lunes, octubre 30, 2006

CONEJITO, EL CAMIONERO DE LA FELICIDAD

Conejito es un camionero que transporta cochinos entre Barquisimeto y Paracotos. Se trata de un hombre trabajador cuyo único vicio (si se puede llamar así) es que todos los jueves detiene su camión repleto de cochinos y se sienta a jugar ajedrez durante cuatro horas con los vecinos de Ojo de Agua.

Conejito es un verdugo decapitando alfiles y reinas lujuriosas. Por eso, cuando va a Ojo de Agua, casi nunca paga su almuerzo y sus rivales le invitan, además, las pocas cervezas que se toma en vista de que debe seguir, sobrio para llevar su porcino cargamento por esas carreteras de Dios.

Como se darán cuenta, Conejito es un modelo a seguir. Es el vivo ejemplo de mente sana, cuerpo sano y camión repleto de felicidad.

domingo, octubre 29, 2006

LOS ATRACADORES

Hay atracos sangrientos como los que perpetraban a los bancos los guerrilleros en los años sesenta. Hay atracos cinematográficos como el de Tarde de perros, de Sydney Lumet, como el de Reservoir dogs, de Quentin Tarantino, o el de Heat, de Michael Mann.

Hace tiempo no ocurre en nuestro país un atraco de bancos de proporciones memorables.

Ya no está de moda atracar bancos o los bancos se han puesto tan duros en eso de la seguridad que ya nadie los puede atracar. Los últimos atracos que recuerdo, los hicieron con granadas de mano. En esta época extraña ya no hay robos a bancos, pero se han producido atracos a las compañías que transportan valores. ¿Recuerdan Uds. el robo espectacular que ocurrió hace unos años en Puerto Ordaz donde los ladrones se robaron hasta un avión de la compañía de blindados?

Los robos a instituciones han pasado de moda y, en cuanto a saña y sofisticación, le han cedido el terreno a los atracos personales. A veces te roban la cartera. A veces se te montan en el carro y te ruletean de telecajero en telecajero. A veces alguien le echa «burundanga» al trago que te estás tomando para que te duermas y los ladrones hagan lo que les plazca contigo porque, bajo los efectos de esa droga, no eres más que un zombi, un ser sin voluntad.

Hoy en día hay atracos que se llevan a cabo con computadoras y en corbata, sin medias panties deformando rostros. Hay atracos tan sofisticados que las víctimas no hacen ninguna denuncia para no quedar como unos conejos. De igual modo, hay atracos con pistolas, puñales, navajas, palos, escopetas, ametralladoras, granadas… Hay atracos aterradores, con muertos y heridos en medio de balaceras espectaculares.

Definitivamente, vivimos en un mundo en el que hay más atracadores que gente.

viernes, octubre 27, 2006

BRAZO DE NIÑO

Hoy tenemos una bella metáfora que viene a enriquecer nuestra vida. La metáfora en cuestión está formada por tres palabras: «brazo de niño».

Roberto tiene un brazo de niño. Brazo de niño es vida. Brazo de niño es divertimento. Brazo de niño es rock and roll.

Luz vengadora de Jimi Hendrix, ven otra vez a por nosotros.

Brazo de niño es metáfora de plomo. Brazo de niño el del gran Ron Jeremy. Brazo de niño torcido. Brazo de niño levantado. Brazo de niño dormido. Brazo de niño contento. Brazos de niños tienen pocos. Brazo de niño viene con la naturaleza. Brazo de niño es cultura.

Brazotes de niño son los que se ven en las corridas de toros y en las haciendas del llano. Brazo de niño es felicidad. Brazo de niño es generosidad pura. Brazo de niño es poderoso sin la Blue Pill.

Milagrosa estampa del Señor del Veneno, protégenos y devuélvele a nuestros enemigos sus malos deseos.

Brazo de niño tiene su estatua en la Panamericana. Brazo de niño tiene su monumento en El Rosal.

Ánima dulce de Janis Joplin, arrúllanos con tu voz desde el séptimo cielo, donde vives rodeada de ángeles que comparten tu perpetuo arequipe.

Y que Dios le dé a cada quien el brazo de niño que se merece… Aaaaaaaaaaamééééééééén.

miércoles, octubre 25, 2006

LOS ENANITOS AMARILLOS

Cada vez que te sientas a escribir, te enfrentas a unos enanitos amarillos que hacen todo lo posible para que no se te ocurra nada.

