miércoles, mayo 31, 2006

LA COREOGRAFÍA DEL AMOR

Emil Nolde: Bailarinas; 1912
El mundo de las cigüeñas es un mundo increíble. El otro día nos percatamos de que la escena de Terminator 3, en la que pelean los dos robots, es una escena de sexo. Porque, permitan que les digamos algo: sexo no es sólo lo que se nos viene a la cabeza cuando decimos la palabra “sexo”. Sexo es también esa golpiza que se sucede en el baño de la base nuclear que aparece en Terminator 3.

Ella le pega al tipo y el tipo le mete la cabeza en el retrete. Ella lo agarra por la rabadilla, lo carga y revienta una pared con su cabezota. Él se levanta, la jamaquea y le da con la mano abierta una tremenda bofetada por la jeta... Eso, damas y caballeros, no es más que la coreografía del amor que sirve para llamar a la cigüeña.

Porque, recuerden, por más que tratemos de obviarlo, el sexo está en todo. Freud descubrió eso hace 100 años y se hizo millonario.

No lo olviden: Freud siempre tiene la razón.

martes, mayo 30, 2006

VERANEO EN ANTÍMANO

Ahí, frente al portón de la casa de sus padres a las 12 de la noche, se encuentra Eduardito con los ojos cerrados.
―Yo soy Eduardito, el niño sonámbulo. Estoy muy triste porque los niños de Antímano no quieren jugar conmigo. Por eso, con mis poderes telequinésicos, los voy a pulverizar a todos.

Inmediatamente después de pronunciar estas palabras, el pequeño Eduardo se fue caminando hasta las casas de sus amiguitos. Cuando llegaba a cada una de las mansiones, el niño telequinésico entraba con sigilo y, como una sombra, entraba al cuarto de cada uno.

Una vez allí, Eduardito abría los párpados y de sus ojos salían unos rayos plateados y feroces que convertían en ceniza a la gente.

lunes, mayo 29, 2006

CUENTO NARANJA

Marc Rothko: Red, Orange, Orange on Red, 1962
Esther Stuart Pedrell se encontraba de vacaciones en Rivendale, Edo. Miranda. Ese pueblo se caracteriza por estar pintado todo de anaranjado y porque sus habitantes son gente anaranjada.

Esther Stuart Pedrell estaba de lo más tranquila a las 12 de la noche en ese pueblo color naranja, disponiéndolo todo para irse a dormir, pero, de pronto, tuvo un sobresalto porque a esa hora tocaron la puerta de su casa.
—¿Quién es? —Preguntó Esther Stuart Pedrell y, casi al mismo tiempo, comenzó a sonar una guitarra.

Al ver que le traían una serenata, Esther Stuart Pedrell abrió contenta la puerta, pero muy pronto se llenó de terror porque en la entrada de su casa no había nadie…

Esther Stuart Pedrell gritó sorprendida al ver que aquella serenata había sido organizada por unos fantasmas.

Esther Stuart Pedrell se desmayó del susto y no se le pasó por la cabeza que a las 12 de la noche, en un pueblo de color anaranjado, ninguna persona anaranjada se ve.

Y colorín colorado… este cuento colorido se ha acabado.

jueves, mayo 25, 2006

CUENTO CULINARIO

Entre las especialidades culinarias que se preparan en nuestro bello país, hay una muy peculiar: el famoso patacón zuliano.

El patacón es un tostón plano que tiene unos 15 o 20 cms de diámetro al que se le añade por encima pernil o carne mechada, repollo y cebolla, queso rallado, salsa de tomate, mostaza... Y Festal.

Lo mejor del patacón es que le puedes agregar lo que quieras.

Los patacones son deliciosos. Los preparan en todo el estado Zulia. En Santa Bárbara, en Cabimas, en Maracaibo y en todo ese bello estado hay carritos de patacones como en Caracas hay carritos de perros calientes.

Una vez Roberto Echeto tuvo una experiencia mística con unos patacones en Santa Bárbara.

Resulta que él estaba comiendo ahí, en el carrito de patacones y de pronto se acabó el pernil. No pasaron ni diez minutos cuando llegó un gordo montado en una moto que tenía una cesta amarrada del manubrio… ¿Qué traía el gordo en la cesta amarrada a la moto? Un pernil.

¡Damas y caballeros: un pernil! ¡¡¡Un pernil en una moto!!!

