viernes, noviembre 30, 2007

Durante meses sostuve que no participaría en una elección más, pero el próximo domingo iré a votar.

El Consejo Nacional Electoral no me merece la menor confianza, pero, aún así, iré a votar.

La dirección opositora tampoco me merece la menor confianza (por cobarde, por pusilánime y por acomplejada), pero aún así iré a votar.

Los militares escoltando el material electoral me parecen buitres cuidando carne humana, pero aún así iré a votar.

Los motorizados de rojo armados hasta los dientes me parecen ángeles exterminadores listos para matar a cualquier vieja desarmada que encuentren por ahí, pero a pesar de ellos, voy a votar. Su presencia y su amenaza no lograrán que me encierre.

Malditos sean los rojos que tocarán la diana y tronarán cohetes en la madrugada del domingo para molestarnos. A pesar de ellos, también iré a votar.

A pesar de todos Uds., conciudadanos míos, que nos metieron en este brete histórico, iré a votar y les pintaré una paloma.

A pesar de los panas que no irán a votar, yo votaré NO.

martes, noviembre 27, 2007

AL TAXISTA CON CARIÑO
Volvamos al mundo de los taxis.

Joaquín Ortega contaba que cada vez que salía de noche, y veía que la rumba estaba a punto de ponerse fuerte, le pedía al mesonero que le trajera un trozo de papel, un bolígrafo y una engrapadora.
—¿Y para qué es esa vaina, Joaquín? —Preguntaban sus amigos.
—¿Cómo que para qué? Para anotar la dirección de mi casa y engrapármela aquí, en la solapa de la chaqueta, junto con veinticinco mil bolos. Así, cuando Uds. me monten en el carro, el taxista sepa a dónde me tiene que llevar sin yo tener que decirle nada.

Los taxistas, damas y caballeros, son los seres con más cuentos en el mundo. Ellos han llevado y traído en sus carros a los más increíbles personajes, los han esperado, los han abandonado, los han puesto —literalmente— a las puertas de un gran amor o de un gran desengaño, de una alegría o de un desastre. Ellos son una versión contemporánea y real de Caronte, el célebre barquero que transportaba en su balsa, y de una orilla a la otra de la laguna Estigia, a las almas que llegaban al infierno de la Divina Comedia.

Nada debe sorprender a un taxista de solera que lleve años en su oficio. En sus carros deben haberse montado extraterrestres, borrachos, parejitas furtivas, asesinos, vendedores, guachimanes, fantasmas, transformistas, demonios disfrazados de gente (o viceversa) y galanes ahítos de baile, pero ansiosos de perro caliente o de reina pepeada a las tres y media de la mañana.

No hay nada que un taxista no haya visto, sobre todo si trabaja de noche. De los adúlteros en interiores que saltan por las ventanas del primer piso a los ladrones que les arrancan los nombres metálicos a las casas, un taxista ha visto poco menos que las lunas de Júpiter. Nada los sorprende; nada los conmueve. Todo lo han visto. Todo lo han intuido en el rostro, en el cuento o en la voz de su pasajero.

Así como hay taxis llenos de elementos decorativos que se han tornado en lugares comunes (sí, ya sé: el volante forrado de peluche, el zapatico que cuelga del espejo retrovisor), hay taxis austeros en los que no encuentras nada fuera de su puesto. Desde la llegada de las Blazers al mundo del transporte público, los lanchones Caprice o LTD, conducidos por señores gordos que invariablemente llevan medio brazo fuera del carro, se han convertido en una especie en extinción.

Los «patas blancas» son otra historia. Hasta hace poco era muy fácil adquirir uno de esos vehículos y ponerlo a circular como taxi con un chofer al que se le pagaba una cantidad Z de dinero por conducir el auto en un horario determinado. Es de suponer que, como ese carro no le costó nada a su conductor, éste lo maneja como si fuese un cohete, un armatoste indestructible al que se puede acelerar hasta velocidades increíbles y ponerlo a cambiar de canal, como si de un juguete grande se tratara. Esos tipos me recuerdan, no sé por qué, al Equipo Acrobático, aquel grupo de salvajes del volante que competía contra Meteoro, el rey de las pistas… Y ahora que lo veo, la analogía no queda nada mal, considerando la cantidad de accidentes que han producido los «patas blancas» en nuestras carreteras y autopistas.

Cada vez que veo un «patas blancas», recuerdo aquella voz que, en un capítulo de Meteoro, decía: «El Melange todavía corre».

