lunes, marzo 31, 2008

DESESPERADO
Ayer por la tarde, un hombre llamado Carlos Ryan Contreras se hartó del tráfico caraqueño.

Carlos Ryan Contreras se encontraba en las inmediaciones de Chacaíto, cuando una tranca descomunal lo tuvo detenido durante cincuenta minutos en una esquina en la que no se movía ni para adelante ni para atrás. Viendo semejante embotellamiento, Carlos Ryan Contreras, se desesperó, apagó su auto y se salió rumbo a los túneles vegetales del Country Club.

A las nueve y media de la noche fue a buscar su auto, pensando que tendría que hablar con un oficial de policía para preguntarle qué habían hecho con su auto, pero no: su carro estaba exactamente donde él lo dejó porque la cola no se había movido ni un milímetro.

Estimados amigos: el tráfico caraqueño es un desastre sin catetos y sin hipotenusas. ¿Qué diablos vamos a hacer para salvarnos de vivir metidos en un carro?

Si se les ocurre algo, por favor díganlo…

viernes, marzo 28, 2008

LOS MATEMÁTICOS En el barrio Di Caprio del estado Vargas hay un grupo de matemáticos que nadie sabe quiénes son y que se dedican a enviarse problemas de álgebra, cálculo y trigonometría para que los resuelvan a la brevedad posible. No resolver tales problemas supone una deshonra para el que los recibe. De manera que en el barrio Di Caprio, los matemáticos tratan de hacer su trabajo de manera limpia y expedita.

Luis Alfredo Gutiérrez, un vecino del sector Titanic del barrio Di Caprio, nos explicó que esa comunidad, en lugar de bandas de malandros que se baten a tiros todos los días, tiene bandas de matemáticos que se baten a duelos algebraicos.

A veces ganan unos que se hacen llamar «Los Polinomios Azules»; otras veces ganan otros que se llaman «Los Vértices Abominables».

Así, entre problema y problema, el barrio Di Caprio va llevando la vida. Esperamos que esta curiosa situación continúe así y que no se le agoten los números a esas bandas matemáticas.

Si necesitan un pizarrón, nos avisan…

miércoles, marzo 26, 2008

LOS IPODS DEL TERRORLas autoridades andan tras la pista de un hombre que deja ipods llenos de música dementadora en centros comerciales, cines, vagones de metro, plazas e iglesias. Esta situación no sería más que otro episodio pintoresco si la música que contienen los ipods en cuestión no estuvieran llenos de música que vuelve loca a la gente.

Se supone que quienes se encuentran los ipods creen que se encuentran con un objeto inocente que se le quedó a alguien, pero, cuando lo enciende para oír su contenido, se encuentra con pura música destructora de neuronas.

Los ipods de la muerte contienen cuarenta y do horas de reguetón, veintiocho horas de Camilo Sesto, diecinueve horas de las Spice Girls y treinta y cuatro horas de Ricardo Arjona a duo con Ricardo Montaner.

Se le ruega a la ciudadanía tener mucho cuidado con los ipods del terror. Si Ud. se encuentra con uno, llévelo a la prefectura más cercana a su domicilio para que las autoridades psicológicas den cuenta de ellos.

No se dejen tentar por la llegada casual a sus vidas de uno de estos aparatos. Recuerden que el terror viene empacado siempre en las más hermosas apariencias.

Los ipods del terror andan por doquier…

lunes, marzo 24, 2008

LOS PENALTIES SIEMPRE PRODUCEN ESTRÉS Todos hemos vivido momentos de tensión, de alegría, de tristeza, de rabia… el común denominador de todos esos momentos es que nuestro corazón parece una lavadora…cuando te dieron tu título de ingeniero químico, tu corazón palpitó de emoción y felicidad. Cuando estabas en el banco y entraron cuatro atracadores, tu corazón palpitó de miedo (y porque tenías los interiores rotos).

