lunes, septiembre 29, 2008
sábado, septiembre 27, 2008
11 PERSONAJES ILUSTRES
VENEZUELA ESTÁ LLENA DE PERSONAJES ANÓNIMOS QUE TIENEN UNA TIPOLOGÍA MUY PARTICULAR. VEAMOS:
11) EL PERROCALENTERO QUE LE DA GOLPECITOS A LAS PINZAS CADA VEZ QUE AGARRA EL PAN, LA SALCHICHA, LA CEBOLLA, EL REPOLLO Y LAS PAPITAS.
DENTRO DE TODO PERROCALENTERO VENEZOLANO VIVE UN BATERISTA.
10) EL RECIÉN GRADUADO CON SU ANILLO DE GRADUACIÓN GIGANTESCO BRILLÁNDOLE EN LA MANO.
9) EL ABOGADO QUE LLEVA UN MALETÍN EN EL QUE SÓLO HAY UN ROLLO DE PAPEL TOALÉ Y UNA AREPA DE QUESO AMARILLO.
8) EL ASCENSORISTA QUE LEE LIBROS DE AUTOAYUDA Y SUPERACIÓN EN EL ASCENSOR.
7) POR SUPUESTO: LA RECEPCIONISTA QUE JUEGA SOLITARIO EN LA COMPUTADORA.
6) MANUEL ROSALES ES IGUALITO A HUMPHREY BOGART (ESTO NO TIENE NADA QUE VER CON LO QUE ESTAMOS HABLANDO, PERO QUEDA BIEN AQUÍ).
5) LA SEÑORA DE SERVICIO QUE BARRE Y PASA COLETO OYENDO RADIO A TODO VOLUMEN.
4) EL GUACHIMÁN QUE HABLA SOLO TODO DURANTE TODO EL DÍA.
3) EL CHINO CON SU CAMISA BLANCA Y SU PANTALÓN NEGRO (ÉSE COMO QUE ES EL UNIFORME DE TODOS LOS RESTAURANTES CHINOS DE VENEZUELA).
2) EL MECÁNICO CON SU BRAGA SUCIA QUE CUENTA CHISTES GROSEROS Y VIVE DICIÉNDOLES “AFEMINADOS” A SUS COMPAÑEROS.
1) EL SUJETO CON SU FRANELITA ROJA, SU BOINA DE FIELTRO Y SU CARA DE FANÁTICO RELIGIOSO.
BONUS TRACK:
0) EL TIPO DISFRAZADO DE CHE GUEVARA QUE SIEMPRE SALE DETRÁS DE LINA.
VENEZUELA ESTÁ LLENA DE PERSONAJES ANÓNIMOS QUE TIENEN UNA TIPOLOGÍA MUY PARTICULAR. VEAMOS:11) EL PERROCALENTERO QUE LE DA GOLPECITOS A LAS PINZAS CADA VEZ QUE AGARRA EL PAN, LA SALCHICHA, LA CEBOLLA, EL REPOLLO Y LAS PAPITAS.
DENTRO DE TODO PERROCALENTERO VENEZOLANO VIVE UN BATERISTA.
10) EL RECIÉN GRADUADO CON SU ANILLO DE GRADUACIÓN GIGANTESCO BRILLÁNDOLE EN LA MANO.
9) EL ABOGADO QUE LLEVA UN MALETÍN EN EL QUE SÓLO HAY UN ROLLO DE PAPEL TOALÉ Y UNA AREPA DE QUESO AMARILLO.
8) EL ASCENSORISTA QUE LEE LIBROS DE AUTOAYUDA Y SUPERACIÓN EN EL ASCENSOR.
7) POR SUPUESTO: LA RECEPCIONISTA QUE JUEGA SOLITARIO EN LA COMPUTADORA.
6) MANUEL ROSALES ES IGUALITO A HUMPHREY BOGART (ESTO NO TIENE NADA QUE VER CON LO QUE ESTAMOS HABLANDO, PERO QUEDA BIEN AQUÍ).
5) LA SEÑORA DE SERVICIO QUE BARRE Y PASA COLETO OYENDO RADIO A TODO VOLUMEN.
4) EL GUACHIMÁN QUE HABLA SOLO TODO DURANTE TODO EL DÍA.
3) EL CHINO CON SU CAMISA BLANCA Y SU PANTALÓN NEGRO (ÉSE COMO QUE ES EL UNIFORME DE TODOS LOS RESTAURANTES CHINOS DE VENEZUELA).
2) EL MECÁNICO CON SU BRAGA SUCIA QUE CUENTA CHISTES GROSEROS Y VIVE DICIÉNDOLES “AFEMINADOS” A SUS COMPAÑEROS.
1) EL SUJETO CON SU FRANELITA ROJA, SU BOINA DE FIELTRO Y SU CARA DE FANÁTICO RELIGIOSO.
BONUS TRACK:
0) EL TIPO DISFRAZADO DE CHE GUEVARA QUE SIEMPRE SALE DETRÁS DE LINA.
lunes, septiembre 22, 2008
LA CIUDAD DE LOS EMBUTIDOS FELICES
Más que una ciudad, Barcelona es una fuerza, un poder que transmuta la piedra en entusiasmo, entusiasmo que a lo largo de los siglos se ha concretado en hitos arquitectónicos que se les quedan en la memoria a quienes los visitan en persona o a través de las láminas de un libro. Ese mismo poder que transforma lajas en maravillas, es el que subyace debajo de sus ramblas.
