domingo, mayo 30, 2010

EL LOCO DIJO 1) EL LOCO DIJO «HAY QUE ACABAR CON ESTA SITUACIÓN INDIGNA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE» Y LE DIJERON: «CÁLLATE, LOCO DEL CARAJO. ¿TÚ NO VES QUE AQUÍ TODO ESTÁ BIEN?».

2) EL LOCO DIJO «ESTA OLA DE ORO ESTÁ MALDITA» Y LE ESPETARON: «CÁLLATE, ORATE. ¿QUÉ VAS A SABER TÚ DE ECONOMÍA?».

3) EL LOCO DIJO «LAS LANGOSTAS ACABARÁN CON TODO LO QUE TOQUEN» Y LO MANDARON A CALLAR. LE DIJERON QUE LA GERENCIA ES UNA DISCIPLINA EXACTA QUE TODO EL QUE QUIERA, PUEDE APRENDER.

4) EL LOCO DIJO «SIGAN GOZANDO. SIGAN VIENDO FÚTBOL. SIGAN VIENDO BEISBOL Y YÉNDOSE A LA PLAYA QUE LOS QUE CORROEN LA PATRIA DESCANSAN TANTO COMO USTEDES». NI SIQUIERA LE CONTESTARON.

5) EL LOCO DIJO «SALGAN DE LAS PANTALLAS. LEAN LIBROS. BUSQUEN LAS HISTORIAS DE LA HUMANIDAD. APÁRTENSE DEL PAJARITO». Y BOSTEZARON EN SU CARA.

6) EL LOCO DIJO «SÓLO HAY DOS OPCIONES Y LAS DOS VIENEN CON SANGRE». Y LE RESPONDIERON: «CÁLLATE, PITONISO. NOSOTROS QUEREMOS LA PAZ Y POR ESO NO HACEMOS NADA».

7) EL LOCO DIJO «OPONERSE A LA JAURÍA ES UN NEGOCIO DEL QUE ALGUNOS ABUSAN». Y LE DIJERON: «NOSOTROS SOMOS LOS DEFENSORES DE LA LIBERTAD».

8) EL LOCO DIJO «LOS ANTIGUOS CÓMPLICES ABANDONAN LA JAURÍA. RECÍBANLOS EN SUS CASAS, PERO NO CONFÍEN EN ELLOS». Y LE GRITARON: «¡SOMOS COMEFLORES Y QUEREMOS SER TOLERANTES! ¡DEJA EL ODIO!».

9) EL LOCO DIJO HACE AÑOS «LOS ANTILLANOS SON UN PELIGRO. NO PERMITAN QUE VENGAN». Y LE DIJERON: «LA ANTILLA ES UNA TROJA. NO HAY NADA QUE TEMER».

10) EL LOCO GRITÓ «SI NO HACEMOS ALGO RÁPIDO, LA REPÚBLICA QUEDARÁ EN EL HUESO». Y LE CONTESTARON: «CÁLLATE, IMBÉCIL. NOSOTROS SÓLO QUEREMOS SER FELICES». Y ÉL LES RESPONDIÓ: «¡MALDITOS SEAN. LA FELICIDAD NUNCA ES GRATIS!».

lunes, mayo 24, 2010

MONSTRUOS MITOLÓGICOS Las estrellas están, más o menos, donde siempre han estado. Lo que cambia son las formas que los humanos dibujamos a partir del escrutinio de los puntos de la noche.

El cielo de los antiguos estaba lleno de héroes: Perseo, Heracles, Andrómeda, Cástor, Pólux… El nuestro está lleno de planetas vacíos, de pléyades tóxicas y de basura intergaláctica que transmite lo mismo coordenadas bélicas y cambios atmosféricos que juegos de fútbol.

Nuestra vida no tiene nada de mitológica. Vivimos muy lejos de aquellas historias en las que los héroes reducían a los monstruos y los mandaban al inframundo. Tal vez por eso vivamos en una zozobra constante.

Los males de hoy no se representan como vestiglos infernales; se representan desnudos como son. El miedo a la guerra ya no es una bestia de látex que destruye Tokio; es un arsenal nuclear escondido, un loco macerado en pólvora, un avión de pasajeros atravesando un edificio de oficinas, una ristra de balas, una fila de bombarderos, un rifle, seis navajas, tres locos sin moral ni corazón…

Los mitos llenos de héroes tenían razón de ser cuando la humanidad era más ingenua y creía que el mal no dominaría jamás el álgebra ni las artes. Por eso los héroes eran filósofos y los monstruos a los que se enfrentaban, seres irracionales a los que se debía reducir con más ingenio que fuerza.