¡Qué Dios los asista!

lunes, mayo 22, 2006

MOBY PIG

Un día, Carlos Alberto Rutherford fue a Choroní en un autobús conducido por un loco llamado «Ajab».

A Ajab le faltaba una pierna que le había arrancado de un mordisco un cochino blanco al que llamaban «Moby Pig». Ajab usaba sus viajes en autobús a Choroní para buscar al cerdo que lo había empujado a una vida de muletas y patas de palo.

Un día, cuando Carlos Rutherford fue a Choroní, tuvo que aguantarse la búsqueda de Moby Pig desde el autobús en el que él viajaba.

El viaje duró horas hasta que uno de los pasajeros gritó «Moby Pig a la vista», y el conductor alocado se puso a perseguir al fiero animal. El autobús dio bandazos, se salió del camino dos o tres veces, se abalanzó por barrancos sin nombre, cayó en huecos y charcos hasta que algo terrible ocurrió. Moby Pig, el cerdo blanco, al verse acorralado por su terco persecutor, decidió, embestir al autobús, lo cual fue muy doloroso para los pobres pasajeros que gritaban aterrados y heridos.

Así estuvieron no menos de dos horas el autobús y el cerdo, hasta que, en una de esas embestidas, Moby Pig le dio un golpe con tanta fuerza al autobús, que éste se fue rodando por un barranco que fue a dar a las espumosas aguas del río El Limón.

Lo más desquiciado fue que Ajab, el conductor del autobús, logró lanzarle un cabo de cuerda a Moby Pig y enlazarlo por el cuello, pero eso no valió para nada porque Moby Pig salió corriendo por esos montes de Dios. Eso sí: Ajab no soltó el trozo de cuerda y se fue arrastrado por el cochino blanco hasta el más allá.

Carlos Rutherford fue el único sobreviviente…

ASALTO CON SEÑORA A LAS PUERTAS DEL HOSPITAL

Dos maleantes murieron en una balacera que se efectuó en las puertas del hospital «Padre Fafrifio Machado» en El Cementerio.

El hecho ocurrió a las ocho de la mañana de ayer cuando la señora Amalia Terracota Tortolero iba a hacerse la terapia de rigor y dos individuos fuertemente armados la abordaron para quitarle su cartera. Los dos antisociales no contaban con que la octogenaria llevara un revólver calibre 45 en el sostén…

Eso es para que la colectividad entienda que nadie puede confiar en nadie en este país.

viernes, mayo 19, 2006

EL MISTERIO DEL TRAPECIO UNIVERSAL

En esta época rara en la que la imaginación se encuentra postrada en las mazmorras de la humanidad y abundan los sinvergüenzas que viven de hacer remakes o de escribir obras que hablan sobre Obras, bien vale la pena hacerse unas cuantas preguntas sobre cómo y por qué circulan, a través del tiempo, un puñado de historias que mutan para volvérsenos a presentar como nuevas.

Hay ideas que saltan de libro en libro, de relato en relato y de película en película, como si se tratara de trapecistas dando saltos mortales desde lo más alto de la carpa de un circo. Esas ideas toman impulso al calor de los aplausos o de los denuestos que reciben en su época y saltan de una era a otra cambiando su piel como si además de las maromas en el trapecio, el número incluyera el acto de magia de mudar el color del traje en el aire, mientras se hacen cabriolas y vueltas y se toma la barra del siguiente columpio. Así encontramos que la leyenda del Gólem, el ser de barro que se transformó en hombre cuando su creador le puso la palabra de Dios en la boca, mudó su piel y se transformó en la criatura de Frankenstein, un monstruo que, cuando adquirió vida propia, no hizo otra cosa que salirse de sus casillas y hacerle la vida imposible a quien lo trajo a este mundo, tal como hicieron la computadora HAL 9000 de 2001 Odisea en el espacio, los dinosaurios de Jurassic Park y los replicantes de Blade Runner.

Podríamos establecer un itinerario parecido entre el sabueso mecánico que detectaba los cambios hormonales de la gente que escondía libros en Fahrenheit 451, EMY, el androide multiforme de la película con Val Kilmer titulada Planeta rojo; el robot-avión-idiota de la película Stealth y la muy célebre Terminator, historia en la que se mezcla el horror del engendro mecánico que se vuelve contra su creador con el mito de la anunciación del ángel a la mujer elegida que tendrá en su vientre al redentor de la humanidad.