Sea como sea, los taxistas están y estarán ahí para sacarte de donde no quieres estar, de donde te tienes que ir, de donde no te quieren o te han botado. Ellos vendrán por ti, si los llamas por teléfono o se detendrán si les haces una seña en plena calle. Nunca te dejarán abandonado, a menos que pase algo o que el que maneja ese taxi sea un malandro disfrazado.

Lo dije hace meses y lo repito hoy: pórtate bien con él porque el taxista es tu amigo.

jueves, noviembre 22, 2007

LA POESÍA DE LA CARRETERA Nada como viajar por carretera, sintiendo la velocidad y la potencia de tu auto. Nada como viajar por tierra oyendo a Miles Davis a todo volumen, mientras vas atento a las direcciones, a los vendedores de panelas de San Joaquín, a las líneas ora continuas, ora entrecortadas de la autopista. Nada como andar por ahí, como un rayo, viendo cómo el mundo se vuelve ráfaga y los árboles y los anuncios y las gentes aparecen y desaparecen fugaces ante tus ojos ahítos de paisaje.

Es verdad: nada como viajar por carretera, pero ojalá fuera tan sabroso (y hasta tan poético) como se expone en el párrafo anterior…

Para empezar, no hay esposa que aguante el que tú pongas a Miles Davis a todo volumen en el equipo de sonido del carro. Para ellas sólo se puede viajar oyendo a Ricardo Arjona, a Roque Valero o a cualquiera de ésos engendros, y líbrate de decir algo, porque andarás por esos mundos junto a una monstruo que sólo te hablará para decirte que te equivocaste de dirección o para chasquear cuando caigas sin querer en un hueco del camino.

Sí, sí, ya sé. No todas las esposas son iguales...

Por si fuera poco, olvídate de andar a más de ochenta por una de nuestras carreteras. Hay un sin fin de obstáculos que te impedirán ir a más: cráteres sin nombre, accidentes tectónicos sin clasificación, «fallas de borde», gandolas que van entre dos canales, autobuses torcidos que van o muy rápido o muy lento, alcabalas con fiscales barrigones, camiones cargados de jojotos o cochinos, carros, más carros, lluvia, más carros, derrumbes, más carros y —¡Santo Cristo de los Ejércitos!— más carros.

Una pregunta que ya he formulado en este espacio: ¿a Uds. no les parece que hay señoras de cierta edad que se atraviesan en los pasillos de cualquier supermercado tal y como se nos atraviesan las gandolas cargadas de tubos o caballos en cualquier carretera? ¿Será que el destino de las señoras será convertirse en gandolas? Quién sabe…

Otro asunto que da al traste con la poesía de nuestras carreteras es la ausencia de baños. La verdad es que somos gente rara. No podemos ver un baño público porque lo rayamos, lo desvalijamos, acabamos con el papel y, si podemos, nos llevamos las piezas sanitarias. Qué extraño es nuestro gentilicio, pero así es. Sólo nos queda desearles que no les den ganas de hacer nada en plena carretera porque tendrán que apelar por el hombrillo y meterse en el monte, exponiéndose a que les pase lo que le pasó al joven Ricardo hace casi siete años.

El joven Ricardo venía de disfrutar de lo lindo en la boda de su hermano que ocurrió el día anterior. Como el matrimonio se celebró a unos cuantos kilómetros de su casa, el joven tuvo que viajar por carretera en la enorme camioneta de unos amigos. Todo estuvo de lo más lucido en la fiesta, pero el muchacho comió algo en el desayuno que le produjo retortijones. Poco tiempo pasó antes del segundo aviso de sus vísceras, cuando el joven le pidió al conductor que se detuviera.

Ricardo tomó un rollo de papel sanitario, besó a su novia, les dijo a sus amigos que lo esperaran unos minutos y se internó detrás de los matorrales adyacentes a la carretera. Ni él ni su novia ni sus amigos contaron con que detrás de los matorrales había un barranco brioso en cuyo fondo terminó el joven Ricardo con los pantalones abajo. La imagen que él recuerda con más cariño es la estar ahí, agachado, yéndose hacia atrás, en cámara lenta, y viendo cómo el rollo de papel se desbarrancaba primero que él, como si aquello le estuviera sucediendo a otro.

Nuestras carreteras están llenas de historias, de camiones, de carros y más carros, pero no de poesía. La poesía está en los libros y, si acaso, en el alma de algunas personas buenas que todavía quedan por ahí, al final de nuestras carreteras.

lunes, noviembre 19, 2007

LA GLORIA DE TENER CARRO
Hoy le dedicaremos este espacio al carro, automóvil, coche o vehículo, ese portentoso invento que vino a acabar con las distancias y a procurarnos una experiencia que hoy es común para todos nosotros, pero que durante siglos no lo fue para nadie. Me refiero a poder experimentar la velocidad desde una cabina cerrada en la que si quieres, puedes poner música, encender el aire acondicionado y dormir (si no vas manejando).