A los enanitos amarillos les fascina arrugarte las hojas blancas, gastar la tinta de tu impresora y esconderte los bolígrafos en lo más recóndito de las gavetas. Por si fuera poco, son los encargados de hacer que los perros de tu cuadra o de tu edificio comiencen a ladrar justo cuando te sientas a leer o a escribir.

Para que reconozcas a los enanitos amarillos, debes saber que carecen de molares y mastican chicle sólo con los dientes de adelante, como el ochenta por ciento de los venezolanos.

Venezuela es un país repleto de enanitos amarillos. Todas las escuelas tienen cinco o seis de esos enanitos. En ministerios, alcaldías y prefecturas trabajan miríadas de enanitos amarillos disfrazados de secretarias. Nadie puede con ellos; son más fuertes que nadie.

Los enanitos amarillos tienen al país metido en una bolsa negra y muy pronto lo zumbarán en alguna apartada y silenciosa colina del Parque Henry Pittier para que se pierda de sí mismo por siempre jamás.

martes, octubre 24, 2006

SOBRE LA JUVENTUD

«La juventud» es una idea demasiado vaga y más en un país de locos como el nuestro. De ahí que no pueda ofrecer un juicio convincente sobre este tema.

Venezuela no es un solo país; es muchos países encerrados y enfrentados dentro de un mismo territorio. Por eso no hay una sola juventud y mucho menos una que pueda representar la totalidad del ser venezolano.

Aquí hay muchas juventudes: hay juventudes necias cuya única preocupación en la vida es la rumba; hay juventudes pobres que viven con la nariz metida en una lata de pega… Hay juventudes que se parten el lomo trabajando para mantener a su familia; hay juventudes que sueñan con tener una chapa y un arma para sentirse más que los demás… hay juventudes que viven empollando títulos en las universidades; hay juventudes que se malgastan en el gimnasio; hay juventudes tristes que se venden a cambio de unas monedas… hay juventudes que estudian de verdad; hay juventudes depiladas, juventudes flacas, juventudes preocupadas… juventudes frívolas, juventudes felices, juventudes copeyanas, juventudes pusilánimes…

La juventud es la edad de la arrogancia. Cuando somos jóvenes, creemos que todo lo podemos, pero no se preocupen: la juventud es una enfermedad que se cura.

lunes, octubre 23, 2006

LA FUENTE DE LA CREACIÓN


Roberto Echeto dice:
La fuente de la creación es el imaginario que cada quien se ha ido conformando con los años y que usa para confrontar las adversidades de la vida. Ese imaginario es la traducción a símbolos (o a imágenes) de las experiencias que hemos tenido, de los objetos que nos gustan, de los libros que hemos leído, de las películas que hemos visto, etcétera, etcétera.

Todas las vainas que escribo y dibujo están conectadas con el mundo infantil feliz, pleno, poderoso que viví y que resumo en un carrito. En todos mis cuentos hay Mustangs, Javelins, Fairlanes... Es decir: los mismos carritos con los que yo jugaba de carajito. La única diferencia es que ahora monto a un poco de malandros en esos carros.

Enrique Enriquez dice:
Los magos africanos dicen que magia es canalizar el recuerdo de tus ancestros... Ahora, «ancestros» es en definitiva tus abuelos, etc... Pero también el lugar de donde vienes. Eso es el imaginario: el lugar de donde vienes, no el lugar geográfico, el lugar emocional de donde vienes.

Roberto Echeto dice:
El lugar emocional que transformas en símbolos (leones, tigres...) que te ayudan a vivir porque los confrontas con la realidad que te rodea.

Enrique Enriquez dice:
Así como a uno lo emociona Ultramán, cada persona para obrar su magia tiene que conectarse con su imaginario personal.

Tú andas jodido, piensas en una de esa vainas potentes de tu imaginario, y te levantas. Punto. Eso es magia.

Poesía de la mente

No me conoces, soy un misterio para ti. No te conozco. Hasta ahora habías sido un misterio para mi. Lo único que sabemos uno acerca del otro es esta relación que estamos creando juntos, en este instante. Voy a usar la poesía de tu propia mente para darte un mensaje. Envíame una foto reciente. Viendo tu imagen dejaré que mi subconsciente me dé impresiones sobre tu subconsciente. Escribiré sobre las visiones y emociones que inspires en mí usando metáforas, de modo que el mensaje sólo será evidente para ti, para nadie más. Tú imagen, junto a mis impresiones, estarán a la vista aquí: http://blog.myspace.com/enriqueenriquez