Semejante fuente de vitalidad es la que ha convertido a Barcelona en un lugar al que todos deseamos ir, en un imán que le promete hondas experiencias a quien se deja atraer; a quien va para allá y se unge de la energía que brota de esas murallas festivas. Se trata de un lugar donde todo está diseñado para que te sientas joven y para que comprendas que, en esta vida, hay cosas que te sobrepasan, que están fuera de tu comprensión y de tus propias ambiciones.
En las próximas líneas trataremos de entender de dónde viene semejante poder.
Barcelona es la patria de Gaudí, el lugar donde están la Casa Batlló, el Parque Güell y la Sagrada Familia, pero también es el espacio donde confluyen La Champañería (con sus bocadillos de sabores abisales), el Bar La Paloma (donde, en su tiempo, unos ancianos hacían actos de equilibrismo y hoy baila un cuerpo de breakdance), el Club Apolo, Els Quatre Gats y, entre muchos otros, El Pastís, un sitio pequeño, melancólico, afrancesado, oscuro, repleto de cuadros y abierto desde 1940.
En lo estrictamente material, Barcelona es un museo de fragmentos, un portento en el que se entremezclan estímulos de distintas naturalezas. Pocas ciudades le crean al visitante la sensación de estar en algo más que en unas calzadas rodeadas de edificios y de gente. Quien la recorre, siente que se desplaza por una obra de arte inspirada en caracoles prehistóricos, en pieles rugosas de primitivos lagartos… Moverse por Barcelona es como pasear sobre una trama en la que se funden las colas de varios monstruos mitológicos y piedras de distintos planetas.
No me pregunten por qué, pero siempre me ha parecido que existe una relación secreta entre la sobrasada untada con enjundia en un pan generoso y la arquitectura catalana de todos los tiempos. De Joan Rubió i Bellver a Oscar Tusquets Blanca, de Josep Canaleta a Jordi Garcés, de Oriol Bohigas a Josep Miàs, de Antoni Gaudí al arquitecto catalán que no ha nacido aún, hay una especie de tradición de diseño que equilibra la voluptuosidad con el buen gusto, la exageración con la mesura, tal como en una sobrasada.
(Para quien no sepa qué es la sobrasada, aquí le va la definición del DRAE: «embuchado grueso de carne de cerdo muy picada y sazonada con sal y pimiento molido, que se hace especialmente en la isla de Mallorca»).
El enorme mosaico que es Barcelona no existiría sin esa mentalidad perfeccionista y, a la vez, guarra de los catalanes. Esa gente tiene una enorme sensibilidad artística que no está exenta de su toque tosco… Si no lo creen, piensen en ese montón de personas que se montan unas encima de otras, formando los castellers o torres humanas cada 11 de mayo, en Lleida, para celebrar la Fiesta Mayor. Piensen también en Salvador Dalí (nunca está de más pensar en él), un artista extraordinario cuyo verdadero arte no estaba tanto en sus dibujos ni en sus pinturas como en su extraordinaria capacidad para promocionarse, para hacer dinero y para convertir en un chiste afilado todo aquello que nombraba con su lengua de fuego.
Dalí era tan guarro y tan sublime a la vez como una butifarra envuelta en oro o como un fuet espetec.
Lo dicho: entre los embutidos catalanes, la genialidad catalana, la belleza y el atractivo que ejerce Barcelona sobre los seres humanos hay una relación secreta que hay que estudiar.
Lo haremos con gusto porque en las cosas más pequeñas están las semillas de las grandes obras.
Semejante fuente de vitalidad es la que ha convertido a Barcelona en un lugar al que todos deseamos ir, en un imán que le promete hondas experiencias a quien se deja atraer; a quien va para allá y se unge de la energía que brota de esas murallas festivas. Se trata de un lugar donde todo está diseñado para que te sientas joven y para que comprendas que, en esta vida, hay cosas que te sobrepasan, que están fuera de tu comprensión y de tus propias ambiciones.
En las próximas líneas trataremos de entender de dónde viene semejante poder.
Barcelona es la patria de Gaudí, el lugar donde están la Casa Batlló, el Parque Güell y la Sagrada Familia, pero también es el espacio donde confluyen La Champañería (con sus bocadillos de sabores abisales), el Bar La Paloma (donde, en su tiempo, unos ancianos hacían actos de equilibrismo y hoy baila un cuerpo de breakdance), el Club Apolo, Els Quatre Gats y, entre muchos otros, El Pastís, un sitio pequeño, melancólico, afrancesado, oscuro, repleto de cuadros y abierto desde 1940.
En lo estrictamente material, Barcelona es un museo de fragmentos, un portento en el que se entremezclan estímulos de distintas naturalezas. Pocas ciudades le crean al visitante la sensación de estar en algo más que en unas calzadas rodeadas de edificios y de gente. Quien la recorre, siente que se desplaza por una obra de arte inspirada en caracoles prehistóricos, en pieles rugosas de primitivos lagartos… Moverse por Barcelona es como pasear sobre una trama en la que se funden las colas de varios monstruos mitológicos y piedras de distintos planetas.