Cuando te dijeron que estabas embarazada, tu corazón palpitó de felicidad y de miedo a la vez. Cuando llegaste a tu casa de la playa, tu corazón tembló de rabia porque unos ladrones te visitaron mientras estabas ausente…

Nuestro corazón late todos los días y a toda hora, pero late con más fuerza cuando nos encontramos ante una emoción fuerte. Eso sí: si tienes el colesterol alto y sufres de la tensión, corres el mismo riesgo que Harry Potter ante Voldemort. Cada vez que te aumentan las pulsaciones cardíacas, te puede dar un infarto.

Cuando te enamoras, aumentan los latidos de tu corazón. Cuando te das unos besos, tu corazón (o tu pantalón) se pone a punto de explotar. Cuando estás a punto de dar un discurso ante un auditorio grande y exigente, tu corazón se vuelve loco. Cuando estás viendo una película de terror, tu corazón se pone a punto de caramelo…

Tu pobre corazoncito se pone como una gandola sin frenos por la bajada de Tazón cuando tu avión está a punto de despegar, cuando estás a punto de entregarle tu pasaporte al oficial de inmigración, cuando vas a conocer a los papás de tu novia, cuando vas a intimar más con alguien por primera vez, cuando te avisan que alguien muy querido se murió, cuando ves películas de Alfred Hitchcock, cuando ves a tu estrella favorita en un centro comercial (eso es típico de las viejas que están en una panadería y, de pronto, ven a Lepoldo Castillo)... ¡Pobre Leopoldo Castillo! Es un galán de señoras, como Charles Bronson...
Hay gente tan volátil que se le sube la tensión estando acostada en una hamaca. Hay gente imperturbable a la que el corazón no le palpita con nada.

Por cierto (y esto no tiene nada que ver con esta crónica): ¿de qué se ríe el muñequito de Pinturas Montana? ¿Qué sabe ese coñito que nosotros ignoramos como para que esté muerto de la risa?

El corazón también se te desboca cuando recibes la noticia de que te ganaste el premio de la lotería de Miami; cuando ves que tu novio tiene otra novia (ése es el momento de decidir si eres una dama o si quieres quedarte con las greñas de otra mujer en tus manos).

Tu corazón se pone como un helicóptero cuando un chino te persigue con un cuchillo; cuando el director de tu escuela te llama a su oficina porque con él se encuentra «tu representante»; cuando te llaman a la oficina de tu jefe; cuando se oyen unos tiros en la puerta de tu casa; cuando estás en una manifestación pacífica y, de pronto, aparecen los ministros del odio listos para cortar rabo y oreja; cuando tu equipo va perdiendo, faltan diez minutos para el final del juego; cuando estás llegando a tu casa y te das cuenta de que frente a ella hay un camión de los bomberos estacionado; cuando te avisan que alguien de tu familia está en una clínica porque metió retroceso en lugar de primera (y se fue por un barranco); cuando explota un cohetón cerca de tu casa; cuando aúllan los lobos cerca de tu cuadra. Cuando oyes ruidos raros en tu casa; cuando estás solo en tu casa y no puedes dormir con la luz apagada…
Cualquier día, a cualquier hora y en cualquier parte, nuestro corazón puede empezar a funcionar con una velocidad distinta a la habitual. Por eso hay que estar preparados y tener las arterias libres de morcillas para que lo que vaya a pasar por ahí, sea susto o sea alegría, pase sin trabas ni tragedias.

Que los infartos les den a los camellos; no a nosotros.

martes, marzo 18, 2008

DETALLES DELICIOSOS El avión y los panfletos

En la mañana de hoy, nuestra ciudad amaneció muy consternada en vista de que, en la madrugada, pasó un avión volando muy bajo, lanzando miles de panfletos que contenían un simple dibujito.

La ciudad amaneció forrada de panfletos en los que sólo se distingue el dibujo de un león que le ruge a una niña que lleva en sus manos un dado negro.

