martes, marzo 27, 2007

EL VIAJERO FELIZ
Antes, viajar era una delicia. La gente se vestía con sus mejores trajes para montarse en un avión. Hoy en día viajar se ha vuelto un asunto policial: si no te creen terrorista, te creen narcotraficante. Si viajas, tienes que soportar la inmensa gama de humillaciones a las que te someten los oficiales de inmigración: te mandan a quitarte los zapatos, te piden que te agaches, que te pares, que abras y cierres los brazos, que camines por debajo de un detector de metales, de un túnel de rayos X o te mandan a entrar en un cuartico... Estoy seguro de que mientras a ti, que eres un pobre turista, te tienen en ese plan, los verdaderos malvados entran como Pedro por su casa cargados con maletas llenas de cuanta barbaridad exista para hacer daño.

Irse de viaje se ha convertido en un asunto policial y la contundencia de semejante idea es tal que todo en los aeropuertos está diseñado para vigilarte, para olfatearte, para pedirte el pasaporte, para hacerte sentir culpable de todo, incluso de aquello que no has hecho. Cuando estás en un aeropuerto, sentado a la espera del avión que te llevará a otras latitudes, al menos quien esto escribe siente que toser, ir al baño, cruzar una pierna o besar a tu esposa, ya te hace sospechoso de algo horrible, de un crimen, de un atentado, de un contrabando mil millonario de sustancias químicas o de quién sabe qué… La última vez que viajé, por poco levanto las manos y grito a todo gañote:
—¡Sí, fui yo! ¡Fui yo! ¡Soy culpable! ¡Perdón!

La incomodidad del viaje al «espacio exterior» tiene su correlato en la incomodidad del viaje al «espacio interior». Recorrer nuestro país puede ser una experiencia fascinante sólo si se da la conjunción de varios factores a saber. El primero de ellos es que haga buen tiempo, el segundo es que vayas contento, optimista y con una chequera bien afilada (por si acaso). El tercero es que viajes fuera de temporada. Si te mueves de tu hogar en diciembre, en carnaval o en semana santa, sufrirás lo indecible; encontrarás colas por todas partes, tus santuarios naturales favoritos estarán repletos de manganzones imponiendo el Apocalipsis con sus discos de reggaetón, los aviones se retrasarán, no habrá hoteles, ni agua, ni langostinos ni pasajes para nadie.

Si se te ocurre viajar en autobús, dependiendo de la línea que escojas, te congelarás y viajarás a oscuras durante horas, sentirás el vértigo de la velocidad o verás cómo, justo antes de partir, se monta a la unidad un sujeto armado con una cámara para grabar a cuantos van de pasajeros rumbo a lo desconocido.

En honor a la verdad, los bochornos no son la regla de los viajes; son la excepción. Hacer lo imposible, soportar lo que sea para llegar a lejanísimos parajes es un deber que toda persona tiene, y eso porque mientras viajamos, nos revisamos a nosotros mismos; comparamos lo que somos y lo que sabemos con lo que vemos; cotejamos nuestra experiencia adquirida con la nueva realidad que estamos viendo.

De ese modo, no hay nada más sano que montarte en un DC10 rumbo a Río de Janeiro, a Nueva York, a Londres, a Valletta o a París, o embarcarte a bordo de una nave que parece un edificio flotante y que sigue su ruta de crucero por varios puertos, en los que puedes desembarcar si quieres y si no quieres, no importa, porque el barco está atiborrado de comida, de bailes, de shows, de piscinas y de gente dispuesta a atenderte con una sonrisa estanca a prueba de naufragios.

Yo, por mi parte, quisiera ir a Florencia a visitar a mi hermano mayor: el David de Miguel Ángel, y a Madrid para ver a mis amigos y conversar entre tapas hasta agarrar una pea llorona en la que grite a los cuatro vientos que estar vivos es lo mejor que puede pasarnos.

viernes, marzo 23, 2007

EL SENTIDO DE LA VIDA AQUÍ Y AHORA Damas y caballeros, en esta época de disolución de todo lo bueno, de todo lo hermoso, de todo lo ordenado y racional, sólo nos queda encomendarnos a Dios y a Hellboy, aparte de dedicarnos a producir, como posesos, eso que producimos todos los días.
No existe otra manera de detener el efecto corrosivo del mal y de destruirles sus planes a los ministros del odio.