Si tienes carro, puedes irte de una fiesta aburrida cuando quieras. Si tienes carro, no te tienes por qué calar el mundo lleno de empujones, gritos y fritangas de los autobuses, los taxis, las camioneticas y el metro. Si tienes carro, puedes poner a todo volumen la música que a ti te dé la gana. Si tienes carro, te puedes ir a Choroní cuando quieras (o cuando tus deberes te lo permitan). Si tienes carro, te metiste en un lío; estarás atrapado en cientos de colas y de embotellamientos en las horas pico.

Y nadie te salvará.

Hay gente a la que le da miedo manejar. Hay manganzones de 38 años que todavía no saben conducir (como mis amigos Enrique Enríquez y Joaquín Ortega). Hay gente que sólo maneja autos pequeños y automáticos. En cambio, hay gente a la que sólo le gustan los lanchones, valga decir: LTDS, Caprices, Conquistadores, Dogde Darts, etcétera. Hay gente que cree que el carro es su vida. De ese modo, comienza a «tunearlo» y a ponerle periquitos de todo calibre. Hay gente que «tunea» tanto sus carros que merece una cueriza. Por ejemplo: los tipos que le ponen luces de neón morado por debajo del automóvil, para que parezca que el vehículo flota, cual platillo volador. Ellos saben que tener un carro es una responsabilidad, pero exageran... Quienes lo tienen todo choreto, echando humo y haciendo bulla, también merecen que les den unas buenas nalgadas. No olviden que una carrocería oxidada hace ver al automóvil como un proveedor de tétano (Milton Quero Arévalo dixit) más que como un medio de transporte, y eso es imperdonable.

La gente que confunde su carro con su vida es aquélla que no tiene plata para comprarse un apartamento, pero sí para endeudarse, comprando un Renault, un Toyota, un Nissan, un Honda un Ford o cualquier vehículo con marca china, coreana y hasta iraní. Esas personas tienen la particularidad de que se afeitan, se maquillan, se visten, comen, duermen, aman, lloran y ríen dentro del vehículo...

Señoras y señores, su atención por favor: se les agradece no hacer cositas dentro del vehículo porque lo empavan. Gracias.

Cuando tienes carro, te das cuenta de lo mal o de lo bien que está el asfaltado en nuestras vías. Caer en un hueco es entrar a una dimensión desconocida. Cuídate de no entrar sin querer en una de esas troneras porque aparecerás en Bulgaria o en un capítulo de Telecómico de hace ventitantos años y verás a Yeyo, a Tilingo y a Sósimo en mallas negras, haciendo de los Hermanos Coraje, lo cual no sería tan malo…

Todo conductor tiene tres enemigos a vencer: los motorizados, los autobuseros y las alcabalas. Los motorizados son expertos en volarte los espejos retrovisores. Los conductores de autobuses son expertos en manejar entre dos canales y en desbarrancarse por ahí, por quedarse sin frenos. Las alcabalas… Bueno, las alcabalas… Henrique Lazo me contó que una vez salió de Televén vestido de Drácula. Como eran más de las doce de la noche, pasó con su Volkswagen por una alcabala y cuando lo vieron vestido del célebre vampiro, lo pararon. Sólo bastaron unos segundos para que los policías terminaran muertos de la risa y dejasen circular al escarabajo donde viajaba Drácula.

El carro, los carros, nuestros carros… En cada uno viaja una historia a ochenta, a ciento veinte, a doscientos o a más. De eso no nos quepa la menor duda.

jueves, noviembre 15, 2007

DIEZ MINUTOS CON CARLOS ZERPA
Carlos Zerpa es uno de los artistas venezolanos más reconocidos y más inquietos. Su obra que ha inspirado y sigue inspirando a los más jóvenes, nunca se ha limitado al dibujo, a la pintura, a la escultura, al collage, al ensamblaje, a la instalación o al performance; siempre se ha expandido hacia otros lenguajes, incluidos el de las artes marciales, el del cine súper ocho, el del video, el del cómic, el de los piercings, el de los tatuajes, el del body art y el de los blogs (www.carloszerpa.blogspot.com).