Las autoridades se encuentran investigando el paradero de la avioneta y el significado del dibujo. Al parecer, en ambas investigaciones los funcionarios policiales se encuentran tan perdidos como un ciego en un concierto de reguetón. Ningún grupo subversivo ni artístico se ha adjudicado la autoría de estos enigmáticos panfletos que tienen en jaque a los mejores descodificadores de mensajes de los cuerpos de seguridad.

Esperemos saber muy pronto qué quiere decir el panfleto con ese león, esa niña y ese dado negro.


La marcha de los calzoncillos

Y pasando a otros asuntos, en la tarde de ayer hubo un desfile de lo más extraño en la avenida Alexander Reinfeld de El Junquito.

Resulta que, a las dos de la tarde, hora en la que todo los junquitenses se encontraban durmiendo su siesta, un sin fin de interiores se salieron de sus gavetas y comenzaron a desfilar por las calles de El Junquito.

La marcha de los interiores fue completamente muda. Sólo unos pocos transeúntes pudieron verla y entender que se trataba de una protesta contra el alto consumo de chicharrón.

«Queremos menos colesterol», dijo con una voz apenas audible un interior boxer que marchaba de lo más serio por las calles de El Junquito.

La marcha de los interiores llegó hasta la entrada de la alcaldía y allí se disolvió en silencio. Casi nadie supo de su existencia.


El Buzz Lightyear venezolano

Un hombre llamado Octavio Morales decidió convertirse en el Buzz Lightyear venezolano cuando, anoche, cuando llegó a su casa, no pudo quitarse su casco de motorizado.

Octavio Morales, un motorizado de 30 años de edad, se fue con unos amigos a tomarse unos refrescos en un conocido local caraqueño y, cuando llegó a su casa, se dio cuenta de que no podía quitarse el casco.

Al parecer, algo que consumió en el local (unos tequeños y unas bolitas de carne) le produjeron una reacción alérgica que hizo que la cabeza se le inflamara.

Octavio Morales no pudo quitarse el casco en la noche, por lo que durmió con él, se levantó con él, se bañó con él, desayunó con él y se fue a trabajar con él.

Así que Octavio Morales es nuestro Buzz Lightyear.

Esperamos que Octavio vuelva a la normalidad muy pronto o que consiga el sentido de andar todo el día embutido en un casco.


Los hooligans del dominó

Y pasando a otros asuntos, hoy hubo una trifulca en una gallera ubicada en el kilómetro 195 de la carretera a Macuto dada la presencia de unos «hooligans del dominó» que, como se fue la luz en el sitio donde jugaban, terminaron viendo las peleas de gallos.

Los hooligans del dominó arremetieron contra quienes disfrutaban de una pelea entre dos gallos criollos de espuelas bien afiladas, causando destrozos considerables en la mencionada arena.

Fuentes extraoficiales revelaron que los gallos se encuentran en perfectas condiciones de salud (aunque a uno lo convirtieron en sancocho), pero que siete galleros y doce hooligans del dominó se encuentran heridos en el Hospital Central de Mamo.

Damas y caballeros, los deportes folklóricos son buenos cuando se disfrutan con moderación y con respeto hacia el prójimo.

Eso de que unos hooligans del dominó arremetieran contra los espectadores de una pelea de gallos es algo que no tiene precedentes en nuestro país. Esperamos que las autoridades competentes hagan caer todo el peso de la ley sobre los organizadores de esta trifulca.

jueves, marzo 13, 2008

HELLBOY PARA TODOS Si Ud. toma una novela seria como lo es Soldados de Salamina, leerá en las primeras páginas una cita tomada de Los trabajos y los días que dice: «Los dioses han ocultado lo que hace vivir a los hombres». Si lee la novela completa, se dará cuenta de que el personaje principal no sólo quiere escribir un libro sobre Rafael Sánchez Mazas, un falangista más o menos destacado en la Guerra Civil Española, sino averiguar por qué el republicano que pudo matarlo en un lugar cercano al santuario de Santa María del Collell no lo hizo. ¿Qué pasó que ese señor no apretó el gatillo de su fusil? Esa es la gran pregunta que se formula el protagonista de Soldados de Salamina y por eso emprende su viaje novelesco.

