miércoles, febrero 28, 2007

LA PLAYA DESNUDA
Cada vez que vamos a la playa, creemos que nos dirigimos a una especie de paraíso, y lo más extraño es que nos antojamos de ir a sitios que parecen intocados por la mano humana, cuando en verdad, al ciudadano común le está reservada una playa de pocas emociones creada por la industria del turismo con sus toldos y su pequeño restaurante en el que siempre hay un coco y un carite sonriente pintados en una pared.

Si la gente fuera a una playa virgen de verdad, no habría quioscos de pescado frito ni salvavidas a lo Baywatch. Tampoco encontraríamos vendedores de ostras ni de cerveza. Mucho menos habría peñeros que lleven turistas y carritos de helado a lejanos cayos, ni jeeps que, a orillas del mar, dejan salir de sus fauces el apocalíptico sonido del reggaetón. Si la gente fuera a un paraje marino verdaderamente alejado de la civilización, iría a una playa áspera de ésas que parecen primorosas durante el día, pero que se llenan de mosquitos y aguamalas al atardecer… Que lo diga el náufrago que interpretara Tom Hanks hace pocos años.

La playa es sombrilla, lumbre nocturna y carpas de gente que se acerca al paisaje virgen con el único propósito de descansar. Allí, sobre la arena, las conchas de caracol y las piedras con formas monstruosas preludian la existencia de un paisaje inhóspito y salvaje al que ningún turista adicto a la comodidad de su hotel visita. Nos referimos al paisaje que late por debajo de las aguas y que sirve de hogar a seres que retan nuestra sapiencia, a criaturas de todos los tamaños, colores y rugosidades, a monstruos cuya clasificación en los reinos animal o vegetal desconocemos.

El fondo de las aguas no es de los que vamos a la playa. Para el común de los mortales esas llanuras cubiertas de corales son sólo una imagen más de las que aparecen en televisión, no un espacio a conocerse ni a disfrutarse, y menos si para llegar a él debes aprender a usar un tanque de aire, una máscara, unas chapaletas, ponerte un traje de neopreno en el que seguramente no cabrás porque en los últimos meses bebiste mucha cerveza y te creció la barriga. El reino de los peces más extraños no les interesa a quienes hacen del mar un arrullo para su sueño de bronceador, raquetas e hilos dentales. Eso es para oceanógrafos como Jacques Costeau, para locos como el capitán Nemo o para safriscos que no saben qué hacer con sus vidas y no les importa que un tiburón quiera desayunárselos en pleno Viernes Santo.

Nada más erótico que los cuerpos untados con cremas bronceadoras, con protectores solares y con cuanto menjurje proteja la piel del sol abrasador, mientras se está en cueros, meneando una piña colada, bajo un cielo azul lleno de nubes que dibujan formas cambiantes. Ahí, en ese momento, los seres humanos parecemos las morsas desnudas que a cada rato aparecen en Discovery Channel y que ocupan una playa entera, tostándose, midiéndose, tocándose, como si no tuvieran problemas, como si la vida real se hubiera detenido en ese momento para que todo gire alrededor de los cuerpos que gozan los mil y un deliciosos estímulos que prodiga la cercanía del mar.

Tal vez todos los avatares de la vida valgan la pena para luego ir a la playa a exorcizarlos, a sentir que nos vengarnos de ellos con la cuota de felicidad que nos toca cuando las olas nos revuelcan (y nos dejan sin traje de baño) en medio de su espuma, cuando vemos a las chicas bellas jugando a ser milanesas voluptuosas, cuando sentimos cada grano de arena bajo nuestros pies y cuando vemos uno de esos atardeceres que nos dejan boquiabiertos, pensando en cuánto debemos agradecerle a Dios, a la naturaleza o a quién sabe quién, el que sigamos vivos.

Lo mejor es que el mar siempre está ahí, esperándonos.

martes, febrero 27, 2007

EL LOCO QUE HABLABA CON NARVÁEZHace unos años en las inmediaciones de El Silencio ocurría un extraño fenómeno que turbó la tranquilidad de los vecinos del lugar. Se trata de la presencia de un sujeto de nombre desconocido que iba todos los días en traje y corbata hasta la fuente de Las Toninas, se metía en el agua y se dedicaba a conversar no sólo con las estatuas, sino con el espíritu de Francisco Narváez, el escultor. Ahí permanecía hasta pasadas las once y media de la mañana. Luego, a las doce en punto, se salía de la fuente y se montaba en un Conquistador azul oscuro que lo iba a buscar todos los días a la misma hora.