jueves, octubre 19, 2006

AMOR EN EL GIMNASIO

Carlos Ernesto Arias era un joven decente, aunque algo atolondrado, cuyo máximo objetivo en la vida era esculpir su cuerpo y convertirlo en una exhibición ambulante de músculos. Por ello pasaba horas en el gimnasio levantando pesas, moviéndose frente al espejo y ajustando su anatomía a las innumerables máquinas llenas de resortes y poleas que ocupaban el lugar. Allí, en medio de esa atmósfera, Carlos Ernesto era feliz sudando mientras repetía una y otra vez la secuencia de sus ejercicios. A veces, cuando llevaba rato estirando y extendiendo mecánicamente sus poderosos brazos para alzar los discos de metal de su máquina multifuerza, hacía una pausa, estiraba todo su cuerpo, daba unos pasos en círculo sin dejar de verse en el espejo y se dejaba asaltar por alguna meditación. Ese día su mente le trajo el recuerdo de la primera vez que pisó aquel gimnasio; evocó el calor de aquellos días, la fascinación que le produjeron los adminículos deportivos, el silencio y la entrega de hombres y mujeres en aquella especie de templo en el que todos trabajaban para prodigarle salud, elasticidad y fortaleza a su cuerpo, además de modelarlo para lucirlo con orgullo en cualquier ocasión. También se rió recordando cómo, después de su primera tarde en el gimnasio, se sintió adolorido, pero orgulloso de haber hecho bien los movimientos y las repeticiones que le sugirió el entrenador y volvió a su casa con los brazos flacos, como eran en esa época, pero dispuestos en jarra como si con esa primera sesión de levantamiento de pesas hubiera sido suficiente para volverse tan musculoso como soñaba.

Aquellas bonitas memorias dieron paso a otras un poco más complicadas. Carlos Ernesto volvió a sentarse y a apretar con sus manos las asas de la máquina en la que tonificaba sus pectorales extensos como playas y repasó la conversación que tuvo con Magdalena al lado de la máquina de ejercicios cardiovasculares hacía hora y media.
—¿Tú no crees que aparte de venir al gimnasio y de trabajar, deberías hacer otras cosas?
—¿Qué cosas?
—No sé. Ir al cine, leerte un libro.
—¿Un libro?
—Sí.
—¿Y qué gano yo leyendo libros?
—¿Cómo que qué ganas, Carlos Ernesto? Ganas conocimientos, aprendes cosas, diversificas tu vida… No puede ser que te la pases nada más trabajando y levantando pesas. Vas a parar en loco.
—Para mí es muy importante hacer ejercicios. Si yo no vengo al gimnasio un día, me siento mal.
—Tú deberías cultivar algo más que tus músculos. Levantar pesas y más pesas te pone papeado, pero no hace que te vuelvas una persona más inteligente ni mejor informada.
—¿Qué quieres que te diga?
—Que vas a seguir viniendo al gimnasio, pero que también vamos a hacer otras cosas. No puede ser que nos la pasemos metidos aquí.
—Pero, ¿qué? ¿A ti no te gusta venir para acá?
—Sí me gusta, pero no tengo la fiebre que tienes tú.
—¿Y qué quieres: que me vuelva un gordito como tu amigo Gabriel?
—No y no te metas con Gabriel, que es un tipo más buena gente que el carajo.
—Es buena gente, pero barrigón.
—Ay, Carlos Ernesto —dijo Magdalena suspirando—. Tú no entiendes nada. Tú crees que porque te paras frente al espejo y ves ese montón de músculos, tienes a Dios agarrado por la chiva… Pero estás equivocado.
—Ajá. Estoy equivocado…
—Sí porque todo en exceso es malo... Y porque de nada vale que estés en forma, que te sientas bien contigo mismo, si no tienes nada en esa cabeza y hasta te burlas de los demás.
—Mira, tienes razón, pero no quiero tener una barriga como la de tu amigo Gabriel.
—¡Y dale con Gabriel! Hay gente que no pisa en su vida un gimnasio y vive feliz.
—No lo tomes a mal. Yo sé que uno debe mantener la armonía entre el cuerpo y la mente…
—¿Tú sabes por qué debes mantener tu cuerpo y tu mente en armonía?
—No, la verdad es que no.
—Porque debes tratar que tu cuerpo, a cualquier edad, esté siempre listo para hacer lo que tu mente planifique. Si sólo haces ejercicios y no te ocupas de que tu mente esté tan sana como tu cuerpo, estarás listo sólo para hacer tonterías y eso no puede ser.
—No lo había pensado de esa manera.
—A mí me fascina verme bien, sin barriga ni celulitis, sentirme ágil, fuerte, pero también me gustan otras cosas que quisiera que compartiéramos juntos… No sé. Piénsalo y me llamas.