Lo curioso es que si Ud. lee este libro extraordinario (o ve la versión cinematográfica protagonizada por Ariadna Gil), notará que esa gran interrogante sobre el comportamiento del soldado nunca será respondida y de ahí que tenga sentido el epígrafe de Hesíodo. Ud. tendrá que acercarse a otras obras si quiere una respuesta tanto para el poeta griego como para Javier Cercas y su extraordinaria novela.

Cuando uno se va poniendo viejo, se va dando cuenta de que, por lo general, todo aquello que no se responde en una obra determinada, se responde en otra y que, aunque pase mucho tiempo entre el planteamiento de la pregunta y su respuesta, esta última llega vestida con las galas menos esperadas.

Es así como debo decirles que la solución al problema planteado por Hesíodo y por Javier Cercas me llegó de la mano roja y demoníaca de Hellboy, mi superhéroe favorito.

Para quienes no lo conozcan, Hellboy fue creado por Mike Mignola en 1994. Los suplementos de Dark Horse Comics que traían sus historias, eran tan poderosos que llamaron la atención del cineasta mexicano Guillermo Del Toro, quien dirigió en 2004 la película inspirada en el extraordinario personaje… Sí, sí. Ya viene la segunda parte. Lo sé.

Según Mignola, Hellboy llegó a este mundo el día en que una patrulla del ejército norteamericano interrumpió, a tiros, un experimento esotérico en el cual un grupo de miembros del Tercer Reich estaba abriendo un portal interdimensional para traer las fuerzas infernales a este mundo. Como la experiencia nazi no llegó a feliz término, lo único que del infierno llegó al mundo de los vivos, fue un bebé rojo con cuernos en la cabeza, rabo puyudo y una mano de piedra, que fue adoptado, criado y educado por el profesor Trevor Bruttenholm, un experto en actividades paranormales que luchó toda su vida contra el mal, sin importarle la forma que éste asumiese.

Así tenemos a un demonio luchando a coces, a mordiscos y a palazos contra monstruos de todo calibre, contra enemigos que pretenden imponer el mal en el mundo y, si Uds. tienen oportunidad de ver la película o de leer cualquiera de sus historias, verán que Hellboy se enfrenta a las fuerzas del mal porque quiere, porque él lo eligió aún en contra de lo que su cornucopia y su naturaleza ígnea le imponen. Él lucha por el bien porque le da la gana, porque hace uso de su libre albedrío, porque escoge actuar así, lo cual, señoras y señores, es lo que hace humanos a los humanos, lo que los hace vivir y ser como son.De manera que la pregunta que se hacen Hesíodo y Cercas no la responde un poeta didascálico ni un novelista ni un escritor de ésos que les fascinan a los esnobs; la responde un dibujante de comics con un superhéroe que se lima los cuernos para que la gente lo acepte, que envenena las balas de plata de su revólver con agua bendita y astillas de madera, que vive hambriento y rodeado de gatos, que anda de aquí para allá con sus amigos: un hombre pez y una mujer de fuego.

En fin… Una obra maestra.

Por eso no me queda más que decir lo que dije al principio: ¡Hellboy para todos!

martes, marzo 11, 2008

UNA CABILLA

Deep Purple; Caracas, 8 de marzo de 2008
Fotos de Julio Suárez

jueves, marzo 06, 2008

EL MONO DE LUCES
Hoy fue uno de esos días en los que no sabía si hablar sobre Cosmo y Wanda, sobre William Saroyan o sobre Antonio Muñoz Molina, y ya estaba a punto de llamar a la redacción de la revista para decir que esta semana no podría enviar ni una sola línea porque x, y o z (aquí alegaría una enfermedad), cuando, de pronto, se me cruzó, como un gato que pasa de una acera a la otra, el recuerdo de una imagen que se me quedó grabada en el seso.