Carlos nació en Valencia en 1950; estudió Diseño Visual en Milán bajo la tutoría de Bruno Munari y tiene una larga y destacada carrera como artista dentro y fuera de nuestro país, en la que destacan extraordinarias exposiciones como Grrr, Zillaz, Rey Tatoo, Kick boxer y los libros Batido pingüino y Kick boxer.


¿Cuál es la fuente que alimenta tu imaginario artístico y personal?
Las imágenes llegan constantemente a mi cerebro, tengo la puerta siempre abierta y ellas entran libremente. Todo el tiempo estoy conectado a esa señal y nunca me apago. Digamos que aún cuando duermo, sigo siendo artista.

Esas ideas surgen al caminar por las calles, cuando voy manejando, cuando escucho música, cuando hablo con mi compañera o con mis hijos, cuando me pongo serio y quiero cambiar el mundo o cuando me tomo unos tragos y me río de la vida.

Pero las ideas tienen que encontrar el medio apropiado para que vivan plenamente; es allí donde uno no puede equivocarse. Debes entender la señal para poder transformarla y darle vida.

¿Cómo sabes que determinada idea funcionará mejor con un material que con otro?
Eso lo da el kilometraje. Una idea estupenda para un cuento quizás se convierta en un desastre, si intentas hacer con ella una escultura en mármol.

Para hacer pinturas, dejo que el dibujo se manifieste primero. La idea va directa a la mano y me expreso, luego viene el color, si es necesario, aunque algunas veces pinto sin pinturas; «pinto» con objetos.

Para los performances, estructuro la idea paso a paso, hago un libreto, elaboro una instalación, escojo o creo el sonido, veo cómo me voy a vestir,…. Una vez que tengo todo estructurado, me tomo un trago de tequila y rompo todas las reglas que diseñé.

Para los tatuajes, me dejo llevar sin prisa. Mi piel es el lienzo donde con agujas y tintas, mando a dibujar algunos símbolos que son importantes para mí y que, una vez tatuados, modificarán para siempre mi epidermis.

Y así con todo mi trabajo.

¿Hacia dónde va el arte contemporáneo? ¿Sigue vivo a pesar de que vivimos una época oscura?
Sigue vivo, se transforma, crece, se hace cada día mas fuerte, incorpora nuevas tecnologías… La oscuridad no puede apagar su luz. Estoy convencido de que el ARTE es un ARMA.

¿Qué opinas de las nuevas generaciones de artistas venezolanos?
Los más jóvenes vienen con muchísima fuerza, he visto los trabajos de muchos de ellos, soy amigo de algunos de ellos, creo en ellos, no son tontos. Aquellos que piensan que los pueden engañar, ofreciéndoles espacios expositivos a cambio de fidelidades políticas, van a terminar muy mal.

Creo en los jóvenes.

¿Qué proyectos tienes entre manos?
Estoy a punto de editar un libro sobre el performance, pero con una visión distinta a la tradicional. Sigo con el proyecto de la revista virtual Rasgadodeboca y estoy preparando una gran exposición de todas las cosas que me gusta hacer. Tengo nueve años que no hago una exposición individual en Caracas, así que voy con todos los hierros con más de doscientas piezas de arte NO convencional. Se trata de una muestra que he titulado ZZ. Habrá pinturas, ensamblajes, dibujos, collages, instalaciones, esculturas, arte sonoro, performance, videos, arte digital y mucha magia.

sábado, noviembre 10, 2007

ABUSO 119Un hombre llamado Papi Henderson Coronado fue apresado esta mañana por llamar seiscientas veintidós veces al 119 para saber la hora.

Según fuentes oficiales de la policía, Papi Henderson Coronado será puesto a la orden de un fiscal porque no es posible que alguien haga un uso tan irresponsable del 119.

Los miembros de la cuadrilla de la compañía telefónica que se encontraban trabajando en las inmediaciones del edificio donde reside Papi Henderson Coronado, dijeron haber visto fluctuaciones y recalentamiento severos en las líneas y por eso se pusieron a investigar qué estaba pasando.

El resultado de dicha investigación fue el haber descubierto a un hombre llamando reiteradamente al 119 para saber la hora.

Aún se desconoce si el Sr. Papi Henderson Coronado sufre de algún desorden mental o si lo hizo por chiste, pero las autoridades se encuentran interrogándolo para saber qué movió a este caballero a llamar seiscientas veintidós veces al 119.

Cuando tengamos una respuesta, se la haremos llegar.

Muchas gracias.

domingo, noviembre 04, 2007

COSAS QUE LAS MUJERES NO PERDONAN

· LAS MUJERES PERDONAN, PERO NO OLVIDAN.

· QUE LES SEAN INFIELES.

