, las voces de los locutores y todo lo que está escrito en cada libreto son «contenidos».

* El paquete de un programa, con su apertura, su cierre, sus idas y venidas, sus presentaciones de secciones y sus cortinas, representa la identidad sonora de un programa. De ahí que concluyamos que el diseño del paquete sea de vital importancia.

* La identidad sonora de un programa sólo surge cuando tenemos claro el concepto de nuestro programa y somos capaces de traducir esa idea a sonidos, que son, a fin de cuentas, la materia fudamental de la radio.

* Para la locución del paquete buscamos la voz del locutor (o los locutores) de planta o de cualquier otra voz reconocible de la radio. La idea es establecer un enlace entre el programa que producimos y la emisora desde donde se difunde.

* Por más que surjan voces de protesta, los paquetes se deben cambiar cada cierto tiempo. Lo importante en un programa es que su concepto esté muy claro para todos los que trabajan en él. Cuando eso sucede, no importa si se le cambia "la piel". El concepto de un programa es inamovible, su forma puede variar.

* Sobre el concepto de un programa se podrían decir muchas cosas. La primera de ellas es que sin tener claro de qué trata nuestro programa, no podemos hacer nada. Y «tener claro el concepto» significa: de qué trata, a quién va dirigido, qué busco al hacerlo, cómo debo difundir los contenidos (¿debo ser serio? ¿Puedo ser informal?), qué tipo de anunciantes debo buscar, cómo quiero que suene (¿quiero que sea conservador? ¿Quiero que sea transgresor? ¿Quiero que sea ligero?). En fin... Puedo hacerme muchas preguntas más. Que quede claro: sin tener claro el concepto de un programa, no hay programa.

Supongo que deben tener muchas preguntas. Supongo también que hay muchas cosas con las que no están de acuerdo. Vayamos poco a poco y con paciencia. Hacer radio, aunque mucha gente no lo crea, está más cerca de hacer arte que de resolver integradas y derivadas. Por eso muchas veces no hay certezas tajantes ni respuestas definitivas. Así que sigamos adelante, discutiendo y conversando.

Duro contra los malos.

jueves, marzo 09, 2006

THE HORROR

Chaim Soutine: El buey desollado; óleo sobre tela; 1926

La vida sigue su curso aunque tenga un eterno velo de sucio. Ser venezolano en estos días supone vivir con una pátina de mugre físico y de mugre en el ánimo. Eso se ve en las calles llenas de grafitis, de pintas que se solapan, se corrigen, se cubren y se interpelan unas a otras. Las paredes de mi país son un campo de batalla para una guerra gráfica.

Al menos queda el sospechoso consuelo de saber que el rojo de la lata sustituye al rojo de las arterias.

miércoles, marzo 08, 2006

STAN LEE, EL INFLUYENTE

Anoche, como a las once, me iba a poner a leer, pero me puse a ver televisión y me quedé enganchado con una entrevista a Stan Lee. En ese documental el carajo habla sobre su trabajo, sobre sus ideas, sobre Marvel, sobre los artistas con los que trabajó y sobre Hollywood. Estuvo del carajo. Stan Lee es un artista muy raro, sobre todo porque el tipo es, antes que nada, un escritor. Su trabajo en los suplementos de Marvel (aparte de ser el chivo de esa vaina, tan chivo que aunque no es el dueño-dueño, todo el mundo le pregunta cómo se hacen las cosas) era escribir las historias y rotular los fumetos; es decir: la letra que traen los comics es de su puño. Una belleza.

Lo que más me interesó de la entrevista fue cuando habló de la fundación de un club de lectores de Marvel. Al tipo le llegban cartas hablándole de los 4 Fantásticos o de Spider Man y él contestaba cada carta. Dice que el secreto de su éxito no se debe sólo a lo buenas o malas que fueran sus historias, sino a ese trabajo de contestar de manera cálida a la gente que se comunicaba con él para criticarlo o para felicitarlo. Dice que en esa calidez, con la cual el que lo leía se sentía parte de una familia, radica su éxito. Esa idea me gustó.

