jueves, junio 30, 2011

Una máquina silenciosa nos ha enseñado que más vale que aprendamos a reírnos de nosotros mismos porque vinimos a este mundo a hacer el ridículo.

No importan las victorias ni los títulos ni las riquezas. La vida es una fábrica implacable de situaciones absurdas.

Ésa es la marca que define a estos cuentos sórdidos y divertidos que le rinden homenaje a la máquina violenta que mueve al mundo.

jueves, junio 23, 2011

 LA MALA SINCRONIZACIÓN
Anish Kapoor: Cloud Gate; Millenium Park, Chicago

Tener un preludio urgente en plena cola para pagar en el supermercado puede ser horrible... La gente anda tranquila y tú sudando frío, con las piernas cruzadas y la piel de gallina.

Nada peor que tener un preludio en casa de tu novia. (¿Por qué cuando uno tiene un preludio en su casa, lo despacha de manera rápida y silenciosa y, cuando lo tiene en casa de la novia, lo concreta de manera ruidosa y lenta? No faltará quien abra la llave del lavamanos durante cinco o diez minutos para mitigar el escándalo).

Entre la visita que llega a tu casa no falta alguien con un preludio. Lo peor es que luego te llaman porque se acabó el papel u ocurrió un accidente con la tubería.

Mi esposa no resuelve sus preludios en casa de sus suegros porque siempre termina pidiendo un tobo de agua.

Terrible es que te dé un preludio en tu propia casa y que no haya dónde concretarlo porque los recintos para hacerlo están ocupados. Ese día sabrás lo útiles que son las papeleras.

Un preludio en una oficina sin ventanas o con ventanas que no se abran, puede llegar a convertirse en otro Titanic.

Resolver el preludio en el monte, a orillas de una carretera, puede llegar a ser vergonzoso, sobre todo si no has ido a la playa en años o te desbarrancas montaña abajo.

Nada peor que a tu hijo le dé un preludio en el banco, en la escalera de un edificio, en el estadio, en el mercado, en la casa de alguien a quien no conoces muy bien o en un autobús rumbo a Barquisimeto. Los niños son expertos en tener preludios cuando no deben.

Entrar a un recinto donde alguien acaba de dejar no sólo el preludio, sino la ópera completa con todo y sinfonía y motetes, puede producir marcas imborrables en la psiquis.

Al doctor Xabier, C.E.O. de los X Men Jurídicos, le dio un preludio dando clases en la Universidad del Xaber. ¿Qué les dijo a sus alumnos? «Muchachos, yo ya vengo».

Andar en plan romántico y tener un preludio son dos estados no compatibles del ser.

Mi papá regresó de la playa con el torso desnudo y un sinfín de cervezas entre la calva y las plantas de sus pies. Cuando le preguntamos por la camisa de flores que se había puesto en la mañana, nos dijo que tuvo que sacrificarla porque se le presentó un preludio en el sitio menos adecuado del universo.
—¿Y dónde estaban?
En una licorería.

viernes, junio 17, 2011

MISSING
A pesar de mis reticencias de lector al que no le gustan los libros contemporáneos en los que se cuentan los entretelones de la escritura de esos mismos libros (ya basta de autoficción), me agradó mucho Missing. Pasé horas placenteras entre sus páginas, preguntándome cómo fue posible que el tío Carlos Patricio se largara de su casa y que durante veintitantos años su familia no se hubiera dedicado a buscarlo ni a preguntarse por su paradero. Pues bien, este libro-engendro que es novela, pero también crónica, entrevista, testimonio y quién sabe cuántas cosas más, trata de ofrecer algunas respuestas a esa y a otras preguntas que desnudan no sólo las intimidades del tío Carlos, sino de toda una familia que abandonó su Chile natal para irse a los Estados Unidos a buscar la prosperidad perdida.

Quizás lo más inquietante de este libro, y lo que lo convierta en una obra notable, sea justamente la relación entre el protagonista y su familia. Obsérvese que el libro cuenta la historia de cómo el único de los Fuguet que se interesa por conseguir a la oveja descarriada, lo hace veintitantos años después de su huida. Nadie antes que el sobrino escritor movió un dedo o se apartó de sus obligaciones para ir a ver al hijo o al hermano desaparecido de la faz del planeta. Todos estaban muy felices, muy imbuidos en sus ocupaciones, en ganarse sus vidas y en pagar todo lo que debían pagar como si no hubiera otras cosas, como si nada más valiese la pena, como si el sueño de una casita, de un trabajito, de una vidita y de unos dolaritos fuera más importante que el amor a la familia, con todo y lo extraños e insoportables que pueden llegar a ser algunos de sus miembros.