Somos los antiguos, somos la luz en un momento de máxima oscuridad. Somos el dolor de cabeza de las cucarachas indestructibles.

Hellboy para todos siempre. Amén

martes, marzo 20, 2007

LOS REGALOS Nada como recibir un regalo, como que te obsequien un objeto envuelto en un hermoso y colorido papel, como verte en el deber de abrir aquello que vino preparado para sorprenderte, y tú tratando de hacerlo con delicadeza, respetando el sumo esfuerzo que le llevó a quien le puso capas de papel encima a tu nuevo objeto, mientras que algún cretino te insta a que rompas el envoltorio, a que deshagas el encanto con violencia, y tú no, tú te tomas tu tiempo y arrancas cada pedacito de teipe, deshaces cada doblez hasta que llegas, con paciencia, hasta tu nuevo tesoro.

A veces el artefacto que te regalan no es tan hermoso ni tan interesante como cuando venía envuelto y ahí es cuando desearíamos que la vida viniera con un botón de pausa (como el de los dvds) para detener la agradabilísima sensación de sorpresa que supone el recibir un regalo que no sabes qué es, ni si te gustará, ni si es de tu talla o, si por el contrario, es un artilugio que nada tiene que ver contigo. En ese particular, soy de los que aman los regalos cuando vienen envueltos. Hay algo infantil en el arrobamiento que nos produce el no poder ver qué hay dentro de un paquete del que eres destinatario.

Curioso resulta crecer y darte cuenta de que no sólo te gustan los regalos con sus papeles de colores y sus lazos llenos de rizos, sino que te agradan, y mucho, los paquetes que vienen con discos, libros, películas o corbatas, sean de Amazon o de cualquier otro proveedor lejano, los sobres del correo con su gráfica azarosa de sellos y estampillas, los sobres amarillos llenos de dólares que se dan unos a otros los miembros de la mafia de Tony Soprano y los sobres rojos que utilizan los chinos de todas las latitudes para regalarle dinero a los novios que se casan o a los tarajallos que ya están demasiado creciditos para seguir regalándoles juguetes o ropa de poliéster.

A quien esto escribe le produce una extraña sensación de felicidad el fotocopiar y ampliar dibujos, recortar revistas y suplementos, crear gráfica para que participe en el arte fugaz de producir papeles de regalo que otros romperán y olvidarán sin remordimiento alguno.

Una vez, hace un par de años, vi un capítulo de Los Osbourne en el que Jack le envolvía un regalo en papel de aluminio a su desquiciado padre. El aspecto final del paquete no tenía nada de amable. Parecía un presente de parte de Pablo Escobar Gaviria, lo cual, en el caso de Ozzy, no tendría nada de raro... No obstante, me interesó la posibilidad de utilizar una de esas láminas plateadas como parte de un envoltorio complejo y delicado, quizás como una capa media entre el regalo como tal y el papel externo, como si el paquete completo fuese una cebolla diseñada para que quien se dedique a abrirlo, tarde un buen rato.

Estoy consciente de que hablar de estas cosas hace que uno parezca interesado en esos programas de televisión dedicados a las manualidades. Nada más ajeno a mi ánimo educado a base de canciones de Black Sabbath. Lo que pasa es que a la hora de prodigarle la felicidad al prójimo hay que hacer un esfuerzo y no regalar por regalar ni envolver por envolver.