Que lo diga Polifemo, el cíclope al que Odiseo dejó ciego y humillado en su isla llena de ovejas.

Hoy en día los malvados son bellos como ángeles, dominan los arcanos más abstrusos y tienen recursos infinitos para seducir a cualquiera; ya no son entidades a las que se les pueda representar como fieras horripilantes; son seres modélicos, como lo fueron en su tiempo los héroes de los primeros mitos.

A simple vista pareciera que el mundo comenzó a girar al revés, que los árboles tienen las raíces fuera de la tierra y que los humanos caminamos de cabeza. ¿Cuándo se produjo semejante voltereta? Quién sabe. Tal vez Hitler y Stalin y Pinochet y otros tantos malvados de la historia condensen una respuesta que nos satisfaga aunque sea a medias.

Por eso resulta interesante volver a los mitos griegos y preguntarse si el héroe no sería el Minotauro en lugar de Teseo.

La lectura de los clásicos inquieta por muchas razones, pero inquieta más si la hacemos a la luz de un mundo cuya moral es radicalmente opuesta a ésa que plantearon Homero y Sófocles.

¿Qué les pasó a los humanos para que cambiaran así su moral?

Vieron monstruos de verdad.

Quién sabe si los miedos contemporáneos se asemejen o no a los miedos antiguos. Lo que sí es cierto es que los miedos de hoy se sienten cómodos entre mitologías desechables como las del cine y la televisión, y no en los mitos eternos que terminan grabados en los astros del cielo o en las murallas de Tebas.

Los antiguos no eran tontos. Ellos sabían que cualquier persona, por muy encumbrada que estuviese o se sintiera, podía convertirse en un monstruo o en pasto para la tragedia. Edipo y Agamenón fueron prodigios de la soberbia, criaturas prendadas de sí mismas y por eso terminaron como terminaron… Así que quizás los griegos de antes supieran que la moral es cambiante y tal vez cíclica, como todo lo que se escribe en la bóveda celeste. Por eso no tiene nada de raro que en otra versión del cuento, el monstruo fuera Hércules y no la Hidra.

Los griegos de antes sabían lo que hacían…

No hay manera de acercarse a los clásicos sin sentir una fuerza perturbadora que nos recuerda cuán vanos, cuán volubles y cuán predecibles podemos ser. He ahí una razón para volver a los helenos cada vez que necesitemos una dosis de humildad.

¡Nada como un monstruo del Peloponeso!

viernes, mayo 21, 2010

EL EFECTO RESIDUAL Acabo de leer Las Traquinias, de Sófocles y me siento bien. Todavía me siento bien. Quizás un día de éstos, dentro de una semana o dentro de tres años, comience a sentirme ahogado y no sepa por qué y, claro, para ese momento esta lectura de Las Traquinias, será un recuerdo lejano, y me costará asociar el malestar con esta tragedia de Sófocles.

Así es la vida de las lecturas. Hoy estamos aqui, felices y contentos, y de pronto algo, una hoja, una llamarada, un grito anónimo, nos trae el eco de una página en la que fuimos testigos del horror o de la felicidad de un personaje, y así, para bien o para mal, nuestro mundo (ése que fue igual durante años) cambia.

Una piedra que vino del pasado nos dio en la cabeza y nos hizo ver el presente de otra manera. Así son las grandes obras: las leemos hoy, pero las comprenderemos en algún punto del luminoso futuro. Tarde o temprano, y de manera inexorable, el peso de las grandes obras de arte cae sobre nosotros... Y nos ahogan.

Tal es lo que pienso al terminar de leer Las Traquinias, la tragedia de Sófocles dedicada a los celos, a la desazón que le produce a Deyanira ver que su esposo Heracles perdió la cordura por una mujer más joven que ella.

Deyanira trata de mantenerse ecuánime y de comprender a su marido. Sin embargo, usa lo que ella cree un filtro que supuestamente le devolverá a Heracles... A partir de ese momento el horror se desatará y lo corroerá todo a su paso.

En descargo de Deyanira hay que decir que no hablamos de otra Medea; que hablamos de una mujer más ingenua que zafia, de una mujer que esparce el mal por obrar a la ligera, aunque creyese estarlo haciendo con ecuanimidad y circunspección.

La lectura de una obra como ésta tiene un efecto residual. Algún día veremos en nosotros mismos o en nuestros semejantes los efectos de actuar con esa mezcla rancia de pretendida mesura y estupidez.

¿Y cuál fue el error de la señora?