Podríamos seguir mostrando ejemplos... Podríamos decir que la idea de Jonás tragado por una ballena se relaciona con el relato del viajero Luciano también tragado por una ballena, con el Barón Munchäusen también tragado por una ballena, con el capitán Ajab también tragado por una ballena y con el profesor Pierre Aronax, a quien no tragó una ballena pero sí el Nautilus, un submarino al que todo el mundo creía (adivinen qué) una ballena... Sabrá Dios si el mismo cetáceo se mueve de cuento en cuento y cambia de nombre, como si la literatura fuese un océano en el que cualquier criatura puede nadar en paz.

¿Cómo estudiamos este fenómeno? ¿Nos sorprendemos y se lo adjudicamos a la casualidad o suponemos que detrás de esas mutaciones hay un plan?

Unos creen que la respuesta se encuentra en la transmisión oral de los cuentos, en su memorización y posterior interpretación, lo cual puede ser cierto porque cada vez que le contamos, a viva voz, a alguien una historia, tergiversamos su argumento, le añadimos o le quitamos detalles, aunque mantengamos intacta la médula de la anécdota. Esta característica de la oralidad sirvió de base para inferir que, entre los múltiples fenómenos que hacen parte del fenómeno comunicativo, existen unas unidades mínimas de memoria e información que se transmiten de persona a persona y de generación en generación a través de los mensajes que constantemente intercambiamos. Según esta teoría, esas unidades se agrupan produciendo sentido de la misma manera como lo hacen los genes. De ahí que cada una de estas unidades se llame MEM y que la disciplina que las estudia se llame
memética.

Otros responden esas interrogantes hablando de religión, de antropología, de seres mitológicos y hasta de extraterrestres. Quienes suscriben semejantes conceptos hablan de cómo se repiten ciertos temas, ciertos giros dramáticos y hasta ciertas situaciones en las respectivas epopeyas de héroes pertenecientes a distintas culturas. Gilgamesh, Orfeo, Odiseo, Eneas y Jesús bajaron a los respectivos inframundos de sus civilizaciones y regresaron fortalecidos porque vencieron nada menos que a la muerte. Entre quienes sostienen tales preceptos, hay quienes se deslastran de los giros esotéricos, cavan más hondo y proponen la existencia de un repertorio de temas comunes a todos los seres humanos, sin importar la civilización ni la fecha en la que hayan nacido. Según esos estudios, contamos historias, reflexionamos y creamos a partir de la combinación de una serie de preocupaciones que vienen archivadas en lo más oscuro de nuestro cerebro. De ese modo, en todo tiempo y lugar se habla del miedo a la muerte, de la fertilidad, del amor, de revivir a los muertos, de la lucha entre el Bien y el Mal, de la fugacidad de la vida, de los depredadores que nos acechan, de la existencia de un ser superior que todo lo puede y todo lo sabe, etcétera, etcétera, etcétera… De Carl Gustav Jung y su teoría del inconsciente colectivo a lo que los estudiosos norteamericanos llaman
Human universals hay un sólo paso…

Al final cualquier teoría sirve para explicar «el misterio del trapecio universal». Tal vez la respuesta más adecuada sea la más sencilla: una en la que asumamos que los relatos tienen el poder de remover aquello que guardamos en lo más recóndito de las neuronas y que, de ese proceso de remoción, siempre salen a flote aquellos elementos capaces de hacernos recordar cuán frágiles somos y que, por lo mismo, nuestra vida o, más bien, el relato de nuestra vida, vale la pena.

martes, mayo 16, 2006

COSAS QUE ELIMINAN EL ESTRÉS

* Ir con una escopeta a un basurero y caerle a tiros a los zamuros.

* Ir con una escopeta a un botadero de basura donde haya restos de piezas sanitarias y caerle a tiros a las pocetas y a los bidés en ruinas.

* Ir a comerse un helado después de haber hecho lo anterior.

* Ver videos donde unos expertos en demolición muestren sus métodos para volar puentes, edificios y afines.

* Manejar a 200 Km por hora en la carretera Rafael Caldera que une Morón con Barquisimeto.

* Beber Bloody Maries en el Hotel Ávila.

* Acariciar un cachorro de león.

