domingo, julio 31, 2011
miércoles, julio 27, 2011
sábado, julio 23, 2011
IDEAS INÚTILES PARA LA TELEVISIÓN VENEZOLANA
Son ideas inútiles porque la fijación venezolana por lo políticamente correcto, como dice José Urriola, impide cualquier progreso en materia televisiva (y cuidado y si en cualquier otra materia también).
Obrero's Gourmet
A partir de lo que comen los obreros venezolanos (platos de caraotas con espaguetis, arroz o pasta con pollo y plátano horneado, arepas formato «rueda de camión» con queso y carne mechada, arroz con carne molida e ingentes botellas de dos litros de malta o Coca Cola), Sumito Estévez o cualquier otro chef puede conducir un programa dedicado a la VERDADERA cocina autóctona.
Evidentemente, comprendemos que el chef en cuestión adapte los platos de los obreros venezolanos a las normas de presentación y etiqueta de la gran gastronomía universal, pero la regla básica debe ser ésa: seguir al pie de la letra el menú que los obreros despachan en la mitad de su jornada laboral.
Ah, eso sí: quien conduzca este programa, debe mostrar la alcancía, como hacen los obreros venezolanos todo el tiempo.
La Dimenchión Desconocida
Alguien debería producir un programa parecido a The outer limits o a Zafiro y Acero. En ese programa podemos contar la historia del hombre que invocaba a la muerte y cuando la muerte se le apareció, se fue corriendo a otro país a hablar de la vida y a «vivir viviendo» entre sustancias quimioreparantes.
En ese mismo programa se podrían contar las impactantes historias de la carretera Lara-Zulia (entre las que destacan «El Caprice que volvió del más allá» y «La recta de los lamentos») o los diarios del motorizado alemán que busca a su peluquera en los rincones de nuestro país.
La máquina del tiempo
¿Qué pasaría si unos científicos se robaran una máquina del tiempo en 1999 y en lugar de dedicarse a viajar a través de los siglos y de las eras, se dedicaran a hacer travesuras que, a simple vista, parecen inofensivas?
¿Qué pasaría si, por ejemplo, tomaran una mosca en un basurero caraqueño del año 2016, la introdujeran en la máquina del tiempo y la soltaran en Río de Janeiro en 1827?
Leños de sabiduría
Leños de sabiduría es uno de mis proyectos televisivos más queridos. Se trata de un late night show filoshófico en el que Joaquín Ortega disertará sobre los más diversos tópicos de la filoshofía universal:
«Thomas Hobbes en el reino de los pranes o cómo crear un estado dentro de una cárcel».
«Piranesi y los luceros».
«De Heidegger a Strauss y Dudamel: el camino de la propaganda» (por cierto: yo creeré en las bondades musicales del Sistema Nacional de Orquestas cuando alguien arregle un reguetón para cuarteto de cuerdas o para orquesta).
En la misma senda filoshófica del tema anterior, presentaremos «De Lenni Rieffensthal a Román Chalbaud»
viernes, julio 15, 2011
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| Israel Centeno: Acuso recibo de La máquina clásica - Libro de cuentos de Roberto Echeto. Pittsburgh 18-07 2011 ( I acuse ) |
»La tendencia exagerada y muchas veces satírica del tipo de literatura marginal que germinó en esas revistas es perfecta para retratar al país roto y a la época lábil que nos tocó vivir.
»Porque antes que escritor, dibujante, ciudadano o lo que ustedes quieran, soy un padre de dos hijos pequeños que vive aterrado ante las abominaciones que ocurren todos los días a su alrededor.
»Si bien este libro destila violencia por todas partes, quiero aclarar que mi intención no es perturbar a las “almas puras” ni solazarme en las formas literarias de la pólvora; es devolverle a la realidad lo único que un padre de familia puede devolverle a su tiempo y a su espacio: un conjunto de historias que resumen el afán, la perplejidad, el horror y la maravilla de estar vivos en un país que trabaja todos los días para destruirse a sí mismo».
jueves, julio 07, 2011
MORAL Y LITERATURA NEGRA
Llevo días pensando sobre el género negro, sobre esos cuentos, esas novelas y esas películas llenas de personajes capaces de hacer cualquier barbaridad.
La principal preocupación que desembocó en estas reflexiones tiene que ver con la posibilidad de que una historia de mafiosos se lea como un elogio al crimen organizado o como el calco perfecto de alguno de los tantos sucesos turbios que ocurren todos los días en cualquier lugar del planeta.
Nada menos cierto.
A pesar de que se complementan, se iluminan y en ocasiones se solapan, el arte y la vida son realidades totalmente distintas. Lo que diferencia una crónica de sucesos de un cuento de Manuel Vázquez Montalbán o de Elmore Leonard, es que en el relato negro subsiste, aunque sea de manera tenue o mil veces escondida, una dimensión moral que se nota tanto en los personajes como en las situaciones. Si ves con atención un capítulo de Los Soprano o de Breaking Bad, te percatarás de que a pesar de sus acciones, Tony y el doctor Heisenberg tienen un espacio sagrado (el de la familia, el de la amistad, el del cómo se ganan la vida) al que defienden por las buenas y por las malas de todas las adversidades y de todos los abusadores que pretendan invadirlo o perturbarlo.
Esa dimensión moral convierte al género negro en un germinador de héroes capaces de hacer cualquier cosa por defender aquello que está dentro de los límites de sus propios valores. Así tenemos en Pulp Fiction a Butch, el taimado boxeador que no concibe que a un hombre le hagan lo que Zed y sus cómplices le hacen a Marcellus Wallace. Por eso, cuando el boxeador está a punto de huir de ese sótano sórdido donde ocurren cosas indecibles, los remordimientos o la moral le dicen que eso no puede pasar, que eso no se puede permitir y por eso se devuelve a salvar al que fuera su propio verdugo.
Otro tanto podría decirse de los cuentos de Patricia Highsmith, de Walter Mosley o de cualquier otro gran autor del género negro. En todos esos relatos alguien traza o subraya una línea invisible que es la línea de la moral. Cuando un personaje traspasa los límites que marcan esas líneas, surgen los conflictos, nace el propio relato y aparecen los héroes que inevitablemente deben meter en cintura a quienes cruzaron las fronteras que no debían cruzar.
A diferencia de la literatura (conste que el cine y la televisión también son literatura), en la vida real cada vez se trazan menos líneas que demarcan límites morales o se trazan de una manera frágil y sin convicción. Vivimos en un mundo en el que las promesas del placer barren cualquier borde y el que dijo que algo era así porque sí, de pronto cambia sus opiniones porque alguien le ofreció o le dio algo. Vivimos en un mundo de moral lábil, poblado de sofistas expertos en decir que lo bueno es malo y que lo malo es bueno mientras se lucran y se vuelven cada vez más poderosos.
La ficción sigue siendo el único espacio en el que los hombres decentes, que creen en trazar líneas tercas y duraderas, se expresan. Ese es el sentido de personajes como Philip Marlowe, como Sam Spade o como Vito Corleone.
No olvidemos que un mundo sin moral es un mundo triste y sin héroes.
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