No me pregunten por qué, pero siempre me ha parecido que existe una relación secreta entre la sobrasada untada con enjundia en un pan generoso y la arquitectura catalana de todos los tiempos. De Joan Rubió i Bellver a Oscar Tusquets Blanca, de Josep Canaleta a Jordi Garcés, de Oriol Bohigas a Josep Miàs, de Antoni Gaudí al arquitecto catalán que no ha nacido aún, hay una especie de tradición de diseño que equilibra la voluptuosidad con el buen gusto, la exageración con la mesura, tal como en una sobrasada.
(Para quien no sepa qué es la sobrasada, aquí le va la definición del DRAE: «embuchado grueso de carne de cerdo muy picada y sazonada con sal y pimiento molido, que se hace especialmente en la isla de Mallorca»).
El enorme mosaico que es Barcelona no existiría sin esa mentalidad perfeccionista y, a la vez, guarra de los catalanes. Esa gente tiene una enorme sensibilidad artística que no está exenta de su toque tosco… Si no lo creen, piensen en ese montón de personas que se montan unas encima de otras, formando los castellers o torres humanas cada 11 de mayo, en Lleida, para celebrar la Fiesta Mayor. Piensen también en Salvador Dalí (nunca está de más pensar en él), un artista extraordinario cuyo verdadero arte no estaba tanto en sus dibujos ni en sus pinturas como en su extraordinaria capacidad para promocionarse, para hacer dinero y para convertir en un chiste afilado todo aquello que nombraba con su lengua de fuego.Dalí era tan guarro y tan sublime a la vez como una butifarra envuelta en oro o como un fuet espetec.
Lo dicho: entre los embutidos catalanes, la genialidad catalana, la belleza y el atractivo que ejerce Barcelona sobre los seres humanos hay una relación secreta que hay que estudiar.
Lo haremos con gusto porque en las cosas más pequeñas están las semillas de las grandes obras.
viernes, septiembre 19, 2008
miércoles, septiembre 17, 2008
PAISAJE CON CARRETERA Y TRIÁNGULO ANARANJADO
Vas en tu auto, oyes al Modern Jazz Quartet, piensas en que nadie te espera y que por eso no importa si te tardas o no. Con esa idea que te da tranquilidad, te arrebujas en tu silla, te aferras al volante y manejas a una velocidad razonable que te permite esquivar a los locos que nunca faltan en ninguna carretera. Estás feliz porque tu ipod suena todo lo bien que puede sonar un ipod en un carro. Le subes el volumen y sigues conduciendo hasta que... Prás... Prás... Pataprás... Prás... El caucho derecho de adelante se desinfló en pleno recorrido.
Vas en tu auto, oyes al Modern Jazz Quartet, piensas en que nadie te espera y que por eso no importa si te tardas o no. Con esa idea que te da tranquilidad, te arrebujas en tu silla, te aferras al volante y manejas a una velocidad razonable que te permite esquivar a los locos que nunca faltan en ninguna carretera. Estás feliz porque tu ipod suena todo lo bien que puede sonar un ipod en un carro. Le subes el volumen y sigues conduciendo hasta que... Prás... Prás... Pataprás... Prás... El caucho derecho de adelante se desinfló en pleno recorrido.Te apartas hacia el hombrillo, suspiras, te mesas las barbas, mandas a callar a Milt Jackson, apagas el aire acondicionado y luego el carro. Te bajas, abres la maleta, sacas el triángulo de seguridad y piensas que en situaciones como ésas es que se conocen a los verdaderos hombres.
Mientras armas el gato, silbas «Perfect Strangers», de Deep Purple. Te solazas en el uso de la llave en cruz. Sacas, una por una, las tuercas. Quitas el caucho desinflado, instalas el de repuesto, aprietas las tuercas, pones todo en su puesto, te limpias las manos con una camisa vieja que tienes en la maleta y echas una meadita en el hombrillo de la carretera. Unas mujeres que pasan sopladas abordo de una Tucson, te tocan la corneta y te gritan algo. Tú las saludas, terminas de orinar, te sacudes la pichirula, recoges el triángulo anaranjado, lo guardas y listo.
Te montas en tu carro, lo prendes, aceleras. Antes de arrancar, te pones los lentes de sol y decides que ya está bueno de la asepsia del Modern Jazz Quartet. Quieres cabilla. Pones Piece of Mind, de Iron Maiden, y arrancas.
Aceleras tu Mustang. Piensas que lo contrario a ser hombre no es ser afeminado, sino ser manganzón. Por eso te satisface haber aprendido (hace años) a cambiar un caucho rápido y sin agite. Hasta una meadita echaste… Hasta un cornetazo le lanzaron a tu pichirula unas mujeres ociosas y adictas a la velocidad.
****
Estás contenta. La camioneta de tu marido responde a tus órdenes. Adela te ha contado las últimas barbaridades de Cristóbal. No le has dicho lo que le tienes que decir porque nadie se debe meter en las peleas conyugales de los demás.
Esquivas un hueco, dos huecos y caes en el tercero. No había manera de evitarlo. Ibas directo hacia él desde que saliste de tu casa. Lo único que haces es lanzar el fuego fatuo de una mentada de madre que se disuelve en otro cuento de Adela. Y tú la oyes y te ríes porque en su historia aparece un chino sin camisa sentado a una mesa, comiéndose un plato hondo de arroz blanco.