Carlos Ernesto se quedó con esas palabras dándole vueltas en la cabeza. Magdalena tenía razón, pero ése no era el momento para llamarla y decirle que era verdad; que él era un tonto; que iba a rectificar; que ningún par de mancuernas interferiría entre ellos, pero era la hora de hacer los ejercicios para desarrollar los abductores… Ya la llamaría más tarde, cuando terminara su rutina y estuviese listo para volver al mundo de todos los días.

miércoles, octubre 18, 2006

¿POR QUÉ LEEMOS LOS QUE LEEMOS?

Hace pocos días terminé de leer Los dominios del lobo, de Javier Marías, y debo decir que disfruté mucho esa novela por varias razones. La primera de ellas es que, tal cual como dice la contraportada, es una catarata de situaciones y de personajes cuyas historias se entremezclan y se relacionan hasta niveles delirantes. La segunda tiene que ver con que desde que conozco las novelas de Marías, me he dado cuenta de que su proyecto estético se basa en unas premisas muy lejanas a la tradición de la literatura española. En esta novela, por ejemplo, los hechos transcurren en distintas ciudades y pueblos de los Estados Unidos. Sus personajes, además, están moldeados a partir de la misma materia que los emblemáticos protagonistas del Hollywood de siempre: gángsters, divas, esclavos, charlatanes, ex-presidiarios, hacendados, millonarios que dan fiestas en yates, músicos arribistas, detectives que están más allá de la ley y gente arrimada a las cunetas de la vida. En otras palabras, y a decir de muchos puristas, Javier Marías lector, escritor, intelectual de verdad, no anda con esas manías de escribir, de crear, de pensar, desde su nacionalidad. Por eso la lectura de Los dominios del lobo me ha resultado una lectura entretenida y perturbadora.

Parte del sacudón que me produjo esta novela tiene que ver con algo que, con profunda sabiduría, me dijo el otro día Israel Centeno. A raíz de que le contaba mi experiencia lectora de las obras de Marías y de que le dije que me parecían raras porque, al leerlas, uno observa que este autor escribe sobre personajes ingleses y norteamericanos y, al final, sus libros tienen una voz muy parecida a la de los libros traducidos, Israel, con toda la agudeza que lo caracteriza, me dijo que eso se debe a que, a la hora de escribir y de crear, Javier Marías no se deja encerrar por las trampas del nacionalismo ni de su españolidad; y remató: «uno siempre debe estar incómodo con su nacionalidad. Shakespeare lo estaba, por eso escribía sobre italianos, daneses y escoceses. Uno debe sentirse incómodo con su folclor, Roberto. Así como debes tener capacidad para reírte de ti mismo, hay que tener capacidad para mirar con desdén, primero, tu propio país y luego el mundo entero. Para eso es la lectura: para despojarte de tu nacionalidad. Un buen lector, un buen creador, no ama su patria; termina traicionándola con lecturas ajenas, con traducciones, con esas vidas que no serán de nadie en su propio país. Lees para extrañarte; para dejarte a ti mismo y a tu paisaje; el lector es, por naturaleza, infiel».

Después de esa lectura y de hablar con Israel Centeno me he dado cuenta de que leer es una forma extraña de creación en la que existe la posibilidad no sólo de sentirnos libres, sino de intuir la existencia de una conciencia compartida entre miles de seres humanos.

Casi nada.

martes, octubre 17, 2006

EL TOP TEN DEL ABURRIMIENTO

1) Estar en misa.
2) Estar en el colegio en una clase de religión.
3) Estar en una conferencia sobre la acción del espíritu en el cosmos.
4) Ver obras de títeres.
5) Ir a la playa enyesado.
6) Leer una Biblia en alemán sin saber hablar alemán.
7) Schumacher ganando otra vez en la fórmula uno.
8) Las películas de Ingmar Bergman.
9) Esperar en la sala del consultorio médico.
10) Viajar en autobús con las cortinas cerradas.

lunes, octubre 16, 2006

PARA ESCRIBIR

Para escribir hace falta una enorme capacidad de observación junto con una gran capacidad para imaginar. Observación e imaginación: dos cualidades que debe tener todo artista.

Para crear buenos personajes hay que fijarse en uno mismo y aceptar que a cada uno de nosotros le puede ocurrir cualquier cosa.