Eso es para que Uds. vean que cada ciudad tiene sus locos y dependiendo de la locura de tales individuos, la ciudad será más o menos amable para sus habitantes.

sábado, febrero 24, 2007

EL EFECTO CHATARRA Este siglo raro y primoroso tiene una característica que lo hace fascinante: como los medios de comunicación están siempre presentes para convertir el acto más sencillo en un show, sentimos que la Tierra es un planeta a punto de desaparecer. Hoy, por ejemplo, parece que hay más desastres naturales que en cualquier otra época, cuando en realidad lo que sucede es que, gracias a la televisión, sabemos al instante de la acción devastadora (y simultánea) de varios de estos fenómenos. Esa característica del mundo contemporáneo funciona tanto para terremotos e inundaciones, como para los escándalos de Michael Jackson o los hábitos reproductivos de los ornitorrincos en Botany Bay. Así, sin querer queriendo, nuestra mente se llena de datos, al tiempo que nuestro ánimo se siente seguro al creer que conocemos la historia tectónica de todo un continente sólo porque vimos unas pocas imágenes del último tsunami que azotó una región. Lo más curioso es que, desde esa sensación de plenitud que modela nuestra sensibilidad se produce el «efecto chatarra», un proceso según el cual no sólo llenamos con anécdotas los inevitables vacíos con que nos deja la inmediatez de la retórica televisiva, sino que las tomamos por sabiduría.

Hagamos un ejercicio para demostrar cómo funciona el mencionado factor. Tomemos un objeto que abunda en cualquier ciudad de este planeta; digamos una estatua. Observemos cómo cada escultura que ocupa un espacio público tiene una historia que todo mundo se sabe, repite y hasta se enorgullece de difundir sin importar si es real o no. De ese modo, quienes sabemos de la existencia de la estatua de Woody Allen en Oviedo, hemos oído que a cada rato le roban los lentes de bronce, y eso importa más que el autor, el año de fundición y por qué la pusieron ahí. Algo parecido sucede con el monumento a Carlos Gardel en Caño Amarillo: todo el mundo sabe que cada cierto tiempo algún ocioso le roba el broncíneo perrito al conjunto escultórico, pero nadie recuerda que su autora es Marisol Escobar. Ese no recordar quién es o fue el autor de una obra y, en cambio recordar los hechos reales o inventados que la rodearon también está presente en la estatua de María Lionza, a la que unos anarquistas ociosos le pusieron sostenes en los años sesenta y un fantasma alado (o algo parecido) partió en dos en junio de 2004. Lo mismo puede decirse del heroico Simón Bolívar a caballo de la Plaza Chacao, al que el destino aciago tumbó de su pedestal el 19 de enero de 1998.

Del Chaplin de bronce que se encuentra en Mérida, recordamos que la gente bella e ingenua, al verla por primera vez, la llenó de velones, ofrendas florales y exvotos porque creyó que aquélla era la imagen del doctor José Gregorio Hernández. De la Venus de Milo nadie sabe nada, salvo que es una señora muy bella sin brazos…

Saberse los cuentos, adornar las anécdotas no sólo de las esculturas, sino de cualquier objeto, lugar o fenómeno, no califica a nadie como experto en un tema ni le da autoridad para que se ponga a sentar cátedra en bodas, bautizos, cumpleaños, barmitzvahs, almuerzos de trabajo y demás reuniones en las que nunca falta uno de estos personajes que reduce la complejidad de la vida a lo que le ofrece el control del televisor.

Adquirir conocimientos viendo el noticiero es una delicia, pero ¿qué pasaría si aprendiéramos a ver ese placer como el punto de partida hacia algo más? Porque leerse un librito no le cae mal a nadie…

Por cierto, el escultor de la estatua ecuestre del Libertador que está en la Plaza Chacao se llama Arturo Rus Aguilera y el de la escultura de María Lionza, Alejandro Colina. No vayan a decir después que escribo mis artículos a partir del efecto chatarra.

miércoles, febrero 21, 2007

LA OBESITA QUE NO PODÍA PATINAR
Hoy queremos contarles la pequeña historia de Fafrifita Magdalena Gutiérrez, una niña de 8 años que tiene problemas de sobrepeso, a pesar de su corta edad.