Lo otro es que aunque no habla mal de nadie, el carajo se burla de las vainas de Hollywood. Una de esas burlas es que nunca entendió porqué le pusieron «David Banner» al papel que Bill Bixby hacía en el Hulk de la TV. Según él, un día llamó a «quienquiera que hubiera que llamar en la estación de tv» y le dijeron que le pusieron David Banner al personaje porque dizque Bruce Banner (que era como se llamaba en verdad el personaje en los suplementos) sonaba gay. El carajo dice «sonaba» gay... ¿Qué quiere decir eso?

Otro cuento sobre Hollywood, pero esta vez no sobre el cine o sobre la televisión, sino sobre los editores, fue cuando inventó los X Men. Stan Lee cuenta que él inventó esa vaina poniéndole el título de «Los Mutantes». Los editores le dijeron que estaba de pinga, pero que la palabra «mutante» no la entendía nadie, que nadie sabía qué era esa vaina. Entonces el carajo se puso a pensar en la vaina y vio que el jefe de los X Men era el profesor Xavier, el de la silla de ruedas, entonces le puso a la serie así mismo: Los X Men, es decir, «los hombres de X», de Xavier. Cuando los editores leyeron ese título le dieron el visto bueno. Ahí es dónde el carajo se pregunta: «¿si la gente no entiende la palabra mutante, cómo coño entiende eso de Hombres X?»

Un maestro. Me pareció muy extraño y muy de pinga que fuera un carajo tan sencillo y con unas ideas simples sobre lo que es el comic, pero con ideas bien complejas sobre la escritura. Tiene toda una serie de reflexiones sobre cómo deben hablar los personajes. El tipo diserta sobre cómo hablan el Silver Surfer, Thor y Reed Richards y por qué los personajes deben vivir en Nueva York y no en Ciudad Gótica o en Metrópolis.

Programas así son los que uno agradece antes de acostarse a dormir.

martes, marzo 07, 2006

MARAVILLA

«El formato digital no sólo estimula la ubicuidad de las imágenes, también supone una objetivación en el mundo real de cómo supuestamente en nuestro cerebro bullen en conjunto miles de mensajes que se superponen unos a otros en forma de sonidos, iconos, palabras e información de toda clase recogida por todos los sentidos».

lunes, marzo 06, 2006

MÁS DE NO HABRÁ FINAL

Chiam Soutine y su Conejo desollado

1) No habrá final es una novela negra. La novela negra es aquella que va unida a temas sórdidos (putas, mafiosos, extorsionadores, pistoleros, contrabandistas, chulos, traficantes de drogas, etc). Durante años la novela negra estuvo unida a la literatura policial, como en las novelas de Raymond Chandler, Samuel Dashiell Hammet, Walter Mosley, Chester Himes, Paco Ignacio Taibo, Manuel Vásquez Montalbán, Eloi Yagüe..., pero poco a poco, los escritores de literatura negra se han dado cuenta de que no hace falta muerto ni detective para que haya una buena historia negra.

2) No habrá final está escrita en tono de comedia. Es como una comedia de acción (por ejemplo: las películas de Jacky Chan) donde hay patadas, coñazos, muertos y demás.

3) Es una novela negra porque habla de cosas sórdidas, pero ¿cómo no van a ser sórdidas y humorísticas las vainas que pasan en ese libro si suceden en Caracas? Caracas es una ciudad donde se reúnen esas dos vainas: el humor y la sordidez. ¿Qué mejor ejemplo de esa cualidad que un camionero durmiendo siesta después de haber colgado su chinchorro en el árbol de leva de su gandola?