Veamos estos personajes:

· Un sujeto con 2 relojes juega póker mientras lee una novela de vaqueros escrita en hebreo.

· Un viejito está en una playa. Lleva puestos un par de audífonos en las orejas. En las manos porta un aparato para detectar metales. El anciano va caminando parsimonia y, de repente, el aparato comienza a vibrar... ¿qué creen que consiguió? Un calzoncillo de Magglio Ordóñez.

· Todo personaje debe presentarse de manera que la gente se lo imagine muy rápido... Por ejemplo:

· Imagínense a un gordo con cabeza de cerdo fumando pipa y montando a caballo junto a Edie Falco.

· Si no te fijas en los personajes, puede concentrarte en las situaciones que los rodean. Por ejemplo: en el metro de Caracas hay, en estos días, una epidemia de caballerosidad. Todos los hombres se levantan de sus asientos para cedérselos a las mujeres.

· Y no lo olvides: la labor más importante de un escritor es borrar.

sábado, octubre 14, 2006

EL ARTE DE CAERSE A COÑAZOS

Caerse a coñazos en el colegio es todo un arte. Veamos por qué:

Si alguien te fastidia y tú no te defiendes por temor a que te castiguen, pues mereces lo peor. Siempre es mejor que te castiguen por haberte defendido que por haberte dejado pegar.

Otra cosa: si te caes a coñazos porque insultas, perturbas u ofendes a los demás, mereces sin compasión que te den tus carajazos y que te castiguen (por malandro).

Este fue otro aporte de este blog en pro de la paz y de la armonía universales.

jueves, octubre 12, 2006

AHORITA NO PUEDO

Quisiera contarles el cuento de un enano que vivía en todo el frente de la iglesia de la avenida Francisco Solano, y que cada tarde, después que llegaba del trabajo, se vestía de Cruzado y se paraba en la entrada del templo. Cuando le preguntaban que qué estaba haciendo, él decía que estaba «defendiendo la fe».

También quisiera contarles la historia de José Atila Gutiérrez, un hombre ya cuarentón que cuando niño usaba los frascos de compota vacíos para atrapar los zancudos que pululaban en su casa. Carlos Atila atrapaba los zancudos con los frascos de compota, los metía en la nevera durante dos minutos, los sacaba semi congelados, les arrancaba las alas y los lanzaba al hormiguero más grande que había en el jardín de su casa… Como pueden ver, se trata de un digno heredero del Marqués de Sade.

Cuánto me encantaría hablarles de un ladrón de aires acondicionados que se creía Robin Hood y que se llamaba Rafael José Nogales, un «T.S.U. en Refrigeración» que le robaba los aires acondicionados a los ricos para que los pobres los instalaran y les bajaran la temperatura a sus ranchos.

Me agradaría mucho contarles el cuento del motorizado que todas las tardes se paraba a ver a las muchachas que bailan flamenco en el Centro San Ignacio… Todas creían que el joven era una suerte de sobador sobre ruedas, pero un día descubrieron que Richard Antonio lo que quería realmente era aprender a bailar sevillanas.

Ni hablar de que quisiera quedarme para contarles que Ramiro Alberto Finol es «el Charles Atlas venezolano» que pide plata en los semáforos haciéndole a la gente un show de físico-culturismo, y decirles que su lema es: «tú me das plata y yo te enseño la papa»…

Pero qué va, no puedo… No puedo porque estoy oyendo una y otra vez el disco de Cream en el Royal Albert Hall que grabaron el año pasado y que me compré ayer.

Saludos y besos a las niñas.

martes, octubre 10, 2006

EL MOMIFICADOR

Esta es la increíble historia de Carlos Adelmo Bermúdez, un hombre muy extraño que tenía la más interesante de las profesiones: especialista en taxidermia y momificación con postgrado en la Universidad de El Cairo.

Carlos Adelmo Bermúdez tenía un trabajo muy bien remunerado en el Museo de Ciencias Naturales, pero un mal día, por una inexplicable reducción de personal, le dieron su carta de despedida. Desde entonces, Carlos Adelmo vivió tan amargado que se enfermó de los nervios y tuvo que ser recluido en el Sanatorio Internacional de Sebucán. Allí, hablaba a toda hora de cómo embalsamar muertos, de cómo sacarle las entrañas y rellenarlas con bolsas de aserrín o de arena; de cómo cubrir de cera los órganos que quedaban dentro del cuerpo y así preservarlos para siempre.