Como a todos los niños, a Fafrifita la disfrazaron en este carnaval. Su disfraz era un hermoso traje de hada madrina hecho con organza rosada y tul azul claro. Ella lo estaba pasando de lo mejor jugando a hacer pequeños milagros con su varita mágica forrada de papel de aluminio hasta que un día se le ocurrió añadirle algo más a su disfraz.

Fafrifita tuvo la ocurrencia de que poniéndose los zapatos-patines de su querido hermano Steve Ernesto, el traje de hada madrina alcanzaría un nivel inusitado dado el efecto dramático que produce que un hada madrina llegue patinando al lugar donde se requieran sus servicios.

En principio Fafrifita no tuvo problemas para ponerse los zapatos-patines. El problema comenzó cuando la gordita trató de patinar…

Fafrifita caminaba dos o tres pasos y de pronto hacía los movimientos pertinentes para comenzar a patinar, pero nada, la obesita se quedaba clavada en el piso.

Fafrifita trataba y trataba, pero nada… la obesita no podía patinar. El piso parecía impedir que las ruedas de aquellos zapatos-patines se movieran y ella, de pronto, sintió que su trabajo como hada madrina había terminado en este carnaval.

Señores padres y representantes, no permitan que esto les suceda a sus hijos. No los atiborren de chuletas. Miren que poder patinar o no puede definir la felicidad de un ser humano.

martes, febrero 20, 2007

LOS BULLDOGS DE MACK
Alfredo Madeira Márquez es un arquitecto venezolano que tuvo durante años una debilidad por los carros. Cada vez que podía, se compraba un Camaro, un LTD o un Maverick y los intervenía para correrlos en las autopistas de nuestro país. Era muy común ver que el arquitecto Madeira se pasara los fines de semana metido debajo de un carro instalándole el kit de óxido nitroso, abriéndole válvulas al carburador o poniéndole el sistema MDS al encendido del vehículo.El afán de Alfredo Madeira Márquez llegó hasta que un día decidió buscarse un nuevo hobbie en vista de que el que había mantenido durante años lo arruinó más de una vez. Ahora Alfredo Madeira Márquez tiene un pasatiempo un poco más emocionante. Todos los miércoles se pinta unos bigotes con un lápiz de cejas y se va al Estacionamiento Zico the winner a robarle las insignias con forma de perro bulldog a los camiones Mack estacionados en el lugar.

El Estacionamiento Zico the winner se ha convertido en el coto de caza del arquitecto Madeira, quien ya tiene en su hogar una enorme vitrina donde guarda veintisiete perritos metálicos que corresponden a 27 camiones Mack que se quedaron sin insignia.

Y así, con la referencia de un loco más que puebla nuestras calles agrestes, nos despedimos de Uds. deseándoles un feliz rock and roll.

¡Plomo hard!

sábado, febrero 17, 2007

LA LÁMPARA DE LUZ MORADA A los seres humanos nos atraen los abismos, esas situaciones límites en las que podemos perder hasta la vida, si nuestra sensatez no interrumpe el efecto hipnótico que en nosotros produce la cercanía de la muerte. No se asuste, amigo lector, que no hablaremos aquí de cosas tenebrosas.

Hace unos años se puso de moda que un sujeto fornido y con aires de experto te amarrase una banda elástica a los tobillos antes de que tú te lanzaras desde lo más alto de un puente. La idea era pagar para sentir la máxima expresión del vértigo y que al final de la experiencia los bomberos no tuvieran que recogerte con palita. Algo parecido ocurre con los que se lanzan en paracaídas, se montan en parapente o escalan altísimas montañas, a pulso, sin cuerdas ni mosquetones ni equipo de ninguna clase. Por si fuera poco, nuestras autopistas están repletas de bárbaros que organizan piques y ponen sus carros a correr a 240, como si dejar atrás al Mustang, al Dodge o al autobús representaran el honor y la gloria por los siglos de los siglos, amén.