A propósito de envoltorios: vale la pena observar con detenimiento la secuencia inicial de Charlie y la fábrica de chocolate en la versión de Tim Burton. ¿La recuerdan? En esa antesala de la película, mientras van apareciendo los créditos, puedes ver el proceso de empaquetado de una barra de chocolate desde que sale de las entrañas de una máquina hasta que la montan junto con otras miles de barras en los camiones que las llevarán a los abastos del mundo entero. Aquel proceso es un modelo de delicadeza que te hace a pensar que todo en esta vida debería ser así.

lunes, marzo 19, 2007

GATA FIERA
Gata Fiera es el nombre de una banda de ladrones de carros cuya actuación deja boquiabiertas tanto a las víctimas de los robos como a la propia policía. Los miembros de Gata Fiera se roban un automóvil y, en lugar de llevarlo a una chivera para que lo destacen, lo dejan estacionado en la puerta de la sede principal de la policía. Como Uds. se imaginarán, Gata Fiera tiene en jaque tanto a los dueños de los automóviles como a las autoridades.

Los miembros de Gata Fiera tienen otra preferencia. El otro día se supo que los ladrones de esta banda hicieron lo que les dio la gana con las carretillas de varios abastos de La Urbina. Gata Fiera se adjudicó el robo de veinticinco carretillas y envió al Ministerio del Odio un fax pintándoles una paloma al ministro y a toda la junta directiva para que sepan que con Gata Fiera nadie puede.

viernes, marzo 16, 2007

CHARLES BRONSON ENTRE NOSOTROS En estos días hemos descubierto que el fantasma de Charles Bronson (el vengador anónimo) anda dando vueltas por Caracas a bordo de un negro Fairlaine.

Charles Bronson anda errante por ahí hasta que ve a un malandro asaltando a una señora o rompiéndole el vidrio a un carro para robarle el reproductor. Cuando eso sucede, Charles Bronson detiene su Fairlane fantasma y le da su merecido al malhadado ladrón.

La colectividad está muy sorprendida porque la presencia del vengador anónimo supone que los fantasmas sí existen. Sin embargo, todos se muestran contentos porque al fin alguien decidió poner al hampa en su sitio.

Charles Bronson está a la caza de los atracadores que se montan en los autobuses y asaltan a los pasajeros. Aún no ha logrado montarse en uno, pero cuando lo haga, estamos seguros de que los delincuentes recibirán su tratamiento correctivo.

Charles Bronson, por el amor de Dios, ¡protégenos!

jueves, marzo 15, 2007

EL TUBO DE PLÁSTICO
Damas y caballeros, Hace una semana entré en el vórtice de los talleres mecánicos porque descubrí que mi Twingo tenía un bote de gasolina que ponía en peligro nuestra integridad... Ya me imaginaba oyendo a todo volumen un disco de Judas Priest por la Cota Mil y de repente explota el carro con este servidor de Uds. adentro... Lo peor de haber entrado en el fascinante mundo de los talleres no es tanto el mood de los mecánicos (que en mi caso, debo decir que han sido muy amables y diligentes), sino la desgracia de vivir en un país en el que todo lo fácil se ha vuelto difícil y conseguir un repuesto es toda una Odisea con cíclopes, monstruos y demás. Eso sin contar con algo que daría risa si no fuese tan extraño y que les paso a contar enseguida.

Resulta, damas y caballeros, que la pieza que se le rompió a mi Twingo es el "tubo de llenado de gasolina" (el número 2 del siguiente diagrama). Esa pieza del coño tiene forma de corno y es de plástico. ¡De plástico, maldita sea! Cuando tomas con tus manos el tal tubo, te das cuenta de que su textura y su peso son exactamente iguales a los de los animales con los que juega mi pequeño Rodrigo. Es decir: mi Twingo es un carro de juguete, cuidado y si fue construido con el mismo plástico reciclado de los soldaditos, de los vaqueros y de los indios con los que jugué cuando tenía la misma edad que Rodrigo tiene ahorita.
¿Dónde están los carros de antes? ¿Dónde están los Javelins, los Mustangs, los Camaros, los Ltds, los Packards? Los Fords de hoy seguro que están hechos de plástico también...