El día en que Carlos Adelmo salió del mencionado sanatorio, tomó una decisión que le produjo un enorme placer. Carlos Adelmo decidió vengarse del presidente de la Sociedad de Ciencias Naturales y del gerente de recursos humanos del Museo de Ciencias. Para ello fraguó un plan en el que esperaría a sus dos víctimas en el estacionamiento del Museo de Ciencias y los sometería con un pañuelo mojado en cloroformo.

El día en que adormeció a sus víctimas, se las llevó en su camioneta a una casa que queda en El Placer. Allí los sometió a una extraordinaria operación de taxidermia con la cual Carlos Adelmo terminaría con su venganza.

Cuando el director de la Sociedad de Ciencias Naturales y el gerente de recursos humanos del Museo de Ciencias se despertaron, se encontraron con que sus cuerpos habían sido intervenidos con maldad.

El director de la Sociedad de Ciencias Naturales no podía mover su mano derecha; la tenía donde siempre, pero no podía moverla.

El gerente de recursos humanos del Museo de Ciencias tenía su pierna derecha, pero no podía moverla; ni siquiera la sentía.

Ambos lloraron cuando se dieron cuenta de que alguien con un talento desmesurado en el arte de la taxidermia, les había embalsamado una mano y una pierna.

La policía trató de encontrar a Carlos Adelmo Bermúdez, pero nunca lo logró. Hoy en día se encuentra en España, trabajando con todas las de la ley en una fábrica de jamón serrano.

Demás está decir que Carlos Adelmo Bermúdez es un hombre feliz que duerme tranquilo luego de haberse comportado como el ángel exterminador de quienes le arruinaron su vida y su carrera.

Pase lo que pase, los hombres buenos siempre consiguen lo que quieren.

EL HORROR DE LO NORMAL (RELOADED)

Lo más desagradable de vivir en Caracas es que todo lo horrible se ha vuelto normal. Si eres dueño de un carro, por ejemplo, es «normal» que tengas una paranoia porque en cualquier lugar se te pueden aparecer unos malquistados con ganas de quebrarte. Si vives en una casa, se ha vuelto «normal» que le pongas rejas y alambres de púas a la puerta como si vivieras en un campo de concentración nazi. Si sientes deseos de salir de noche, es «normal» que te quedes en tu hogar más aburrido que una lechosa por miedo a que te secuestren, te violen, te maten y nunca consigan tu cadáver. Lo peor es que si te quedas encerrado en tu cuarto viendo televisión, también se ha vuelto «normal» que de repente se aparezcan tres sujetos —que por lo general andan drogados hasta las metras— listos para amarrarte a tu cama y darte un tiro en una pierna para que no los fastidies mientras te desvalijan la casa y te ahorcan al perro. Hoy es «normal» que uno le dé gracias a Dios porque los ladrones sólo te cortaron el dedo meñique y no te mataron.

Hoy también es «normal» que los sistemas de ventilación de las estaciones del Metro estén tan dañados como los aires acondicionados de cada vagón. Hoy es «normal» que las aceras no sean para los peatones, sino para los vendedores de discos y películas piratas. Hoy es «normal» que las calles estén repletas de indígenas, tullidos, pícaros y locos pidiendo plata. Hoy es «normal» que el Centro esté vuelto una mugre y que a nadie le importe. Hoy es «normal» que derrumben los hitos arquitectónicos de la ciudad para construir adefesios de distinta pelambre.

Por si fuera poco, también se ha vuelto «normal» que el caraqueño no tenga aspiraciones ni sueños ni nada, que todo le dé igual, que no le duela ser ignorante ni tener todas sus energías puestas en banalidades.

En Caracas es «normal» que cualquier alcaldía envíe una cuadrilla de obreros a reparar una plaza y la deje así, sin terminar, con las cabillas al aire y el piedrero a la vista del mundo entero. En mi ciudad es «normal» que el cliente nunca tenga la razón y que el cajero de banco, el mesonero, el oficial de policía, la aeromoza, el dependiente de una tienda y todo el que tenga que atender al público, te veje y te amargue la vida con algún detallito miserable. Aquí se acepta como «normal» que en un autobús el conductor se detenga a recoger más pasajeros que los que en verdad caben, propiciando el recueste, la sobadera, el tropiezo y el rascabuche. Lo peor es que nadie se queja por la sencilla razón de que todo abuso es «normal».