Hace años, parado ante una vitrina en la Galería de Arte Nacional, vi un pequeño traje de luces hecho con retazos de tela y papel de aluminio. Era el disfraz de torero que Armando Reverón le ponía a Pancho, su mono.

Damas y caballeros, ¡qué Cosmo ni qué Wanda, qué Philip Roth ni qué pinturas de Picasso, de Modigliani, de Rothko, ni qué nada de nada! Disfrazar a un mono de torero, tomarle las medidas, hacerle un trajecito de luces con todo y montera y jugar con él a que se enhila con un corniveleto invisible, a que hace procunazos con el estoque sobre la muleta, a que evita con elegancia una tarascada y a que clava el estoque en la cerviz del toro de aire, es una genialidad sin límites, un acto desmesurado de creación, una belleza enorme, gigantesca, monumental que te hace ver a los dadaístas y a los mismísimos Hermanos Marx como unos mequetrefes del arte.

Reverón era un genio; una figura con la estatura de don Andrés Bello, de Rómulo Gallegos o de José Antonio Ramos Sucre. Eso sí: barbudo y en interiores, viviendo en Macuto entre las cuatro paredes que diseñó él mismo y que lo aislaron de la estupidez de su época.

No sé por qué, pero en estos días se me ocurrió inventar un cuento en el que dos caballeros bien apostados y miembros de la Seguridad Nacional, llegan a bordo de un Packard negro a la entrada del Castillete de Armando Reverón. Parados frente a la puerta, se miran las caras y se preguntan, sin decirlo a viva voz, qué diablos hacen ahí. De pronto, alguien abre la puerta. Es una señora gorda que lleva un bigote dibujado con carbón y un tocado de plumas en la cabeza.

La señora los hace pasar y les dice que Armando ya viene. Mientras tanto, ellos observan el lugar. Ven la mantilla, la jaula de pájaros de papel, el teléfono de cartón, las muñecas de trapo en su grotesco y sugestivo silencio, las pinturas…
—¿Tú crees de verdad que aquí haya alguien escondido?
—No, pero igual hay que echar un vistazo.
—Un vistazo a estos coletos con palmeras o a... Mira. Ahí tienes al dueño de esta taguara…
—Buenas, caballeros —Reverón llegó barbudo y sin camisa, llevando al mono de la mano—. Jejeje. Él es Pancho… Saluda, Pancho. Saluda a los señores. Como ya aprendió a tocar piano, ahorita lo estoy enseñando a usar el capote. ¿En qué puedo ayudarlos?
—¿Usted es Armando Reverón, el pintor?
—Sí, el mismo.
—Verá: es que se escaparon unos presos y nos comisionaron a que los buscáramos por aquí. ¿A usted le importa si echamos una miradita?
—No, qué va. Miren lo que quieran y no se olviden del niño Jesús.
—¿El niño Jesús?
—Sí, ese mismo. Yo lo vi por aquí el otro día. Tenía un sombrero igualito al suyo. ¿No será usted el niño Jesús?
—Mire, señor pintor, ya vimos bastante por aquí. Por favor, si ve algo raro, usted nos avisa, ¿sí?
—Pancho y yo nos la pasamos viendo cosas raras. El otro día vimos a un toro volador que saltó del ruedo a las gradas de la plaza… Pero eso fue culpa del torero, que no tuvo bolas.
—Hasta luego, maestro. Que pase buenas tardes.
—Pancho sí tiene. A él no se le hubiera ido ese toro… Hasta luego. Pasen cuando quieran.

Al cerrar la puerta y oír el motor del Packard que se alejaba, Armando silbó y de detrás de unos marcos arrumados, salieron dos hombre silenciosos.
—Vengan acá, amigos. Vengan a ver cómo torea Pancho.

Lo dicho: hay días en que crees que no sabes sobre qué escribir, pero recordar a los grandes siempre salva.