De esta experiencia sólo me quedan el cansancio y la desazón de saber que nuestro futuro también será de plástico.

lunes, marzo 12, 2007

EL PADRINO VENEZOLANO
¿Qué habría pasado si «El Padrino» fuera una película venezolana?

Si fuera venezolana, la película trataría sobre la vida del propietario de una línea de taxis cuya sede queda en Chacao. El Padrino sería Giancarlo Corleone, el dueño de cuatro Ltds negros que llevaban y traían gente al aeropuerto de Maiquetía a finales de los años setenta.

Esa película habría sido una superproducción en la que el público habría disfrutado de un pique por la carretera Caracas-La Guaira entre un Javelin y un Ltd.

Por supuesto, el Ltd ganaría y el Javelin se iría por un barranco...

El Padrino venezolano comenzaría con la boda de la hija del dueño de la línea de taxis con el hijo del mecánico que arregla los Ltds. Ese matrimonio sería fastuoso, lleno de invitados y de comida. El punto culminante de la fiesta ocurriría cuando a la Quinta Esmeralda entran los cuatro Ltds negros tocando corneta para que comience el vals que bailaría la novia con su padre, el protagonista de la película.

¡Qué maravilla de boda!

El Padrino venezolano contaría el ascenso de una familia trabajadora a la que no le tembló el pulso a la hora de hacer negocios turbios para asegurar su supervivencia en el intrincado mundo de las líneas de taxis.

En un momento dado, los taxistas de la línea «Goajiros de La Silsa» organizaron un atentado contra la vida de Giancarlo Corleone, quien terminó en el Hospital Vargas entre la vida y la muerte.

Mientras el ilustre anciano se recupera, su hijo, Michael Ernesto, asume el control de la línea de taxis y lo primero que hace es citar a los dueños de la línea «Goajiros de La Silsa» en un restaurante para aclarar las cuentas.

No les contaremos más para que uds. Mismos vean cómo continúa este clásico del cine venezolano… El Padrino venezolano, a la venta ya en DVD…
LA DISCOTIENDA Queridos amigos, ya está abierta la Discotienda de Los Hermanos Chang, y no olviden que ni el reggaetón, ni el hip hop ni Marilyn Manson, pueden con Nina Hagen.

viernes, marzo 09, 2007

SESOSTRIS
En 1939, año aciago en que los nazis invadieron Polonia, los mercantes alemanes e italianos que navegaban por el Mar Caribe comenzaron a tener serias restricciones para llevar a cabo sus operaciones comerciales. Cuando no los perseguían los barcos ingleses o franceses, se encontraban con decretos como aquél que emitió el gobierno de los Estados Unidos, según el cual debían fondear de inmediato en el puerto más cercano a su posición y esperar por nuevas resoluciones. De más está decir que uno de esos decretos terminaba con una contundente advertencia: barco que no cumpliera con tal medida, sería atacado y hundido sin contemplaciones.

Con el paso de los días y el avistamiento (real o ficticio, quién sabe) de uno o varios submarinos nazis en los predios del Mar Caribe, los gobiernos de algunos países, entre ellos el de Venezuela, decidieron apoyar las medidas del gobierno norteamericano.

En marzo de 1941 el gobierno de los Estados Unidos emitió otro decreto en el que se ordenaba la confiscación de las naves alemanas e italianas retenidas en los puertos de los Estados Unidos, orden que, por supuesto, tuvo eco en los demás países de la región.

Pero vamos por partes. Volvamos a 1939 y veamos qué ocurrió en Puerto Cabello, cuando quedaron retenidos en su bahía seis mercantes italianos y uno alemán llamado Sesostris.