Ahora bien, si todas las barbaridades que hemos enunciado están dentro de «la normalidad», entonces aceptemos que no vivimos en una ciudad; aceptemos que vivimos en el infierno y que todos somos unos imbéciles existiendo para joderle, entorpecerle y destruirle la vida a los demás. Lo peor es que si seguimos así, pronto serán «normales» cosas peores como por ejemplo que los adolescentes comiencen a andar por la calle con el dedo índice metido en el culo, que maten turistas en Los Roques o que les lancen botellas a quienes transitan por la malhadada vía que conecta La Guaira con Caracas...

Yo me niego a aceptar la normalidad de las barbaridades. Me niego a que el horror sea una forma de vida, a que lo bruto, inepto y mediocre sean la regla en mi país.

lunes, octubre 09, 2006

NADIE ESTORNUDA COMO MI PAPÁ

A RodrigoDesde que tengo uso de razón papá anda para arriba y para abajo con unos cuadernos negros en los que dibuja y anota cuanto se le ocurre. Si algún día abres una de sus libretas, verás infinidad de bocetos en los que se adivinan tigres, elefantes y caballos al lado de largos párrafos en los que se perfilan escenas de todo tipo. Papá se gana la vida inventando historias. Por eso siempre fue una persona retraída que defendía y defiende con vehemencia la tranquilidad que necesita para hacer su trabajo. Más de uno lo ha tomado por persona huraña, sin detenerse a pensar que su oficio requiere soledad y concentración, dos cualidades que algunos infelices confunden con displicencia y hasta con pereza. No obstante, papá dista mucho de ser un misántropo. A pesar de que sale poco y de que nunca le gustaron las discotecas ni los tumultos, nadie puede acusarlo de ser un tipo aburrido. Sus amigos, que son unos carcamales muy parecidos a él, y que lo conocen desde hace siglos, cuentan que mi viejo siempre fue igual, que a pesar de llevar el hilo de una conversación, de beber, reírse y contar cuentos groseros salpicados de reflexiones existenciales, andaba siempre con sus ojos vivaces a la caza de un detalle, de una historia, de un personaje o de una atmósfera que le sirviera para luego introducirla en cualquiera de sus relatos, lo cual demuestra que papá trabaja a toda hora.

Un mediodía de hace unos cuantos años, el viejo me invitó a almorzar en La Estancia. Cuando ya estábamos instalados bebiéndonos un whisky y conversando sobre cualquier generalidad, me pidió que observara con detenimiento un pequeño espectáculo que se desarrollaba frente a nuestras propias narices. Eran cinco halterófilos sentados a la misma mesa, comiéndose una parrilla argentina mientras se reían, conversaban, bebían cerveza y eran felices.
—Fíjate en ese cuadro —me dijo—. Cualquier vaina que pase en una mesa ocupada por cinco levantadores de pesas puede generar un cuento interesante. ¿No te parece?
—Sí, seguro —dije descreído.
—Imagínate esto —e hizo una pausa para probar su whisky—: ¿qué pasaría si uno de esos coños se atraganta con una morcilla? ¿Y si uno le confiesa al que tiene al lado que está saliendo con su hermanita? ¿Qué harían esos forzudos si en este instante llega una banda de atracadores al restaurante: se comportarían como gallinas atiborradas de esteroides o les darían sus coñazos a los ladrones?
—No sé.
—¿Cómo que no sabes? No es cuestión de saber; es cuestión de imaginar. Aprende eso y dale un permiso a Efraín, que ya llegaron nuestros t-bones.

Nunca he entendido cómo papá y mamá siguen juntos, si son tan distintos. Quizás sea por eso; porque son distintos y complementarios y se quieren y se necesitan uno al otro. Mientras mamá es toda seria, toda ejecutiva, toda fiel cumplidora de sus obligaciones en su oficina gigante con asistente y personal a su cargo, papá trabaja en un cuchitril donde sólo hay un escritorio, un viejo afiche de Iron Maiden, un teléfono y una pequeña nevera. A pesar de sus diferencias, siempre se han llevado bien, se ríen, salen, van, vienen, pelean y se adoran. Eso sí: cada jueves, a las cuatro de la tarde, mi viejo se reúne con sus amigotes a quienes mi mamá odia porque, según ella, la entrañable amistad de mi papá con esos carajos habla de cómo es él en verdad. Uno tiene un Javelin; otro es barbero y vive hablando de sus navajas; otro es millonario y se la pasa abriendo mazos de cartas para esquilmar incautos; otro es doctor en química y le falta un ojo… Todos son unas joyas y es muy seguro que sea por eso que mi viejo busque su compañía y los quiera como sólo se quiere a la familia.