No te agobio más por hoy, pero mira esta pequeña lista de sordideces que aparecen en No habrá final:

* En un capítulo los protagonistas se montan en un autobús que viene de la Simón Bolívar. El autobús transporta a los obreros que trabajan en la universidad luego de finalizada su jornada de trabajo. Los tipos, para hacerse más divertido el viaje, le pagan a una jeva para que se desnude en medio del autobús y en medio de la vía. Es decir: hay una estríper en un autobús.

* El libro trata sobre un par de carajos que van en un Mustang y, de pronto, unos coños de madres, los confunden con otros tipos, se los llevan, los retienen un rato y los dejan ir sin el Mustang. Parte de la historia se basa en la recuperación del carro.

* En la novela se cuentan las mil y un historias de un viejito que es abuelo de uno de los protagonistas. El abuelo tiene mil y un historias violentas. En una raja con una hojilla las sillas del ancianato donde vive porque no dejan que una puta a quien él llamaba «su sobrina», lo visite más.

Y así hay sopotocientas barbaridades más.

jueves, marzo 02, 2006

¿Y DÓNDE ESTÁ EL ARTE CONTEMPORÁNEO?

Prosternémonos a orar frente al jamón serrano, y si es en familia, mejor

Pese a lo que los expertos y los fanáticos digan, el arte más importante de nuestro tiempo no se encuentra en museos y galerías; se encuentra en la calle, en los centros comerciales, en la ropa de la gente, en la televisión, en el cine, en la radio, en la internet, en la publicidad, en cualquier supermercado y en todos los rincones del planeta. El poder seductor del arte (visto como una intervención sobre las formas) se ha esparcido por el mundo con una fuerza inusitada que sólo se explica por la necesidad de que todos los objetos de consumo que nos rodean estén cargados de algo que los haga parecer únicos a pesar de ser producidos bajo un sistema industrial y masivo. Hoy, por ejemplo, es fácil encontrar en una tienda cualquiera un simple cepillo de dientes, un peine o un tenedor diseñados para que simulen una dimensión espiritual, aunque hayan sido diseñados bajo variables de economía y mercadeo. Y aún más: el arte se salió de sus límites, se salió de sí mismo y de sus formatos tradicionales; quiso diseminarse en el espacio proponiendo instalaciones, obras penetrables y piezas hechas con toda clase de materiales efímeros, y terminó convertido en ciencia que decora interiores, en variante de la arquitectura, en arte que, para bien de la humanidad, vuelve más interesantes a discotecas, bares y restaurantes en el mundo entero. El arte quiso que el público interviniera, que participara y no fuese pasivo; con ello logró la expansión definitiva del arte hacia la vida cotidiana, y para demostrarlo, ahí están los karaokes, las fiestas multitudinarias con ácidos, dj’s y vj’s, los programas de radio con intervención telefónica del público, las “salas” de chats, el correo electrónico, los juegos de video, los multimedias interactivos, las máquinas de pin ball, la telefonía celular, el video digital, las teletiendas, las “líneas calientes” y un largo, larguísimo, etcétera.

Desde hace tiempo, eso que llamamos arte contemporáneo se mueve en un espacio que le da la oportunidad a cada persona de sentirse en libertad de verse a sí misma como un formato o como una obra de carne y hueso que camina por las calles y que puede decidir qué hacer consigo misma porque tiene todos los medios a su alcance. Eso nos demuestra que el arte contemporáneo se ha convertido en una prolongación de la vida, en una extensión que se hace preguntas y busca orden y coherencia. Por eso el arte (en cualquiera de sus formas) es tan importante para los que estamos vivos. Y conste que no se trata de promover la siempre sospechosa idea de que el arte “salva”; se trata de poner el acento en que una pintura, un grafiti, una película o la impresión del rostro de Jim Morrison en una franela están ahí para preguntarnos cosas, para decirnos que estamos en este precioso mundo para interrogarnos sobre nuestra propia vida y —¿por qué no?— para divertirnos.