VERSIÓN DE FRANKENSTEIN

El doctor Víctor Frankenstein vivía obsesionado con su trabajo. Cada semana iba a la morgue a comprar los cadáveres de los delincuentes ajusticiados en la plaza pública para someterlos a los rigores de la energía eléctrica. Su afán consistía en estudiar la posibilidad de darle vida a un cuerpo inanimado. Muy pronto, el médico entendió que no todos los cuerpos funcionaban igual ante el poder de un cañón de luz conectado al pararrayos del laboratorio. Unos se contorsionaban con espasmódico desorden, otros se movían con gracia, otros se mantenían tan tiesos como un trozo de madera.

A Frankenstein le tomó meses darse cuenta de que era posible darle vida sólo a ciertos órganos de determinados cuerpos. En unos casos, la exposición a la potencia de la electricidad sólo hacía que se le moviera una mano, una pierna o, quizás un simple dedo a un cadáver. Como cada cuerpo era distinto, Víctor Frankenstein tomó la decisión más delirante de su carrera en nombre de la ciencia: diseccionar decenas de cadáveres para buscar, órgano por órgano, las piezas de un nuevo ser movido por la electricidad.

Víctor trabajó sin descanso; fue cortando y zurciendo brazos, piernas, torsos, falanges, articulaciones, vísceras y demás piezas anatómicas. Cuando el tronco y las extremidades estuvieron unidos en un mismo ser, el doctor Frankenstein se dio cuenta de que el único órgano que le faltaba a su criatura era un cerebro.

Pasaron los meses y los experimentos continuaron rutinarios y molestos hasta que un buen día Víctor Frankenstein encontró lo que tanto andaba buscando: una materia gris en perfecto estado que diera señales de vida en cuanto la electricidad tocaba su esencia excelsa. Lo único que le produjo ciertos pruritos al eminentísimo doctor era que aquel cerebro de volutas perfectas había pertenecido al más terrible de los asesinos atrapado y sentenciado a la pena capital por los legisladores de su comarca.

Después de meditarlo en detalle, Víctor venció sus pudores y puso manos a la obra. En tres semanas había logrado extraer el cerebro y la espina dorsal del cadáver del temible delincuente y, a las seis, logró conectar esas partes en el nuevo ser.

Cuando todo estuvo en su sitio, Víctor se tomó un descanso. Ese lapso serviría, además, para que las heridas de la criatura cicatrizaran y el laboratorio y el paciente estuviesen a punto para la gran operación.

Al apagar la enorme máquina que hizo explosión luego de que fuera llevada al límite, un aturdido y chamuscado Víctor Frankenstein vio cómo se levantaba la tambaleante figura de un monstruo que gritaba horrorizado y que terminó de destruir el laboratorio luego de que viese la imagen que le devolvía una doblada superficie que, hasta ese día, fue un espejo.

El monstruo, más parecido a una cicatriz andante que a un ser humano, salió del laboratorio profiriendo horribles gritos, y Víctor sabía que muy pronto lo volvería a ver.

lunes, mayo 15, 2006

LAS COSAS MÁS HORRIBLES

* Que te digan: «no, la película es en alemán y sin subtítulos».

* Y que agreguen: «pero no importa porque en esa película casi no hay diálogos».

* Que se voltee un camión de pollos vivos frente a tu casa.

* Que una gandola con un cargamento de chocolates se caiga por un barranco.

* Chocar con un policía motorizado.

* Orinar en una pecera.

* Estar en un cine y que, en medio de la película, se caiga un pedazo del techo.

* Que tumben la Belle Epoque para construir sabrá Dios qué clase de adefesio arquitectónico.

* Tener que emigrar de tu país.

* Comprar un apartamento en Medellín y un día descubres una losa falsa en el piso y debajo de ella hay un hueco en el que te encuentras una maleta con un millón de dólares.

* Hablar español como lo habla Jennifer López.

* Quedarse dormido en un taxi.

* Entrar disfrazado de diablo en El Vaticano.

* Romper un piano (romper cualquier instrumento musical es un pecado imperdonable).

* Ir a conocer a un nené y decirle a su padre: «este niño mete un ojo».

* Que el barbero te recueste la barriga cuando te está cortando el pelo.

* No hay nada más horrible que ser chauvinista, xenófobo, homófobo y gafo.

* Entrar a un baño público que tenga una tubería rota.

* Las gaveras de refresco que pueblan el piso de los baños del estadio de la Ciudad Universitaria.