A mí, esa gente que se zumba, escala, brinca o corre a velocidades anormales me recuerda a las moscas que terminan achicharradas en las lámparas de luz morada que abundan en las panaderías y areperas de nuestro país, y cuya luz las hechiza y las atrae sin piedad hacia la muerte. En el caso de estos deportistas extremos, lo que hace las veces de la lámpara de luz morada es la adicción a su propia adrenalina cada vez que tientan a la pelona.

Por cierto (y perdonen la digresión), ¿quién inventaría eso de que una bolsa llena de agua colgada del techo de la panadería o de la arepera en cuestión espanta las moscas sin tener que eliminarlas? Quizás alguien que cree en el derecho a la vida que, sin duda, también tienen esos insectos de Dios.

Y no crean que porque nunca hayamos practicado motocross o porque jamás hayamos siquiera pensado en lanzarnos desde un avión con una tabla de surf, estamos libres de la atracción que sobre nosotros ejerce aquello que es peligroso. ¿Por qué creen Uds. que nos atraen tanto las películas de terror, los trapecistas del circo, los que caminan por la cuerda floja o los que entran al ruedo para lidiar a un miura? Nos atraen porque, aunque sea a través de un émulo de Harry Houdini o de David Blaine, vivimos la inminencia de la muerte.

Hace treinta y tantos años hubo un artista que saltaba con su motocicleta entre aros de fuego y, luego de pasar sobre una rampa a toda velocidad, brincaba sobre filas de carros y camiones hasta caer en otra rampa en medio de los aplausos atronadores de un público frenético. Era Evel Knievel, «el héroe americano», el hombre que desafió una y otra vez a la muerte hasta que se retiró y le dejó a su hijo Robbie la continuación de «su obra». No sé por qué, pero de un tiempo a esta parte me he preguntado muchas veces cómo es que entre nosotros no ha surgido el «Evel Knievel venezolano», un motorizado común y corriente (de ésos que hacen caballitos entre semáforo y semáforo), que les cobra a las secretarias, a los gerentes y a los vigilantes de las compañías donde trabaja, por mostrarles sus talentos motociclísticos en un estacionamiento lleno de carros ajenos. Me lo imagino saltando sobre tres Malibús, dos Sierras, un Javelin y un Volkswagen desde una rampa apoyada en una torre incendiada de gaveras de malta.

No sé por qué mi imaginación me lleva a concebir semejante barbaridad. Debe ser porque detesto los deportes extremos, porque no entiendo a los que van volando por nuestras carreteras y porque me gusta matar zancudos (y moscas) con la raqueta eléctrica que venden los buhoneros en nuestras calles. Quizás ése sea el máximo nivel de peligro que yo esté dispuesto a tolerar.

jueves, febrero 15, 2007

EL INPUT VITAL Hay un momento de calma que es una pausa que usas para introducir información en el conjunto de imágenes que te sirven como referencia para lidiar con la realidad. En ese momento te conectas el cable de input y comienzas a leer, a ver películas, a oír música, a necesitar el contacto con los demás, sobre todo con gente interesante.

Necesitas alimentar el conjunto de imágenes que conforman el núcleo de tus creaciones con las creaciones de otros porque uno, gracias a Dios, no es autista; uno no vive de uno mismo. Si uno escribe, necesita leer; es obligatorio, es parte del proceso. No puedes desligarlo. Yo me imagino que a los cineastas les debe pasar lo mismo: si quieres hacer películas, debes ver películas, si tú eres compositor, debes escuchar mucha música, porque las ideas no vienen solas. Las ideas vienen porque hay unos estímulos y uno se entrena en el arte de buscar estímulos.
Por cierto, ayer Rodrigo se tomó media sopa Wantón después de haber visto Ultraman Mebius & Ultraman Brothers. ¡Gracias Ultraman!

martes, febrero 13, 2007

EL RIF
En esta época extraña todos tenemos que tener RIF. Si no tienes tu RIF, olvídate de cobrar los trabajos que hagas. En esta época rara donde aparezca el nombre o logotipo de una empresa, debe aparecer el número de RIF, lo cual ha generado un montón de situaciones extrañas como éstas que les vamos a enumerar:

Hay negocios a los que nunca les cambiaron su letrero, y sus dueños les agregaron el número de RIF con marcador. Hay anuncios a los que les añadieron el número de RIF pegándole una carpeta manila escrita con marcador o una calcomanía. Hay letreros a los que les agregaron el número de RIF y los pusieron torcidos. Otro elemento interesante es el tamaño del número del RIF…

Existe una relación entre el tamaño del número del RIF y el cumplimiento de las obligaciones fiscales. De ese modo, negocio que tiene el RIF gigantesco, es muy probable que no tenga sus cuentas en orden, y, por el contrario, negocio con el RIF chiquito y apenas legible, seguro ha cumplido con todos los requisitos que pide la ley.

El RIF es como el lenguaje D.O.S. de los negocios. Es como cuando en matrix salían los ceros y unos en la pantalla de la computadora.

domingo, febrero 11, 2007

LA FELICIDAD La felicidad es un estado mental de plenitud y bienestar al que todos queremos acceder alguna vez. La felicidad, como todos los estados de plenitud y bienestar, es pasajera. Hay gente que no puede acceder de manera natural a esos estados de plenitud y bienestar y por eso necesita la felicidad química.

Hay gente que no lucha, que no se mueve, que se queda aplastada y, por supuesto, jamás accede a esos estados de plenitud y bienestar.

Hay gente que es feliz con una tabla de surf, un short y unas olas de 9 metros.

Hay gente cuya felicidad depende de cuánta plata tenga en el bolsillo.

Hay gente que es feliz ayudando al prójimo (sobre todo si el prójimo es en realidad una prójima).

Hay gente que sólo es feliz cuando pone un pie en el aeropuerto.

Viajar, por cierto, es una actividad que nos saca de nuestra realidad y nos transfiere a un estado en el que todos los objetos son nuevos. De ahí que viajar sea tan enriquecedor y tan placentero.

Hay un tipo de felicidad indescriptible que consiste en llenar el Ipod.

Hay gente que vive para hacer felices a los demás. Por ejemplo: Frank Sinatra, Barry White, David Chase, la Madre Teresa de Calcuta, Jenna Jameson... La gente que vive para hacer felices a los demás está cerca de la santidad.

Hay épocas en las que es obligatorio ser feliz. Por ejemplo durante la navidad.

Hay gente que sólo es feliz sentado a una mesa comiendo pollo con las manos.

La felicidad tiene algo interesante y es que cuando la gente es feliz y se siente relajada, es como es en verdad.

Cuando veas a un tipo riéndose y pasándola bien, obsérvalo con detenimiento porque así es como es ese tipo de verdad.

Cuando veas a un sujeto X riéndose y contando chistes groseros, debes saber que ese sujeto X es así: grosero.

Los estados de felicidad están íntimamente relacionados al tipo de actividad que la gente realiza.

Por ejemplo: la felicidad de un programador de sistemas es “comprarle una nueva tarjeta madre de 3 mil gigas a la computadora”.

La felicidad de un preparador de caballos es que “Roy Orbison ganó la trifecta”.

La felicidad de un periodista es que “dio un tubazo”.

También existe un código perteneciente a cada nacionalidad para expresar los estados felices.

En Venezuela, cuando estamos alegres, hacemos mucha bulla.

En Bolivia, cuando están alegres, pareciera que estuvieran en un velorio.

Los daneses, cuando se alegran, empiezan a bailar imitando pinturas egipcias.

No hay nada más peligroso que la felicidad de un piquero.

Hay una felicidad serena que se vive solo y otra felicidad llena de bulla que se vive con los panas.

Sepan, queridos amigos, que a la felicidad le salen pelos.

Eso tiene que ver con que la felicidad no permanece estable, bella y hermosa para siempre.

Eso se los advertimos a todos aquéllos que se andan enamorando por primera vez y creen que el amor se queda igual que al principio de la relación.

Caracas es una ciudad donde todo conspira para tu felicidad.

Hay colas por todas partes.

Hay taladros rompiendo calles en todos lados.

Hace un calor horrible y de pronto hace un frío por el que terminas resfriado.

Hay buhoneros por doquier.