¿Qué creen Uds. que pasó? Nada que no sea normal en nuestro trato con quienes nos visitan de otras tierras: que los tripulantes del Trottiera, del Jole Faccio, del Teresa Odero, del Baccicin Padre, del Alabama, del Dentice y del Sesostris, se mezclaron con los habitantes de Puerto Cabello luego de haber recibido la condición de refugiados y la deferencia de las autoridades venezolanas. Los marineros la pasaron bomba, disfrutando de la mezcla de hospitalidad y juerga que es tan criolla y que tanto les gusta a los turistas que pisan esta comarca. Resulta fácil imaginárselos jugando cartas, aprendiendo «venezolano», correteando Nausicas felices, teniendo hijos, haciendo negocios y ganándose el afecto de grandes y chicos, contando sus historias llenas de exageraciones de diferentes calados.

Así pasaron dos años en los que los marineros se aclimataron a la manera de ser de los porteños hasta que se supo del decreto de 1941 y se acabó aquella tregua. Cuando los distintos capitanes se enteraron de que el gobierno norteamericano había mandado a incautar sus embarcaciones, no esperaron la reacción de las autoridades locales y, siguiendo instrucciones de sus respectivos gobiernos, ordenaron quemar sus propias naves.

Ese hecho produjo una mezcla de indignación y tristeza en los habitantes de Puerto Cabello. ¿Cómo era posible que aquellos hombres a quienes se les había obsequiado con toda clase de favores hubiesen reaccionado de esa forma, produciendo además un montón de daños a las instalaciones del propio puerto del que se habían beneficiado? Para los inocentes venezolanos de ese entonces aquella actitud era incomprensible, sobre todo porque no sentían como suya la guerra de la que hablaban los marinos europeos.

Eso sí: como castigo a ese desastre los marineros recibieron una condena de dos años en prisión, mientras que los capitanes una de cuatro.

De aquel formidable incendio las autoridades salvaron los seis barcos italianos, mientras el Sesostris se convertía en una ardiente y metálica tea flotante en la triste bahía, y como después del incendio nunca pudo ser restaurado, el gobierno del Isaías Medina Angarita ordenó su desguace y su remolque hasta Isla Larga, donde hoy permanece hundido para beneplácito de los buzos de las nuevas generaciones.

martes, marzo 06, 2007

EL ISNOTÚ
Cada día se abren en nuestro país una serie de locales que vienen a reforzar nuestro acervo turístico y cultural. Uno de esos lugares es un lugar llamado «Isnotú», una cadena de restaurantes donde cada plato es un milagro.

Los restaurantes de la cadena Isnotú se caracterizan porque todos los mesoneros, los cocineros, los barmen y el personal de seguridad van vestidos como el doctor José Gregorio Hernández.

Los manteles individuales de la cadena de restaurantes Isnotú traen la imagen del eminente venerable en el momento en que es atropellado por uno de los pocos carros que había en Caracas.

Los platos insignias de la cadena Isnotú son: «El pollo a la milagrosa con vegetales y camarones», «El arroz angélico con pollo y azafrán», «El bistec beato», que consiste en un corte de solomo de 400 grs., aderezado con mostaza y pimienta; «La ensalada aparición» con melón, habas, lechuga y rúcola. «La pasta piadosa con salsa de langostinos santificados» y de postre, no te puedes perder «El quesillo del Señor».

La cadena Isnotú se encuentra en casi todas las ciudades importantes de nuestro país. No olvides que sólo en el Isnotú encontrarás el cielo y la luz divina con sus ricas carnes y ensaladas.

El Isnotú, otro batacazo de nuestra gastronomía en pro de la cultura nacional.

lunes, marzo 05, 2007

LAS CRÓNICAS La crónica es un género flexible que te permite expandir tu instinto de cuentista y tu manía especulativa. Ni hablar de que es un formato que se alimenta de todo aquello que ocurre en la calle ante la mirada de todos y que sin el registro del cronista, se perdería para siempre.

Lo mejor de escribir crónicas radica en que tienes la oportunidad de contar una pequeña historia y de reflexionar sobre sus implicaciones sin la presión de tener que profundizar demasiado ni de verte obligado a ofrecer fechas y fuentes, lo cual no puedes hacer en un cuento, so pena de irte por las ramas y de acabar con los pies lo que empezaste con las manos.