· QUE LES QUIERAN METER GATO POR LIEBRE.

· QUERER METERLE GATO POR LIEBRE A UNA DAMA ES UN ERROR. LAS MUJERES TIENEN UN SENSOR ESPECIAL PARA DETECTAR MENTIRAS.

· ASÍ QUE SI QUIERES ECHARTE PALOS CON TUS AMIGOS, DILE LA VERDAD A TU JEVA. DILE: “MI AMOR, ME VOY A ECHAR PALOS CON FULANO, MENGANO Y SUTANO EN TAL LUGAR Y VOY A VOLVER TARDE A LA CASA”.

· LAS MUJERES DETESTAN QUE LAS NINGUNEEN.

· DECIRLE A UNA MUJER QUE NO SABE HACER TAL COSA O QUE NO PUEDE HACER TAL OTRA, ES UNA AFRENTA QUE NINGUNA DAMA PERDONA.

· CREER QUE LAS MUJERES SON DÉBILES.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE LAS CONFUNDAN CON UN TRANSFOR.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE NO LES DIGAN QUE EL PEINADO QUE SE HICIERON LES QUEDA BIEN.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE NO LES DIGAN COSAS BONITAS.

· NI SIQUIERA LAS MUJERES POLICÍAS QUE TRABAJAN ENTRE MALANDROS, SALEN SIN ARREGLARSE. POR ESO NO PERDONAN QUE NO LES DIGAN COSAS BONITAS.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE LA BURBUJA DE PLACER ESTALLE ANTES DE TIEMPO.

· LAS MUJERES NO PERDONAN A LA MUJER QUE TRATA DE SOPLARLES EL BISTEC.

· LAS MUJERES DETESTAN QUE LAS LLEVEN A SITIOS PEORROS.

· LAS MUJERES DETESTAN QUE LAS CONSIDEREN DÉBILES.

· LAS MUJERES DETESTAN TENER CERCA A UN PUSILÁNIME.

· LAS MUJERES DETESTAN QUE SU NOVIO O MARIDO NO ECHE PARA ADELANTE CUANDO TENGA QUE HACERLO.

· LAS MUJERES DETESTAN QUE SU JEVO NO TENGA INICIATIVA PARA LOS NEGOCIOS O PARA LA VIDA EN GENERAL.

· LAS MUJERES PERDONAN TODO, MENOS A UN HOMBRE QUE SE DEJE APLASTAR POR EL DESTINO.

· A LAS MUJERES LES FASCINA QUE SU GALÁN TENGA CICATRICES (LA GLORIA ES EFÍMERA, PERO A LAS MUJERES LES FASCINAN LAS CICATRICES DE SUS MARIDOS).

· LAS MUJERES DETESTAN QUE SUS NOVIOS LAS PONGAN A OÍR MÚSICA QUE A ELLAS NO LES GUSTA.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE VIVAN REGALÁNDOLES REGALOS CONCEPTUALES. VALGA DECIR: PIEDRAS, CACTUS, MUÑECOS DE PLÁSTICO, NUBES…

· LAS MUJERES NO PERDONAN NOVIOS COCHINOS.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE LAS HAGAN ESPERAR.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE LAS EMBARQUEN O QUE LAS DEJEN VESTIDAS Y ALBOROTADAS.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE LAS BAJEN DEL CARRO EN MEDIO DE UNA PELEA.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE, EN MEDIO DE UNA CONVERSACIÓN, NO LAS OIGAN.

· LAS MUJERES NO PERDONAN A NADIE QUE LAS HAYA OFENDIDO.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE LAS PONGAN A HACER COSAS QUE NO QUIEREN HACER.

· LAS MUJERES NO PERDONAN A LOS AMIGOTES DEL NOVIO, MARIDO O JEVO.

· LAS MUJERES NO PERDONAN AL QUE LES RECOMIENDE UN REMEDIO QUE LAS DEJE CALVAS.

· LAS MUJERES NO SE PERDONAN A SÍ MISMAS CUANDO SE SIENTEN GORDAS O CUANDO SE VEN MÁS CELULITIS DE LA NORMAL.

· LAS MUJERES INTELIGENTES NO PERDONAN LA BRUTALIDAD.

· LAS MUJERES BRUTAS (LAS HAY) NO PERDONAN LA INTELIGENCIA.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE LAS TRATEN A LOS TRANCAZOS.

· LAS MUJERES NO PERDONAN QUE LAS HAGAN LLORAR.

· LAS MUJERES NO PERDONAN A UN PELUQUERO (O A UN GINECÓLOGO) QUE NO LAS ENTIENDAN.