A pesar de los pesares (incluso de los convenientes retoques que el narrador y la ficción le otorgan), el tío Carlos es un gran personaje. Lo es porque hizo de su redención personal una suerte de divisa y porque, al ser oriundo de un país en el que la palabra «desaparecido» trae los más amargos recuerdos de una dictadura militar, sorprende el que se le aplique a alguien que decidió liberarse de tener que vivir el sueño de otros y buscar su propio camino, aunque nunca supiera con exactitud qué buscaba ni qué quería más allá de esa liberación, y que su vida terminara pareciendo una ristra interminable de derrotas o, por lo menos, de trabajos intrascendentes que no lo llevaron a ningún logro material.

Más allá de los detalles de edición y del autobombo que se prodiga el propio autor en más de una página, Missing es un gran libro al que vale la pena dedicar tiempo y lectura.  

viernes, junio 10, 2011

AZAR Y CANSANCIO
Tengo varios temas sobre los que me gustaría escribir, pero francamente no tengo fuerzas.
 
Por eso aquí les anoto los asuntos que me llaman la atención y ustedes (si les parece) háganse de cuenta que escribí sendos trabajos dedicados a desentrañar sus posibles misterios. Si quieren, hablamos sobre ellos y si no, no pasa nada.

Aquí van:

¿Por qué Rafael Nadal deja que le tomen fotografías literalmente chupando los trofeos que se gana? ¿Es una nueva mariquera de ésas que con tanta fruición cultiva el mundo contemporáneo o es un gesto propio del tenis del que yo nunca tuve noticia?

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Ayer le escribí a Enrique Enríquez lo siguiente: «...En estos días me he dado cuenta de que casi siempre me gusta más la acción de leer que el propio material que leo. Uno habla con uno mismo o, más bien, se habita a uno mismo mientras lee...». Ahorita llevo conmigo Missing, de Alberto Fuguet, libro que me tiene contento y entretenido, a pesar de que está plagado de los típicos tics nerviosos de los escritores que quieren ser famosos y aceptados. Estoy seguro de que, en cualquier página, aparecerán Bolaño, Herralde o alguno de esos a los que hay que nombrar para que la autoficción sea más autoficticia y jalabolesca.

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¿De qué está hecha la voz del mandarín? Porque, sépanlo, el secreto de su éxito radica en su voz.

Esa voz vive sola; es independiente al cuerpo que la porta y, cada vez que sale a la luz, destruye mundos.

Esa voz es perfecta para mentir, para injuriar, para transmutar lo real en irreal y viceversa.

Con una voz semejante, ¿qué infeliz mal informado no le cree o le teme o le huye al mandarín?

¿Cómo se derrota una voz capaz de corroer el universo en el que retumba? ¿Con otra voz? ¿Con el silencio laborioso? ¿Con el ruido del conocimiento? ¿Con un coro? ¿O dejando que se apague sola, aunque eso pueda tardar décadas?

Que Dios se apiade de nosotros y nos convierta en sordos.

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Entre nosotros, cultores de la improvisación y del virtuosismo tropical, se ha abusado del término «artista», pero no hay que generalizar ni creer que todos los que se dicen artistas lo son por decirlo (o dizque por sentirlo) o por trabajar con tales o cuales materiales.

En otros países, el término «artista» engloba a profesionales en determinados oficios manuales que pueden o no generar grandes obras de gran arte. Así, talladores, ceramistas, carpinteros, pintores, vitralistas, hilanderos, tejedores y demás, pueden llamarse artistas sin sentir pena de ningún tipo.

Apartando esa definición, podríamos decir que un artista es una persona que trata, con X materiales, de dar cuenta de las preguntas que determinado fenómeno social, político, científico, filosófico o estético le producen. En ese sentido, el arte es, aunque nos suene raro, un laboratorio de ideas del que la humanidad saca intuiciones que en algún momento se transformarán en teorías, en modos de vivir y en objetos de mayor o menor sofisticación.

Un artista es alguien entrenado para ver distinto, hacerse preguntas distintas y retar las posibilidades de los materiales con los que trabaja para mostrar sus ideas y sus posibles descubrimientos. No se es artista simplemente porque se pinte, se escriba, se recorte, se pegue, se filme, se edite, se cante, se cuente... Hace falta algo más y ese algo más tiene que ver con pensar distinto con respecto a todo.