Recién casados, Heracles y Deyanira salieron de Etolia rumbo a su nueva casa. En el camino debían cruzar el río Eveno, cosa que se hacía pagándole al centauro Neso para que el viajero se montara sobre su lomo. Cuando Deyanira va sobre Neso, éste se pone... ¿cómo decirlo?.... un tanto cariñoso, lo que hace que Heracles, desde la playa, monte en cólera, tome una flecha de su carcaj y mate al centauro.

En su agonía, Neso le dice a Deyanira que recoja un poco de su sangre y que, si algún día, flaquea la fidelidad de su esposo hacia ella, pues que unte una prenda de Heracles para que cuando él se la ponga, renazca el amor y continúe la felicidad.

Deyanira presta oídos al centauro y, llegado el momento, unta una túnica de Heracles con la sangre maldita y ya se imaginarán Uds. que la desgracia se apoderó del pequeño universo de estos infelices personajes.

¿Que por qué la sangre de Neso era tan letal? Porque era sangre de centauro inflamado de odio y porque las flechas de Heracles tenían la ponzoña de la Hidra de Lerna. ¿Qué más quieren?

Por cierto: la chica de la foto no es Deyanira; es Gabi Espino. La mezcla de clásicos y cultura pop siempre da buenos resultados.

domingo, mayo 16, 2010

viernes, mayo 14, 2010

CINE EN FAMILIA El sábado antepasado vimos Iron Man 2 y la disfrutamos como sólo se disfrutan las grandes cosas de la vida: con un tobo de refresco y con otro de cotufas.

Rodrigo gritó de emoción dos veces: cuando Tony Stark se puso por primera vez la armadura de núcleo triangular y cuando su héroe picó a los robots malvados con el rayo que corta todo lo que se le atraviesa.

Mariana no gritó, pero salió diciendo que le encanta Robert Downey Jr.

Yo lloré cada vez que aparecía Gwyneth Paltrow (yo quiero que Pepper Potts sea mi jefa)... También lloré cada vez que aparecía Scarlett Johansson.

Stan Lee es un genio.

Ahora, entrando en materia, quisiera decir algunas palabras sobre esta película. Me gustó, sí, y mucho. Sin embargo, creo que en el algún momento la historia pierde el ritmo. No sé si se solaza demasiado en la borrachera de Tony Stark y en las manos podridas de Mickey Rourke creando monstruos, pero a la hora de la plomazón, uno echa de menos más carajazos, más metal abollado y crepitante; más dolor, más desesperación. La pelea final es un intercambio de tiros rápidos y ya; listo. Las uñas podridas de Mickey Rourke vuelan en pedazos y se acabó. Todo el mundo a su casa.

Quizás esa sensación provenga de los diálogos. Iron Man 2 es una película demasiado «hablada». Los personajes hablan y hablan mientras uno anhela más acción (o más Gwyneth). ¿Quieren un ejemplo? Vean todas las tonterías que dice Hammer, el otro malo-malísimo que es experto en inventar y vender armas obsoletas. Recuerden la escena en que se reúne por primera vez con el caballero que necesita una manicura y díganme si los dialoguistas de Hollywood no se han tarantinizado un poco de más.

A pesar de todo, Iron Man 2 no defrauda y hace que la familia pase un rato de extraordinario solaz.

miércoles, mayo 05, 2010

EN ESTE LIBRO MUERE GENTE
He vuelto a Sófocles buscando refugio y lo he encontrado. El ciclo de Edipo me ha dejado boquiabierto y con ganas de leer más teatro griego. ¿Qué puedo hacer sino regresar a esas obras que leí apurado en la universidad y que ahora puedo leer sin apremios de ninguna naturaleza?

Abandonarse a la lectura de los clásicos es un ejercicio de humildad que no está de más hacer de vez en cuando, sobre todo porque, por lo general, nos encerramos en la desmesura de creer que en las novedades está la suma de la sabiduría o la explicación de la vida que vivimos.

En Antígona o en Edipo en Colono hay sabiduría abisal en estado puro, sin tiempo ni adornos ni luces estrafalarias. Quien lee obras semejantes, recibe un mazazo de veinticinco siglos que habla de su presente o de cualquier época. Tal es la fuerza de la Tragedia, de los símbolos y de las situaciones que refleja.

Con lentitud giraremos la aguja de nuestras lecturas. Por ahora entraremos en Ayax y en Las Traquinias, y continuaremos con Sófocles hasta que algo tan o más grande nos reclame.

Las tragedias griegas nos dan en el alma porque todas tratan sobre los asuntos más elementales (y por tanto universales) de la humanidad: el amor, los celos, los hijos, la muerte, la fe, el poder, el dolor, la enfermedad...