Hay desastres por todas partes, pero así y todo, la felicidad está esperándonos en la vuelta de cada esquina.

viernes, febrero 09, 2007

LAS INCONTROLABLES WINDOWS DE GONZALO
Esta es la historia de Gonzalo Daniel Rodríguez, un hombre normal y corriente al que cada vez que se tomaba unos tragos de más le ocurría algo inusual: se le abría frente a sí una ventana de windows en la que podía ver otra realidad.

Al principio aquello le parecía simpático a Gonzalo. Eso de estar sentado a la barra de su bar de confianza y poder ver en una ventana de Windows lo que ocurría en su casa o en playa el agua, le agradaba mucho.

Muy pronto Gonzalo comenzó a abrir más y más ventanas. Le gustaba esa relación causa-efecto en la que cada vez que se tomaba una copa, se le abría una nueva ventana en la que veía no sólo lo que ocurría lejos del bar, sino que leía el periódico, compraba discos y mandaba y recibía correos electrónicos. Sin embargo, Gonzalo detectó una terrible amenaza en aquella maravilla… cada vez que se tomaba una copa de más, se le abría una ventana que se quedaba colgada. No importa lo que hiciera porque Gonzalo Daniel no la podía cerrar.

Aquella anomalía tenía una explicación muy simple: la caña pervierte el sistema. De ese modo, cada vez que Gonzalo bebe de más, las ventanas se quedan abiertas y colgadas, sin poderse cerrar ni ejercer sus funciones habituales.

Lo malo es que Gonzalo no se da cuenta de que si no deja la bebedera, puede quedarse con las ventanas abiertas y colgadas para siempre.

Eso significaría que veríamos a Gonzalo Daniel Rodríguez dementado para siempre. Por eso, coge consejo: cuida tu disco duro. No abras más ventanas de las que puedes cerrar.

miércoles, febrero 07, 2007

EN EL MES DEL AMOR...
MANUAL MATA-PASIÓN PARTE II

Invitar a tu novia a la playa, pero en autobús.

Pegar un grito desde el baño porque se acabó el papel toilet.

Vivir oliendo a tasca.

Gritarle a tu suegra o pegarle a tu suegro (o viceversa) aunque se lo merezcan.

Bailar tango en chancletas.

Ir a casa de tus suegros y decir que a ti no te gusta la comida que prepararon para la cena.

Decirle «pareja» al novio o a la novia. Por cierto, «pareja» es una palabra gay que se coló en el vocabulario heterosexual.

Contar en la cama uno o dos métodos para colear toros.

Entrar con una jeva a la habitación de un hotel y poner Discovery Kids.

Seguir el ejemplo de Joaquín Ortega y dibujar en el suelo una cruz con dos chancletas y una pistola.

Tener que bañarse con un tobo o con una totuma.

Hacerse pasar por brasileño.

Vivir a costillas de otra persona.

Vivir hablando de Miami.

Mascar chimó.

Que el Mustang no prenda.

Salir volando con la moto por la rampa de frenado de Tazón.

Comer sopa parado en la barra de un restaurante.

Creer que un trabajo es bueno sólo porque en la oficina hay baño.

Subir al Ávila, perderse y verse perseguido por una loba amarilla.


IMÁGENES QUE DENOTAN QUE UNA PAREJA ES FELIZ
Ellos van a la playa en moto y a toda velocidad. Él maneja y ella va de parrillera.

Ellos vienen de la playa en jeep. Ella maneja y él va rascado y dormido en el asiento de al lado.

Ambos se encuentran en la cama riéndose juntos de una película de plomo.

Ella le dice a él que el almuerzo en casa de sus papás se suspendió porque a la vieja le duelen las hemorroides.

Ella le da tabule con su tenedor y lo besa aunque tenga los dientes llenos de perejil.

Ella saluda a los amigotes de su novio y se va, dejándolos tranquilos para que hablen de grupos de rock, bati-tubos, carros y deportes extremos.

Él saluda a las amigotas de su novia y se va, dejándolas tranquilas para que hablen todas las barbaridades que quieran.

Ambos van al gimnasio juntos (nada más ridículo que verlos a los dos vestidos con el mismo modelo de licras y de franelitas).

Ambos trabajan en lugares distintos y, sin embargo, hacen lo posible por almorzar juntos.