—Eso es lo malo de vivir cerca de un restaurante chino: ves de todo.
Adela y tú son puras risas. Los hombres son motivo de rabias indescriptibles, pero también de carcajadas sin número.
Le subes el volumen a Miguel Bosé. «Nena» no sólo te encanta porque te encanta, sino porque esa canción fue tuya desde que la oíste por primera vez.
Nena, luna serena.
Todo es posible... menos tú.
Nena, ámbar y arena.
Boca insaciable... sólo tú.
Todo es posible... menos tú.
Nena, ámbar y arena.
Boca insaciable... sólo tú.
Y Adela habla que te habla de Cristóbal, de los amigotes de Cristóbal, de las hazañas de Cristóbal, de Cristóbal bebiendo cerveza, de Cristóbal pintando el cuarto con el ipod metido en los interiores…
—¿Cómo es la vaina?
—Sí, mana: en interiores y con el ipod metido ahí mismo.
Cuando le pregunté que qué era eso, me dijo que así pintaría Armando Reverón en esta época.
Te ríes con Adela, doblas una curva y ves a lo lejos a un tipo meando que confirma lo que has hablado con ella desde esta mañana: todos los hombres están locos y hacen lo que les da la gana.
Por eso, cuando pasas al lado del meón, abres la ventana de la derecha y le lanzas un grito jubiloso a él y al pequeño reptil que sueña entre sus manos:
—¡Eeeeeeeeeesssso, paaaapiiiiiiiiii!
Y te pierdes feliz de la vida a toda velocidad.
Y te pierdes feliz de la vida a toda velocidad.
jueves, septiembre 11, 2008
UN LIBRO EN VERDAD FASCINANTE
Hace un par de semanas terminé de leer Miranda, el nómada sentimental, la estupenda biografía que sobre el precursor de la independencia de Venezuela escribió nuestro querido amigo Juan Carlos Chirinos.
Para empezar, debo decir que sus páginas están escritas con una prosa tan ágil y tan certera que no existe en toda su extensión un ápice de la pesadez habitual en este tipo de volúmenes. Muchos eruditos y estudiosos escriben tieso y alambicado; Juan Carlos no. Juan Carlos le saca brillo a las palabras y hace que se nos olvide que estamos leyendo el producto de una exhaustiva investigación que comprendió la lectura de documentos pertenecientes al archivo del propio Francisco de Miranda y una extensísima bibliografía, como puede observarse al final del libro. Este detalle que quizás les parezca baladí, es muy importante porque la imagen de ese ser humano que se llamó Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez que le queda al lector de esta biografía no es la del típico prócer que tenemos en nuestra memoria ni la del héroe bajado de su pedestal a punta de verdades develadas a última hora. La imagen que, al menos a mí me quedó, es escurridiza, proteica, múltiple y llena de vacíos que inspiran toda clase de preguntas.
El Miranda que Juan Carlos reflejó después de horas de lectura, es un personaje tan enigmático y, a la vez, tan sugerente, que al lector que no sabe nada de Miranda (o que sabe lo que le vende la exaltación exagerada de los héroes nacionales), le puede producir una sensación de extrañeza, de no saber muy bien cómo valorar las acciones de un hombre tan interesante y tan extraño. Para que se den una idea de lo que estoy tratando de decir, piensen que cada vez que nos nombran a un héroe de la patria, nos lo imaginamos con su casaca, sus charreteras y su sable en mano listo para entrar en combate. Sin embargo, si leen con atención esta biografía, se darán cuenta de que Francisco de Miranda fue, ante todo, un intelectual, un hombre interesado en entender su época y experimentar en carne propia los procesos políticos y sociales de su tiempo. En otras palabras: fue mucho más que la imagen que vemos en las estatuas; fue algo mucho más complejo cuya realidad no refleja ni de cerca el epíteto de Generalísimo con que lo conocemos.
Ése quizás sea uno de los detalles más inquietantes de esta biografía. Miranda, como muchos de sus contemporáneos, tuvo que escoger uno de los tres caminos de ascenso económico y social que existían en su época: se era comerciante, sacerdote o militar. No había más opciones. Como sabemos, Miranda escogió la carrera de las armas y, a pesar de que fue un hombre valiente que participó en acciones bélicas tanto en América como en Europa, no se puede decir que haya sido un soldado nato o un guerrero especialmente dotado para el arte de la guerra.
Veamos algunos ejemplos que corroboran esta afirmación que pone en entredicho el talento militar de un prócer de la patria:
1) En Melilla, el capitán Miranda se dedica a criticar los planes y las órdenes de sus superiores (eso, como sabemos, es insubordinación).
2) En el sitio de Pensacola actúa más como un reportero que como un soldado. Las notas que aparecen en su diario dan cuenta del más mínimo detalle de las acciones militares que el ejército español llevó a cabo en ese lugar de Florida.
3) En cuanto se entera de que el tribunal de la inquisición reclama su presencia en Cartagena (quien sabe si sólo por tener libros prohibidos en su biblioteca, por cuestionar a sus superiores o por algún lío de faldas), deserta de su ejército, lo que pone en aprietos a su superior, el mariscal Cagigal. Desertar de un ejército es un delito muy grave. Algo que los españoles no le perdonaron.