Yo sólo puedo decir que adoro a mi viejo y que si el amor que sentimos por las personas, nos define, pues yo también soy uno de los personajes de mi papá.

jueves, octubre 05, 2006

JAVIER SIEMPRE PUDO VOLAR

Un gordo de dos metros de altura, llamado Demetrio López Viaña, decidió comprarse un pequeño canario al que llamó Javier.

Demetrio López y Javier se la pasaban disertando sobre lo humano y lo divino en medio de largas caminatas por el Parque del Este.

Imagínense que el canario Javier tenía como lengua madre el italiano…

Demetrio y Javier hablaban sobre los resultados de los juegos de béisbol, sobre filosofía, sobre astronomía y sobre lo hermosos que son los jabillos a pesar de las espinas. Un día en el que disertaban sobre lo perverso que era el juego que estimulaba el alza de las tasas de interés en el sistema bancario nacional, el canario Javier se dio cuenta de algo de lo que no se había percatado hasta ese momento. En un momento de la acalorada discusión sobre el tema económico, Javier dio un pequeño brinco sobre sus dos patas y se dio cuenta de que podía volar.

Demetrio seguía parloteando sobre el mercado bursátil, sobre las tasas fluctuantes, sobre las pérdidas de Simex, sobre el Nasdaq y sobre la calidad de los botoncitos con la letra X en el ascensor de la Bolsa de Valores de Caracas. Mientras tanto, Javier se sentía feliz porque volaba.

Y así, poco a poco, Javier se fue alejando de su amo. Muy pronto se dio cuenta de que entre volar y pasarse la vida conversando con un gordo, era preferible lo primero.

Eso demuestra, damas y caballeros, que más vale pájaro volando que gordo haciéndose el filósofo.

Y colorín colorado…

miércoles, octubre 04, 2006

EL ONAGRO EMÉRITO

Hace años, Metodólogo Cosedor fue adonde una bruja a pedirle un brebaje para encontrar trabajo. La bruja en cuestión le dio la pócima y miren lo que pasó: el hombre se transformó en algo horrible. Su cuerpo se cubrió de pelos, sus brazos y piernas se volvieron patas. En lugar de manos y pies, le salieron cascos; las orejas y el pecho le crecieron a inimaginables proporciones. Por si fuera poco, cuando trató de hablar, rebuznó.
Se había convertido en un burro.

Metodólogo Cosedor no podía creer lo que le estaba pasando. Él era un honorable profesor de Retórica graduado suma cum laude en el Pedagógico Flores Chacín de Salamanca y ahora era sólo un asno más en el mundo.

Metodólogo lloró rebuznando hasta que un amigo que supo su desgracia le consiguió unas clases de Gramática en la Universidad Javeriana de Caracas. Y allí, hasta el día de hoy, enseña tan noble materia nuestro ilustre jumento Metodólogo Cosedor.

Y colorín colorado, como todo émulo de Andrés Bello y de Rufino José Cuervo, este borrico aceituno complementos directos a generaciones enteras enseñó.

martes, octubre 03, 2006

SHAKESPEARE EL MALANDRO

—Maestra, perdone que le interrumpa su empanada, ¿por qué Otelo, Macbeth y Hamlet son unas obras maestras del teatro, si son tan violentas?
—Caramba, Sr. Ortega… Me sorprende…
—En serio, maestra. ¿No dizque la violencia es mala?
—La violencia siempre es mala, Ortega. Lo que pasa es que esas obras están muy bien escritas.
—Pero, fíjese, maestra: Otelo apuñala a su esposa Desdémona. Macbeth acaba con medio reparto de la obra y Hamlet se muere envenenado después de matar a su tío, el rey de Dinamarca. ¡Eso es violencia pura! ¡Shakespeare era sendo malandro, maestra!
—Sí, son violentas, pero son obras maestras de la literatura universal que le dicen a la gente de cualquier época que la ignorancia y cualquier otra baja pasión hacen que la gente acabe mal. Yo creo que son obras que en el fondo nos enseñan a comportarnos como es debido. Por eso hay que seguirlas leyendo.
—Menos mal, maestra… porque el otro día le conté a mi mamá de qué trata Otelo y me decomisó el libro. Me dijo que era para no darle ideas a mi padrastro y para que yo no me convierta en un malandro… ¿Por qué no habla usted con ella para que me lo devuelva?
—Bueno, Sr. Ortega, deje ver qué puedo hacer.
—Gracias, maestra.

LITERATURA ERÓTICA II