* Comprarse un perro que venga enfermo y que se te muera el mismo día.

* Que se te espiche un caucho en la Panamericana y que al mismo tiempo sean las 2 de la mañana y que esté lloviendo.

* Conseguirte un cocodrilo en una de las cunetas de la Carretera Panamericana.

* Bailar tango en chancletas.

* Bañarse vestido de Supermán.

* Andar en muletas y pisar una deposición de perro.

* Que estés comiéndote un churrasco y que vengan a decirte que se te está incendiando la casa.

* Que le peguen a tu mamá.

* Que tu mamá le pegue a una anciana.

* Que un fiscal de tránsito te pida que te comas la luz roja.

* Que en un restaurant te digan que el chef no vino porque tiene amibiasis.

* Que tu computadora desaparezca gracias a una «combustión espontánea».

viernes, mayo 12, 2006

HOLLYWOOD Y LA CRISIS DE LA IMAGINACIÓN

Si Uds. quieren ver en pleno la crisis de la imaginación que vive el mundo, vean las películas de Hollywood.

A Hollywood se le agotaron las ideas. Todas las películas son iguales. Si no son remakes, son películas con los mismos personajes: psicópatas, sociópatas, manganzones que no se quieren casar, chicas que buscan el amor de su vida, pistoleros que cuentan chistes a la vez que disparan… Hollywood se agotó y anda buscando ideas desesperadamente.

En el único lugar donde Hollywood ha encontrado una mina de ideas que puede explotar (porque ya hay la tecnología para ello) es en el mundo de los comics.

Si no lo creen, vean el éxito que han tenido películas como Hellboy, Los 4 Fantásticos, X Men, La Liga Extraordinaria, Elektra, Catwoman, Darevil, Spawn, Constantine, Sin City…

Si uno ve cualquiera de esas películas sin tomar en cuenta la lógica de los comics, probablemente no le gusten. Tú no puedes ver la trilogía Matrix sin tomar en cuenta la estética de los comics japoneses.

Hasta Kill Bill está inspirada en los mangas japoneses, dibujos que, dicho sea de paso, son espantosos y no entiendo cómo es que hacen delirar a tantos manganzones en todo el mundo.

En las películas inspiradas en comics hay monstruos, demonios, hombres que vuelan, mujeres que se hacen invisibles, vampiros que pelean contra hombres lobos, tipos que se transforman en cachicamos sin que uno se explique por qué ni cuándo ni cómo.

Scott McCloud debe tener algo que decir al respecto.

LA CRISIS DE LA IMAGINACIÓN

La imaginación es la facultad mental más poderosa que tenemos los seres humanos. Gracias a ella podemos crear las soluciones a los múltiples problemas que se nos presentan.

En Venezuela tenemos actualmente una crisis de la imaginación. Tenemos un presidente que tiene una imaginación desbordada. Tenemos a unos dirigentes opositores incapaces de imaginarse ni siquiera un círculo negro. Tenemos una población que no se da permiso a sí misma para imaginar una vida mejor.

Para imaginarse cosas hay que darse permiso a sí mismo, hay que dejar la seriedad, el flux, la chaqueta, el corsé.

Esta crisis de la imaginación que vivimos los venezolanos es el equivalente a la crisis de imaginación que vive el mundo. En esta época, en que los problemas sociales y económicos arrecian, en lugar de sentarnos a dialogar y a imaginar soluciones, nos caemos a insultos y a tiros.

miércoles, mayo 10, 2006

CUENTO CON MUSTANG

Esta es la extraña historia de Mariana Deyanira Gutiérrez, una mujer muy bella y muy trabajadora que gracias a su esfuerzo se graduó de Administración de Empresas, hizo un postgrado en Finanzas y se compró un Mustang nuevo.

Mariana Deyanira ha logrado todo lo que ha querido gracias a su esfuerzo y a su capacidad de superación. Más de una vez la mamá de Mariana Deyanira tuvo que llamar a los bomberos para que fueran a apagar el incendio que tanto estudio producía en las pestañas de la estudiosa muchacha. Más de una vez Mariana Deyanira rechazó invitaciones a fiestas y a viajes extraordinarios para dedicarse con pasión al estudio y al trabajo. Quizás por eso nuestra amiga valore tanto las pertenencias que tiene. Quizás por eso Mariana Deyanira haya sufrido tanto el día en que unos malandros le robaron el vidrio-parabrisas de su Mustang.