4) En cuanto dirige un ala del ejército francés en Bélgica, se produce una suerte de insurrección entre los soldados a su mando, lo cual produce la derrota de los franceses. Miranda termina enjuiciado y librándose de la guillotina después de haberse defendido él mismo.
5) A bordo del Leander, el capitán se subleva y hace el viaje a regañadientes.
6) Pone al mozo menos confiable a custodiar el polvorín de Puerto Cabello.
7) A la hora de mandar a los «soldados» venezolanos recién salidos de sus ranchos, los trata como a militares prusianos.
El efecto que producía el Generalísimo en sus coterráneos está muy bien definido en este estupendo libro: admiración y estupor a la vez. Era, a la luz de una colonia del siglo XVIII como era Venezuela, un caballero demasiado corrido, demasiado experimentado que había visto otros mundos, otras formas de gobierno y otras realidades más complejas que las de su país. Ésa es la esencia de por qué Miranda fracasa en su proyecto, al menos la esencia aceptada por la historia oficial y por todo el que se acerca a este titán buscando a un prócer de los de panteón nacional y patillas, cuando en verdad Miranda fue un estadista, un hombre formado para crear un Estado y organizarlo de acuerdo a unas leyes. Pareciera que su tragedia fue el haberse visto impelido a las armas y al mando de tropas cuando eso, en verdad, no formaba parte de sus intereses ni de sus talentos.
Por lo visto, Miranda fue un extraño en su época, un adelantado, un precursor no sólo de la independencia, sino de la creación de un país.
Miranda, el nómada sentimental es sólo una fracción del proyecto literario que Juan Carlos tiene con respecto a la figura del Generalísimo. Para los próximos años, nuestro amigo nos promete nuevos estudios, nuevos episodios biográficos, nuevos ensayos y nuevas reflexiones sobre una figura tan elusiva, tan escurridiza y tan apasionante de nuestra historia.
Hace un par de semanas terminé de leer Miranda, el nómada sentimental, la estupenda biografía que sobre el precursor de la independencia de Venezuela escribió nuestro querido amigo Juan Carlos Chirinos.Para empezar, debo decir que sus páginas están escritas con una prosa tan ágil y tan certera que no existe en toda su extensión un ápice de la pesadez habitual en este tipo de volúmenes. Muchos eruditos y estudiosos escriben tieso y alambicado; Juan Carlos no. Juan Carlos le saca brillo a las palabras y hace que se nos olvide que estamos leyendo el producto de una exhaustiva investigación que comprendió la lectura de documentos pertenecientes al archivo del propio Francisco de Miranda y una extensísima bibliografía, como puede observarse al final del libro. Este detalle que quizás les parezca baladí, es muy importante porque la imagen de ese ser humano que se llamó Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez que le queda al lector de esta biografía no es la del típico prócer que tenemos en nuestra memoria ni la del héroe bajado de su pedestal a punta de verdades develadas a última hora. La imagen que, al menos a mí me quedó, es escurridiza, proteica, múltiple y llena de vacíos que inspiran toda clase de preguntas.
El Miranda que Juan Carlos reflejó después de horas de lectura, es un personaje tan enigmático y, a la vez, tan sugerente, que al lector que no sabe nada de Miranda (o que sabe lo que le vende la exaltación exagerada de los héroes nacionales), le puede producir una sensación de extrañeza, de no saber muy bien cómo valorar las acciones de un hombre tan interesante y tan extraño. Para que se den una idea de lo que estoy tratando de decir, piensen que cada vez que nos nombran a un héroe de la patria, nos lo imaginamos con su casaca, sus charreteras y su sable en mano listo para entrar en combate. Sin embargo, si leen con atención esta biografía, se darán cuenta de que Francisco de Miranda fue, ante todo, un intelectual, un hombre interesado en entender su época y experimentar en carne propia los procesos políticos y sociales de su tiempo. En otras palabras: fue mucho más que la imagen que vemos en las estatuas; fue algo mucho más complejo cuya realidad no refleja ni de cerca el epíteto de Generalísimo con que lo conocemos.
Ése quizás sea uno de los detalles más inquietantes de esta biografía. Miranda, como muchos de sus contemporáneos, tuvo que escoger uno de los tres caminos de ascenso económico y social que existían en su época: se era comerciante, sacerdote o militar. No había más opciones. Como sabemos, Miranda escogió la carrera de las armas y, a pesar de que fue un hombre valiente que participó en acciones bélicas tanto en América como en Europa, no se puede decir que haya sido un soldado nato o un guerrero especialmente dotado para el arte de la guerra.
1) En Melilla, el capitán Miranda se dedica a criticar los planes y las órdenes de sus superiores (eso, como sabemos, es insubordinación).
2) En el sitio de Pensacola actúa más como un reportero que como un soldado. Las notas que aparecen en su diario dan cuenta del más mínimo detalle de las acciones militares que el ejército español llevó a cabo en ese lugar de Florida.
3) En cuanto se entera de que el tribunal de la inquisición reclama su presencia en Cartagena (quien sabe si sólo por tener libros prohibidos en su biblioteca, por cuestionar a sus superiores o por algún lío de faldas), deserta de su ejército, lo que pone en aprietos a su superior, el mariscal Cagigal. Desertar de un ejército es un delito muy grave. Algo que los españoles no le perdonaron.