Leer juntos el periódico en el parque más cercano a su domicilio los domingos por la mañana.

Ir al médico juntos…

martes, febrero 06, 2007

EL MONSTRUO «...¿Los descubrimientos se producen por casualidad? Nunca por casualidad. Cabral sabía muy bien a dónde iba. Uno siempre quiere descubrir algo y yo al final lo descubrí, después de muchos días. Aquel día, cuando metí el dedo en aquel canal viscoso y ardiente, que más parecía una máquina rudimentaria de trinchar carne, aquel día descubrí algo espantoso. Era la vagina dentada de los antiguos, que siempre pensé que era una ficción literaria o una invención de los apóstoles de la represión sexual, pero que estaba allí, a mi disposición, royendo mi dedo después de haber devorado mi verga. ¡La vagina dentada! ¡Cielos! Mi alma se llenó de horror...».

Rubem Fonseca: El gran arte

lunes, febrero 05, 2007

EL ARTE DEL ENTRETENIMIENTO En esta época no hay nada más difícil que encontrar un entretenimiento gratuito. Ir a un concierto, a comer helados con tu novia o a un juego de béisbol con tus amigos, supone gastar sumas estrambóticas de dinero. Ni siquiera ver televisión (televisión de verdad) en casa es gratis. Miren Uds. lo que cuesta al mes mantener el cable, y conste que soy de los que cree que la banda ancha es un artículo de primera necesidad en vista de que nos mantiene conectados con el mundo. Pero dejemos la digresión y volvamos a lo que nos ocupa, que es la imposibilidad de encontrar en esta época rara e intensa una manera de entretenernos que no cueste tanta plata.

Si queremos ir al cine, tenemos que soportar una cola para pagar las entradas que valen una fortuna; otra para comprar las cotufas que también producen la ruina de cualquier ser humano, y otra para entrar a la sala, donde nunca hay dos puestos contiguos, de manera que tú te tienes que sentar, por lo menos, a seis metros de tu novia… Y, claro, a esta relación de eventos fascinantes, habría que añadir la cola para salir del estacionamiento, cuyo precio está regulado por las autoridades competentes, lo cual no tiene la menor importancia luego de haber gastado tanto dinero en todo lo demás.

Quizás habría que definir mejor las cosas y tratar de verlas de otra manera para no amargarnos. Tal vez no debamos esperar que aquello que nos entretiene sea gratuito, pero sí que tenga un precio justo porque una vida sin tiempo libre, no vale mucho la pena. Nada peor que privarse del divertimento porque la imaginación y la alegría de vivir, se atrofian y se transforman en amargura. Hay gente seca que «vive» como zombi al no haber encontrado aquello que la entretiene, aquello que la saca de su realidad y la mete en otra más interesante. Por eso, aunque el dinero no abunde, hay que invertir en entretenerse.

Las mujeres, que siempre han sido expertas en el arte de hacer rendir el dinero, han inventado varias fórmulas para divertirse sin gastar demasiado. Vean Uds. que no hay nada más entretenido para una dama que ir a la peluquería y enterarse de la vida de su peluquera, de la muchacha que le hace las uñas o de la señora cuyo peinado parece un casco. Una peluquería es un universo con todo y sus sistemas solares, sus agujeros negros, sus super novas (hay señoras que parecen constelaciones), sus cometas y sus asteroides; por eso son tan entretenidas y por eso a las mujeres les gusta tanto la astrología…

En el mundo masculino no hay nada que siquiera se le acerque a la peluquería. Del bar, por lo general, los caballeros salimos viendo doble y más tristes que antes de haber entrado. Eso sin contar con que nos vamos con las alforjas vacías… Por eso quiero ofrecerles mi consejo a aquellos que no saben cómo acabar con el aburrimiento que los corroe y que se suma a la montaña de responsabilidades que tiene todo hombre que se respete.

Lean bien: si no hallan qué hacer con sus vidas, hagan como mi amigo Joaquín Ortega y métanse en un supermercado a escoger tomates; obsérvenlos, pálpenlos y cuando hayan guardado los mejores en una bolsa, déjenlos ahí, no importa. Lo que de verdad interesa es que Ud. haya pasado un rato pensando sólo en los tomates y no en sus problemas. También puede meterse en un autolavado de ésos donde hay una máquina automática en el que te permiten permanecer dentro del carro mientras lo están lavando… Cuando estés ahí dentro, observa los dibujos que forma la espuma del jabón en los vidrios, oye el ruido de los chorros de agua que golpean la carrocería de tu automóvil… ¿No son una belleza?