Una mañana cualquiera de un día lleno de sol y de tranquilidad, Mariana Deyanira fue al estacionamiento de su edificio dispuesta a irse a su trabajo y, de pronto, se encontró con la sorpresa de que su carro había sido ultrajado.

Mariana Deyanira maldijo, gritó y lloró. ¿Tanto trabajo para qué, para que unos ladrones acabaran con su patrimonio?

Por eso Mariana Deyanira tomó todas las precauciones del caso…

Una tarde se fue a casa de un herrero y le pidió algo inusual... Le pidió un trabajo que no se estila, pero que, según nuestra amiga, sería la solución para sus problemas con el hampa.

Mariana Deyanira le pidió al herrero que le hiciera una reja para cada uno de los vidrios de su Mustang.

Si Ud. anda por las calles de Caracas y ve un Mustang cuyas ventanas se parecen a las ventanas de una casa, no se extrañe. Es el carro de una chica que está protegiendo el patrimonio que tanto ha luchado por acumular.

Eso es para que Uds. vean todo lo que hay que hacer en esta época para que los malandros no acaben con uno.

Y colorín colorado, este cuento deja la bella moraleja de que, en nuestro país, los buenos no pueden con los malos.

jueves, mayo 04, 2006

NUESTRO RAMOS SUCRE


La vida del maldito; lectura de Alfredo Escalante; Castpost

La obra de José Antonio Ramos Sucre es áspera, ruda, austera y, a la vez, luminosa, como sólo puede serlo una obra perfecta. Discutir si su escritos están más cerca de la poesía que de la narrativa (o viceversa) es un oficio ocioso digno de mentes pequeñas ganadas para la necedad. Aún así, me atrevo a decir que leo a Ramos Sucre pensando que fue un afilado cuentista y que sus cuentos presagian algo misterioso y cruel cuya naturaleza se encuentra en una intuición que llenó de melancolía a nuestro cumanés universal. Esa intuición, que sólo pudo producir un genio y un inconforme resignado como Ramos Sucre, es la de que al mundo lo mueve una fuerza inconmensurable: el mal.

Si hiciésemos el ejercicio de imaginar el país en el que vivió José Antonio, tal vez podríamos entender el nacimiento de semejante intuición. Pensemos por un momento en una comarca infecta, calurosa, somnolienta, displicente y refractaria a todo cuanto signifique vida intelectual; aplastada, como toda Venezuela, por una dictadura primitiva siempre lista para esparcir la tristeza. En medio de semejante paisaje plagado de miserias, ¿cómo no encerrarse en un castillo literario plagado de trampas y pasillos oscuros? ¿Cómo no sentirse rechazado ni verse a sí mismo como el portador de la peste más odiada por estos reinos desolados: la sensibilidad?

José Antonio Ramos Sucre es nuestro Nosferatu escondido en su torre, nuestro vestiglo enfermo de soledad, nuestro muerto en vida gracias a que su época y su entorno envenenaron la expansión de su espíritu y lo convirtieron en presa fácil para la represión, el insomnio, el suicidio y el terror.

Extraordinario es que nuestro ángel exterminador haya traducido la desazón que el mundo siempre le produjo en una obra de arte vasta y perfecta y no en un odio ciego capaz de convertirse en triste caricatura de sí mismo.

Por eso, y por la fuerza de su escritura, hay que darle gracias siempre.



El protervo; lectura de Alfredo Escalante; Castpost



Omega; lectura de Alfredo Escalante; Castpost

martes, mayo 02, 2006

PIG TATTOO 2006

Hoy, damas y caballeros, les presentaremos un nuevo producto de la casa matriz «Guasacaca X». Se trata del videojuego «Pig Tattoo 2006».

El «Pig Tattoo 2006» es un juego muy sencillo que está ambientado en el Hato Piñeiro. Así que cuando lo abras, tendrás en tu pantalla una simulación en 3 dimensiones de los más bellos paisajes naturales.

El objetivo de nuestro «Pig Tattoo 2006» es alcanzar al cerdito que va corriendo por los distintos ambientes del videojuego para tatuarle el teorema de Pitágoras en una de sus paletas. Lo interesante es que, a medida que avanza el videojuego, el cerdito va comiendo flores de Kahlo y va creciendo. Si no lo alcanzas y lo tatúas rápido, el cerdito se devuelve y te persigue a ti.