4) En cuanto dirige un ala del ejército francés en Bélgica, se produce una suerte de insurrección entre los soldados a su mando, lo cual produce la derrota de los franceses. Miranda termina enjuiciado y librándose de la guillotina después de haberse defendido él mismo.
5) A bordo del Leander, el capitán se subleva y hace el viaje a regañadientes.
6) Pone al mozo menos confiable a custodiar el polvorín de Puerto Cabello.
7) A la hora de mandar a los «soldados» venezolanos recién salidos de sus ranchos, los trata como a militares prusianos.
El efecto que producía el Generalísimo en sus coterráneos está muy bien definido en este estupendo libro: admiración y estupor a la vez. Era, a la luz de una colonia del siglo XVIII como era Venezuela, un caballero demasiado corrido, demasiado experimentado que había visto otros mundos, otras formas de gobierno y otras realidades más complejas que las de su país. Ésa es la esencia de por qué Miranda fracasa en su proyecto, al menos la esencia aceptada por la historia oficial y por todo el que se acerca a este titán buscando a un prócer de los de panteón nacional y patillas, cuando en verdad Miranda fue un estadista, un hombre formado para crear un Estado y organizarlo de acuerdo a unas leyes. Pareciera que su tragedia fue el haberse visto impelido a las armas y al mando de tropas cuando eso, en verdad, no formaba parte de sus intereses ni de sus talentos.
Por lo visto, Miranda fue un extraño en su época, un adelantado, un precursor no sólo de la independencia, sino de la creación de un país.
Miranda, el nómada sentimental es sólo una fracción del proyecto literario que Juan Carlos tiene con respecto a la figura del Generalísimo. Para los próximos años, nuestro amigo nos promete nuevos estudios, nuevos episodios biográficos, nuevos ensayos y nuevas reflexiones sobre una figura tan elusiva, tan escurridiza y tan apasionante de nuestra historia.
lunes, septiembre 08, 2008
EL HOMBRECITO
Damas y caballeros, cuando se me va el sueño, me invento historias como ésta (a ver si me duermo de una vez):
Cuando nos quedamos dormidos, de nuestra nariz sale el hombrecito de cinco milímetros que controla nuestras vidas y se va por ahí, con sus amistades, a tomar whisky, a oír discos de Metallica, a ver alguna película de Charles Bronson o a encontrarse con alguna amiga que también mide cinco milímetros.
A pesar de la cantidad de trabajo que tienen, estos pequeños seres sin nombre, son felices. Cuando se salen temporalmente de alguien, no escatiman recursos para divertirse. Algunos bailan en oscuras discotecas, otros ponen sus pies debajo de una mesa llena de mejillones y centollas; cantan en salas de karaoke, se dedican al amor o a la lectura de revistas especializadas en alguna rama de la metalurgia.
Hay unos hombrecitos malvados que salen por ahí a hacer desastres; se meten en las cabezas de algunas personas que están durmiendo y comienzan a desordenarles esas mentes, produciéndoles sueños húmedos y hasta pesadillas.
Cuando usted sueñe que Maite Delgado es la tía de Drácula, ya sabe por qué es.
Alguien como Carlos Alberto puede dormir como un ángel porque su hombrecito de cinco milímetros se encuentra disfrutando de la vida en algún lugar remoto del que volverá rejuvenecido al amanecer. Cuando eso suceda, Carlos Alberto despertará sintiéndose despejado y con ganas de emprender con optimismo un nuevo día.
Sin embargo, hay noches en que Carlos Alberto no puede pegar un ojo. Eso se debe a que la criatura de cinco milímetros que vive dentro de él no sale y se queda ahí, arreglando los archivos. Peor es cuando el mismo sujeto se acuesta a dormir y el hombrecito sale a pasear, pero se fastidia y se devuelve rápido al escritorio repleto de papeles que todos tenemos dentro de la cabeza. Es ahí cuando Carlos Alberto se despierta en mitad de la madrugada, da vueltas en esa cama, se levanta, va al baño, orina, se sienta en la sala de su casa que a esa hora está a oscuras, se pone la mano en la quijada, regresa a la cama y se revuelca otra vez en las sábanas hasta que se da cuenta de que no tiene sentido estar ahí, revolviendo los mismos pensamientos, los mismos remordimientos, las mismas cuentas, los mismos planes y, entonces, enciende el televisor.
—¡Coño, lo que me faltaba: Arnold el travieso!
Mientras Carlos Alberto está recorriendo su casa y asomándose por la ventana a las tres y cuarto de la madrugada, el hombrecito que lo controla está en su cerebro, apretando botones y moviendo palancas, como si fueran las cuatro de la tarde.
No hay nada que hacer, salvo obligar al hombrecito a que salga otra vez. Piensa en una taza de leche caliente, en un té (qué va) o en algo más fuerte… (No. No pensó en las novelas de Javier Marías).
La caja de Lexotanil está en la gaveta de la mesa de noche junto a la pistola y a los condones. Se toma media pastilla. Si se la toma completa, el hombrecito se perderá hasta las diez de la mañana y Carlos Alberto no puede darse ese lujo; tiene que trabajar.