Si esos consejos no son de tu agrado, puedes irte a una tienda de animales a ver las peceras… También puedes invitar a tu novia al cine, pero ya sabes lo que te espera.

viernes, febrero 02, 2007

CUENTO ERÓTICO
Un día cualquiera, Carlos Javier se encontraba en su oficina lidiando con unos enrevesados documentos que esa misma tarde debían parar en un juzgado penal. Su apuro y sus cuitas laborales eran tantas que muy pronto le dijo a Flor, su vieja secretaria, que tomara nota de cualquier mensaje que le llegara durante ese mediodía porque él, aparte de almorzar, iría un momento al «banco». Así, serio y silencioso como siempre, Carlos Javier bajó al vestíbulo de su edificio, saludó con un manoteo a los muchachos de la recepción y se fue con paso seguro hacia la calle. Allí se tropezó con los transeúntes y esperó a que el semáforo detuviera a los infinitos vehículos que a esa hora convierten en infierno a toda la ciudad. Cuando por fin cruzó la congestionada avenida, se dirigió al edificio que queda frente al suyo. Entró y se puso a esperar el ascensor. Ya en el piso quince, miró la puerta amarilla que dice «Fairchild y Asociados» y se dijo a sí mismo que la solución al dolor que sentía en el cuello estaba a un timbre de distancia.

Wanda, una hermosa mujer madura muy bien arreglada, lo recibió, le dio un beso, le dijo que pasara, que qué maravilla su presencia, que hacía tiempo no las visitaba, que él ya era de la casa y sabía cuál era el procedimiento, que si quería un whisky, que se sentase en una de las poltronas de cuero porque ya venía Amanda con el menú para que él mismo escogiera su masaje.

Al rato, cuando ya Carlos Javier se sentía a años luz de los problemas jurídicos que dejó en su despacho, apareció Amanda tallada en un bonito traje anaranjado. Ella lo saludó, le mostró el menú y escuchó la misma pregunta y el mismo monólogo que siempre hacía Carlos Javier:
—¿Qué será mejor: el «Oriental», el «Latino» o el «Completo»? Vamos a tomar el mismo de la otra vez.

Y Amanda se sonreía, sabiendo que las tensiones de aquel hombre elegante que daba buenas propinas desaparecerían en breve; que desaparecerían como desaparecieron cuando vino aquella primera vez en la que descubrió que con tan sólo cruzar la calle, frente a su oficina, encontraría un paraíso en el que, por un módico precio, le darían un condón, un albornoz, una mamada y un baño que lo dejaría feliz durante el resto del día; tan feliz que no dudó en llamar de inmediato a su amigo Carlos Ignacio para invitarle una copa y contarle con todo detalle cómo eran las tetas «naturales» de Amanda, cómo estuvo el combo masaje-puñeta-felación-jacuzzi, cómo era la oficina convertida en refinado sitio de lenocinio y cómo era la cara de felicidad que tendría al volver a su nido de papeles y ocupaciones aburridas.

De nada vale vivir en carne propia una sesión de sexo satisfactorio si no puedes contársela a tus amigos.

jueves, febrero 01, 2007

NO HAY NADA MÁS EXTRAÑONo hay nada más extraño que caerle bien a todo el mundo. No hay nada más extraño que entrar a una oficina y que te dejen pasar, que te traten bien y que nunca te digan que lo que fuiste a hacer ahí no se puede hacer porque te faltó un papel, un sello o algo.

No hay nada más extraño que tu héroe siga siendo tu héroe a pesar del paso de los años, de la acidez y de los mordiscos del destino. No hay nada más extraño que dormir en un sofá teniendo tu cama. No hay nada más extraño que oírte la voz y darte cuenta de que poco a poco vas sonando igual que tus padres.

No hay nada más extraño que ir al cine y encontrar entrada. No hay nada más extraño que ser optimista en esta época aciaga y creer que las cosas hay que pelearlas hasta el final.