Bill Gates, al ver este juego, pronunció unas palabras memorables. Gates dijo: «a mí lo que más me impresionó fue que al cerdito le salieran colmillos».

No te pierdas este emocionante «Pig Tattoo 2006» en el que debes correr detrás de un cerdo para tatuarlo. No te pierdas además los obstáculos que debes superar para lograr tu objetivo. Dos de esos objetivos son: los invasores que protestan frente al hato y un muñequito con la cara de Hitler que con su escopeta te dispara para que no le tatúes a su cochino.

Y no lo olvides: juega Guasacaca, juega venezolano.

Y si es Guasacaca…es bueno.

lunes, mayo 01, 2006

LA RESURRECCIÓN DEL BARBERO

Desde su silla giratoria, don Roque se miraba en el espejo. Se veía a sí mismo cubierto con una impecable capa de tela blanca y se detallaba el rostro moreno y algo cansado. A su lado, Nicola sorbía los últimos centímetros de un cigarro, mientras le ponía una nueva hojilla a la máquina eléctrica. Ambos se preparaban para dar inicio a un pequeño ritual: el del corte de pelo.
Como barbero, Nicola era silencioso y voraz. En sus manos cincuentonas, una cabeza pasaba de la pelambre descuidada a la poda medida en pocos minutos que podían hacerse más, dependiendo de los caprichos o de la conversación del cliente. Nicola era de esos barberos que no decían palabra si no se les hablaba. Por eso sus colegas de la Barbería Estrella lo tenían por un hombre prudente en quien se podía confiar.
Esa mañana del sábado en que Roque se miraba los lunares, las facciones y los pliegues de la cara, habría transcurrido tranquila como todas las visitas que una vez al mes le hace a su barbero. Sin embargo, ese día ocurrió algo que marcó la vida de los dos hombres.
Hacía rato que Nicola le había mojado la testa a don Roque y le cortaba el pelo con un peine y una navaja. La acción era rápida. El barbero movía sus manos con la precisión de un artista que sabe darle forma al cabello con una, dos o tres pasadas de cuchillo pero de pronto, los mechones de pelo dejaron de caer al piso. Nicola detuvo sus manos y se quedó mirando un punto en el espacio entre él y el espejo. Don Roque lo miró con extrañeza y se dijo a sí mismo que nunca le había visto un semblante parecido a su barbero. Ya estaba abriendo la boca para preguntarle a Nicola si le sucedía algo cuando, sin decir palabra, el italiano se desplomó.
Don Roque y todos los que estaban ese día en la Barbería Estrella se abalanzaron preocupados sobre el cuerpo inerte de Nicola. Sus colegas buscaron agua, sacudieron toallas para darle aire y hasta intentaron salir a la calle en busca de un médico. Sin embargo, fue Roque quien se dio cuenta de que aquel italiano fumador necesitaba algo más que buenas intenciones y agua con azúcar. Por eso se quitó la capa blanca llena de pelillos picosos y le pidió ayuda a otro barbero para que entre los dos cargasen a Nicola y se lo llevaran a una clínica. Cuando Roque y el Antonino lo cargaron, todos vieron que su rostro se había puesto azul, pero gracias a que Roque condujo sin escrúpulos su Mustang amarillo hacia el hospital, la desgracia no pasó a mayores. Nicola había sufrido un infarto y fue atendido a tiempo en una sala de emergencias de color blanco igual al de las capas de la barbería, gracias a la acción de un cliente que no sólo actuó a tiempo, sino que tuvo la bondad de pagar el ingreso del barbero a la clínica.
Pasó un mes y muy pronto el émulo de Fígaro recuperó la salud. Nicola se reía con las pequeñas bromas que sus colegas le jugaban (eran frecuentes las preguntas sobre si le iba a afeitar las barbas a San Pedro o si le iba a aplicar un enjuague a los ángeles). Cada vez que Roque iba a visitar a su barbero, a éste se le salían unas lágrimas de gratitud que Roque trataba de enjugar diciéndole que se tenía que recuperar pronto para que terminara la afeitada que dejó a medio camino.
Más rápido que tarde, Nicola regresó a su peine y a sus navajas. Eso sí: jamás le volvió a cobrar un céntimo a Roque, el cliente que le había salvado la vida.