A los hombrecitos no les gusta que los expulsen a punta de pastillas. A veces, esa expulsión es tan denigrante para ellos que deciden no regresar… Y ya saben ustedes lo que pasa cuando uno de ellos decide no volver… Al hombrecito que vivía dentro de Heath Ledger lo vieron en Cata, disfrazado de El Guasón sobre una tabla de surf… Y al que habitaba en la cabeza de Marilyn Monroe, se lo encontraron en Valencia, empujándose un bistec del tamaño de un semáforo en la Asociación de Ganaderos.
Pero bueno, esta noche Carlos Alberto duerme feliz porque el hombrecito que vive dentro de él, está por ahí, bailando merengue con una mujercita de lo más hermosa.
Y lo más seguro es que regrese mañana.
Cuando nos quedamos dormidos, de nuestra nariz sale el hombrecito de cinco milímetros que controla nuestras vidas y se va por ahí, con sus amistades, a tomar whisky, a oír discos de Metallica, a ver alguna película de Charles Bronson o a encontrarse con alguna amiga que también mide cinco milímetros.
A pesar de la cantidad de trabajo que tienen, estos pequeños seres sin nombre, son felices. Cuando se salen temporalmente de alguien, no escatiman recursos para divertirse. Algunos bailan en oscuras discotecas, otros ponen sus pies debajo de una mesa llena de mejillones y centollas; cantan en salas de karaoke, se dedican al amor o a la lectura de revistas especializadas en alguna rama de la metalurgia.
Hay unos hombrecitos malvados que salen por ahí a hacer desastres; se meten en las cabezas de algunas personas que están durmiendo y comienzan a desordenarles esas mentes, produciéndoles sueños húmedos y hasta pesadillas.
Cuando usted sueñe que Maite Delgado es la tía de Drácula, ya sabe por qué es.
Alguien como Carlos Alberto puede dormir como un ángel porque su hombrecito de cinco milímetros se encuentra disfrutando de la vida en algún lugar remoto del que volverá rejuvenecido al amanecer. Cuando eso suceda, Carlos Alberto despertará sintiéndose despejado y con ganas de emprender con optimismo un nuevo día.
Sin embargo, hay noches en que Carlos Alberto no puede pegar un ojo. Eso se debe a que la criatura de cinco milímetros que vive dentro de él no sale y se queda ahí, arreglando los archivos. Peor es cuando el mismo sujeto se acuesta a dormir y el hombrecito sale a pasear, pero se fastidia y se devuelve rápido al escritorio repleto de papeles que todos tenemos dentro de la cabeza. Es ahí cuando Carlos Alberto se despierta en mitad de la madrugada, da vueltas en esa cama, se levanta, va al baño, orina, se sienta en la sala de su casa que a esa hora está a oscuras, se pone la mano en la quijada, regresa a la cama y se revuelca otra vez en las sábanas hasta que se da cuenta de que no tiene sentido estar ahí, revolviendo los mismos pensamientos, los mismos remordimientos, las mismas cuentas, los mismos planes y, entonces, enciende el televisor.
—¡Coño, lo que me faltaba: Arnold el travieso!
Mientras Carlos Alberto está recorriendo su casa y asomándose por la ventana a las tres y cuarto de la madrugada, el hombrecito que lo controla está en su cerebro, apretando botones y moviendo palancas, como si fueran las cuatro de la tarde.
No hay nada que hacer, salvo obligar al hombrecito a que salga otra vez. Piensa en una taza de leche caliente, en un té (qué va) o en algo más fuerte… (No. No pensó en las novelas de Javier Marías).
La caja de Lexotanil está en la gaveta de la mesa de noche junto a la pistola y a los condones. Se toma media pastilla. Si se la toma completa, el hombrecito se perderá hasta las diez de la mañana y Carlos Alberto no puede darse ese lujo; tiene que trabajar.
A los hombrecitos no les gusta que los expulsen a punta de pastillas. A veces, esa expulsión es tan denigrante para ellos que deciden no regresar… Y ya saben ustedes lo que pasa cuando uno de ellos decide no volver… Al hombrecito que vivía dentro de Heath Ledger lo vieron en Cata, disfrazado de El Guasón sobre una tabla de surf… Y al que habitaba en la cabeza de Marilyn Monroe, se lo encontraron en Valencia, empujándose un bistec del tamaño de un semáforo en la Asociación de Ganaderos.
Pero bueno, esta noche Carlos Alberto duerme feliz porque el hombrecito que vive dentro de él, está por ahí, bailando merengue con una mujercita de lo más hermosa.
Y lo más seguro es que regrese mañana.
jueves, septiembre 04, 2008
11 RAZONES PARA NO DEJAR DE COMER CARNE
11) A PESAR DE LO QUE DIGAN LOS MÉDICOS, COMER CARNE ES UNA BENDICIÓN.
10) METERSE UNA MORCILLA, ABRIRLA Y PONERLE AZÚCAR ES UNA REAFIRMACIÓN DE LA VIDA.
SÍ, DAMAS Y CABALLEROS: HAY GENTE QUE LE PONE AZÚCAR A LAS MORCILLAS.
9) DOS MEDALLONES DE LOMITO SON SUFICIENTES PARA QUE UNO SE SIENTA COMO MICHAEL PHELPS.
TRES MEDALLONES DE LOMITO SON UNA GROSERÍA, PERO IGUAL SON SABROSOS.
8) COMERSE UN CHURRASCO O UN T-BONE STEAK HACE QUE TE SIENTAS FELIZ.
7) MANDARSE UNAS ESPETADAS DE POLLO CON PIMENTÓN Y CEBOLLITA A LA PARRILLA ES UNA EXPERIENCIA MÍSTICA.
6) COMERSE UNOS CHORIPANES EN EL CLUB URUGUAYO ES UNA EXPERIENCIA SENCILLA Y GLORIOSA A LA VEZ.
5) CUANDO TE COMES UN LECHÓN, TUS NEURONAS TE LO AGRADECEN IMPIDIENDO QUE TENGAS CUALQUIER PENSAMIENTO PESIMISTA.
CUANDO TE METES UN LECHÓN, SÓLO PIENSAS EN COSAS BONITAS.
4) COMER CORDERO HACE QUE TE SIENTAS CERCANO A LAS CULTURAS ORIENTALES Y MEDITERRÁNEAS.
HAY GENTE QUE CADA VEZ QUE COME CORDERO, RECUERDA A RAMBO.
3) “YUCA, HALLAQUITA Y GUASACACA SON NUESTRAS PRIMERAS NECESIDADES”.
2) UNAS COSTILLITAS A LA BRASA CAEN BIEN A CUALQUIER HORA.
1) UNA PARRILLA ARGENTINA ES SIEMPRE UNA INVITACIÓN A DORMIR SIESTA EN UNA HAMACA.
BONUS TRACK:
0) UN TOLETE DE CARNE ENCIERRA TODO LO BUENO Y HERMOSO QUE TENEMOS LOS SERES HUMANOS POR DENTRO.
10) METERSE UNA MORCILLA, ABRIRLA Y PONERLE AZÚCAR ES UNA REAFIRMACIÓN DE LA VIDA.
SÍ, DAMAS Y CABALLEROS: HAY GENTE QUE LE PONE AZÚCAR A LAS MORCILLAS.
9) DOS MEDALLONES DE LOMITO SON SUFICIENTES PARA QUE UNO SE SIENTA COMO MICHAEL PHELPS.
TRES MEDALLONES DE LOMITO SON UNA GROSERÍA, PERO IGUAL SON SABROSOS.
8) COMERSE UN CHURRASCO O UN T-BONE STEAK HACE QUE TE SIENTAS FELIZ.
7) MANDARSE UNAS ESPETADAS DE POLLO CON PIMENTÓN Y CEBOLLITA A LA PARRILLA ES UNA EXPERIENCIA MÍSTICA.
6) COMERSE UNOS CHORIPANES EN EL CLUB URUGUAYO ES UNA EXPERIENCIA SENCILLA Y GLORIOSA A LA VEZ.
5) CUANDO TE COMES UN LECHÓN, TUS NEURONAS TE LO AGRADECEN IMPIDIENDO QUE TENGAS CUALQUIER PENSAMIENTO PESIMISTA.
CUANDO TE METES UN LECHÓN, SÓLO PIENSAS EN COSAS BONITAS.
4) COMER CORDERO HACE QUE TE SIENTAS CERCANO A LAS CULTURAS ORIENTALES Y MEDITERRÁNEAS.
HAY GENTE QUE CADA VEZ QUE COME CORDERO, RECUERDA A RAMBO.
3) “YUCA, HALLAQUITA Y GUASACACA SON NUESTRAS PRIMERAS NECESIDADES”.
2) UNAS COSTILLITAS A LA BRASA CAEN BIEN A CUALQUIER HORA.
1) UNA PARRILLA ARGENTINA ES SIEMPRE UNA INVITACIÓN A DORMIR SIESTA EN UNA HAMACA.
BONUS TRACK:
0) UN TOLETE DE CARNE ENCIERRA TODO LO BUENO Y HERMOSO QUE TENEMOS LOS SERES HUMANOS POR DENTRO.
lunes, septiembre 01, 2008
LA PROSCRIPCIÓN DE LOS CUADRADOS
En el día de hoy El Ministerio del Odio decretó la inexistencia del cuadrado como figura geométrica.
«De ahora en adelante, el cuadrado no existe». Así lo declaró públicamente El Ministro del Odio como respuesta a la Asociación Geométrica Internacional.
Bajo el lema «Círculos, rectángulos y triángulos para todos» se llevó a cabo la rueda de prensa en la que el cuadrado quedó proscrito de los libros de geometría de nuestro reino.
Un grupo de economistas, matemáticos, arquitectos, cocineros y fumigadores de ratones, se encuentran reunidos en El Cuadrado de Luz para ver cómo van a enfrentarse a un país sin cuadrados. Asimismo, geómetras del mundo entero rechazaron la medida dictada por El Ministerio del Odio de nuestro país.
Esperamos que esta nueva medida de El Ministerio del Odio sea reconsiderada por las autoridades y que no acabe con la poca paz que queda en nuestro reino menguado.
«De ahora en adelante, el cuadrado no existe». Así lo declaró públicamente El Ministro del Odio como respuesta a la Asociación Geométrica Internacional.
Bajo el lema «Círculos, rectángulos y triángulos para todos» se llevó a cabo la rueda de prensa en la que el cuadrado quedó proscrito de los libros de geometría de nuestro reino.
Esperamos que esta nueva medida de El Ministerio del Odio sea reconsiderada por las autoridades y que no acabe con la poca paz que queda en nuestro reino menguado.
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